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sábado, 22 de octubre de 2011

Libia: el día del chacal

Las imágenes conmueven, aún sabiendo que ese es precisamente el efecto buscado. Atemorizar, administrar el terror, escarmentar, advertir, amenazar.
Lo de Gadaffi fue un asesinato preventivo, culminación de siete meses de bombardeos humanitarios. Cuando en pocos meses la opinión pública se convenza de que el Consejo de Transición es incapaz de conducir el país, la ONU tendrá a mano su Resolución y las tropas de EEUU ocuparán Libia. Una formalidad apenas, sólo la fachada de un sistema de derechos que fueron derogados por la imposición de la fuerza. La fuerza es el derecho de las bestias.



















Stella Calloni / Especial para Cubadebate

¿Se puede llamar triunfo de la democracia, la libertad, la razón, a la ejecución brutal del líder de un país, capturado herido, en un territorio arrasado por una invasión colonial, bombardeado día por día desde el 19 de marzo pasado por la Organización del Atlántico Norte (OTAN) y por los mercenarios y tropas especiales extranjeras llevados por esta coalición de la muerte?

¿A esto y al asesinato de más de 70 mil personas, al asedio y bombardeo durante más de un mes sobre una ciudad pequeña como Sirte le llaman democracia, libertad y razón, el presidente de Estados Unidos Barack Obama y otros europeos, entre ellos el “socialista” José Luis Rodríguez Zapatero de España, sin ningún pudor? Sin olvidar las sonrisas de Nicolás Sarkozy o de Silvio Berlusconi, que hoy festejan en una Europa incendiada por la protesta cuyo futuro es oscuro y trágico, como toda vuelta atrás en la historia.

Obama dijo también que espera “la conformación de un gobierno interino”. Entonces ¿qué gobierno es el que reconoció junto a sus socios en la aventura colonial en agosto psado y el que instó a reconocer en la última Asamblea de la ONU?

¿El mismo que estaba conformado por escasos hombres libios, como mascarón de proa, mientras que la mayoría eran mercenarios de Al Qaeda y cuya bandera monárquica quedó flameando en ese recinto, para deshonra del mundo?.

Todo esto actuado bajo un falso “humanitarismo” para “proteger” los derechos humanos del pueblo libio, al cual los invasores masacraron sin piedad alguna, aplicando atroces torturas y asesinatos, incluyendo racistas, como lo denunció la propia Amnesty Internacional.

La calidad moral y humanitaria de los invasores ha sido claramente expuesta por los escasos seguidores de la verdad, mediante notas, videos, transmisiones directas como lo hace Telesur de Venezuela desde el terreno de los acontecimientos, periodistas verdaderamente libres si la libertad es sinónimo de verdad y desafío al discurso único maniqueo y brutal del imperio.

Es posible que a la izquierda “moderna y “superada” no le guste la palabra “imperio”, aunque no se sabe como le llamen a esto o qué definición existe que reemplace incluso a lo establecido en los diccionarios del mundo.

Lo que sucede en Libia es una invasión imperial-colonial, aprobada por Naciones Unidas, resistida con todo su derecho (universal por cierto) por el pueblo libio y su mejor dirigencia.

La inmoralidad quedaba asentada desde que el 23 de agosto pasado el llamado Consejo Nacional de Transición (CNT) de Libia --organización no creada por el pueblo, al que dejaron fuera de toda decisión, sino por las potencias invasoras-- ofreciera pagar un millón 600 mil dólares y amnistiar a quien “mate o entregue vivo” al líder libio Muamar El Gadafi.

Desde el momento en que el 19 de marzo pasado Francia y Gran Bretaña comenzaron a bombardear Libia con la OTAN detrás. adelantado la intervención en gran escala a partir del 31 de ese mes, la “mano extranjera” fue la ejecutora del plan maestro de Estados Unidos con el objetivo de apoderarse del petróleo, el gas, el oro, el agua, las reservas de más de 270.000 millones de euros, que ingenuamente Gadafi, creyendo en la “decencia europea”, depositó en sus bancos.

Y detrás también está el proyecto estadounidense de golpear al euro, y de control de Africa, con la creación del Comando Africom, mediante un diseño absolutamente recolonizador y una extendida Doctrina Monroe, destinada a la colonización de América Latina en el siglo XIX (1823) y rescatada en pleno siglo XXI por el aspirante a candidato a la presidencia del Partido Republicano Mitt Romney, quien el pasado 7 de octubre sostuvo que Dios había creado a Estados Unidos para dominar al mundo y advirtió que su país “debe conducir al mundo o lo harán otros”.

El pueblo europeo será también otro gran perdedor en esta y otras guerras. Los gobiernos de Europa sustentaron el diseño fascista del control del mundo que reconocen dirigentes como Romney en Estados Unidos, que es a la postre el país que se quedará con lo mejor en el reparto criminal de los restos de un país arrasado con el silencio cómplice del mundo. Hoy mismo por CNN había quienes exigían una actuación similar a la de Libia contra Cuba, Venezuela y otros países. El fundamentalista Romney no está solo en el país del Ku klux Klan y del Tea Party y los terroristas cubano- americanos de Miami que bien acompañan a los lobos aullantes del sistema.

Miles de bombardeos han arrasado la infraestructura moderna creada por Gadafi en beneficio de su pueblo, al que sacó de las tinieblas del colonialismo y cuyo nivel de vida-reconocido por organismos internacionales- era el más alto de la región.

