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miércoles, 27 de abril de 2011

Seis meses, una historia de amor

"Hay que bancarse a minas así". Juan P. Feinmann, también conocido como Feimann el Bueno, aunque bue.....




martes, 29 de marzo de 2011

Interesante intercambio entre Tomada y Siri


Ayer, y quizás cuando los productores de 678 esperaban una férrea unanimidad respecto de Clarín, la bestia negra, sobrevino un por momentos subido de tono contrapunto entre el ministro y candidato Carlos Tomada, y el vocero de la comisión interna del taller de Artes Gráficas Rioplatenses, una de las empresas del multimedios.
Había sido un día singular: la tapa en blanco del diario, contra lo que piensa Hernán Brienza, fue quizás el más duro apriete (sobreactuado, es cierto) contra el gobierno desde que comenzó el enfrentamiento. Todo el coro de opositores se había alineado tras el equívoco de la libertad de empresa convertida mágicamente en libertad de expresión por ese adormecedor condimento electrónico capaz de virtualizar la realidad, el regreso de los brujos.
En lo personal, me quedó un regusto amargo al final, porque tengo la sensación de que algunos elementos no afloraron con claridad, como por ejemplo la cuestión de las indemnizaciones a los delegados, y si acaso Siri está redoblando la apuesta.
 Tampoco es claro qué significa aquí que la delegación interna esté al frente de la lucha de la totalidad de los trabajadores y acaso, por qué esos trabajadores no aparecen ni se solidarizan.
¿Dónde están los laburantes?
No vaya a ser que, como sucedió con la Unión Ferroviaria, aparezcan los estudiantes de psicología disciplinados tras el discurso delirante de Carlos Altamira, cortando no ya las vías del Roca sino las línea de impresión al grito de:
-¡Paren las rotativas! ¡Paren las rotativas, sin Dios ni patrón!
El elemento más importante que afloró en el intercambio fue, según veo, que la política tiene que ser capaz de conducir los intereses particulares o sectoriales, algo que bien podría convertirse en huella indeleble del kirchnerismo. Si esos intereses priman, estamos entonces en un país gobernado por las mafias, no importa que estas se disfracen de grupo empresario, orgas de presión, fundaciones que controlan la transparencia estatal, o partidos cooptados por las corporaciones.
No queda claro si Tomada estuvo a la altura de conducir el conflicto y qué pasará con su candidatura, pero los escasos 5 minutos que esperó la comisión interna en el edificio del ministerio, y el hecho consumado del piquete, fueron un apriete al gobierno, y de allí al espectáculo de la tapa blanca solo había una decisión de los creativos de imagen.
Tapas blancas, carpas blancas.
Fue evidente el desagrado del ministro ante los reproches de Siri frente a la ausencia oficial en la reunión.
El movimiento obrero es la famosa columna vertebral, claro, pero el país es mucho más que una comisión interna. No hay mala leche en esto, sino una comprobación. Parafraseando a un Perón que respondía preguntas relacionadas con las compañías de electricidad de entonces, "no puede verse el país por el ojo de una comisión interna" (en su versión original, era la CADE). Del mismo modo, el país no es la CGT ni Moyano, más allá de que sea legítimo (y muy legítimo, diría) que el movimiento obrero aspire a poner un vicepresidente en la fórmula.
Que eso sea bueno o malo para el mejor resultado electoral, es otro tema.
El kirchnerismo cometería un error monumental si entrega a Siri y la comisión interna de AGR en brazos del trastornado Altamira, del cineasta del tripartidismo o de Micheli.
Sobre todo en este momento, en el que todo puede ser tomado como argumento de campaña opositora y al gobierno le conviene no hacer olas.
Con el triunfo electoral en las manos, con un candidato de la derecha (Macri) fracasado y cuatro años por delante, Cristina se me ocurre imparable.
Al neoliberalismo le costará mucho reemplazar al pelotudo de Socma: no hay candidato a la vista, para desesperación de los grupos concentrados que siguen teniendo a Clarín como conducción estratégica.
No conviene, eso sí, caer en el triunfalismo y creer que alcanza con el bullicio de La Cámpora y los resultados de Catamarca y Chubut. No alcanza con eso, y tampoco creer que Clarín está derrotado.
No lo está.


