Escribe Delatorre (vale la pena leer la nota completa):
El medio que tituló que será la AFIP quien “decidirá quiénes pueden comprar dólares”, reconoce que “el cambio más visible” para el comprador será que “además del DNI, deberá presentar la constancia de CUIT o CUIL”, es decir identificarse como contribuyente.
Exagerar el impacto de la medida, transfigurarla hasta hacerla aparecer como una herramienta del terrorismo de Estado, anunciar el recorte de las libertades ciudadanas o, simplemente, presentarla como una acción desesperada e inútil del Gobierno, aunque más no fuera en su presentación aunque luego no se sostenga en el desarrollo de la noticia, busca un solo objetivo: generar miedo, la expectativa de que “se viene la devaluación”.
No se viene ninguna devaluación porque eso equivaldría a tirar la chancleta, abandonar al 54% de argentinos que pusieron sus esperanzas en la conducción de Cristina, dejar al país a la deriva y reconocer que los poderes tradicionales deben hacerse cargo de la conducción de la Argentina como si aquí no hubiera pasado nada desde 2003.
La devaluación significaría una colosal transferencia de ingresos hacia el sector empresario en perjuicio de los trabajadores de ingresos fijos.
¿A quién se le ocurre que el Gobierno haría algo semejante?
Es que además del miedo generado por esta fantasiosa devaluación, lo que se busca es bastardear el triunfo electoral más que contundente de la semana pasada, por cuanto si a unos días de un batacazo en las urnas producido, entre otras razones, por la certeza de que el rumbo no variaría y que además se profundizará, producir ahora una devaluación equivale a equiparar a esta gestión, por ejemplo, con el discurso esquizofrénico del menemismo: prometer un día que todos tendremos teléfonos baratos y elegir con libertad nuestra compañía telefónica, y a la mañana siguiente otorgar a una sola empresa el monopolio de las comunicaciones.
El control sobre la AFIP de las transacciones cambiarias es una herramienta legítima del poder del Estado. Presumo que en realidad, esta campaña tiene otro objetivo, relacionado no tanto con el poder de compra del peso para la gente de a pie sino con la obligatoriedad de liquidar divisas en el país por parte de petroleras y mineras, decidida a horas de las elecciones, como con las futuras medidas relacionadas con el lavado de dinero, la ley de entidades financieras y la carta orgánica del BCRA.
El miedo es una de las patas en que se asienta el poder del Imperio. Temer la caída en el valor del peso equivale a la inseguridad que muchos reclaman como si en Buenos Aires estuviéramos viviendo un clima semejante al Tripoli de hace diez días. En el fondo, el miedo se provoca para que no nos animemos a ser libres.
Muchachos: cualquier manual de economía elemental indica que el dinero en circulación puede estar perfectamente respaldado incluso si las reservas bajaran a la mitad de las realmente existentes.
No jodamos.











