La política pública de Derechos Humanos de la Argentina es una piedra de toque del actual gobierno. "Memoria, verdad y justicia" no se circunscribe a reparar los secuestros, torturas, desapariciones y robos de identidad producidos por la dictadura cívico-militar. Abarca también otros derechos sociales, políticos y económicos conculcados.
Ayer mismo, el ex bañero de Lomas de Zamora volvió a tirar una cuerda de salvataje a los que opinan que sólo se están defendiendo los derechos de algunos en perjuicio de los de esos otros, cuando esos otros son simplemente asesinos seriales que están siendo juzgados con todas las garantías de la ley.
Sería conveniente que no se olvidaran los vínculos del ex bañero con la AAA durante su intendencia en los primeros 70. El líder de lo que Verbitsky denomina con justeza el "peornismo" es hábil para simular un pasado inexistente, como por ejemplo cuando -en uno de sus desopilantes discursos- se refirió a la derrota que había sufrido cuando el gobierno de Frondizi anuló el triunfo electoral de la fórmula Framini - Anglada como candidatos a la gobernación de la provincia de Buenos Aires en marzo de 1962. El equívoco es obvio: aquel binomio ganó las elecciones con el cobijo del partido Unión Popular porque regía el decreto 4161 y el peronismo estaba prohibido, la misma Unión Popular que ahora lo tiene como candidato a Duhalde.
Miente el señor candidato a una segura derrota.
En 1962, cuando ocurrieron esos hechos, el era sólo y apenas un futuro bañero con especulares inquietudes radicales que recién había aprobado crawl, espalda y plastilina. Radicalismo que, por cierto, que en aquel entonces sentía una inocultable simpatía por el peronismo fuera de la ley , los fusilamientos en José León Suárez, el futuro triunfo proscriptivo de Illia y los planes de ajuste.
Como dijimos en otra oportunidad, las leyes reparatorias promulgadas por el gobierno son universales e incluyen a todos los que hubieran sido sometidos a secuestro, prisión, torturas o desaparición por razones políticas, sean estas de izquierda o derecha.
Para poner las cosas en su justo orden, agrego un video subido por Mundo Perverso, aunque al parecer el hallazgo es de Martín Rodríguez.
Con felicitaciones a ambos, lo comparto por lo que sugiere en varios sentidos: la tarea es multiplicar, multiplicar. Y para ello, nada mejor que estas imágenes juveniles de Cristina y Néstor.
Mostrando entradas con la etiqueta Néstor Kirchner. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Néstor Kirchner. Mostrar todas las entradas
viernes, 27 de mayo de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
Seis meses, una historia de amor
"Hay que bancarse a minas así". Juan P. Feinmann, también conocido como Feimann el Bueno, aunque bue.....
SEIS MESES
Por Norberto Galasso
Una marea humana se volcó hacia Plaza de Mayo con motivo del fallecimiento de Néstor Kirchner.
Las mayorías populares iban a despedirse de un presidente amigo en su muerte, de un compañero que en pocos años les había dado vida, de quien les había permitido salir del escepticismo político hacia la polémica ardorosa en busca de un futuro mejor, hacia la réplica y la contrarréplica alrededor de los conflictos que él -que no los había creado, como sostenía la oposición- los ponía sobre la mesa para resolverlos.
Por eso no fue una procesión callada, respetuosa y sombría sino un incesante desfile con gritos, cánticos, adhesiones coreadas, entusiasmos fervorosos, con arengas delante del féretro.
Era el afectuoso saludo militante a un líder militante que se iba.
En el salón de Los Patriotas Latinoamericanos, desde dos cuadros cercanos, Perón y el Ché parecían acompañar esa explosión popular, no trajeada para un cumpleaños sino en camisa, desaliñada a veces, desbordada su emoción, de rostros desencajados, volcando afecto hacia el presidente muerto y hacia Cristina, para darle a ella el impulso suficiente para seguir, para no amenguar los ímpetus.
Era el saludo militante a un matrimonio de militantes que habían osado enfrentar a los grandes poderes económicos y mediáticos, como también al Imperio, avanzando hacia la liberación y la unidad latinoamericana.
Era el compromiso, golpeándose el pecho, de que no terminaba “el kirchnerismo” -expresión hoy del protagonismo popular- como predecían los augures de la desgracia argentina desde los grandes matutinos, sino que se ratificaba el rumbo con la única y posible garantía: el pueblo en la plaza, como fue siempre, desde el 25 de mayo y el 17 de octubre.
Era un pueblo con demasiados jóvenes -para el gusto de los detentadores del privilegio-, un pueblo con conciencia de sus derechos y con convicción latinoamericana que, no por casualidad, encontraba -junto a Cristina- a los líderes actuales de la verdadera Patria Grande.
La presencia de ese pueblo profundamente dolido, pero profundamente esperanzado, aseguró también la ausencia de los impresentables, de los que se mueven en las sombras conspirando para atrasar el reloj de la historia, de los que promueven la vuelta a un pasado de vergüenza y humillación, de miseria y de entrega, de subordinación semicolonial.
”Brillaron por su ausencia”, como lo expresa el hombre común, tan gráficamente, e indefectiblemente permanecerán en ese camino hacia la soledad y la ausencia política, solos, sin pueblo, sin futuro, y el telón caerá sobre ellos, de una vez por todas.
Una, vacacionando en Córdoba, otro inventando alguna nueva traición, otro preparando maniobras oscuras para desestabilizar.
La turista había dicho: “No lo soportan más… El pueblo lo quiere matar”, pero, ¡Qué chasco!: el pueblo lo quería revivir, no se resignaba a su desaparición, palabra que uso expresamente por el contenido que ha adquirido para la militancia.
También hubo algunas presencias molestas sobre las cuales cayó la lluvia de silbidos porque tenemos memoria. No decimos esto para agravar los enfrentamientos: cada uno sabe en qué vereda se pone y éstos no se equivocan, aunque pretendan ser “amables adversarios” dispuestos “al consenso” (¿Qué tenía que hacer allí Estensoro y su cónclave?).
Los oportunistas y los que cultivan la más desvergonzada hipocresía no nos interesan porque estuvieron, están y estarán en otra cosa: que los bendigan Magnetto y Biolcati, que constituirá una verdadera maldición de la Patria.
Pero una vez más hay que llamar la atención a aquellos que por sectarismo, por incomprensión, por estrechez de miras o por desmedida ambición no participaron de estas jornadas de dolor que vivió profundamente un amplísimo sector de la sociedad argentina, aquellos que han errado el rumbo y lo siguen errando.
Decir por ejemplo, “Kirchner tuvo aciertos”, “nosotros lo hemos acompañado a Kirchner en todo lo bueno y hemos criticado todo lo malo”, declaraciones que no caben en dirigentes políticos que aspiran a representar al pueblo.
Esa opinión la dejo para mi tía Rosita.
Un partido o un dirigente deben saber que frente a un gobierno atacado por el establishment tiene que asumir una clara posición política.
Furiosamente atacado, agraviado el matrimonio Kirchner por los más bajos mensajes de Facebook, acusados de las mayores desvergüenzas, no se puede opinar con liviandad: apoyo lo bueno, critico lo malo.