Ahora las empresas de los aliados de la OTAN se disputan también la “reconstrucción” del país que destruyeron, lo que será pagado con el dinero robado y saqueado a los libios.

Durante más de ocho meses los bombardeos mataron a miles de personas, dejando gravemente heridos y mutilados a otros miles mientras los mercenarios violaron a mujeres, torturaron y ejecutaron bajo atroces sufrimiento a una buena parte de la población negra. Y todo esto en un país de poco más de seis millones de habitantes.

¿Qué hará el fiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo ante los crímenes de lesa humanidad cometidos por los invasores de Libia?

Quizás si accionara como corresponde remediaría en algo la ilegalidad de su actuación anterior al decidir el juzgamiento de Gadafi y sus hijos cuando la OTAN bombardeaba Libia matando a uno de éstos y su familia, entre ellos tres niños.

Moreno Ocampo acusó a Gadafi por un supuesto bombardeo contra manifestantes en Trípoli que nunca existió, todo a pedido de la ONU para tratar de crear un justificativo falso a su resolución 1973.

El coro de periodistas e intelectuales que repitió este discurso falso no sólo provino de la derecha colonial y tradicional aliada del poder hegemónico sino de algunos sectores de izquierda “socialdemócrata” --si puede haberla-- o centroeuropeístas y de otros tan radicales que su pureza está más allá del bien y el mal, lo que finalmente sirve a las peores causas.

El brutal asesinato de Gadafi televisado como un mensaje de terror muestra de qué se trata la acción “humanitaria” del poder hegemónico en Libia.

El relato único para crear un consenso mundial sobre el tema Libia se desmorona, pero la impunidad que le aseguró el aterrador silencio de la comunidad internacional, salvo dignas y honrosas excepciones hará que ahora sea uno de los “modelos de acción” que se intente imponer sobre aquellos países del mundo en proceso de liberación o desobedientes a las órdenes de Washington.

O de Wall Street, como sea que sea la verdadera esencia imperial que avance en esta expansión sin fronteras en el mundo soñada por el más delirante fundamentalismo de las últimas décadas, en lo que también se esconden las decadencias, las crisis morales y económicas, los cantos de sirenas, que finalmente sólo son cantos fatuos, sirenas falsas.

En la lista de los “próximos” siguen varios países además de sus actuales intentos contra Siria y el burdo complot que le atribuyen a Irán, que hace aguas por todas partes, tanto que hasta fue cuestionado por congresistas de Estados Unidos.

Por lo pronto vemos la alegría de los mercenarios que esperan repartirse el botín de la recompensa,que seguramente quedará en manos de los jefes de las tropas especiales --tan criminales como ellos-- de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y otros.

La OTAN ha creado un héroe, un mito, una leyenda que comenzará a andar por los caminos y las cuevas, por el desierto, por los silencios plagados de murmullos de un pueblo que llora a escondidas la muerte de su líder y de todos los que han perecido para que los invasores cumplan su objetivo de no dejar nada en pie, salvo los bienes por los que llegaron en nombre del “humanitarismo”.

La resistencia heroica obligó a los atacantes a mostrarse ante el mundo cada vez más como fuerzas invasoras y se hizo evidente el uso de mercenarios llevados al lugar con la implicancia que esto tiene para el pueblo libio.

Gadafi ha pasado a la eternidad, porque su asesinato miserable, cobarde y cruel, termina convirtiendo al líder libio en un modelo de dignidad para la resistencia que habrá de continuar sobre escombros y cenizas, como sucede en Afganistán e Iraq (a diez años y a ocho años después de sus invasiones) pero esencialmente sobre la memoria del genocidio de un pueblo que nunca olvidará y que nos reclama solidaridad.

miércoles, 24 de agosto de 2011

En Libia no está dicha la última palabra



Ayer, todos los medios daban como hecho que Gadafi había caído, acaso suicidado o fusilado.
La corresponsal de la CNN en "espagnol", munida de un casco y con un notorio guardaespaldas a su lado que portaba ametralladora, trasmitía (muy nerviosa) desde la entrada del famoso bunker del tirano con un fondo de disparos que contrastaba con la pantalla: cientos de personas iban y venían, algunas de ellos llevando a cuestas los frutos del saqueo: sillas, equipos de aire acondicionado, un jarrón. ¿O eran recuerdos de una vida mejor? Nadie molestaba a la reportera embebed, esa curiosa manera de denominar a quienes trasmiten lo que desean los altos mandos militares.
Pasando a Telesur, el enviado transmitía desde un hotel donde la prensa estaba sitiada.
En el piso de la CNN, la conductora Janiot no podía ocultar su entusiasmo, estado de ánimo que se fue apagando de a poco en el trascurso del día. Un columnista de la CNN recordó a la audiencia que el petróleo libio es tan abundante que  basta un pequeño pozo para extraerlo. "Puede sacarse a un dólar el barril", dijo. Barril de petróleo liviano que se cotiza a 120 dólares en el mercado.
¿Entonces Gadafi no seguiría el camino de Mussolini? ¿Las pantallas no mostrarán por ahora su cadáver colgando de una viga?
La misma señal luego reprodujo un largo monólogo del titular de la oposición libia. Si se lo escuchó atentamente, ni ellos mismos se creen la victoria. Pero eso sí, fue claro cuando pidió que la OTAN libere los primeros mil millones de dólares incautados al Estado Libio, "para pagar prótesis a los mutilados de guerra", dijo.
Otra vez será, Patricia. O al menos no será por ahora. Lo que sigue, una nota de Robert Fisk, que nunca fue pro-Gadafi, Aparece en Página 12 de hoy.


