En el Día Internacional de la Mujer, Cristina 2011!!
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miércoles, 9 de marzo de 2011
lunes, 15 de noviembre de 2010
CONSTRUIR ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y NO REUNIONES DE TUPPERWARE
En mi opinión, son Horacio González y Horacio Verbitsky, cada cual a su manera, desde sus perspectivas, no idénticas (tampoco lo son sus historias políticas), quienes mejor interpretan lo que está sucediendo actualmente en la Argentina. Sus posibilidades y carencias. En cuanto a Ricardo Forster y su idea de "anomalía", coincido con él en que pudo serlo en 2003, y de hecho lo fue en cuanto a lo esperable en aquel momento, pero el kirchnerismo ya ha dejado una huella, de modo que no puede ser considerada hoy como tal.
Otra huella social, la que produjo la eclosión juvenil de los 60/70, había sido extirpada violentamente, borrada con terror y sangre, y de sus hilachas surgió Kirchner, inesperadamente. Queda por ver si la juventud actual recoge su nombre y lo lleva como bandera a la victoria o si por el contrario, se limita a hacer lo que el poder espera de ella en lugar de construir un sujeto de cambio.
Lo inesperado es creación social.
La "eclosión" participativa que se percibe hoy entre los pibes puede malograrse si en lugar de construir organización política, la convertimos en reuniones de Tupperware.
Ayer, luego de que Artemio López posteara EL NUEVO, VIEJO GENERAL, hubo un comentario -el del Turco Turquestán u Osvaldo Tangir (a quien no conozco)- que quiero compartir:
"...El kirchnerismo es justicialismo en acto, si me permiten. No hay nada en él que no esté delineado en la doctrina, ni que esté reñido con la práctica. Ahora, creo que es lo que un tipo que fue militante de la JP entendió que debía ser el peronismo. Es una concepción, una mentalidad, o mejor dicho la emergencia de una generación, la del 70, que precisamente fue aniquilada para que nunca llegara al lugar que llegó. Si me pongo místico (hay tela y mi peronismo me asiste), digo que Néstor es un avatar. O una encarnación. ¿De qué? De una fe, claro. De una necesidad. De una creencia. No me pregunten por qué, pero su muerte fue un maremoto de realidad, mostró la trascendencia de su laburo y subrayó el carácter de misión y sacrificio de su vida. Y un montón de personas volvieron a humanizarse; a sentir como condición previa al pensar. A creer, por lo menos a creer que se habían equivocado. “La ruta de la emoción recondujo a la racionalidad perdida", escribe Verbitsky en el brillante comienzo de su imperdible y muy scalabriniana nota de hoy. El Flaco se tiró de cabeza y les hizo añicos el espejo para alondras que nos habían inventado, les robó el sentido, al que tenían secuestrado tras los titulares y los zócalos, y recuperó la palabra para el pueblo. Eso también es peronismo".
Escribió Horacio Verbitsky en domingo en Página 12:
Otra huella social, la que produjo la eclosión juvenil de los 60/70, había sido extirpada violentamente, borrada con terror y sangre, y de sus hilachas surgió Kirchner, inesperadamente. Queda por ver si la juventud actual recoge su nombre y lo lleva como bandera a la victoria o si por el contrario, se limita a hacer lo que el poder espera de ella en lugar de construir un sujeto de cambio.
Lo inesperado es creación social.
La "eclosión" participativa que se percibe hoy entre los pibes puede malograrse si en lugar de construir organización política, la convertimos en reuniones de Tupperware.
Ayer, luego de que Artemio López posteara EL NUEVO, VIEJO GENERAL, hubo un comentario -el del Turco Turquestán u Osvaldo Tangir (a quien no conozco)- que quiero compartir:
"...El kirchnerismo es justicialismo en acto, si me permiten. No hay nada en él que no esté delineado en la doctrina, ni que esté reñido con la práctica. Ahora, creo que es lo que un tipo que fue militante de la JP entendió que debía ser el peronismo. Es una concepción, una mentalidad, o mejor dicho la emergencia de una generación, la del 70, que precisamente fue aniquilada para que nunca llegara al lugar que llegó. Si me pongo místico (hay tela y mi peronismo me asiste), digo que Néstor es un avatar. O una encarnación. ¿De qué? De una fe, claro. De una necesidad. De una creencia. No me pregunten por qué, pero su muerte fue un maremoto de realidad, mostró la trascendencia de su laburo y subrayó el carácter de misión y sacrificio de su vida. Y un montón de personas volvieron a humanizarse; a sentir como condición previa al pensar. A creer, por lo menos a creer que se habían equivocado. “La ruta de la emoción recondujo a la racionalidad perdida", escribe Verbitsky en el brillante comienzo de su imperdible y muy scalabriniana nota de hoy. El Flaco se tiró de cabeza y les hizo añicos el espejo para alondras que nos habían inventado, les robó el sentido, al que tenían secuestrado tras los titulares y los zócalos, y recuperó la palabra para el pueblo. Eso también es peronismo".
Escribió Horacio Verbitsky en domingo en Página 12:
La hipnosis terminó
La muerte de Kirchner no creó un vacío de poder en el Gobierno sino en el Grupo Ahhh.... Las boutades de Carrió y Reutemann, en sendas pausas del spa y el campo, dejaron castañeteando los dientes a sus respectivas coaliciones. Sin fuerza, cohesión ni proyecto enfrentan a un gobierno coherente, fortalecido por el reconocimiento popular a su líder muerto y la adhesión a su continuadora, por temor a cualquier cambio de rumbo.
La imponente eclosión afectiva producida en cuanto se supo que había muerto Néstor Kirchner actuó como el chasquido que despierta a un hipnotizado. La bruma de imágenes inducidas por sugestión se disipa y la realidad recupera su nítida primacía. La espuma de los días y la trivialidad del debate mediático, detrás del cual eran visibles los intereses, habían tendido un velo deformante, que desapareció en un minuto. Clarín ni siquiera tuvo tiempo de levantar el aviso transparente de un hipermercado que estaba en su portada on line y que durante varios minutos proyectó una salva de fuegos de artificio sobre la noticia de la muerte de Kirchner, como involuntaria celebración. La ruta de la emoción recondujo a la racionalidad perdida.