Es preciso hacer un análisis profundo, un balance de la política general que desarrolla y ponerse junto a él, con toda la independencia política, ideológica y organizativa que exigen los textos revolucionarios clásicos o de otro modo, admitir que se está objetivamente en contra, junto a los enemigos de siempre y que, por esa razón, no se asiste a la plaza junto con el Pueblo.
No valen, en este caso, las buenas intenciones, ni los idealismos abstractos, ni presentar como fundamentales aquellas asignaturas pendientes que aún no han sido resueltas que deben ser evaluadas -por supuesto- pero en el marco de un progreso económico y social general que ha irritado a los poderosos de afuera y de adentro.
Más allá de lo que falta realizar -cuando en el 2003 faltaba todo- y a pesar de ello, y para darles solución -para llenar la parte del vaso que aún está vacía- una vez más, las mayorías populares han vuelto a la plaza, con banderas, con gritos, con esperanza. Y quienes no estuvieron allí deben reflexionar profundamente acerca de ese desencuentro.
No estuvieron junto a los trabajadores y la clase media más popular justamente cuando ella salió, como pocas veces en nuestra historia, como en sus grandes momentos, con pasión, con ganas, con los dedos de la mano en `V` augurando futuras victorias, con la mano sobre el corazón comprometiéndose a jugarse por una Argentina mejor.
Y no estuvieron.
No quiero hacer nombres, cada uno sabe su historia.
Habrán dado, quizás, alguna declaración de compromiso, hasta es posible que hayan mandado a alguno con bajo perfil para que no le recordasen que venía de la vereda de enfrente.
Pero no estuvieron sintiendo profundamente, viviendo profundamente, en medio de los muchachas y muchachos que inundaron la plaza histórica.
Hemos criticado la flexibilización laboral en su momento y el empleo en negro, hemos condenado la tercerización y abogamos siempre por el pleno empleo pues mientras subsista el sistema en que vivimos, los trabadores necesitan pleno empleo no sólo para tener ingresos y estabilidad familiar sino para tener fuerza para pelear por sus derechos, pero ¿cómo explicar este suceso de Río Gallegos en que tercerizados con apoyo del PO van a reclamar justamente cuando se está velando a un ex presidente y los anónimos, los “nadie y sin nada” como decía Scalabrini, los laburantes van a la plaza y hay un inmenso dolor y curiosamente, al mismo tiempo, hay una gran esperanza de seguir avanzando.
Cualquier político o gremialista principiante comprende que había que esperar hasta al lunes, salvo que se delire con aquello de que “cuanto peor, mejor” que causó tantas muertes.
Estos tampoco estuvieron, ni siquiera en el mínimo respeto a la muerte y al pueblo en su conjunto.
Este desencuentro ha sido fatal en nuestra historia, pero se repite sistemáticamente, ahora agravado porque también alcanza a sectores que tienen tradición nacional y popular.
A veces se explica porque los dirigentes provienen de sectores medios y entonces pretenden hablar en nombre de los trabajadores cuando viven de manera bien distinta, lejanos del rumor de las fábricas, ajenos a los barrios fangosos.
Y entonces no sirven los fuegos de artificio de la revolución “completa”, “pura”, “para mañana”.
Porque cuando no se vive como se piensa, se concluye pensando como se vive.
O también porque se alardee de izquierda dura o de centroizquierda progresista pero no se palpita al unísono con los de vincha y bombo que salieron estos días a copar el escenario político.
Quizá porque, en el fondo se supone fueron a la plaza -como decía Sarmiento- porque son “la barbarie” ignorante o infradotados a quienes se los engaña siempre, como en octubre del 45.
Si así fuese, mejor sería que no hiciesen ni gremialismo ni política. Harían un enorme bien a todos si se fueran al cine todas las tardes o concurriesen a clases de violín o se dedicasen al ajedrez, que sería mejor forma de demostrar si tienen ingenio en vez de hacer elucubraciones teóricas complejas para terminar -inevitablemente- pensando y sintiendo de manera distinta a aquellos a quienes dicen representar.
Hoy los hechos están a la vista.
Una marea popular inundó a las calles dando fuerzas a Cristina para proseguir las transformaciones iniciadas.
Por ahí camina la Historia, algunos militarán adentro, otros galoparemos al costado -al ladito, diríamos, porque creemos que servimos mejor así- pero no en la vereda de enfrente, ni en la concepción de la tía Rosita, sino metidos profundamente en el camino de la liberación nacional-latinoamericana para concretar los cambios más profundos e irreversibles.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Kirchner, el hombre que venía
Nicolás Casullo escribió esta nota en mayo de 2002, un año antes de que Néstor Kirchner llegara a la presidencia y antes incluso de que fuera realmente un candidato. El notable texto pinta el personaje que el gobernador patagónico podría llegar a ser y en muchos aspectos realmente fue.
Néstor Kirchner representa la nueva versión de un espacio tan legendario y trágico como equívoco en la Argentina: la izquierda peronista. En su rostro anguloso, en su aire desorientado como si hubiese olvidado algo en la mesa del bar, Kirchner busca resucitar esa izquierda sobre la castigada piel de un peronismo casi concluido después del saqueo ideológico, cultural y ético menemista. Convocatoria kirchneriana por lo tanto a los espíritus errantes de una vieja ala progresista que hace mucho tiempo pensaba hazañas nacionales y populares de corte mayor.
Revolotean escuálidos los fantasmas de antiguas Evitas, CGT Framinista, caños de la resistencia, Ongaro, la gloriosa JP, la Tendencia, los comandos de la liberación, ahora sólo eso, voces en la casa vacía. Por eso un Néstor Kirchner patagónico, atildado en su impermeable, con algo de abogado bacán casado con la más linda del pueblo, debe lidiar con la peor (que no es ella, inteligente, dura, a veces simpática) sino recomponer, actualizar y modernizar el recuerdo de un protagonismo de la izquierda peronista que en los ’70 se llenó de calles, revoluciones, fe en el General, pero también de violencia, sangre, pólvora, desatinos y muertes a raudales, y de la cual el propio justicialismo en todas sus instancias hegemónicas desde el ’76 en adelante, renegó, olvidó y dijo no conocer en los careos historiográficos. De ahí que en las nuevas generaciones de jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel “peronismo de izquierda” no dejó datos ni rastros: las nuevas generaciones medias no alcanzan a descifrar ese rótulo como algo digno de ser pensado. Por eso, como espacio histórico dramático y fallido, lo de Kirchner tiene el signo de la nobleza, del respeto a una generación vilipendiada con el mote de puro guerrillerismo. Es fiel a una memoria fuerte del país que ningún peronista “referente” se animó a aludir en la nueva democracia, y también signo de aquellos fatalismos. Larga es la lista de enemigos internos y externos de esa izquierda nacional en el movimiento desde 1953 hasta hoy: los “cobardes, entreguistas, traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota, antipueblo” y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y renovación justicialista que desembocó en el menemismo-liberal que enamoró a todos los poderes reales en la Argentina. Lista de defecciones tan eterna y concreta que casi terminó siendo, desde 1955, la historia real del peronismo. La de sus defecciones.
En esa temeraria pelea está inscripto hoy el santacruceño. Según muchos, Kirchner asume la responsabilidad de una pieza semiarqueológica: los militantes peronistas “setenteros”, ahora cincuentones, quienes viven la biografía del movimiento del ’45 como sentados en una estación abandonada y ventosa muy al sur del país por donde volver a pasar, aunque todavía no se note, ni se crea, ni se oiga, aquel verdadero tren de la historia que algún día podrá llenar de humo purificador la patria.