Potentados y tiranos


 Por Robert Fisk *
Los potentados y tiranos árabes sobrevivientes pasaron otra noche de insomnio. ¿En cuánto tiempo los liberadores de Trípoli se metamorfosearán en los liberadores de Damasco y Alepo y Homs? ¿O de Amman? ¿O de Jerusalén? ¿O de Bahrein o Riad? No es lo mismo, claro.
La primavera-verano-otoño árabe no sólo demostró que las viejas fronteras coloniales permanecen invioladas –espantoso tributo al imperialismo, supongo–, sino también que cada revolución tiene características propias. Ya lo dijo Saif Khadafi al principio de su propia caída: “Libia no es Túnez... será una guerra civil. Habrá baño de sangre en las calles”. Y así fue.
Miremos en la bola de cristal. Libia será una superpotencia de Medio Oriente –a menos que impongamos una ocupación económica como precio del bombardeo liberador de la OTAN– y menos africana, más árabe ahora que la obsesión de Khadafi con Africa central y austral ha desaparecido. Puede que infecte a Argelia y Marruecos con sus libertades. Los Estados del Golfo estarán felices –hasta cierto punto–, pues la mayoría consideraba a Khadafi mentalmente inestable y maligno. Pero destronar tiranos árabes es un juego peligroso cuando gobernantes árabes no electos se unen a él. ¿Quién recuerda ahora la guerra de 1977, cuando Anuar Sadat mandó sus bombarderos a pulverizar las bases aéreas de Khadafi, las mismas que la OTAN ha estado atacando en los meses pasados, luego que Israel advirtió al presidente egipcio que Khadafi planeaba asesinarlo? Sin embargo, la dictadura de Khadafi sobrevivió a Sadat 30 años.
Como todos los demás, Libia sufrió el cáncer del mundo árabe: la corrupción financiera... y moral. ¿Será diferente el porvenir? Hemos pasado demasiado tiempo ensalzando el valor de los combatientes por la libertad de Libia en sus recorridos por el desierto, y demasiado poco examinando la naturaleza de la bestia, el pegajoso Consejo Nacional de Transición (sic), cuyo supuesto líder, Mustafa Abdul Jalil, ha sido incapaz de explicar por qué sus camaradas –y tal vez él mismo– maquinaron el asesinato del comandante de su propio ejército el mes pasado. Ya Occidente ofrece lecciones de democracia a la Nueva Libia, aconsejando con indulgencia a sus líderes no electos cómo evitar el caos que causamos a los iraquíes cuando los liberamos hace ocho años. ¿Quién recibirá los sobornos en el nuevo régimen –democrático o no– cuando esté instalado?
Y así como todos los nuevos regímenes contienen personajes oscuros del pasado –tanto la Alemania de Adenauer como el Irak de Maliki–, Libia tendrá que hacer espacio a las tribus de los Khadafi. Las escenas del lunes en la Plaza Verde fueron dolorosamente similares a la frenética adoración exhibida en ese mismo lugar por Khadafi hace apenas unas semanas. Evoquemos, pues, el día en que un asistente preguntó a De Gaulle si las multitudes que lo aclamaban tras la liberación de Francia, en 1944, eran tan grandes como las que aplaudían a Pétain unas semanas antes. Se dice que De Gaulle respondió: “Ils sont les mêmes”: son las mismas.
No todas. ¿En cuánto tiempo el mundo llamará a la puerta del supuestamente moribundo Abdulbaset al Megrahi, autor del bombazo en Lockerbie –si en realidad él cometió ese crimen–, para descubrir el secreto de su longevidad y de sus actividades encubiertas en el régimen de Khadafi? ¿En cuánto tiempo los liberadores de Trípoli echarán mano a los archivos de los ministerios del Petróleo y de Relaciones Exteriores de Khadafi para averiguar los secretos de los idilios de Blair-Sarkozy-Berlusconi con el autor del Libro Verde? ¿O se les adelantarán los espías británicos o franceses?
¿Y cuánto tiempo pasará, debemos preguntar, antes de que el pueblo europeo exija saber por qué, si la OTAN ha tenido tanto éxito en Libia –como ahora aseguran Cameron y sus amigos–, no se puede usar contra las legiones de Assad en Siria, tomando a Chipre como base de lanzamiento de aviones, y devastar los 8 mil tanques y vehículos blindados que tienen sitiadas las ciudades de ese país? O debemos poner atención en los vecinos: Israel tiene la esperanza secreta (como de modo vergonzante la tuvo con Egipto) de que el dictador sobreviva, se convierta en su amigo y firme un acuerdo de paz definitivo sobre el Golán.
Israel, que ha sido tan sesgado e inmaduro en su respuesta al despertar árabe, tiene mucho que ponderar. ¿Por qué sus gobernantes no expresaron beneplácito con la revolución egipcia, abriendo los brazos a un pueblo que mostró que deseaba esa democracia de la que Tel Aviv tanto alardea, en vez de matar a cinco soldados egipcios en el más reciente tiroteo en Gaza?
Ben Alí y Mubarak se han ido; Saleh está más o menos fuera; Khadafi ha sido derrocado, Assad está en peligro, Abdalá de Jordania aún enfrenta a opositores, la minoritaria monarquía sunnita bahreiní se aferra en forma suicida a la esperanza de gobernar hasta la eternidad. Todos estos son sucesos de enorme importancia histórica a los que los israelíes han respondido con una especie de pasmada y hostil apatía. En el momento en que podría afirmar que sus vecinos árabes sólo buscan las libertades que sus ciudadanos ya poseen –que existe una hermandad democrática capaz de trascender las fronteras–, Israel calla, construye más colonias en tierra árabe y continúa deslegitimándose mientras acusa al mundo de intentar destruirlo.
En una hora tan crítica no es posible olvidar al imperio otomano. En la cúspide de su poder, se podía viajar de Marruecos a Constantinopla sin documentos migratorios. Si hubiera libertad en Siria y Jordania podríamos ir de Argelia a Turquía y de allí a Europa sin necesidad de visa. ¡El imperio otomano renacido! Excepto los árabes, claro: tengan por seguro que ellos sí seguirán necesitando visa.
Aún no llegamos allí. ¿Cuánto tiempo falta para que los chiítas de Bahrein y las desfallecientes masas sauditas, sentados encima de tanta riqueza pregunten por qué no pueden controlar sus propios países y presionen para derrocar a los petimetres que los gobiernan? Con qué semblante sombrío ha de haber escuchado Maher Assad, hermano de Bashar y comandante de la infame Cuarta Brigada siria, la última llamada telefónica de Al Jazeera a Mohammed Khadafi. Nos faltó sabiduría y previsión, lamentó Mohammed ante el mundo antes que el fuego de las armas le cortara la voz. ¡Están en la casa! Y luego: ¡Dios es grande! Y la línea murió.
Todo líder árabe no electo –o cualquier líder musulmán electo vía fraude– habrá reflexionado en esa voz. La sabiduría es sin duda una cualidad muy ausente en Medio Oriente; la previsión, una habilidad que los árabes y Occidente han desdeñado. Oriente y Occidente –si es posible hacer una división tan cruda– han perdido la capacidad de pensar en el porvenir. Las próximas 24 horas es todo lo que les importa. ¿Habrá protestas mañana en Hama? ¿Qué dirá Obama en el horario estelar de televisión? ¿Qué le dirá Cameron al mundo?
Las teorías del efecto dominó son un fraude. La primavera árabe durará años. Más vale que pensemos en ello. No hay un fin de la historia.
* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