Un hombre ordinario
Unos minutos más tardó en instalarse la respuesta al nuevo escenario: como el primer día del gobierno de Kirchner en 2003, igual que al asumir Cristina en 2007 o como al conocerse los resultados del escrutinio de 2009, la condición pregonada para la gobernabilidad fue el consenso y la concertación con los intereses corporativos. Esta insistencia en torcer la voluntad del gobierno por medios insidiosos, es una muestra de impotencia de quienes no pueden imponer sin amenazas su propia agenda, por falta de fuerza, de cohesión y de proyecto. Kirchner tuvo la sagacidad de persistir en el rumbo trazado sin amilanarse por riesgos ni contratiempos. Esa obstinación en perseguir un objetivo claro por encima de las contradicciones inevitables de la acción política, la sencillez del discurso que repitió sin variar durante años y su coherencia con la práctica es lo que el país reconoció con demostraciones de amor y gratitud como no se recuerdan en muchas décadas, por parte de la multitud más diversa de la historia, donde los sindicatos obreros coincidieron con las minorías sexuales. Sólo la ceguera irremediable de quien no quiere ver puede confundir con necrofilia este diálogo profundo de una sociedad en mutación con el liderazgo que le permitió emerger. A los pocos días, comenzó una desaforada idealización. ¿Quién podrá llenar el vacío que deja tan enorme figura?, es el solapado subtexto que, una vez más, apunta a menoscabar a Cristina, reciclando la ficción de que él era el único poder real. El mejor ejemplo está en el título de la crónica del diario Washington Post, “Transición sudamericana: las dos mujeres que liderarán el futuro de Brasil y Argentina”. A ambas les vaticina “una transición difícil”, como si CFK recién se hiciera cargo de la presidencia, al mismo tiempo que la electa Dilma Rousseff. Kirchner sólo fue un hombre ordinario que, puesto en una situación extraordinaria, estuvo a la altura del desafío. No más, pero tampoco menos. Lo mismo vale para su esposa. Eso es lo que el pueblo celebró en Buenos Aires y Santa Cruz, con tristísima satisfacción.
¿Por qué cambiar?
Fueron una pareja sentimental y política, que compartió vida y proyecto. Y al pueblo jamás le fue mejor en décadas. La economía crece por encima del 9%; la relación deuda/PIB se redujo diez veces y es la menor desde el empréstito Baring de 1826; las reservas son las más elevadas de la historia; las relaciones con los países vecinos son estrechas y cooperativas, con Estados Unidos y Europa, cordiales y respetuosas pero en un pie de igualdad. Los jefes de la dictadura criminal están presos y son juzgados. La justicia funciona con independencia del gobierno, aunque no siempre de los poderes fácticos. La producción y las exportaciones agrícolas y de automóviles serán este año las mayores de la historia. El consumo crece a pesar de la elevada inflación, los salarios formales superan el IPC, la Asignación Universal por Hijo compensa la diferencia para los precarios, el desempleo cayó a 7,6% y sigue bajando. Los obreros de la multinacional francesa Renault, que presentó un nuevo auto, con 40% de piezas argentinas, aclamaron a la presidente. Son tan jóvenes como quienes colmaron la Plaza de Mayo y las calles porteñas para despedir a Kirchner. ¿Por qué debería cambiar Cristina una política que goza de tanta adhesión? Si ella se lo propusiera, hoy sería reelecta en primera vuelta, por mayor diferencia que en 2007, cuando dobló a la segunda fuerza.
La famosa crispación
Kirchner no está y CFK pasó los últimos días en la cumbre del G-20. Si el relato predominante fuera cierto, esto debería reflejarse en un clima de serenidad y concordia. Por el contrario, todas las contradicciones del Grupo Ahhh... asomaron como fracturas expuestas. Los efectos más deletéreos afectaron al Peornismo opositor, la Coalición Cívica Libertadora, el radicalismo, el socialismo y el PRO, donde se produjo una verdadera implosión. Una semana antes del 27 de octubre, José Scioli pedía proyectos y ofrecía cargos en el futuro gabinete presidencial de su hermano. Su trabajo junto a Francisco de Narváez no obedecía a que se hubiera distanciado del gobernador bonaerense, como acordaron simular: Daniel Scioli aspiraría a la presidencia y De Narváez lo acompañaría como candidato en la principal provincia del país. En el último diálogo con Scioli, Kirchner cortó camino y lo invitó a que compitiera con él en las primarias justicialistas. “Si me ganás yo te apoyo”, le dijo. Scioli protestó lealtad pero siguió con su plan de congregar al kirchnerismo y al peornismo disidente, sin confrontar con nadie. El espacio político para esa fantasía se le ha hecho minúsculo y no le queda mejor alternativa que la reelección en Buenos Aires. Pero esto ha desacomodado al Peornismo opositor. Como también desapareció en acción el vicepresidente Julio Cobos (beneficiario del mayor hit musical del año), De Narváez ha renovado los contactos con el senador Carlos Reutemann, quien pegó un portazo en las narices del ex senador Eduardo Duhalde y sus acólitos, quienes pretendían seguir como si nada hubiera sucedido. Reutemann estaba negociando con Kirchner un acuerdo para impedir que en Santa Fe volviera a imponerse el Pacto Radical-Socialista. Implicaba la elección en primarias justicialistas entre el diputado kirchnerista Agustín Rossi y el entenado reutemista Jorge Obeid. Para Kirchner, y para Cristina ahora, la condición era que el senador sojero apoyara la candidatura presidencial del FpV. La votación por el presupuesto fue una prueba ácida para esa amalgama: Rossi solicitó que los seis diputados nacionales que responden a Reutemann y Obeid votaran el proyecto oficial, a lo que se negaron. La confluencia de julio sólo es posible dentro de un acuerdo para octubre. De otro modo, sólo resolvería los problemas de Reutemann, lo cual no constituye una prioridad en Olivos. Otro tanto vale para Córdoba, donde siguen bien encaminadas las conversaciones con el ex gobernador José De la Sota, menos remilgado que Reutemann. En la Capital, los contactos se habían entablado con colaboradores de los más próximos a Pino Solanas. En combinación con CFK, Pino hasta podría ganar la jefatura municipal. El problema es que esto lo obligaría a despedirse de su regalada existencia, y además dispersaría su tropa, una sumatoria de microemprendimientos como los de Claudio Lozano, Humberto Tumini y Miguel Bonasso, siempre asidos de algún faldón nacional para no caerse del mapa. También se movieron las placas tectónicas en las cámaras patronales agropecuarias, cuya Mesa de Enlace pasó al olvido, dada la avidez de Eduardo Buzzi por reubicarse en la nueva situación. Hasta hace poco pretendía llegar a la gobernación de Santa Fe por el duhaldismo. Hoy pugna por la mera subsistencia, desprestigiado en todos los ambientes que supo frecuentar, y sólo anhela que le tiren un cable desde la nave oficial. ¡Hasta fue mencionado por Clarín, que no perdona, entre los operadores del FpV para la aprobación del presupuesto!