Sentados en el andén vacío y destartalado, como a una hora señalada, los del grupo toman mate, hacen muñequitos de madera con las navajas, parrillan corderitos en la estación sin nadie, miran de soslayo por si se acerca alguien, y achican los ojos cada tanto con las manos de visera en pos de un imaginario punto negro, lejano, que se vaya agrandando sobre las vías con su silbato anunciador. La cuestión es no dar demasiados datos de esa espera. Por eso Kirchner habla rápido, a veces medio desprolijo, o deambula confusamente entre cámaras de noticiero tratando de coincidir con la memoria de los mártires, con el subsuelo del tercer cordón ex industrial, o con una histérica cacerolera de Belgrano R. Porque en realidad está diciendo algo difícil, complejo, discutible, pero a lo mejor por eso profundamente cierto en cuanto a por cuál sendero se sale realmente de este entuerto, donde el país se desbarranca por la ladera, perdida toda idea de sí mismo, toda imagen nacional.
Es posible que no sea candidato, o mejor dicho que no le alcance el envión entre los sueños solapados del presidente Duhalde, las encuestas optimistas de De la Sota, la coincidencia de los poderes con Reutemann, las infinitas “re-reelecciones” de Menem, el caradurismo simpático de Rodríguez Saá. Desgarbado, lungo, de palabra directa, está último en esa lista, cuando cada tanto viene del sur para exigir elecciones ya. Para decir que va por adentro o va por afuera pero no va a entrar en ninguna trenza. Lo converso con mis amigos y el 80 por ciento no lo ubica, lo semitienen en algún rincón de las imágenes del consciente pero no del todo. Les digo que es el fantasma de la tendencia que vuelve volando sobre los techos y sonríen como si les hablase de una película que no se va a estrenar nunca porque falta pagar el master.
Si rompe con el peronismo corre el eterno peligro de quedarse solo, ser simple izquierda, ser no “negocio”. Si se queda adentro, ya nadie sabe en qué paraje en realidad se queda: corre el peligro de no darse cuenta un día que él tampoco existe.
En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que ésta no fue toda la historia. Que hay una última narración escondida en los mares del sur.
sábado, 6 de noviembre de 2010
NÉSTOR, EL ALMACENERO
Les hago llegar una nota escrita por Ariadna Somoz Sanuy.
EL modelo neoliberal se basó en tres patas: salarios congelados, peso devaluado y tasas altas. Esas tasas, en dólares, eran necesariamente, más altas que las de los países centrales, y por eso tenían un atractivo irresistible para el ingreso de capitales.
Con una "adecuada" desaparición de los controles estatales, los capitales especulativos entraban y salían de Argentina llevándose al exterior el excedente.
El modelo se perfeccionó en los '90, anclando el peso al dólar.
Muchas palabras se han dicho y escrito en los últimos dolorosos días acerca del legado de Néstor Kirchner. Algunas enfatizando en su rol de conductor del proceso, otras sobre sus ideas, y otras sobre el modelo económico que él parió.
En estas últimas se hizo hincapié en las medidas concretas que conforman el conglomerado de políticas macroeconómicas de su gestión y de la actual gestión de Cristina. Sin embargo, es importante también resaltar la importancia de lo que Néstor nos enseñó en materia de filosofía económica. Hay un antes y después del kirchnerismo para la teoría económica argentina, vivimos un cambio de paradigma. Algunas de las creencias dogmaticas neoliberales se han venido abajo por la realidad misma, y muy difícilmente puedan volver a renacer.
La primer ruptura fundamental del modelo económico kirchnerista con respecto al modelo neoliberal está relacionada con la concepción acerca de la generación de valor. El neoliberalismo, a partir de su implementación desde el ’76, pregonaba implícita y explícitamente que la especulación genera mayor nivel de rentabilidad que la producción, y adaptó así el marco jurídico para que la valorización financiera esté al alcance de cualquiera y que la producción de bienes, tan característica de nuestra economía; pase a un segundo plano. Esto esconde tras de sí la concepción de que el dinero puede generar dinero. Se puede generar riqueza sin trabajo humano, prescindiendo del trabajo humano.
Por supuesto que un modelo así es inviable, puesto que los altos niveles de desocupación y pobreza que genera y que son el correlato más coherente con este modelo son, al mismo tiempo, garantía de bajos salarios y bajos niveles de organización de la clase trabajadora pero, también, una bomba de tiempo que estalló finalmente en el 2001. Hoy en día, en el marco de la crisis internacional y el estallido de varias burbujas financiero-inmobiliarias, esta concepción entró bastante en crisis, pero nuestro país fue pionero en pensar una vía alternativa y el modelo económico kirchnerista fue vanguardia: repensó un modelo de reindustrialización con justicia social.
En segundo lugar, este modelo económico rompió con la famosa teoría del derrame. Una vez superada la etapa de la salida de la convertibilidad e iniciado el crecimiento económico no se conformaron ni Néstor ni Cristina en esperar a crecer lo suficiente para que así parte de este crecimiento se derrame hacia los más débiles. La teoría del derrame conlleva en su seno dos presupuestos básicos: por un lado, que el capital es bueno y, cuando le sobre, lo “donará” a los desposeídos, haciéndose una especie de distribución de la riqueza “natural”. Por otro lado, cierra la discusión en historia económica acerca de si los procesos como, por ejemplo, el peronismo, han fracasado porque distribuyeron antes de tiempo en vez de destinar ese excedente en profundizar la industrialización. Quien paga es la cuestión: la misma también podría haberse profundizado disminuyendo la tasa de ganancia del capital en vez de ajustar por los trabajadores.
El modelo económico kirchnerista, en su etapa de crecimiento, utilizó la definición política y la intervención estatal como variables fundamentales en la distribución del ingreso. No permitió que la mano invisible del mercado haga de las suyas, a la espera de que la “distribución natural” llegue en algún momento mientras miles de compatriotas seguían en las peores condiciones. Demostró con esta práctica que ni el capital va a distribuir lo que le sobra (porque nunca le sobra), ni los trabajadores pueden ser una variable de ajuste. Se puso fin a la teoría del derrame.
El tercer punto de ruptura está relacionado, justamente, con los trabajadores como variable de ajuste. Tanto la recuperación de las tasas de empleo como del salario de los trabajadores fueron producto de políticas activas del Estado. Como pocas veces en nuestra historia, los salarios de los trabajadores estuvieron por delante de la inflación, lo cual implica que los aumentos salariales no son absorbidos por el mercado a través de la inflación. Esto rompe con el mito de que los aumentos salariales generan inflación, y deja en evidencia el verdadero problema de la inflación: la concentración de la economía argentina que, ante una política de fomento a la demanda, busca quedarse con el mayor pedazo posible de esa inyección de dinero en el mercado.