martes, 19 de abril de 2011

En Libia, EEUU insiste en crearse un enemigo

De aquí y de aquí copiamos y pegamos esta entrevista imperdible efectuada por la CNN, a la que en este caso se le escapó la tortuga y queda además en evidencia que EEUU necesita crearse un enemigo:


CNN sería uno de los últimos lugares donde esperarías escuchar lo que en realidad está pasando en la guerra contra Libia (la cadena de TV que ha servido en los últimos 20 años como el escenario para montar el teatro de guerra), pero tal vez por un mal cálculo de sus productores, al invitar al ex analista de la CIA y profesor de la Universidad de Georgetwon, Michael Scheuer, tenemos en este video un notable testimonio que además es un momento televisivo imperdible.

Ante la pregunta sobre la participación de la CIA armando a los rebeldes en Libia, Scheuer responde que es evidente que Obama tiene a la agencia en el noreste de Libia intentando infiltrar a los rebeldes y obtener información, algo que es sospechosamente peligroso, ya que esta zona es una zona de radicales islamistas, muchos de los cuales participaron con Al-Qaeda y que combatieron en Iraq, por lo que deducimos dos posibilidades: que el regimen que se se instaure sea aún más radical y descontrolado que el de Gaddafi o que este regimen extremista sea controlado (pero lo que significaría que Estados Unidos pactaría con los terroristas que supuestamente combate en todo el mundo, algo que quizás nos lleve a darnos cuenta de que Estados Unidos es el que alimenta y ha alimentado a estos extremistas como parte del teatro de guerra).

Scheuer apunta a que, si no se acepta perder la guerra, será inminente que Estados Unidos envíe tropas terrestres a Libia, aunque esto signifique que se admita que se equivocaron al entrar a la guerra. No podría ser más concreto, cuando dice:
“Es el Oese liderado por Estados Unidos atacando a una nación islámica que tiene petróleo”.
A lo que la ingenua conductora de CNN de voz chillante lo reconviene, diciendo que “debemos de ser cuidadosos al decir que es el Oeste liderado por Estados Unidos”  ya que “la OTAN ha tomado control de las operaciones y es una coalición que cuenta con países árabes”. 
Scheuer la saca de su ilusión: “Eso puede engañar a algunos estadounidenses, pero no engañara a los islamistas, es una operación liderada por Estados Unidos, y hablas de los países árabes que participan, bueno estos países árabes son tiranías odiadas por su propio pueblo, este es un pedazo de teatro, montado por  la Sra. Clinton y McCain y el grupo bipartisano al que le encanta intervenir en el extranjero, en el mundo musulmán esto es otra vez estadounidenses matando a musulmanes y parece ser por petróleo”.
Escandalizada e histérica, la conductora de CNN intenta razonar que  ”en Libia eran las personas las que pedían a Gaddafi afuera, que estaban cansadas”, así que “estamos ayudando a democracias islámicas”.
“Ambos partidos aman intervenir donde no hay intereses de Estados Unidos en un momento en el que estamos casi en bancarrota”… dice Scheuer. A lo que la  conductora de CNN le contesta que la economía y la guerra de Libia no tienen nada que ver y Scheur de forma notable le dice “Tú solo estás llevando el agua para el Sr. Obama”, lo que puede interpretarse como decir que CNN sólo esta transmitiendo la versión oficial de los hechos producida en la Casa Blanca.