  



 

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cristina y el vino, bebida nacional



Carta a Perdiguero

Don César, viera el otoño
Cómo ha puesto a Mendiolaza
Desnuda de sombra está
La arboleda de la casa.

El sol en las altas moras
Desnuda su tibio alarde
Y horneritos de papel
Pintan la paz de la tarde

Estribillo

Cuando quiera estar de vuelta,
Ni me avise, no hace falta,
Si se acuerda, traigasé
Ese vinito de Salta
Un abrazo, acuerdesé
de ese vinito de Salta.

La tarde es de cobre antiguo,
Cuando el sol anda en los cerros.
Después, hasta el aire es gris
Triste y gris como el destierro.

Ni la acequia canta ahora
La vidala de su arrullo.
Y está más seco el cardón
Que traje de Chañar Muyo.

Estribillo

Cuando quiera estar de vuelta
Ni me avise, no hace falta,
Si se acuerda, traigasé
Ese vinito de Salta
Un abrazo, acuerdesé
de ese vinito de Salta.

Canto a Perdiguero: Albérico Mansilla y Dino Saluzzi.
César Perdiguero fue autor de otros hermoso temas con Manuel J. Castilla:

Zamba de Anta

Ay Anta mi tierra arisca,
sombra de los tigres, flor del yuchán
si braman los guardamontes
una vidala se va.

Volteando sin asco el monte
el ojo del hacha quiere llorar,
cuando muere una corzuela
la arena se vuelve sal

Esta es la zamba del monte
flor de laurel,
arriba quema la luna
abajo la caja dele padecer.

2ª parte
Caliente rastro en la noche
que el aire del Chaco no borrará
al sueño de los cuatreros
nadie lo puede enlazar.

Ya estás viniendo en los toros
por los guayacanes regresarás,
ay Anta te vuelves vino
cuando te quiero cantar

Esta es la zamba del monte
flor de laurel.
Arriba quema la luna
abajo la caja dele padecer.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Palabras de Cristina en el día de la militancia

El autor de este blog puede dar fe de que ese 17 de noviembre de 1972 amaneció encapotado. Y que fue una larga jornada.
Puede dar fe de que la noche anterior participó, junto con su compañera de entonces que 48 horas mas tarde alumbraría a Martín, segundo hijo, en los preparativos para llegar hasta Ezeiza porque, si LUCHE Y VUELVE, habíamos luchado y Perón había vuelto.
Fue en la villa Mercado, al costado del barrio Derqui en Caseros, pcia de Buenos Aires.
Marchamos durante toda esa mañana. Pequeños grupos confluían hacia las avenidas cruzando Ciudadela, Villa Madero, San Justo, y en algún momento, mirando hacia adelante o hacia atrás, eramos miles y miles.
El autor de este blog puede dar fue de que los vecinos que no participaban en la marcha se asomaban, nos alentaban y saludaban, nos daban agua caliente, pan, facturas. Y en rigor, todos nos sentíamos parte de una epopeya.
17 de noviembre de 1972. El primer retorno de un Perón que había intentado volver en 1964. Todos sabemos que esa vuelta fue traicionada por quien fue traicionada.
Al llegar a la rotonda de San Justo, la guardia de infantería impedía seguir. Detrás, cien metros detrás, la gendarmería apuntaba con sus fal. No nos iba a detener ese obstáculo, pensamos. La policía tiró gases lacrimógenos, balas de goma y probablemente también de plomo. Algunos cayeron, heridos.
Sería una larga jornada la de ese 17, que recién empezaba con ese enfrentamiento a mediodía.
De la rotonda de San Justo nuevamente caminando a Caseros, y de allí, exhaustos pero felices pero también atentos y vigilantes, en un colectivo hasta Vicente López. El triunfo al alcance de la mano.  


En el día de la militancia, las palabras de Cristina, ayer.