En medio de una de las peores crisis internacionales, el Estado argentino respondió inyectando mayor cantidad de dinero en el mercado pero no apostando a los grandes bancos, sino apostando al trabajo. Ya sea por incorporación de nuevos trabajadores como por aumentos salariales, asignación universal por hijo, aumento de los jubilados y de las jubilaciones y el programa de cooperativas Argentina Trabaja, ingresaron por la vía de los trabajadores recursos que revitalizaron el círculo virtuoso de la economía argentina, produciendo que el impacto de la crisis no se sintiera en nuestro país, pero también los brotes inflacionarios muestran la paradoja de una economía concentrada en grandes grupos económicos que forman precios e intentan hacerse de esos recursos a costa de los trabajadores. Es la puja distributiva en su máximo esplendor.
Un cuarto punto de quiebre entre el actual modelo y el modelo neoliberal consiste en poner a la política por delante de la economía. Desde el dogma neoliberal se pregona que la economía es algo así como una ciencia que cuanto menos se toca, mejor funciona. El éxito de un modelo depende de cuánto mejor funcione el mercado por sí sólo. La economía entendida como un ente en sí mismo está aislada de las definiciones y voluntades políticas, y como es una ciencia, difícilmente pueda ser cuestionable. Esta idea cientificista de la economía esconde la verdadera esencia de la misma: el estudio de las relaciones sociales de producción, con las dominaciones incluidas, lo cual la transforma en una ciencia absolutamente social y totalmente vinculada a la política.
Relacionado a este punto se encuentra la quinta y última ruptura que se puede observar del modelo económico kirchnerista con respecto al modelo neoliberal. Como buena ciencia exacta que es la economía, según el dogma neoliberal, la misma se hace de buenos y prestigiosos científicos. Estos se revisten, en este caso, de economistas técnicos- neutrales, a-valorativos, objetivos y portadores del saber. La tecnocracia perfecta para la implementación de un plan medido por la ciencia, exacto, y que no puede fallar. Como toda ciencia y como todo científico, es incuestionable, y no cualquiera porta ese saber. Los militantes políticos bien tienen que mantenerse alejados tanto de la ciencia como de los economistas, los verdaderos gurúes. La economía es cosa de economistas.
Pero el modelo económico kirchnerista no es sólo un modelo económico: es un proceso de transformación en marcha, y como tal, abrió grandes canales de participación popular que permitieron que muchos compatriotas comiencen a discutir aquellas cosas que eran exclusivas de una ciencia oscura e inaccesible. La economía no es otra cosa que nuestra vida cotidiana, en fin, y tal vez eso era lo que más claro tenía Néstor, también apodado “el almacenero”. El sabía que una persona que podía manejar la economía de un hogar, un almacén o una empresa, podía discutir de política, y por eso el tomó las riendas de la economía de nuestro país, subordinando el rol del Ministro de Economía al poder ejecutivo. Es la subordinación del poder económico por el poder político.
Es así como Néstor, el almacenero, abrió la posibilidad para la discusión de los grandes problemas económicos por parte del pueblo nuestro todo, uniendo nuestros problemas cotidianos con el devenir del país. Pero estas rupturas no significan que los grandes dogmas neoliberales estén derrotados, sino que son sólo el comienzo de la construcción de una nueva hegemonía para el campo popular.
Para esta tarea y como buen legado, faltan continuadores, y ellos no somos más que quienes militamos diariamente este proyecto. Este legado significa que debemos seguir esta labor, esta puerta que abrió Néstor no sólo debe mantenerse abierta sino abrirse más, debemos seguir uniendo nuestra realidad barrial, universitaria, laboral, al modelo económico de reindustrialización con inclusión social, porque esto y solamente esto fortalece los niveles de organización popular, que son la condición indispensable no solo para que este legado continúe, sino para poder profundizar este proyecto nacional y popular.
* Socióloga, Geenap
EL modelo neoliberal se basó en tres patas: salarios congelados, peso devaluado y tasas altas. Esas tasas, en dólares, eran necesariamente, más altas que las de los países centrales, y por eso tenían un atractivo irresistible para el ingreso de capitales.
Con una "adecuada" desaparición de los controles estatales, los capitales especulativos entraban y salían de Argentina llevándose al exterior el excedente.
El modelo se perfeccionó en los '90, anclando el peso al dólar.
Muchas palabras se han dicho y escrito en los últimos dolorosos días acerca del legado de Néstor Kirchner. Algunas enfatizando en su rol de conductor del proceso, otras sobre sus ideas, y otras sobre el modelo económico que él parió.
En estas últimas se hizo hincapié en las medidas concretas que conforman el conglomerado de políticas macroeconómicas de su gestión y de la actual gestión de Cristina. Sin embargo, es importante también resaltar la importancia de lo que Néstor nos enseñó en materia de filosofía económica. Hay un antes y después del kirchnerismo para la teoría económica argentina, vivimos un cambio de paradigma. Algunas de las creencias dogmaticas neoliberales se han venido abajo por la realidad misma, y muy difícilmente puedan volver a renacer.
La primer ruptura fundamental del modelo económico kirchnerista con respecto al modelo neoliberal está relacionada con la concepción acerca de la generación de valor. El neoliberalismo, a partir de su implementación desde el ’76, pregonaba implícita y explícitamente que la especulación genera mayor nivel de rentabilidad que la producción, y adaptó así el marco jurídico para que la valorización financiera esté al alcance de cualquiera y que la producción de bienes, tan característica de nuestra economía; pase a un segundo plano. Esto esconde tras de sí la concepción de que el dinero puede generar dinero. Se puede generar riqueza sin trabajo humano, prescindiendo del trabajo humano.
Por supuesto que un modelo así es inviable, puesto que los altos niveles de desocupación y pobreza que genera y que son el correlato más coherente con este modelo son, al mismo tiempo, garantía de bajos salarios y bajos niveles de organización de la clase trabajadora pero, también, una bomba de tiempo que estalló finalmente en el 2001. Hoy en día, en el marco de la crisis internacional y el estallido de varias burbujas financiero-inmobiliarias, esta concepción entró bastante en crisis, pero nuestro país fue pionero en pensar una vía alternativa y el modelo económico kirchnerista fue vanguardia: repensó un modelo de reindustrialización con justicia social.
En segundo lugar, este modelo económico rompió con la famosa teoría del derrame. Una vez superada la etapa de la salida de la convertibilidad e iniciado el crecimiento económico no se conformaron ni Néstor ni Cristina en esperar a crecer lo suficiente para que así parte de este crecimiento se derrame hacia los más débiles. La teoría del derrame conlleva en su seno dos presupuestos básicos: por un lado, que el capital es bueno y, cuando le sobre, lo “donará” a los desposeídos, haciéndose una especie de distribución de la riqueza “natural”. Por otro lado, cierra la discusión en historia económica acerca de si los procesos como, por ejemplo, el peronismo, han fracasado porque distribuyeron antes de tiempo en vez de destinar ese excedente en profundizar la industrialización. Quien paga es la cuestión: la misma también podría haberse profundizado disminuyendo la tasa de ganancia del capital en vez de ajustar por los trabajadores.
El modelo económico kirchnerista, en su etapa de crecimiento, utilizó la definición política y la intervención estatal como variables fundamentales en la distribución del ingreso. No permitió que la mano invisible del mercado haga de las suyas, a la espera de que la “distribución natural” llegue en algún momento mientras miles de compatriotas seguían en las peores condiciones. Demostró con esta práctica que ni el capital va a distribuir lo que le sobra (porque nunca le sobra), ni los trabajadores pueden ser una variable de ajuste. Se puso fin a la teoría del derrame.