Michael Scheuer fue despedido de la Jamestown Foundation en el 2009 por decir que “el estado actual de la relación entre Estados Unidos e Israel pone en peligro la seguridad nacional”, una declaración que hace refrencia a la enorme injerencia que tiene Israel en Estados Unidos.

Con Uds, la entrevista en vivo:


domingo, 3 de abril de 2011

Gloria al tirano Gadaffi



La televisión presentó primero a los "rebeldes" de Libia como personas de a pie, gente de barrio que se concentraban en la que en Tripoli hace de "Plaza de Mayo" para derrocar al tirano Gadaffi aunque fuera con las manos.
¿Demandas de democratización? Esas primeras imágenes me desconcertaron, pero no por mucho tiempo.
Enseguida, aparecieron armados con AK47 y RPG7, y días después los "rebeldes" que se habían conectado ingenuamente por facebook, ya tenían escuadrones de aviones caza y tanques.
¿Alguien cree que algo así se moviliza fácilmente, sin capacidad técnica, sin radares, pistas de aterrizaje, combustible, organización, cadenas de mando? ¿Creen que cualquier gil, de los que sueña con la pinta de Carlos Gardel, se sube a un Super-Étendart y lo hace volar con un joystick? ¿O que un AMX es como conducir un Citroen 2CV?

Ahora, los "rebeldes" de facebook han creado un Banco Central con sede en Bengazi y una Compañía Petrolera. Nota completa aquí.

lunes, 28 de marzo de 2011

EL IMPERIALISMO HUMANITARIO


De aquí, y también de aquí, copio esta entrevista interesante, que refleja bastante bien lo que opino sobre el tema Libia, sin los agregados de Pájaro Rojo aunque los comparta en cierta medida, y con la prevención de que es pensamiento europeo.


La injerencia, el poder de policía mundial, tiene ahora otro pretexto: van por el petróleo o el agua potable, pero ponen los derechos humanos como argumento, en una época en que éstos son un paradigma aceptado por una parte importante de la sociedad. Recordemos que durante el Progreso indefinido e indiscutido, era la libertad de comercio el argumento que justificaba la intervención.
Tal como la conocemos, la democracia es una construcción cultural correspondiente al capitalismo y la Modernidad. De mismo modo que un hombre del Imperio Romano no entendería que Coca-Cola es la pausa que refresca, un maorí no comprende las significaciones de la cultura occidental porque no las tiene incorporadas. Y a pesar de que la occidentalización globalizada se filtra en Asia y la abarca, nadie puede decir sensatamente que un chino o un japonés piensan y perciben el mundo como un texano medio o un santafesino, y eso aunque el modo de producción los ligue.
Todos hemos visto al mamarracho de Luis Moreno Ocampo, fiscal de la Corte Penal Internacional, condenando a Gadaffi por supuestas violaciones a los derechos humanos. Esa tal Corte tiene prohibido juzgar a norteamericanos o censurar actos oficiales de los Estados Unidos, el único país no alcanzado por la vigilancia de los derechos humanos que ahora, argumenta, sirven para matar civiles en Libia. EEUU nunca ratificó el Estatuto de Roma, y China lo hizo parcialmente.
El principio de no intervención integra la historia de la diplomacia argentina. 
Los subrayados me pertenecen


27/03/11

Grégoire Lalieu entrevistó al físico y filósofo belga Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, el representante tal vez más lúcido de una de las varias posiciones en que se ha dividido la izquierda europea en relación con el levantamiento popular libio y la intervención occidental propiciada por Sarkozy. 


Kosovo, Irak, Afganistán: los partidarios de una intervención en Libia ¿no han aprendido la lección? Jean Bricmont, autor de una obra sobre el imperialismo humanitario, nos explica porqué el derecho de injerencia es incompatible con la paz en el mundo y perjudica a las causas humanitarias. A menos, evidentemente, que dichas causa no sean más que pretextos…

¿Puede recordarnos en qué consiste el imperialismo humanitario?

Es una ideología que pretende legitimar la injerencia militar contra países soberanos en nombre de la democracia y de los derechos del Hombre. La motivación siempre es la misma: una población es víctima de un dictador y por lo tanto hay que actuar. Entonces nos sacan las referencias a la Segunda Guerra mundial, a la guerra de España y otras. Se trata de hacer aceptable la intervención. Es lo que pasó en Kosovo, Irak o Afganistán.

Y ahora ¿es el turno de Libia?

Hay una diferencia, porque en este caso está autorizada por una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pero esa resolución ha sido votada en contra de los principios mismos de la Carta de las Naciones Unidas. Efectivamente, no veo ninguna amenaza exterior en el conflicto libio. Se ha recurrido a la noción de la “responsabilidad de proteger” a la población, pero quemando un poco las etapas. Además, no hay pruebas de que Gadafi masacre a la población simplemente con el objetivo de masacrarla. Es algo más complicado: se trata más bien de una insurrección armada y no sé de ningún gobierno que no reprima este tipo de insurrección.Evidentemente, hay daños colaterales y muertos entre los civiles. Pero si los Estados Unidos saben cómo evitar tales daños, que vayan a explicarlo a los israelíes y que se lo apliquen a sí mismos en Irak y en Afganistán. Tampoco hay ninguna duda de que los bombardeos de la coalición también van a provocar pérdidas civiles. Por lo tanto, pienso que desde un punto de vista estrictamente legal, la resolución del Consejo de Seguridad es discutible. En realidad, es el resultado de años de presión para el reconocimiento del derecho de injerencia que en este caso se legitima.