La implosión
El mayor escándalo lo produjo la jefa de la Coalición Cívica Libertadora, con su denuncia de un nuevo Pacto de Olivos. Los radicales nunca habían abjurado de la reforma constitucional de 1994, negociada entre su líder Raúl Alfonsín y el entonces presidente Carlos Menem. Sin embargo, a la sola mención de Elisa Carrió saltaron como si se tratara del peor insulto. Es cierto que estaban sensibilizados por la propia fractura que los partió al medio en la disputa por la presidencia del bloque, que ahora se repite en el Senado. También cruje la bancada macrista que, como animal de dos cabezas, se intercambia acusaciones cara a cara. Más sosegada fue la respuesta oficial ante el otro exabrupto de Carrió, acerca de una presunta “Banelco de Cristina”. Aníbal Fernández recurrió al mecanismo psicológico de la proyección y Rossi dijo que el escándalo de una denuncia sin fundamentos fue la única forma de impedir una derrota en la inminente votación presupuestaria. Lo confirmó la camaleónica asistente de Carrió, Patricia Bullrich, ex ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa, al confesar que “si no denunciábamos, perdíamos la votación”. Ya las declaraciones de las diputadas Cinthya Hotton (macrismo evangélico) y Elsa Alvarez (radicalismo patagón) sobre llamados telefónicos habían sido interpretadas por la prensa de oposición como ofrecimientos de soborno, cosa que ninguna de ellas había dicho. Sería ingenuo, si no fuera perverso, suponer que una gestión semejante se haga por teléfono y sin una relación personal previa. La verdadera Banelco fue el traslado de 5 millones de pesos para pagar a senadores propios y ajenos por parte del secretario del Senado, no un diálogo político sobre la importancia de contar con un presupuesto para el último año de gestión. La denuncia es de tan extrema gravedad que no se entiende cómo las dos legisladoras omitieron su judicialización, obligatoria por el artículo 117 del Código Procesal Penal, ni accedieron a identificar quién o quiénes les ofrecieron qué cosa. En cambio, se propicia una investigación parlamentaria, en la que una vez más se buscará enlodar al gobierno, como ocurre desde el día en que Cristina juró el cargo. El Grupo Ahhh... y sus satélites de izquierda no escarmentaron con la ley previsional del 82 por ciento. Ese único éxito parlamentario que consiguieron en un año se les volvió en contra. Cuando CFK cumplió su promesa de vetarla no hubo una sola protesta de los presuntos afectados, mientras en Francia más de tres millones de personas paralizaban el país para reclamar por el aumento de tres años en la edad jubilatoria. Hacía falta un esfuerzo de voluntarismo y microclima para no percibir la valoración del gobierno que latía en las capas profundas de la sociedad y que salió a la superficie en cuanto la muerte de Kirchner hizo entrever el peligro de un cambio de rumbo.
De Buenos Aires a Seúl
“Esta presidente inteligente y luchadora como pocas, valiente como ninguna” (según la definición del nieto de uno de los grandes juristas del establishment liberal, que se refiere a ella como “la chica que nos gusta”) presidía al mismo tiempo la apertura de la mesa de Finanzas en la Cumbre Mundial del G-20 en Corea. Allí reivindicó sus políticas activas para superar la crisis financiera y sostener el empleo y el consumo. Mencionó la acumulación de reservas como defensa contra la volatilidad de los mercados, el pago con ellas de compromisos externos para invertir los recursos fiscales en la economía real y las restricciones al ingreso de capitales especulativos. “Las finanzas tienen que volver a la escala de la producción de bienes y servicios y tenemos que mejorar los salarios porque la gente tiene que consumir”, explicó. Para tirria de quienes no abandonan las catastróficas recetas del establishment, concluyó que en la Argentina “comprobamos que no puede crecer un sector a costa de que se derrumbe el resto de la sociedad”, y que esa enseñanza es aplicable a escala global. No es una conclusión presuntuosa. En Holanda, los economistas Servaas Storm and C.W.M. Naastepad, de la Universidad Tecnológica de Delft, acaban de publicar un artículo (“El costo de la desigualdad”) en el que analizan las consecuencias de la teoría de la tasa de desempleo que no acelera la inflación (o, por su sigla en inglés, la NAIRU), responsable de los espectaculares desequilibrios que culminaron con el colapso de 2007/2008. Para la NAIRU, que los autores equiparan con el ejército de reserva de desocupados de la doctrina de Marx, habría un desempleo de equilibrio, resultante del conflicto distributivo entre trabajadores y patrones. Su principal implicación es que los gobiernos y sus banqueros centrales no deberían promover el pleno empleo porque aceleraría la inflación. En consecuencia el mercado laboral debe ser desregulado, los estados de bienestar puestos a dieta y la posición negociadora de los sindicatos debilitada, de modo de reducir el salario real respecto de la productividad y mejorar la rentabilidad empresarial. Crecimiento e igualdad serían así incompatibles. Esta familiar descripción de lo que ocurrió en la Argentina del neoliberalismo está en la base de la crisis global. Al acentuarse la desigualdad y disminuir los ingresos del 90 por ciento de la población surgió un mercado cautivo de préstamos para mantener el nivel de vida de esos hogares. Al mismo tiempo se incrementaban los ingresos del 10 por ciento restante, origen de la sobreabundante liquidez que se depositó en fondos especulativos. Ese exceso de crédito no se utilizó para financiar el progreso técnico sino para la creación de nuevos e imaginativos instrumentos financieros, como la securitización de las hipotecas que, a partir de cierto punto, fueron insostenibles y pincharon la burbuja. Aunque la crisis haya emergido en el sector financiero, dicen los holandeses, sus raíces son más profundas y residen en el cambio estructural en la distribución del ingreso en los últimos treinta años. Para impedir la fragilidad financiera y la crisis es preciso “disciplinar a las empresas, los inversores y los mercados financieros”. Los autores proponen una toma de decisiones compartida a nivel de empresas, para desalentar la actividad especulativa y no productiva. “Un crecimiento más igualitario, traccionado por el salario y con baja desocupación, es crucial para impedir la acumulación de los excesos de liquidez que desencadenaron la actual crisis”. La alternativa a la NAIRU es el regreso a la regulación financiera y a políticas más equitativas de pleno empleo. Como si también volvieran de un sueño hipnótico, Storm y Naastepad enuncian algunas viejas verdades elementales. “El salario no es sólo un costo para las empresas (como supone la NAIRU) sino que mayores remuneraciones también producen beneficios macroeconómicos, como mayor demanda y más rápido aumento de productividad, mayor capacidad utilizada por las empresas y mayores ganancias”. Si aumentan la demanda y las utilidades también crecerá la productividad, por la inversión en nuevo equipamiento de tecnología más avanzada. Los mayores salarios, una fuerte protección legal para los trabajadores y su participación efectiva en la gestión de las empresas también motivarán a los trabajadores a comprometerse con las empresas a través de una mayor productividad. Además de los líderes de una docena de compañías globales, escucharon el mensaje de Cristina el presidente y vice de la Unión Industrial, Héctor Méndez y José Ignacio Mendiguren, los mismos que han liderado la oposición a todas las medidas que el gobierno adoptó en ese sentido y que ahora resisten, con el apoyo del Episcopado Católico, la participación obrera en las ganancias contenida en la Constitución desde hace 53 años. ¿Qué habrán entendido esas mentes obtusas, reacias al inevitable despertar?