Gracias, muchas gracias, muy buenas tardes a todos y a todas; señor
Gobernador de la provincia de Buenos Aires; señor Intendente de
Florencio Varela; amigos y amigas; hermanos y hermanas; compañeros,
compañeros: que manera más increíble de recordar un día que yo -Julio -
ya pienso que no es solamente de los peronistas, es de todos los que
creen en un proyecto nacional y popular, sinceramente. Empezó siendo de
los peronistas porque fue el retorno a la Patria del General Perón, el
17 de noviembre, luego de 18 años de exilio, recuerdo era un día muy
lluvioso - vos te debes acordar Carlos, Kunkel te estoy hablando - vos
debes acordarte, y la verdad que en este día comenzar, aquí en Florencio
Varela, con una Universidad Nacional, a la que le ponemos el nombre de
Arturo Jauretche es juntar las ideas con la gestión, es juntar y
demostrar que se puede soñar, que se puede tener ideas y convicciones y
que además se pueden llevar a cabo en la gestión de Gobierno. Porque,
además, nos habían convencido, después de la larga noche de la
dictadura, en la que caímos en un posibilismo en donde nada se podía
transformar ni modificar, creo que el legado más importante, la herencia
más fundamental que él nos puede haber dejado es enseñarnos que las
ideas se pueden llevar a cabo en la gestión y no renunciar a ellas, sino
al contrario, reafirmarlas más cada día (APLAUSOS).

Esta universidad que - como otras tantas de las universidades que se han
creado fuera de las tradicionales - yo me recibí, lo conocí a él ahí,
en la Universidad Nacional de La Plata, una de las tradicionales, pero
lo cierto es que todos los alumnos que se inscriben en las nuevas
universidades son la primera generación de esas familias, que acceden a
la universidad. Y las viejas universidades no han disminuido la
matrícula, lo que quiere decir que si no hubiéramos creado estás
universidades todos estos jóvenes, que hoy van a poder acceder (580 se
han inscripto ya en está Universidad de Florencio Varela) y estamos
haciendo honor, entonces, a las ideas. (APLAUSOS).

Ustedes se preguntarán qué es este libro que me regaló el flamante
Rector, Ernesto Villanueva. Es exactamente compañero, muy bueno, muy
inteligente, el "Manual de zonceras argentinas", de Don Arturo
Jauretche. Lo leí por primera vez, tendría 18, 19 años, 20, más no, 19
años tendría y bueno tengo ya unos cuantos años, pero cada tanto lo
releo. Vos sabes que yo diría que lo lean todos, porque uno puede no ser
peronista, lo único que no puede ser zonzo, así que le recomendaría la
lectura a todos. (APLAUSOS). Hay algunos que no quieren ser peronista,
pero también estoy segura que no quieren zonzos, que no sean peronistas
está bien, pero que quieran ser zonzos me parece muy pavo, así que
léanlo porque vale la pena.

Este Arturo Jauretche ocultado prolijamente por la historiografía
oficial, un hombre que nos abrió la cabeza a muchísimos jóvenes. Por ahí
algunos personajes que son presentados como intelectuales que fustigan
el hecho de que yo reivindique a Arturo Jauretche. Claro, por ahí
Foucault o alguno otro más prestigioso autor, pero este hombre supo
interpretar a los argentinos y desmenuzar la idiosincrasia de nuestra
sociedad como pocos. Por eso celebro hoy que se imponga su nombre a esta
flamante universidad, que vamos a tratar - además - que el viejo
edificio de YPF, sobre la Calchaquí sea la sede, sé que es de propiedad
de la Universidad Nacional de La Plata, así que vamos a tratar de
acordar para que se le de una mano a esta flamante universidad.

Y contaba Julio que habíamos ido a visitar a Vanesa, esa Vanesa que me
tuvo a mal traer anoche; por teléfono yo en Curuzú Cuatía hablando toda
la noche con Daniel, hasta que las doce, porque además vieron qué
milagroso fue, ¿no? a las doce de la noche, cuando empezaba el 17 de
noviembre salió y gritó como si recién hubiera nacido. (APLAUSOS). Yo le
decía - fue un milagro de Dios, no lo duden - a los papás recién que
tienen que festejarle dos cumpleaños: el 17 de noviembre y el día que
nació porque nació dos veces. (APLAUSOS).