Sin embargo, incluso entre las izquierdas mucha gente piensa que había que intervenir en Libia para detener la masacre. ¿Cree que es un error de juicio?
Sí, y por varias razones. En primer lugar, esta campaña establece el reino de la arbitrariedad. En efecto, el conflicto libio no tiene nada de excepcional. Hay muchos otros en el mundo, ya sea en Gaza, Bahrein o, hace algunos años, en el Congo. En este último caso estábamos ante el cuadro de una agresión exterior por parte de Rwanda y de Burundi. La aplicación del derecho internacional habría permitido salvar millones de vidas pero no se hizo. ¿Por qué? Además, si se aplican los principios de injerencia que subyacen en el ataque contra Libia, esto significa que todo el mundo puede intervenir en todas partes. Imaginemos que los rusos intervinieran en Bahrein o los chinos en Yemen: sería la guerra generalizada y permanente. Una gran característica del derecho de injerencia es, en consecuencia, el no respetar el derecho internacional clásico. Y si hubiera que modificar el derecho internacional con nuevas reglas que legitimaran el derecho de injerencia, ello desembocaría en la guerra de todos contra todos. Es un argumento al que los partidarios del derecho de injerencia nunca responden. Finalmente, estas injerencias refuerzan lo que yo llamo el “efecto barricada”: todos los países que están en el punto de mira de los Estados Unidos van a sentirse amenazados y van a intentar reforzar su armamento. Hemos visto lo que pasó con Saddam. Por cierto, Gadafi declaró a la liga árabe: “Acaban de ahorcar a un miembro de esta liga y no habéis dicho nada. Pero lo mismo puede ocurriros a vosotros, ya que, aunque todos vosotros seáis aliados de los Estados Unidos, Saddam también lo fue anteriormente”. Actualmente se reproduce lo mismo con Gadafi y la amenaza que pende sobre muchos Estados puede relanzar la carrera armamentística. Rusia, que no es precisamente un país desarmado, ya ha anunciado que iba a reforzar sus tropas. Pero esto puede ir incluso más lejos: si Libia tuviera armamento nuclear jamás habría sido atacada. Desde luego, esta es la razón por la que no se ataca a Corea del Norte. La izquierda que apoya la intervención en Libia debería pues darse cuenta de que la consecuencia de la injerencia humanitaria es el relanzamiento de la carrera armamentística y a largo plazo, la creación de lógicas de guerra.

Sin embargo, esta intervención militar contra Gadafi ¿no podría considerarse un mal menor?

Hay que pensar en las consecuencias. Ahora que las fuerzas occidentales están comprometidas es evidente que tendrán que llegar hasta el fin, derrocar a Gadafi e instalar a los rebeldes en el poder. ¿Qué va a pasar entonces? Libia parece dividida. Si hay resistencia en Trípoli ¿Occidente va a ocupar el país y embarcarse en una guerra sin fin como en Irak o Afganistán? Pero, imaginemos que todo va bien: la coalición se deshace de Gadafi en unos cuantos días, los rebeldes toman el poder y el pueblo libio está unido. Todo el mundo está contento ¿y después? No creo que Occidente vaya a decir: “Ya está, hemos hecho esto porque somos buenos y respetamos los derechos del Hombre. Ahora podéis hacer lo que queráis”. ¿Qué pasará si el nuevo gobierno libio parece demasiado musulmán o no limita correctamente los flujos migratorios? ¿Creéis que se les va a dejar actuar? Es evidente que después de esta intervención el nuevo gobierno libio será prisionero de los intereses occidentales.

Si la intervención militar no es la solución, entonces ¿qué hacer?

En primer lugar habrían debido ensayarse honestamente todas las soluciones pacíficas. Quizás no habría funcionado, pero respecto ha habido una voluntad manifiesta de rechazar estas soluciones. Es desde luego una constante en las guerras humanitarias. Por lo que respecta a Kosovo habían propuestas serbias muy detalladas para llegar a una solución pacífica pero fueron rechazadas. Occidente incluso impuso condiciones que hacían imposible cualquier negociación, como la ocupación de Serbia por tropas de la OTAN. En Afganistán, los talibanes propusieron hacer juzgar a Ben Laden por un tribunal internacional si se les aportaban pruebas de su implicación en el atentado del World Trade Center. Estados Unidos lo rechazaron y bombardearon. En Irak, Saddam había aceptado el retorno de los inspectores de la ONU así como numerosas condiciones enormemente apremiantes. Pero nunca era suficiente. En Libia, Gadafi había aceptado un cese el fuego y había propuesto el envío de observadores internacionales. Los observadores no fueron enviados y se ha dicho que Gadafi no había aceptado el cese el fuego. Occidente también rechazó la propuesta de mediación de Chávez, que sin embargo fue aprobada por numerosos países latinos así como por la Organización para la Unidad Africana. Respecto a esto me enfurezco cuando oigo a gente de izquierda, en Europa, denunciar la horrible Alianza Bolivariana que sostiene al dictador Gadafi. ¡Esta gente no ha comprendido nada! Los dirigentes latinos son personas en el poder con importantes responsabilidades. No son izquierdistas insignificantes que parlotean en su rincón. Y el gran problema de estos dirigentes es la injerencia de los Estados Unidos; cuanto menos puedan los Estados Unidos hacer lo que quieran en cualquier parte del mundo, mejor será para todos los países que intentan emanciparse de su tutela y para todo el mundo.