La muerte de Kirchner no creó un vacío de poder en el Gobierno sino en el Grupo Ahhh.... Las boutades de Carrió y Reutemann, en sendas pausas del spa y el campo, dejaron castañeteando los dientes a sus respectivas coaliciones. Sin fuerza, cohesión ni proyecto enfrentan a un gobierno coherente, fortalecido por el reconocimiento popular a su líder muerto y la adhesión a su continuadora, por temor a cualquier cambio de rumbo.
La imponente eclosión afectiva producida en cuanto se supo que había muerto Néstor Kirchner actuó como el chasquido que despierta a un hipnotizado. La bruma de imágenes inducidas por sugestión se disipa y la realidad recupera su nítida primacía. La espuma de los días y la trivialidad del debate mediático, detrás del cual eran visibles los intereses, habían tendido un velo deformante, que desapareció en un minuto. Clarín ni siquiera tuvo tiempo de levantar el aviso transparente de un hipermercado que estaba en su portada on line y que durante varios minutos proyectó una salva de fuegos de artificio sobre la noticia de la muerte de Kirchner, como involuntaria celebración. La ruta de la emoción recondujo a la racionalidad perdida.
Un hombre ordinario
Unos minutos más tardó en instalarse la respuesta al nuevo escenario: como el primer día del gobierno de Kirchner en 2003, igual que al asumir Cristina en 2007 o como al conocerse los resultados del escrutinio de 2009, la condición pregonada para la gobernabilidad fue el consenso y la concertación con los intereses corporativos. Esta insistencia en torcer la voluntad del gobierno por medios insidiosos, es una muestra de impotencia de quienes no pueden imponer sin amenazas su propia agenda, por falta de fuerza, de cohesión y de proyecto. Kirchner tuvo la sagacidad de persistir en el rumbo trazado sin amilanarse por riesgos ni contratiempos. Esa obstinación en perseguir un objetivo claro por encima de las contradicciones inevitables de la acción política, la sencillez del discurso que repitió sin variar durante años y su coherencia con la práctica es lo que el país reconoció con demostraciones de amor y gratitud como no se recuerdan en muchas décadas, por parte de la multitud más diversa de la historia, donde los sindicatos obreros coincidieron con las minorías sexuales. Sólo la ceguera irremediable de quien no quiere ver puede confundir con necrofilia este diálogo profundo de una sociedad en mutación con el liderazgo que le permitió emerger. A los pocos días, comenzó una desaforada idealización. ¿Quién podrá llenar el vacío que deja tan enorme figura?, es el solapado subtexto que, una vez más, apunta a menoscabar a Cristina, reciclando la ficción de que él era el único poder real. El mejor ejemplo está en el título de la crónica del diario Washington Post, “Transición sudamericana: las dos mujeres que liderarán el futuro de Brasil y Argentina”. A ambas les vaticina “una transición difícil”, como si CFK recién se hiciera cargo de la presidencia, al mismo tiempo que la electa Dilma Rousseff. Kirchner sólo fue un hombre ordinario que, puesto en una situación extraordinaria, estuvo a la altura del desafío. No más, pero tampoco menos. Lo mismo vale para su esposa. Eso es lo que el pueblo celebró en Buenos Aires y Santa Cruz, con tristísima satisfacción.
¿Por qué cambiar?
Fueron una pareja sentimental y política, que compartió vida y proyecto. Y al pueblo jamás le fue mejor en décadas. La economía crece por encima del 9%; la relación deuda/PIB se redujo diez veces y es la menor desde el empréstito Baring de 1826; las reservas son las más elevadas de la historia; las relaciones con los países vecinos son estrechas y cooperativas, con Estados Unidos y Europa, cordiales y respetuosas pero en un pie de igualdad. Los jefes de la dictadura criminal están presos y son juzgados. La justicia funciona con independencia del gobierno, aunque no siempre de los poderes fácticos. La producción y las exportaciones agrícolas y de automóviles serán este año las mayores de la historia. El consumo crece a pesar de la elevada inflación, los salarios formales superan el IPC, la Asignación Universal por Hijo compensa la diferencia para los precarios, el desempleo cayó a 7,6% y sigue bajando. Los obreros de la multinacional francesa Renault, que presentó un nuevo auto, con 40% de piezas argentinas, aclamaron a la presidente. Son tan jóvenes como quienes colmaron la Plaza de Mayo y las calles porteñas para despedir a Kirchner. ¿Por qué debería cambiar Cristina una política que goza de tanta adhesión? Si ella se lo propusiera, hoy sería reelecta en primera vuelta, por mayor diferencia que en 2007, cuando dobló a la segunda fuerza.