El tercer punto de ruptura está relacionado, justamente, con los trabajadores como variable de ajuste. Tanto la recuperación de las tasas de empleo como del salario de los trabajadores fueron producto de políticas activas del Estado. Como pocas veces en nuestra historia, los salarios de los trabajadores estuvieron por delante de la inflación, lo cual implica que los aumentos salariales no son absorbidos por el mercado a través de la inflación. Esto rompe con el mito de que los aumentos salariales generan inflación, y deja en evidencia el verdadero problema de la inflación: la concentración de la economía argentina que, ante una política de fomento a la demanda, busca quedarse con el mayor pedazo posible de esa inyección de dinero en el mercado.
En medio de una de las peores crisis internacionales, el Estado argentino respondió inyectando mayor cantidad de dinero en el mercado pero no apostando a los grandes bancos, sino apostando al trabajo. Ya sea por incorporación de nuevos trabajadores como por aumentos salariales, asignación universal por hijo, aumento de los jubilados y de las jubilaciones y el programa de cooperativas Argentina Trabaja, ingresaron por la vía de los trabajadores recursos que revitalizaron el círculo virtuoso de la economía argentina, produciendo que el impacto de la crisis no se sintiera en nuestro país, pero también los brotes inflacionarios muestran la paradoja de una economía concentrada en grandes grupos económicos que forman precios e intentan hacerse de esos recursos a costa de los trabajadores. Es la puja distributiva en su máximo esplendor.
Un cuarto punto de quiebre entre el actual modelo y el modelo neoliberal consiste en poner a la política por delante de la economía. Desde el dogma neoliberal se pregona que la economía es algo así como una ciencia que cuanto menos se toca, mejor funciona. El éxito de un modelo depende de cuánto mejor funcione el mercado por sí sólo. La economía entendida como un ente en sí mismo está aislada de las definiciones y voluntades políticas, y como es una ciencia, difícilmente pueda ser cuestionable. Esta idea cientificista de la economía esconde la verdadera esencia de la misma: el estudio de las relaciones sociales de producción, con las dominaciones incluidas, lo cual la transforma en una ciencia absolutamente social y totalmente vinculada a la política.
Relacionado a este punto se encuentra la quinta y última ruptura que se puede observar del modelo económico kirchnerista con respecto al modelo neoliberal. Como buena ciencia exacta que es la economía, según el dogma neoliberal, la misma se hace de buenos y prestigiosos científicos. Estos se revisten, en este caso, de economistas técnicos- neutrales, a-valorativos, objetivos y portadores del saber. La tecnocracia perfecta para la implementación de un plan medido por la ciencia, exacto, y que no puede fallar. Como toda ciencia y como todo científico, es incuestionable, y no cualquiera porta ese saber. Los militantes políticos bien tienen que mantenerse alejados tanto de la ciencia como de los economistas, los verdaderos gurúes. La economía es cosa de economistas.
Pero el modelo económico kirchnerista no es sólo un modelo económico: es un proceso de transformación en marcha, y como tal, abrió grandes canales de participación popular que permitieron que muchos compatriotas comiencen a discutir aquellas cosas que eran exclusivas de una ciencia oscura e inaccesible. La economía no es otra cosa que nuestra vida cotidiana, en fin, y tal vez eso era lo que más claro tenía Néstor, también apodado “el almacenero”. El sabía que una persona que podía manejar la economía de un hogar, un almacén o una empresa, podía discutir de política, y por eso el tomó las riendas de la economía de nuestro país, subordinando el rol del Ministro de Economía al poder ejecutivo. Es la subordinación del poder económico por el poder político.
Es así como Néstor, el almacenero, abrió la posibilidad para la discusión de los grandes problemas económicos por parte del pueblo nuestro todo, uniendo nuestros problemas cotidianos con el devenir del país. Pero estas rupturas no significan que los grandes dogmas neoliberales estén derrotados, sino que son sólo el comienzo de la construcción de una nueva hegemonía para el campo popular.
Para esta tarea y como buen legado, faltan continuadores, y ellos no somos más que quienes militamos diariamente este proyecto. Este legado significa que debemos seguir esta labor, esta puerta que abrió Néstor no sólo debe mantenerse abierta sino abrirse más, debemos seguir uniendo nuestra realidad barrial, universitaria, laboral, al modelo económico de reindustrialización con inclusión social, porque esto y solamente esto fortalece los niveles de organización popular, que son la condición indispensable no solo para que este legado continúe, sino para poder profundizar este proyecto nacional y popular.
* Socióloga, Geenap
martes, 2 de noviembre de 2010
BASTA DE KIRCHNER, por Teodoro Boot
Ayer vi por televisión a la Cristina que esperaba. Se ha hablado mucho de la astucia de Néstor Kirchner: creo que ahora debemos agregar esta cualidad al cuadro político de primera línea, orgullo de los argentinos bien nacidos, que es la Presidenta.
Según veo, tuvo la valentía de no pretender ocultar su dolor, y desde allí, desde lo más profundo de ese dolor profundo y definitivo, lanzar una advertencia al enemigo: nada de pretender tratarla como otra chirolita. El rumbo seguirá en la misma dirección, y va a ser profundizado porque esta es la hora, la hora precisa.
Mi amigo Boot lo ha escrito de un modo inmejorable.
Escribió Teodoro Boot:
Fuera del caso de algún tonto irredimible que envió su pésame “institucional” desde la ciudad de Buenos Aires, la reacción general de medios y políticos opositores fue primero de una encomiable prudencia que pronto mutó en elegía, dando cuenta tal vez del fervoroso afecto popular manifestado en las calles. Así, gentes que habían acusado a Néstor Kirchner de las peores infamias, como la de “traidor a la patria”, y eso es mucho decir, y que hace un par de meses le endilgara Solanas, descubrieron súbitamente en él un modelo de virtudes cívicas, republicanas y patrióticas (también Solanas, que no parece estar del todo cuerdo).
Es posible que personas de a pie, ante la certeza de la muerte y la brutal toma de conciencia de la posibilidad del fin de lo que disfrutan y muy livianamente critican, opten por mirar la realidad con menos capricho y mayor objetividad, pero no cabe esperarse similar reacción de los escribas a sueldo de los monopolios ni de politiqueros (y politiqueras) capaces de bestialidades del estilo “sería divino que Cristina quedase viuda”. Sin embargo, los escribas se apuraron a ensalzar la figura de Néstor Kirchner, reconociendo, de súbito, como fruto de un asombroso satori, el auténtico milagro de que fue artífice y que consistió, permítase recordarlo, en evitar la disolución nacional.
Nada menos.
Y detrás de estas yegüas madrinas de los grandes diarios, se encolumnó rápidamente la tropilla de politiqueros, politiqueras, pretendidos productores y chamuyantes de toda laya, al grito de “Kirchner fue un grande”.
Fue. Nótese.
De mirarse las cosas con ingenuidad o ignorancia de visitante de la galaxia Andrómeda, llamarían la atención los muy diferentes y contradictorios roles que Néstor Kirchner parece haber jugado en la realidad política argentina: mediocre gobernador de una lejana provincia de pastores de ovejas, desaliñado candidato a presidente, títere de Eduardo Duhalde, montonero confeso, montonero encubierto, comunista, falso montonero, nazi, usurpador de los derechos humanos, setentista resentido, hegemónico, chavista, sionista, cornudo, tirano, pollerudo manejado a su arbitrio por una neurótica, autoritario, verdadero poder detrás del trono, etcétera, etcétera, etcétera.