El hecho de rechazar sistemáticamente las soluciones pacíficas ¿significa que la injerencia humanitaria es un pretexto?

Sí, pero funciona con respecto a los intelectuales, tengo más dudas con respecto a la reacción de los pueblos europeos. ¿Van a apoyar a sus dirigentes en el ataque contra Gadafi? A nivel de los pueblos son las guerras por la seguridad las que gozan de una mayor legitimidad; cuando hay, por ejemplo, una amenaza contra nuestras poblaciones, neutras formas de vida, etc. Pero aquí y en Francia, con todo este clima islamofóbico que hay (que no apruebo, pero que existe) ve a explicarles que vamos a luchar en Cirenaica por unos insurgentes a los que vemos gritando “«Allah U Akbar» ¡Es contradictorio! A nivel político la mayoría de partidos apoyan la intervención. Incluso en la izquierda, trotskistas como Mélenchon. Todos andan con la flor en el fusil. Los más moderados apoyaban únicamente una zona de exclusión aérea, pero si Gadafi envía sus tanques hacia Benghazi ¿qué hacemos? Durante la Segunda Guerra mundial los alemanes perdieron muy rápidamente el control aéreo, pero resistieron todavía varios años. Sin lugar a dudas los moderados debían pensar que, en la medida en que el objetivo es el derrocamiento de Gadafi, se iría más allá del establecimiento de una zona de exclusión aérea. La izquierda, incapaz de apoyar verdaderas soluciones alternativas, está atrapada por la lógica de la injerencia humanitaria y se ve obligada a apoyar a Sarkozy. Si la guerra se termina rápido y bien, el presidente francés se encontrará en buena posición para 2012 y la izquierda le habrá allanado el camino. Puesto que esta izquierda no asume un discurso coherente opuesto a las guerras, se ve obligada a ir a remolque de la política de injerencia.

¿Y si la guerra va mal?

Es penoso, pero el único partido francés que se ha opuesto a la intervención en Libia es el Frente Nacional. Ha invocado especialmente la amenaza de los flujos migratorios y lo ha aprovechado para desmarcarse de la UMP y del PS diciendo que el nunca había colaborado con Gadafi. Si la guerra en Libia no funciona como está previsto, ello podría beneficiar al Frente Nacional en 2012.

Si la injerencia humanitaria no es más que un pretexto ¿cual es el objetivo de esta guerra?

Las revoluciones árabes han sorprendido a los occidentales que no estaban suficientemente bien informados de lo que ocurría en el Magreb y en Oriente Medio. No pongo en entredicho que haya buenos especialistas de la cuestión, pero con frecuencia no son suficientemente escuchados a un cierto nivel de poder y desde luego se quejan de ello. Ahora pues, puede que los nuevos gobiernos egipcio y tunecino no se alineen con los intereses occidentales y, por consiguiente, podrían ser hostiles a Israel. Para asegurarse el control de la región y proteger a Tel-Aviv, los occidentales probablemente quieran deshacerse de los gobiernos ya hostiles a Israel y a los occidentales. Los tres principales son Irán, Siria y Libia. Puesto que este último es el más débil se le ataca.

¿Puede funcionar eso?

Occidente soñaba con dominar el mundo, pero desde 2003, con el fiasco irakí, se ve que no es capaz de ello. Antes, los Estados Unidos podían permitirse derrocar dirigentes que ellos mismos habían llevado al poder, como Ngô Dinh Diêm en Vietnam del Sur en los años 60. Pero Washington ya no tiene la posibilidad de hacer esto hoy en día. En Kosovo, Estados Unidos deben arreglárselas con un régimen mafioso. En Afganistán todo el mundo dice que Karzaï es un corrupto pero no tienen alternativa. En Irak también deben acomodarse con un gobierno que está lejos de convenirles totalmente. De bien seguro que el problema también se presentará en Libia. Un irakí me dijo una vez: “En esta parte del mundo no hay liberales en el sentido occidental del término, excepto algunos intelectuales bastante aislados”. Como Occidente no puede apoyarse en dirigentes que compartan sus ideas y defiendan totalmente sus intereses, intenta imponer dictaduras por la fuerza. Pero evidentemente esto crea un desfase con las aspiraciones de la base popular. Además, este procedimiento resulta un fracaso y la gente no debería engañarse acerca de lo que pasa. Occidente, que creía poder controlar al mundo árabe con marionetas como Ben Alí y Mubarak, se diría de pronto: “Todo era falso ¿vamos ahora a apoyar la democracia en Túnez, en Egipto y en Libia? “ Es tanto más absurdo teniendo en cuenta que una de las grandes reivindicaciones de las revoluciones árabes es el derecho a la soberanía. Dicho de otra forma ¡no a la injerencia! 
Occidente debe resignarse: el mundo árabe, lo mismo que África y el Caribe, no le pertenece. De hecho, las regiones donde Occidente interviene más son las menos desarrolladas. Si se respeta su soberanía estas regiones podrán desarrollarse, como lo ha hecho Asia y como sin duda lo hará América latina. La política de injerencia es un fracaso para todo el mundo.

¿Cuál es la alternativa entonces?