La famosa crispación
Kirchner no está y CFK pasó los últimos días en la cumbre del G-20. Si el relato predominante fuera cierto, esto debería reflejarse en un clima de serenidad y concordia. Por el contrario, todas las contradicciones del Grupo Ahhh... asomaron como fracturas expuestas. Los efectos más deletéreos afectaron al Peornismo opositor, la Coalición Cívica Libertadora, el radicalismo, el socialismo y el PRO, donde se produjo una verdadera implosión. Una semana antes del 27 de octubre, José Scioli pedía proyectos y ofrecía cargos en el futuro gabinete presidencial de su hermano. Su trabajo junto a Francisco de Narváez no obedecía a que se hubiera distanciado del gobernador bonaerense, como acordaron simular: Daniel Scioli aspiraría a la presidencia y De Narváez lo acompañaría como candidato en la principal provincia del país. En el último diálogo con Scioli, Kirchner cortó camino y lo invitó a que compitiera con él en las primarias justicialistas. “Si me ganás yo te apoyo”, le dijo. Scioli protestó lealtad pero siguió con su plan de congregar al kirchnerismo y al peornismo disidente, sin confrontar con nadie. El espacio político para esa fantasía se le ha hecho minúsculo y no le queda mejor alternativa que la reelección en Buenos Aires. Pero esto ha desacomodado al Peornismo opositor. Como también desapareció en acción el vicepresidente Julio Cobos (beneficiario del mayor hit musical del año), De Narváez ha renovado los contactos con el senador Carlos Reutemann, quien pegó un portazo en las narices del ex senador Eduardo Duhalde y sus acólitos, quienes pretendían seguir como si nada hubiera sucedido. Reutemann estaba negociando con Kirchner un acuerdo para impedir que en Santa Fe volviera a imponerse el Pacto Radical-Socialista. Implicaba la elección en primarias justicialistas entre el diputado kirchnerista Agustín Rossi y el entenado reutemista Jorge Obeid. Para Kirchner, y para Cristina ahora, la condición era que el senador sojero apoyara la candidatura presidencial del FpV. La votación por el presupuesto fue una prueba ácida para esa amalgama: Rossi solicitó que los seis diputados nacionales que responden a Reutemann y Obeid votaran el proyecto oficial, a lo que se negaron. La confluencia de julio sólo es posible dentro de un acuerdo para octubre. De otro modo, sólo resolvería los problemas de Reutemann, lo cual no constituye una prioridad en Olivos. Otro tanto vale para Córdoba, donde siguen bien encaminadas las conversaciones con el ex gobernador José De la Sota, menos remilgado que Reutemann. En la Capital, los contactos se habían entablado con colaboradores de los más próximos a Pino Solanas. En combinación con CFK, Pino hasta podría ganar la jefatura municipal. El problema es que esto lo obligaría a despedirse de su regalada existencia, y además dispersaría su tropa, una sumatoria de microemprendimientos como los de Claudio Lozano, Humberto Tumini y Miguel Bonasso, siempre asidos de algún faldón nacional para no caerse del mapa. También se movieron las placas tectónicas en las cámaras patronales agropecuarias, cuya Mesa de Enlace pasó al olvido, dada la avidez de Eduardo Buzzi por reubicarse en la nueva situación. Hasta hace poco pretendía llegar a la gobernación de Santa Fe por el duhaldismo. Hoy pugna por la mera subsistencia, desprestigiado en todos los ambientes que supo frecuentar, y sólo anhela que le tiren un cable desde la nave oficial. ¡Hasta fue mencionado por Clarín, que no perdona, entre los operadores del FpV para la aprobación del presupuesto!
La implosión
El mayor escándalo lo produjo la jefa de la Coalición Cívica Libertadora, con su denuncia de un nuevo Pacto de Olivos. Los radicales nunca habían abjurado de la reforma constitucional de 1994, negociada entre su líder Raúl Alfonsín y el entonces presidente Carlos Menem. Sin embargo, a la sola mención de Elisa Carrió saltaron como si se tratara del peor insulto. Es cierto que estaban sensibilizados por la propia fractura que los partió al medio en la disputa por la presidencia del bloque, que ahora se repite en el Senado. También cruje la bancada macrista que, como animal de dos cabezas, se intercambia acusaciones cara a cara. Más sosegada fue la respuesta oficial ante el otro exabrupto de Carrió, acerca de una presunta “Banelco de Cristina”. Aníbal Fernández recurrió al mecanismo psicológico de la proyección y Rossi dijo que el escándalo de una denuncia sin fundamentos fue la única forma de impedir una derrota en la inminente votación presupuestaria. Lo confirmó la camaleónica asistente de Carrió, Patricia Bullrich, ex ministra de Trabajo de Fernando de la Rúa, al confesar que “si no denunciábamos, perdíamos la votación”. Ya las declaraciones de las diputadas Cinthya Hotton (macrismo evangélico) y Elsa Alvarez (radicalismo patagón) sobre llamados telefónicos habían sido interpretadas por la prensa de oposición como ofrecimientos de soborno, cosa que ninguna de ellas había dicho. Sería ingenuo, si no fuera perverso, suponer que una gestión semejante se haga por teléfono y sin una relación personal previa. La verdadera Banelco fue el traslado de 5 millones de pesos para pagar a senadores propios y ajenos por parte del secretario del Senado, no un diálogo político sobre la importancia de contar con un presupuesto para el último año de gestión. La denuncia es de tan extrema gravedad que no se entiende cómo las dos legisladoras omitieron su judicialización, obligatoria por el artículo 117 del Código Procesal Penal, ni accedieron a identificar quién o quiénes les ofrecieron qué cosa. En cambio, se propicia una investigación parlamentaria, en la que una vez más se buscará enlodar al gobierno, como ocurre desde el día en que Cristina juró el cargo. El Grupo Ahhh... y sus satélites de izquierda no escarmentaron con la ley previsional del 82 por ciento. Ese único éxito parlamentario que consiguieron en un año se les volvió en contra. Cuando CFK cumplió su promesa de vetarla no hubo una sola protesta de los presuntos afectados, mientras en Francia más de tres millones de personas paralizaban el país para reclamar por el aumento de tres años en la edad jubilatoria. Hacía falta un esfuerzo de voluntarismo y microclima para no percibir la valoración del gobierno que latía en las capas profundas de la sociedad y que salió a la superficie en cuanto la muerte de Kirchner hizo entrever el peligro de un cambio de rumbo.
De Buenos Aires a Seúl
“Esta presidente inteligente y luchadora como pocas, valiente como ninguna” (según la definición del nieto de uno de los grandes juristas del establishment liberal, que se refiere a ella como “la chica que nos gusta”) presidía al mismo tiempo la apertura de la mesa de Finanzas en la Cumbre Mundial del G-20 en Corea. Allí reivindicó sus políticas activas para superar la crisis financiera y sostener el empleo y el consumo. Mencionó la acumulación de reservas como defensa contra la volatilidad de los mercados, el pago con ellas de compromisos externos para invertir los recursos fiscales en la economía real y las restricciones al ingreso de capitales especulativos. “Las finanzas tienen que volver a la escala de la producción de bienes y servicios y tenemos que mejorar los salarios porque la gente tiene que consumir”, explicó. Para tirria de quienes no abandonan las catastróficas recetas del establishment, concluyó que en la Argentina “comprobamos que no puede crecer un sector a costa de que se derrumbe el resto de la sociedad”, y que esa enseñanza es aplicable a escala global. No es una conclusión presuntuosa. En Holanda, los economistas Servaas Storm and C.W.M. Naastepad, de la Universidad Tecnológica de Delft, acaban de publicar un artículo (“El costo de la desigualdad”) en el que analizan las consecuencias de la teoría de la tasa de desempleo que no acelera la inflación (o, por su sigla en inglés, la NAIRU), responsable de los espectaculares