En cambio, de haber vivido algunos años en este país y de mirar las cosas sin anteojeras ni lentes deformantes, hasta el visitante de Andrómeda podría haber comprendido que nadie, ni un demente irremediable, ni un poseso por el espíritu de Asmodeo, podría haber sido víctima de tal multiplicidad de tan contradictorias personalidades. Y aguzando más la vista, advertiría que siempre y en todos los momentos, se trató de difamar, deteriorar, erosionar, vaciar la autoridad política no de Néstor Kirchner, sino del presidente de la nación.
¿Es un espíritu, un propósito libertario el que ha movido y mueve esta demolición? ¿O es en cambio el permanente intento de llevarnos a la disolución?
Cabe sospechar y con bastante fundamento, que esto último es lo que está detrás de las grandes campañas, de las grandes operaciones mediáticas de erosión del presidente, o la presidente. No importa la de quién: basta con que sea la de aquél dispuesto a construir y defender esa autoridad. Y no por autoritarismo, sino porque en esa autoridad radica la unión y en consecuencia, la fuerza y la libertad de nuestra sociedad.
Viene desde el fondo de nuestra historia. Tras la independencia y la larga guerra civil –que según algunos comenzó en 1820, con la batalla de Cepeda, y según otros en 1813, con la detención de los delegados constituyentes artiguistas ordenada por Alvear– fue Rosas quien, valido de la autoridad y el poder que le conferían su personalidad y el dominio de la aduana, consiguió impedir que los cuatro países en que nos convertimos durante la independencia hubiesen terminado siendo seis, o diez. Hasta sus enemigos se lo reconocieron, post mortem naturalmente, y es así que la Constitución de 1853/60 recoge fundamentalmente uno de los principios centrales de las Bases de Alberdi, el que sostiene la necesidad de elegir periódicamente, por tiempo determinado y sujeto a la Constitución, a un monarca al que, por una concesión republicana, llamamos “presidente”. No hace lo que quiere, sino que está sujeto a las leyes. Pero sólo y únicamente sujeto a las leyes. De ahí la existencia del poder del veto y del de desempate en el senado a favor del ejecutivo, que viene a ser siempre “el oficialismo”, detalle que debería hacer reflexionar sobre la flagrante violación a la Constitución que perpetra casi cotidianamente el señor Cobos.
En verdad, en ningún sitio la Constitución dice que el vicepresidente debe obligadamente desempatar a favor del ejecutivo, de la misma manera que no dice que el presidente no deba oponerse a sí mismo. Eso es tan obvio que no es necesario decirlo (como no es necesario decir que está mal visto violar al abuelito hemipléjico y nonagenario): simplemente se desprende de la lógica del texto y del espíritu de lo que está escrito. En este caso, la Constitución.
No es casual que los países americanos, donde la ilusión fue anterior a la realidad, las leyes a la sociedad y el Estado a la nación, imperen abrumadoramente los regímenes presidencialistas, en contraposición a los europeos, donde la nación fue anterior al Estado y la sociedad a sus leyes, donde los regímenes, monárquicos o republicanos, son parlamentaristas. En unos, sometidos a fuerzas e influencias centrífugas, se trata de construir la nación a través de una autoridad central; en los otros, de limitar la autoridad central en una nación ya construida. Son procesos y circunstancias históricas muy diferentes, y es necesario reconocer en todo momento dónde está uno parado para no quedar confundido por los principios abstractos. Digresión que viene a cuento para entender el cómo y el por qué de la persistente tendencia a erosionar la autoridad presidencial, cuando ésta se ejerce, claro.
Desde esta perspectiva es sencillo comprender la seguidilla de contradictorias infamias de que en vida fue víctima Néstor Kirchner así como su exaltación actual, pues siempre se trató de evitar la unidad y reconstrucción nacional impidiendo la edificación de un poder político central, en los casos americanos, necesariamente presidencial.
Puede ser verdad que en su ausencia temporal y, mucho más, en la definitiva, sea posible calibrar la verdadera dimensión de los hombres, la calidad e intensidad de su influencia en nuestras vidas, pero en la persistente, en casos sorprendente, y en general desconcertante exaltación de Néstor Kirchner por parte de los grandes medios se oculta el mismo soterrado propósito: socavar la entidad y autoridad política presidencial en la persona de la presidenta actual. Así, la otrora histérica y neurótica harpía que manejaba de la nariz al incauto bobalicón patagónico, la crispada autoritaria, ha devenido en una pobre y débil mujer librada a su suerte tras la muerte de quien era su verdadero mentor, una detestable Evita trasmutada por arte de magia mediática en una patética y débil Isabelita.
Se trata de una operación política y ya dijimos cuál es su propósito. A esta operación no se le responde con un “Fuerza Cristina”, “Cristina Conducción” o disparates que gracias al cielo no se han dicho, del estilo de “Cristina es Néstor”, porque lo que viene detrás es la intención del retroceso, la reconstitución de un “consenso federal” sujeto al arbitrio de caudillos provinciales conservadores, el deshilachamiento de los bloques parlamentarios, el avance de caudillejos pejotistas y, en consecuencia y en defensa propia , de tutti cuanti. Y siempre a expensas de la autoridad política presidencial, que es donde, guste o no, radica la unidad y posibilidad nacionales.
Pero la operación mediática tiene sus efectos indeseados, sus daños colaterales: la exaltación a ultranza de Néstor Kirchner por parte de quienes ayer nomás fueron sus más acérrimos difamadores hará que más de un distraído empiece a pensar y evaluar las cosas según la debida perspectiva con que las cosas deben ser evaluadas, la perspectiva histórica, los grandes plazos, los trazos gruesos en los que tan imbécil resulta detenerse en minucias y detalles. Y junto a este “efecto colateral”, a esta “indeseable consecuencia” está lo que el veterano Víctor García Costa definiera como “El más sonoro cachetazo de nuestra historia”, el que el pueblo argentino le propinó a esa falaz y descreída clase mediático‑política en estos días de aguerrido duelo en gran parte de las plazas del país.
La de Mayo fue una plaza emblemática, que aunque novedosa y sorprendente para algunos, resultó para otros un revival: más allá de las múltiples excepciones, desde su composición social y etaria, fue una plaza propia de los momentos de ruptura, transformadores, revolucionarios si se quiere: trabajadores, profesionales, intelectuales, estudiantes, artistas, amas de casa, empleados de comercio, oficinistas y pobres casi privados de todo (excepción hecha de lo conseguido en los últimos años), en forma abrumadora, mayoritariamente menores de 30 años y por encima de los 55/60.
Es una conjunción explosiva, de una potencialidad tan asombrosa como arrolladora; así de mayoritariamente juvenil y heterogénea fue la plaza del 17 de octubre y así fueron las “plazas” de los 70. Y así fue, seguramente, la composición de esa abigarrada, dolida, agradecida y militante multitud que en 1933 transportó a pulso el féretro de Hipólito Yrigoyen en escenas que inevitablemente era posible evocar en Río Gallegos.