En primer lugar hay que saber que la política de injerencia necesita un presupuesto militar importante. Sin el apoyo de Estados Unidos y su presupuesto militar delirante, Francia y Gran Bretaña no se habrían comprometido. Bélgica, todavía menos. Pero todos estos medios puestos a disposición no caen del cielo. Este presupuesto se basa en préstamos de la China que conllevan déficits en Estados Unidos y todo tipo de problemas económicos. Raramente se piensa en ello. Además, se nos repite constantemente que no hay dinero para la educación, la investigación, las pensiones, etc. ¡Y de repente aparece una gran cantidad de dinero para hacer la guerra en Libia! Una cantidad ilimitada, puesto que no se sabe cuanto tiempo va a durar esta guerra. Por otra parte ya se está gastando dinero para nada en Afganistán. Hace falta, por lo tanto, otra visión política y, a mi parecer, Suiza es un buen ejemplo. Este país consagra su presupuesto militar únicamente a la protección de su territorio. Los suizos tiene una política de no intervención coherente, puesto que su ejército, por principio no puede salir de su territorio. Podría decirse que Suiza deja que Gadafi masacre a los insurgentes pero, en primer lugar, ella nunca ha cometido un genocidio u otras masacres, incluso si su política puede ser criticada a otros niveles (banca o inmigración). Y, en segundo lugar, si todo el mundo hiciera como Suiza, por las razones que ya he explicado anteriormente, el mundo iría mucho mejor. Las guerras y los embargos siempre tienen consecuencias desastrosas. A mi parecer, la mejor alternativa es la cooperación con distintos países, sean cuales sean sus regímenes. A través del comercio -pero no el de armas evidentemente- las ideas circulan y las cosas pueden evolucionar, sin guerra. Se pueden discutir las modalidades: comercio justo, ecológico, etc. Pero el comercio es una alternativa mucho menos sangrienta que las sanciones y los embargos, que son la versión soft de las guerras humanitarias.


Jean Bricmont, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO,es profesor de física en la Universidad de Louvain la Neuve, Bélgica. Es miembro del Tribunal de Bruselas. Su último libro, Humanitarian Imperialism acaba de publicarse en Monthly Review Press (hay traducción castellana en Editorial Viejo Topo, Barcelona, 2009). Es sobre todo conocido en el mundo hispano por su libro –coescrito con el físico norteamericano Alan Sokal— Imposturas intelectuales (Paidós, 1999), un brillante y demoledor alegato contra la sedicente izquierda académica relativista francesa y norteamericana en boga en los últimos lustros del siglo pasado. Una larga entrevista político-filosófica a Bircmont puede verse en el Número 3 de la Revista SINPERMISO en papel (mayo de 2008). :


Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga Tarré

jueves, 24 de febrero de 2011

Libia: EEUU intenta recomponer la hegemonía anterior a la crisis financiera

Es cierto que las imágenes de la televisión nos han mostrado a un Gadaffi desencajado, muy lejos de ese líder árabe que provocó la ira de Reagan y los subsecuentes bombardeos dirigidos a asesinarlo.
Pero corremos el riesgo de errar la apreciación, haciéndonos creer que ese estado de perturbación es consecuencia del aislamiento, el anacronismo y la psicopatía de un tiranuelo norafricano más cerca del   beduino salvaje que del hombre occidental medio.
Es que los nuevos paradigmas culturales globalizados nos invitan a simular la diversidad sólo en casos perfectamente estandarizados y globalmente gestionados. Lo hemos repetido en este blog: el originario será bien recibido en el Carnegie Hall siempre que no anhele, además, ser dueño del petróleo que se esconde bajos sus territorios originarios, en cuyo caso se convertirá en un terrorista internacional.
Y esto es lo que sucede en Libia.
El 90% de las ganancias producidas por el petróleo y el gas que vuelca ese país al mercado europeo, va al Estado Libio. Sólo el 10% restante a las compañías.
En apariencia, aquello es una demanda colectiva de mayor democracia. Es cierto que desde la caída del Muro, todos somos capitalistas. Pero eso no significa aceptar a libro cerrado la hegemonía imperial sino, por el contrario, aspirar a una auténtica diversidad de voces. Tomemoslo como el conflicto con Clarín amplificado a nivel mundial: ¿por qué todas las voces deben serlo a la manera de la democracia norteamericana, como serían aquí todas las voces según Ernestina de Noble? ¿ Por qué no permitimos que cada país y cada cultura se desarrollen según sus propias posibilidades reales? ¿Qué beneficio real traería al pueblo libio su occidentalización? ¿El uso de facebook? ¿El libre consumo de dentífrico Colgate, galletitas Oreo y la serie Los Simpson?
Ya anunció Fidel Castro que el objetivo real es la ocupación, por parte de la OTAN, de los campos petrolíferos cercanos a Trípoli, en un juego donde seguramente se cuenta con el aumento del conflicto en Irán..
Leemos en Wikipedia (no en un sucio panfleto terrorista): Actualmente al país se le adjudica la esperanza de vida más alta de África continental (si se cuentan a las dependencias sólo es superada por la isla británica de Santa Helena), con 74 años. También cuenta con el PIB (nominal) per cápita más alto del continente africano, y el segundo puesto atendiendo al PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA). Además, Libia ocupa el primer puesto en índice de desarrollo humano de África.
El indicio más elocuente de que este es un plan siniestro orquestado en Washington, son las palabras de Obama y Hillary: "estamos atentos a la violación de derechos humanos" (por parte de Gadaffi). Hemos escuchado ideas similares antes de los ataques a Somalia, Irak y Afganistán. La imagen mental "defensa de los derechos humanos" ha reemplazado a otras como "defensa de la libertad contra el comunismo internacional" que también prologaron la invasión a Vietnam, entre muchas otras intervenciones sin olvidar de las que por décadas hicieron de América Central el patio trasero de EEUU.
Seamos libres, lo demás no importa nada.
 
 

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