desequilibrios que culminaron con el colapso de 2007/2008. Para la NAIRU, que los autores equiparan con el ejército de reserva de desocupados de la doctrina de Marx, habría un desempleo de equilibrio, resultante del conflicto distributivo entre trabajadores y patrones. Su principal implicación es que los gobiernos y sus banqueros centrales no deberían promover el pleno empleo porque aceleraría la inflación. En consecuencia el mercado laboral debe ser desregulado, los estados de bienestar puestos a dieta y la posición negociadora de los sindicatos debilitada, de modo de reducir el salario real respecto de la productividad y mejorar la rentabilidad empresarial. Crecimiento e igualdad serían así incompatibles. Esta familiar descripción de lo que ocurrió en la Argentina del neoliberalismo está en la base de la crisis global. Al acentuarse la desigualdad y disminuir los ingresos del 90 por ciento de la población surgió un mercado cautivo de préstamos para mantener el nivel de vida de esos hogares. Al mismo tiempo se incrementaban los ingresos del 10 por ciento restante, origen de la sobreabundante liquidez que se depositó en fondos especulativos. Ese exceso de crédito no se utilizó para financiar el progreso técnico sino para la creación de nuevos e imaginativos instrumentos financieros, como la securitización de las hipotecas que, a partir de cierto punto, fueron insostenibles y pincharon la burbuja. Aunque la crisis haya emergido en el sector financiero, dicen los holandeses, sus raíces son más profundas y residen en el cambio estructural en la distribución del ingreso en los últimos treinta años. Para impedir la fragilidad financiera y la crisis es preciso “disciplinar a las empresas, los inversores y los mercados financieros”. Los autores proponen una toma de decisiones compartida a nivel de empresas, para desalentar la actividad especulativa y no productiva. “Un crecimiento más igualitario, traccionado por el salario y con baja desocupación, es crucial para impedir la acumulación de los excesos de liquidez que desencadenaron la actual crisis”. La alternativa a la NAIRU es el regreso a la regulación financiera y a políticas más equitativas de pleno empleo. Como si también volvieran de un sueño hipnótico, Storm y Naastepad enuncian algunas viejas verdades elementales. “El salario no es sólo un costo para las empresas (como supone la NAIRU) sino que mayores remuneraciones también producen beneficios macroeconómicos, como mayor demanda y más rápido aumento de productividad, mayor capacidad utilizada por las empresas y mayores ganancias”. Si aumentan la demanda y las utilidades también crecerá la productividad, por la inversión en nuevo equipamiento de tecnología más avanzada. Los mayores salarios, una fuerte protección legal para los trabajadores y su participación efectiva en la gestión de las empresas también motivarán a los trabajadores a comprometerse con las empresas a través de una mayor productividad. Además de los líderes de una docena de compañías globales, escucharon el mensaje de Cristina el presidente y vice de la Unión Industrial, Héctor Méndez y José Ignacio Mendiguren, los mismos que han liderado la oposición a todas las medidas que el gobierno adoptó en ese sentido y que ahora resisten, con el apoyo del Episcopado Católico, la participación obrera en las ganancias contenida en la Constitución desde hace 53 años. ¿Qué habrán entendido esas mentes obtusas, reacias al inevitable despertar?
sábado, 24 de julio de 2010
Mariano Fragueiro y Néstor Kirchner
Una relectura de Mariano Fragueiro (“Cuestiones Argentinas” y “Organización del Crédito”), el primer economista argentino, me ha sugerido intentar resignificar algunos lugares comunes de la actualidad.
Para los que sepan poco de él, Fragueiro era cordobés, nació en 1795, fue gobernador de su provincia, ministro de hacienda de la Confederación, diputado, escritor, periodista y senador. Y hombre de consulta de Rosas (aunque se exiló en Chile), de Alberdi y sobre todo de Urquiza luego de Caseros.
Intentó influir sobre la redacción de la Constitución Nacional, pero como sabemos, la que finalmente primó no fue la de la Confederación sino la del puerto de Buenos Aires.
La actualidad se refiere a la idea dominante en cierta oposición ingenua, esa de que “en Argentina nadie resiste un archivo”, refiriéndose al papel de Kirchner como gobernador de Santa Cruz durante los ’90. Hace ya algunos años discutíamos esta cuestión entre amigos, con Juan J. Salinas; su hermano Luis, (preso entre 1976 y 1982, fallecido en 2007), Teodoro Boot, Diego Olivé, Luis Arias y otros. Para divertirnos, editábamos una página web, el Diario-de-la-fin-del-mundo con resultados a veces desopilantes, porque nos resultaba difícil encarar la realidad como no fuera desde el surrealismo. La Argentina, en su vuelta violenta al Tercer Mundo, le escapaba a una análisis serio de la realidad, al menos para los que habíamos conocido otra Argentina.
Fue así como fantaseamos con las alternativas que se le abrían al gobernador Kirchner y de lo que hubiera pasado en caso de declararse antimenemista. Nadie hubiera dado un peso por su futuro político, pero no a largo plazo sino en horas o minutos. La AMIA, la explosión de Río Tercero, las al menos diecisiete muertes dudosas que se produjeron en la época, entre muchos otros, eran sonoros testigos. Menem contaba con los instrumentos estatales adecuados como ahogarlo en muy poco tiempo.
Y para el Diario de la Fin del Mundo subimos una nota con la siguiente noticia: la provincia de Santa Cruz se ha desprendido de la masa continental y navega hacia alguna parte, con rumbo desconocido y acaso sin destino, conducida por un timonel loco: Néstor. Así, con esta versión sudaca de La Balsa de Piedra de Saramago, Kirchner habría dado testimonio de antimenemismo explícito y no existiría el argumento del archivo irresistible.
¿Y por qué lo asocio con Fragueiro, en una de estas asociaciones que solo entiendo yo y mi circunstancia? Porque suele verse el pasado como una lucha entre el bien y el mal, lo blanco y lo negro, etc., etc., y nada más alejado de la realidad. La cosa atañe indirectamente a la cuestión de “qué es el peronismo” y el justicialismo, y estoy tentado a marcar de entrada que si un movimiento político llega en determinada etapa (los ’90) para destruir hasta la base todo lo que alguna vez había construido, hay que preguntarse si perdió su razón de ser, su razón histórica. Si se convirtió en otra cosa, si dejó de ser el instrumento para una determinada etapa de la lucha del país por ser. Si pasó a ser el instrumento de otra cosa, y en este caso, el instrumento del enemigo, que no es poco.
Algo similar ocurre con lo federal y lo unitario en la historia nacional, tan entroncado con la mitología histórica.
La clave me la dio un trabajo muy interesante de Alfredo Terzaga, la “Historia de Roca”. Terzaga divide minuciosamente entre federales del puerto y del interior, unitarios del puerto y del interior. Tema que recorrimos, con un buen vinito carlón y en el restaurante Oleiros de la calle Piedras, unas charlas nocturnas con mi amigo Alejandro Tarruella.
También tenemos en el haber el papel que pudo jugar y no jugó la generación del 37 (Echeverría, Alberdi, etc.) en la constitución de la Argentina, y a la que Fragueiro no era ajeno. Probablemente, de haberse acercado a Rosas, no hubiera ocurrido Caseros y la Argentina no sería hoy la descendiente de la patria chica que diseñó Mitre. Y dejo a Roca fuera de esto, porque bastantes injustos ataques recibe, como genocida, de los cultores del paradigma originario. Roca, en todo caso, completó lo que Mitre ya había diseñado desde su presidencia y con los que le siguieron, organizando la patria chica. Roca fue un ejecutor, y conste que me pongo del lado del cacique Pincén, bravo entre los bravos, y que de haber vivido en esa época, estaría en el bando equivocado.