La similitud de las imágenes sorprende y alienta esperanzas tanto como templa ánimos ante la insidiosa y atractiva operación mediática que exalta a Néstor Kirchner como forma de disminuir a Cristina Fernández. Y no por Cristina Fernández en sí, sino por Cristina Fernández como máxima autoridad política nacional. Porque de eso se trata: no de destruir a un partido, a una facción, sino de impedir ya definitivamente la construcción nacional.
Tal vez, sólo tal vez, quienes desde una hipotética y artificial “izquierda” tan útiles han venido siendo a la más concreta y real de las derechas, consigan ver las cosas en su debida perspectiva y comprendan qué es lo que se encuentra en juego.
Tal vez, sólo tal vez…
El punto aquí parece ser que el peronismo, el kirchnerismo, cesen en los homenajes y su duelo tan rápido como puedan acabar con los sectarismos, que si demuestran algo eso sería que no se entiende la situación por la que se atraviesa. A nadie que mira la realidad con alguna objetividad puede escapársele las enormes chances que tiene la señora presidenta de ser reelecta. Está en la calle, está en la súbita toma de conciencia de tantos argentinos, es uno de los “daños colaterales” de la operación mediática gracias a la cual Néstor Kirchner sería hoy absolutamente imbatible, tanto como Luiz Ignacio Da Silva lo es en Brasil, cuando ya no es candidato.
Es muy probable la reelección de Cristina Fernández, cuando llegue el momento y si al momento se llega en auge y no en caída. Hay número y consenso para ello, pero es necesario recordar que los pueblos no valen tanto por su número como por su organización y la calidad de sus dirigentes.
De la calidad de la máxima dirigente nadie puede tener la menor duda. Y lo sigue demostrando. De los demás y de la organización no puede decirse lo mismo y es ahí donde está el centro de gravedad de la pelea política: organizarse y organizar al pueblo. De esa organización surgirán los nuevos dirigentes que tanto la sociedad como la presidenta estarán necesitando.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Archivo del blog
-
▼
2016
(47)
- ► 07/31 - 08/07 (3)
- ► 07/24 - 07/31 (1)
- ► 07/17 - 07/24 (2)
- ► 07/10 - 07/17 (1)
- ► 06/26 - 07/03 (2)
- ► 06/19 - 06/26 (1)
- ► 06/12 - 06/19 (1)
- ► 06/05 - 06/12 (2)
- ► 05/29 - 06/05 (1)
- ► 05/22 - 05/29 (2)
- ► 05/15 - 05/22 (1)
- ► 05/01 - 05/08 (2)
- ► 04/24 - 05/01 (1)
- ► 04/17 - 04/24 (2)
- ► 04/10 - 04/17 (1)
- ► 03/27 - 04/03 (3)
- ► 03/20 - 03/27 (1)
- ► 03/13 - 03/20 (2)
- ► 03/06 - 03/13 (2)
- ► 02/28 - 03/06 (1)
- ► 02/21 - 02/28 (1)
- ► 02/14 - 02/21 (1)
- ► 02/07 - 02/14 (1)
- ► 01/31 - 02/07 (3)
- ► 01/24 - 01/31 (1)
- ► 01/17 - 01/24 (4)
- ► 01/10 - 01/17 (1)
- ► 01/03 - 01/10 (2)
-
►
2015
(57)
- ► 12/20 - 12/27 (1)
- ► 12/13 - 12/20 (1)
- ► 12/06 - 12/13 (2)
- ► 11/29 - 12/06 (1)
- ► 11/22 - 11/29 (1)
- ► 11/15 - 11/22 (3)
- ► 11/08 - 11/15 (4)
- ► 11/01 - 11/08 (3)
- ► 10/25 - 11/01 (2)
- ► 10/18 - 10/25 (1)
- ► 10/11 - 10/18 (1)
- ► 09/20 - 09/27 (1)
- ► 08/30 - 09/06 (2)
- ► 08/16 - 08/23 (1)
- ► 08/02 - 08/09 (2)
- ► 07/26 - 08/02 (4)
- ► 07/19 - 07/26 (1)
- ► 07/05 - 07/12 (1)
- ► 06/21 - 06/28 (1)
- ► 06/14 - 06/21 (4)
- ► 06/07 - 06/14 (1)
- ► 04/05 - 04/12 (1)
- ► 03/29 - 04/05 (1)
- ► 03/22 - 03/29 (1)
- ► 03/15 - 03/22 (1)
- ► 03/08 - 03/15 (1)
- ► 03/01 - 03/08 (1)
- ► 02/15 - 02/22 (2)
- ► 02/08 - 02/15 (2)
- ► 02/01 - 02/08 (1)
- ► 01/25 - 02/01 (1)
- ► 01/18 - 01/25 (4)
- ► 01/11 - 01/18 (2)
- ► 01/04 - 01/11 (1)
-
►
2014
(89)
- ► 12/21 - 12/28 (2)
- ► 12/14 - 12/21 (2)
- ► 12/07 - 12/14 (1)
- ► 11/23 - 11/30 (1)
- ► 11/16 - 11/23 (3)
- ► 11/09 - 11/16 (3)
- ► 11/02 - 11/09 (3)
- ► 10/26 - 11/02 (1)
- ► 10/19 - 10/26 (2)
- ► 10/12 - 10/19 (1)
- ► 10/05 - 10/12 (1)
- ► 09/28 - 10/05 (4)
- ► 09/21 - 09/28 (2)
- ► 09/14 - 09/21 (1)
- ► 09/07 - 09/14 (2)
- ► 08/31 - 09/07 (2)
- ► 08/24 - 08/31 (2)
- ► 08/17 - 08/24 (3)
- ► 08/10 - 08/17 (3)
- ► 08/03 - 08/10 (2)
- ► 07/27 - 08/03 (3)
- ► 07/20 - 07/27 (2)
- ► 07/06 - 07/13 (1)
- ► 06/29 - 07/06 (1)
- ► 06/22 - 06/29 (2)
- ► 06/08 - 06/15 (2)
- ► 06/01 - 06/08 (3)
- ► 05/18 - 05/25 (1)
- ► 05/11 - 05/18 (1)