El dilema era entonces si Argentina se integraba o no al circuito del Progreso. Cómo se integró fue la resolución de ese dilema, pero la constitución de la burguesía europea (modelo de la derecha, pero también de la izquierda) no fue un paseo en carrozas.
Punteo otros temas: el Chacho Peñaloza luce como icono federal, pero fue antirosista toda su vida aunque eso es ocultado por el revisionismo.
Algún escritor nacionalista, no recuerdo si Irazusta o Ibarguren, defendió a Rosas por el lado del caudillo que unifica una nación excluyendo toda posibilidad de constitución escrita, lo cual, según ese estudio, lo emparentaba con cierta nobleza británica. Pues Fragueiro, para entrar en tema, vivió exilado en Chile durante el gobierno de Rosas, pero no por ser unitario de los que conspiraban en Montevideo y se aliaban con Francia y Gran Bretaña, sino uno de los federales convencidos de que el país necesitaba imperiosamente una Constitución federal, una organización racional, como alguna vez lo había planteado Artigas en términos más bastos pero no menos conducentes.
Otra cosa lo emparenta con Kirchner: Fragueiro, más que hijo de Adam Smith, como se llamaría entonces a lo políticamente correcto, lo era de Saint Simon y de Fourier, del Dogma Socialista de Echeverría, del llamado socialismo utópico pero también de cierto pragmatismo hijo de la moda de entonces, el positivismo.
En rigor, Fragueiro no entraba en ninguna categoría.
Era una especie de hippie del siglo XIX que usaba pequeñas gafas de vidrio verde, como lo retrató Mansilla, para espantar al aventurero Buschental.
En el próximo post (para no alargarlo demasiado) voy a subir las fundadas opiniones de Fragueiro sobre la deuda externa, la organización del crédito en Argentina y el estatuto de un Banco Central. Su preciso análisis del préstamo de Baring Brothers, y la conveniencia política de devolverlo, reflejan de inmediato sobre la visión del actual gobierno, una cuestión que en el fondo no tiene solución salvo para los locos que creen vivir en un país de vietnamitas acostumbrados a comer 70 gramos de arroz diario y vivir en agujeros bajo la tierra. La deuda externa es hoy una de las principales herramientas de la dependencia, pero independizarse debe ser una decisión de toda la sociedad o al menos de su mayoría, dispuesta a conocer el precio de su sacrificio.
Desoyendo al Fragueiro, el empréstito de Baring terminó pagándose prácticamente en 1950, cien años más tarde. Pero gracias a ese economista, del que tenemos referencia por una calle en Buenos Aires, la historia pudo anotar las condiciones absolutamente venales del préstamo. Hoy recordadas en solitario por Norberto Galasso.
No se si Fragueiro, con sus anteojitos verdes, hubiera resistido un archivo.
martes, 13 de julio de 2010
Bergoglio, según Simón el Estilita
Si tienen paciencia, los 10 minutos de película son la versión Brancaleone del actual conflicto generado por la Iglesia luego de que su principal figura nos transportara en el túnel del tiempo al Medioevo. Propiamente.
Con suficiente humor, verán que Kirchner aparece en la primera escena.
(Nota del E.: San Simón o Simeón el Estilita vivió en Siria a principios del siglo V. Como penitencia cristiana, eligió pasar 37 años subido a una columna griega existente en Alepo, Siria. Se lo considera el creador del cilicio. Alepo es la cuna del conocido sorgo, una de las peores plagas del mundo, y en Yabruz, a 35 km de la célebre columna de Simeón el Estilita nacieron personajes no menos célebres como los Yoma, los Al Kassar, los Menem, los Bathich hoy chilenos y los Yabrán).
Con suficiente humor, verán que Kirchner aparece en la primera escena.
(Nota del E.: San Simón o Simeón el Estilita vivió en Siria a principios del siglo V. Como penitencia cristiana, eligió pasar 37 años subido a una columna griega existente en Alepo, Siria. Se lo considera el creador del cilicio. Alepo es la cuna del conocido sorgo, una de las peores plagas del mundo, y en Yabruz, a 35 km de la célebre columna de Simeón el Estilita nacieron personajes no menos célebres como los Yoma, los Al Kassar, los Menem, los Bathich hoy chilenos y los Yabrán).
martes, 8 de junio de 2010
Acerca de esta mujer, por Juan Montes
Se habló del país virtual y el país real. Entre ambos, emerge a su vez, un tercer país: el país de la percepción que viene a desvirtuar, tímidamente, el apocalipsis que promueve el primero y a descubrir, con la misma timidez, algunas certezas esperanzadoras del segundo. Esta nueva lectura que algún sector de la sociedad comienza a hacer es consecuencia de una actitud política: instalar el debate social, resignificar la participación activa de base y confrontar antiguas dicotomías rayanas al tabú, al prejuicio y en el peor de los casos, al desinterés. Este, y no otro, definitivamente es el mayor y mejor logro de esta mujer, que, guste o no, es la presidenta Cristina Fernández. Todos los demás aspectos son desprendimientos de esta decisión. Y es éste y no otro, definitivamente, el caldero donde hierve el caldo del odio, la sal que hiere al dibuk, las causas que causan terror.
A partir de esta premisa hay que destacar algunos méritos. Entre ellos está el que habiendo sufrido una conspiración de acontecimientos que auguraban su fracaso, pudo salir airosa y sin triunfalismos, como un bote que emerge de la furia tormentosa en el océano. Remontó la crisis internacional, padeció uno de los mayores default de nuestra historia, soportó la más férrea denigración mediática, amortiguó los golpes de una devastadora oposición que huérfana de líderes demócratas verdaderos tiene como fin debilitar a un gobierno que -vaya la paradoja y la hipocresía- la misma oposición integra, aguantó la indiferencia y la adversión de sectores de los que se espera un convenio tácito sobre cuestiones básicas como lo son los derechos humanos, la democratización de los medios y el respeto a las instituciones, la asignación universal y las políticas educacionales.
Los que miran profundo ven lo verdadero. Aquí se inicia otro mérito: esta mujer no salió a derrumbar los castillos de arena desde cuyos balcones profetisas descarriadas o séquitos de cletómanos auguraban catástrofes. Dejó, con paciencia materna, que caigan solos: se dijo que el campo se fundiría, el campo no se fundió; se vaticinó una estampida del dólar y el dólar se mantuvo manso; se pronosticó una política de ajustes y la respuesta fue más medidas sociales; se le endilgó una calidad de títere de su esposo y demostró muy clara su autonomía; se amenazó con una chavinización de la República y mostró estar tan cerca de Chávez como de Lula o Evo Morales, se la tildó de montonera y el único ejército que mostró fueron los fans de 6-7-8.