- ► 05/04 - 05/11 (1)
- ► 04/27 - 05/04 (1)
- ► 04/20 - 04/27 (2)
- ► 04/13 - 04/20 (1)
- ► 04/06 - 04/13 (3)
- ► 03/30 - 04/06 (2)
- ► 03/23 - 03/30 (2)
- ► 03/16 - 03/23 (1)
- ► 03/09 - 03/16 (4)
- ► 03/02 - 03/09 (1)
- ► 02/23 - 03/02 (1)
- ► 02/16 - 02/23 (1)
- ► 02/09 - 02/16 (1)
- ► 02/02 - 02/09 (2)
- ► 01/26 - 02/02 (1)
- ► 01/19 - 01/26 (2)
- ► 01/12 - 01/19 (2)
- ► 01/05 - 01/12 (4)
-
►
2013
(91)
- ► 12/29 - 01/05 (2)
- ► 12/22 - 12/29 (1)
- ► 12/15 - 12/22 (1)
- ► 12/08 - 12/15 (1)
- ► 12/01 - 12/08 (2)
- ► 11/24 - 12/01 (4)
- ► 11/17 - 11/24 (3)
- ► 11/10 - 11/17 (1)
- ► 11/03 - 11/10 (2)
- ► 10/27 - 11/03 (1)
- ► 10/20 - 10/27 (1)
- ► 10/13 - 10/20 (1)
- ► 09/29 - 10/06 (2)
- ► 09/22 - 09/29 (1)
- ► 09/15 - 09/22 (2)
- ► 09/08 - 09/15 (2)
- ► 09/01 - 09/08 (1)
- ► 08/18 - 08/25 (4)
- ► 08/11 - 08/18 (1)
- ► 08/04 - 08/11 (4)
- ► 07/28 - 08/04 (1)
- ► 07/14 - 07/21 (2)
- ► 07/07 - 07/14 (1)
- ► 05/26 - 06/02 (2)
- ► 05/19 - 05/26 (6)
- ► 05/12 - 05/19 (1)
- ► 05/05 - 05/12 (1)
- ► 04/28 - 05/05 (2)
- ► 04/21 - 04/28 (2)
- ► 04/14 - 04/21 (2)
- ► 04/07 - 04/14 (2)
- ► 03/31 - 04/07 (2)
- ► 03/24 - 03/31 (2)
- ► 03/17 - 03/24 (3)
- ► 03/10 - 03/17 (4)
- ► 03/03 - 03/10 (4)
- ► 02/24 - 03/03 (2)
- ► 02/17 - 02/24 (3)
- ► 02/10 - 02/17 (1)
- ► 02/03 - 02/10 (5)
- ► 01/27 - 02/03 (4)
- ► 01/20 - 01/27 (1)
- ► 01/13 - 01/20 (1)
-
►
2012
(122)
- ► 12/16 - 12/23 (6)
- ► 12/09 - 12/16 (3)
- ► 12/02 - 12/09 (5)
- ► 11/25 - 12/02 (5)
- ► 11/18 - 11/25 (3)
- ► 11/11 - 11/18 (3)
- ► 11/04 - 11/11 (4)
- ► 10/28 - 11/04 (2)
- ► 10/21 - 10/28 (2)
- ► 10/14 - 10/21 (2)
- ► 10/07 - 10/14 (3)
- ► 09/30 - 10/07 (6)
- ► 09/23 - 09/30 (8)
- ► 09/16 - 09/23 (1)
- ► 09/09 - 09/16 (3)
- ► 08/12 - 08/19 (1)
- ► 08/05 - 08/12 (2)
- ► 07/22 - 07/29 (1)
- ► 07/15 - 07/22 (1)
- ► 07/08 - 07/15 (3)
- ► 07/01 - 07/08 (2)
- ► 06/24 - 07/01 (1)
- ► 06/17 - 06/24 (3)
- ► 06/10 - 06/17 (3)
- ► 06/03 - 06/10 (8)
- ► 05/27 - 06/03 (4)
- ► 05/20 - 05/27 (3)
- ► 05/13 - 05/20 (2)
- ► 05/06 - 05/13 (4)
- ► 04/29 - 05/06 (5)
- ► 04/22 - 04/29 (1)
- ► 04/15 - 04/22 (8)
- ► 04/08 - 04/15 (2)
- ► 04/01 - 04/08 (1)
- ► 03/25 - 04/01 (4)
- ► 03/18 - 03/25 (1)
- ► 03/11 - 03/18 (1)
- ► 02/12 - 02/19 (1)
- ► 01/29 - 02/05 (2)
- ► 01/22 - 01/29 (1)
- ► 01/08 - 01/15 (1)
-
►
2011
(202)
- ► 12/25 - 01/01 (1)
- ► 12/18 - 12/25 (2)
- ► 11/27 - 12/04 (2)
- ► 11/20 - 11/27 (4)
- ► 11/13 - 11/20 (2)
- ► 11/06 - 11/13 (6)
- ► 10/30 - 11/06 (8)
- ► 10/23 - 10/30 (5)
- ► 10/16 - 10/23 (5)
- ► 10/09 - 10/16 (7)
- ► 10/02 - 10/09 (3)
- ► 09/25 - 10/02 (2)
- ► 09/18 - 09/25 (4)
- ► 09/11 - 09/18 (4)
- ► 09/04 - 09/11 (4)
- ► 08/28 - 09/04 (4)
- ► 08/21 - 08/28 (4)
- ► 08/14 - 08/21 (4)
- ► 08/07 - 08/14 (3)
- ► 07/31 - 08/07 (6)
- ► 07/24 - 07/31 (2)
- ► 07/17 - 07/24 (6)
- ► 07/10 - 07/17 (3)
- ► 07/03 - 07/10 (4)
- ► 06/26 - 07/03 (6)
- ► 06/19 - 06/26 (3)
- ► 06/12 - 06/19 (4)
- ► 06/05 - 06/12 (2)
- ► 05/29 - 06/05 (7)
- ► 05/22 - 05/29 (5)
- ► 05/15 - 05/22 (5)
- ► 05/08 - 05/15 (4)
- ► 05/01 - 05/08 (8)
- ► 04/24 - 05/01 (10)
- ► 04/17 - 04/24 (8)
- ► 04/10 - 04/17 (8)
- ► 04/03 - 04/10 (5)
- ► 03/27 - 04/03 (6)
- ► 03/20 - 03/27 (5)
- ► 03/13 - 03/20 (1)
- ► 03/06 - 03/13 (4)
- ► 02/27 - 03/06 (2)
- ► 02/20 - 02/27 (4)
- ► 01/30 - 02/06 (1)
- ► 01/23 - 01/30 (4)
- ► 01/09 - 01/16 (2)
- ► 01/02 - 01/09 (3)
-
►
2010
(211)
- ► 12/19 - 12/26 (2)
- ► 12/12 - 12/19 (1)
- ► 12/05 - 12/12 (4)
- ► 11/28 - 12/05 (4)
- ► 11/21 - 11/28 (5)
- ► 11/14 - 11/21 (8)
- ► 11/07 - 11/14 (5)
- ► 10/31 - 11/07 (6)
- ► 10/24 - 10/31 (6)
- ► 10/17 - 10/24 (3)
- ► 10/10 - 10/17 (2)
- ► 10/03 - 10/10 (1)
- ► 09/26 - 10/03 (1)
- ► 09/19 - 09/26 (2)
- ► 09/12 - 09/19 (4)
- ► 09/05 - 09/12 (5)
- ► 08/29 - 09/05 (3)
- ► 08/22 - 08/29 (2)
- ► 08/15 - 08/22 (7)
- ► 08/08 - 08/15 (10)
- ► 08/01 - 08/08 (8)
- ► 07/25 - 08/01 (5)
- ► 07/18 - 07/25 (8)
- ► 07/11 - 07/18 (8)
- ► 07/04 - 07/11 (7)
- ► 06/27 - 07/04 (5)
- ► 06/20 - 06/27 (13)
- ► 06/13 - 06/20 (13)
- ► 06/06 - 06/13 (11)
- ► 05/30 - 06/06 (14)
- ► 05/23 - 05/30 (10)
- ► 05/16 - 05/23 (12)
- ► 05/09 - 05/16 (9)
- ► 05/02 - 05/09 (1)
- ► 04/25 - 05/02 (4)
- ► 04/18 - 04/25 (2)