Esta mujer es más que Chanel y Louis Vuitton. Es la mandataria que aplicó políticas que nadie, desde hace cincuenta años, se animó a aplicar. Y eso es meritorio. Fue más allá en un país donde los límites siempre fueron impuestos por sobre los gobiernos. Y eso, por ser meritorio, es para muchos imperdonable. Y en ese ir más allá descoloca, desconcierta, desestabiliza a todo el arco político que balbucea contradicciones. Néstor Kirchner es predecible y por lógica su Gobierno fue de crecimiento cuantitativo. Esta mujer no construye política, instala el debate de la política misma; no polemiza en primera persona, instala la polémica y deja que los actores sociales polemicen. El Gobierno de esta mujer es cualitativo y eso la diferencia del resto.
En este escenario que esta mujer provocó, en el mejor sentido de la provocación, aparecen dos líneas claramente definidas: retoma políticas inclusivas de Perón y la actitud confrontativa de Eva. Y antes de hacer comparaciones con Perón y con Eva, es preferible arriesgar dos lecturas posibles: este Gobierno es lo más parecido al Gobierno peronista en los últimos cincuenta años y la mujer que lo encarna, antes que otra cosa, antes que ninguna otra cosa, es, como dice un amigo, un cuadro político. Y un cuadro político privilegia, por sobre todas las cosas, su noción colectiva del concepto Patria.
Este Gobierno no tiene muertos propios. No reprimió el default del campo ni las movilizaciones contrarias. Enfrentó a los adversarios, a los opositores y a los enemigos con la palabra, con la invitación a debatir o el desafío a discutir. Y este mérito, genera impotencia y la sucede el odio. Esta mujer quebró los esquemas: no sacó a la CGT a la calle, no movilizó su "clientelismo social", no fue violenta como muchos quizás, peligrosamente, hubieran querido. Fue hasta lugares donde hasta hace cinco años eran impensados: puso en evidencia no sólo el andamiaje de los medios de comunicación, sino además, abrió el debate sobre el rol, la ética y la imparcialidad de los periodistas; desmitificó la soledad de las madres y sacudió el letargo impune de los crímenes de lesa humanidad; adhirió activamente a la más sólida intencionalidad de integración latinoamericana…
¿Cómo no va a generar odio si hace lo que otros gobiernos populares hubieran querido hacer? ¿Cómo no va a generar odio si hace lo que cualquier gobierno antipopular no quisiera que se haga? ¿Cómo no va a generar odio si para colmo esta mujer, es mujer?
A partir de esta premisa hay que destacar algunos méritos. Entre ellos está el que habiendo sufrido una conspiración de acontecimientos que auguraban su fracaso, pudo salir airosa y sin triunfalismos, como un bote que emerge de la furia tormentosa en el océano. Remontó la crisis internacional, padeció uno de los mayores default de nuestra historia, soportó la más férrea denigración mediática, amortiguó los golpes de una devastadora oposición que huérfana de líderes demócratas verdaderos tiene como fin debilitar a un gobierno que -vaya la paradoja y la hipocresía- la misma oposición integra, aguantó la indiferencia y la adversión de sectores de los que se espera un convenio tácito sobre cuestiones básicas como lo son los derechos humanos, la democratización de los medios y el respeto a las instituciones, la asignación universal y las políticas educacionales.
Los que miran profundo ven lo verdadero. Aquí se inicia otro mérito: esta mujer no salió a derrumbar los castillos de arena desde cuyos balcones profetisas descarriadas o séquitos de cletómanos auguraban catástrofes. Dejó, con paciencia materna, que caigan solos: se dijo que el campo se fundiría, el campo no se fundió; se vaticinó una estampida del dólar y el dólar se mantuvo manso; se pronosticó una política de ajustes y la respuesta fue más medidas sociales; se le endilgó una calidad de títere de su esposo y demostró muy clara su autonomía; se amenazó con una chavinización de la República y mostró estar tan cerca de Chávez como de Lula o Evo Morales, se la tildó de montonera y el único ejército que mostró fueron los fans de 6-7-8.
Esta mujer es más que Chanel y Louis Vuitton. Es la mandataria que aplicó políticas que nadie, desde hace cincuenta años, se animó a aplicar. Y eso es meritorio. Fue más allá en un país donde los límites siempre fueron impuestos por sobre los gobiernos. Y eso, por ser meritorio, es para muchos imperdonable. Y en ese ir más allá descoloca, desconcierta, desestabiliza a todo el arco político que balbucea contradicciones. Néstor Kirchner es predecible y por lógica su Gobierno fue de crecimiento cuantitativo. Esta mujer no construye política, instala el debate de la política misma; no polemiza en primera persona, instala la polémica y deja que los actores sociales polemicen. El Gobierno de esta mujer es cualitativo y eso la diferencia del resto.
En este escenario que esta mujer provocó, en el mejor sentido de la provocación, aparecen dos líneas claramente definidas: retoma políticas inclusivas de Perón y la actitud confrontativa de Eva. Y antes de hacer comparaciones con Perón y con Eva, es preferible arriesgar dos lecturas posibles: este Gobierno es lo más parecido al Gobierno peronista en los últimos cincuenta años y la mujer que lo encarna, antes que otra cosa, antes que ninguna otra cosa, es, como dice un amigo, un cuadro político. Y un cuadro político privilegia, por sobre todas las cosas, su noción colectiva del concepto Patria.
Este Gobierno no tiene muertos propios. No reprimió el default del campo ni las movilizaciones contrarias. Enfrentó a los adversarios, a los opositores y a los enemigos con la palabra, con la invitación a debatir o el desafío a discutir. Y este mérito, genera impotencia y la sucede el odio. Esta mujer quebró los esquemas: no sacó a la CGT a la calle, no movilizó su "clientelismo social", no fue violenta como muchos quizás, peligrosamente, hubieran querido. Fue hasta lugares donde hasta hace cinco años eran impensados: puso en evidencia no sólo el andamiaje de los medios de comunicación, sino además, abrió el debate sobre el rol, la ética y la imparcialidad de los periodistas; desmitificó la soledad de las madres y sacudió el letargo impune de los crímenes de lesa humanidad; adhirió activamente a la más sólida intencionalidad de integración latinoamericana…
¿Cómo no va a generar odio si hace lo que otros gobiernos populares hubieran querido hacer? ¿Cómo no va a generar odio si hace lo que cualquier gobierno antipopular no quisiera que se haga? ¿Cómo no va a generar odio si para colmo esta mujer, es mujer?
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