Y también quiero decirles que cuando entré a ese hospital maravilloso,
que recuerdo cuando lo inauguramos, en octubre de 2007, él estaba
sentado al lado mío y cuando recién ustedes decían esa consigna de que
él no se murió, yo creo que es cierto, que él va a vivir en el pueblo y
en sus obras, en ese hospital, en los cientos de escuelas, pero
fundamentalmente en la memoria de un pueblo que aprendió de él a no
resignarse y que aprendió a pasar de la resistencia a la construcción
porque esta es la otra cuestión también.

Yo fui legisladora, durante mucho tiempo, en desacuerdo con políticas
que nos hicieron muy mal a los argentinos y era casi una política que
teníamos todos de resistencia, pero él supo pasar de esa resistencia -
lo más importante - a la construcción de un país diferente. Y ese debe
ser el compromiso hoy de todos nosotros, como militantes. Si tuviera que
darle un título le diría que fue un presidente militante. (APLAUSOS).
Fue un presidente y un hombre, en definitiva, que vivió y amó
intensamente, demasiado me parece y no le aguantó el cuerpo. Yo estoy
bien, voy a poder, cada día tengo que poder más además. (APLAUSOS). Cada
día tengo que poder más por él, por mis hijos y por todos ustedes, por
los más de 40 millones de argentinos que dependen, es cierto no
solamente de la presidenta, pero la presidenta es quien tiene mayores
responsabilidades.

Cuando recién ustedes decían eso yo me acordaba de cuando éramos mucho
más jóvenes y vivíamos en Santa Cruz, y él fue Intendente, primero, y
Gobernador, después, y uno cuando va a la provincia o a Río Gallegos...
bueno está el hospital, yo les comentaba hoy, que el hospital es muy
parecido a este que hicimos allá, maravilloso, las obras y cuando Máximo
era chiquito - me acuerdo - y Florencia también después yo les decía
siempre que ellos cuando fueran grandes y tuvieran chicos y tuviera
nietos iban a pasar por muchos lugares e iban a decir: " esto lo hizo tu
abuelo, esto lo hizo...". Yo decía que esas son las cosas que importan,
las cosas que uno puede dejar cuando se tiene la más alta
responsabilidad. Esas cosas, la memoria, la dignidad de un pueblo, y
cuando se tiene la responsabilidad de una familia también el poder
dejarles a sus hijos un estudio, una carrera. Yo sueño con que cada
argentino pueda hacer con sus hijos lo que mis padres hicieron conmigo,
que me dejaron una instrucción, una preparación. Yo sueño con esa
familia, sueño con que cada familia pueda tener trabajo, pueda tener
vivienda, pueda darles una educación e instrucción a sus hijos. En fin,
que podamos unir esas ideas con la gestión de gobierno, y lo estamos
haciendo y lo vamos a seguir haciendo y profundizando. Porque cada vez
es necesario seguir avanzando más.

Y yo me siento muy contenta porque hemos podido lograr, demostrarle al
mundo, pero fundamentalmente a nosotros mismos que estás cosas que
decíamos, que este país que comenzamos a construir lenta, trabajosamente
y en medio de muchas zonceras juntas era el modelo que nos permitía
crecer, generar trabajo, salud, bienestar, vivienda... Falta, siempre va
a faltar y por eso siempre hay que trabajar cada vez más, comprometerse
cada vez más, militar cada vez más.

Yo quiero agradecerles a los jóvenes, agradecerles esta vuelta a creer,
esta vuelta de tuerca que hemos dado a ese posibilismo, a ese
escepticismo a esa suerte de casi muchas veces cinismo porque no
creíamos que las cosas podían cambiarse.

Quiero también darles las gracias a los trabajadores porque creyeron,
porque acompañaron, porque fueron, sin lugar a dudas, los primeros
sujetos beneficiados cuando volvieron a encontrar los 5 millones de
puestos de trabajo que hemos creado en estos más de 7 años. Porque son
los mismos que cuidamos durante la mayor crisis económica que tuvo la
historia desde 1930 y el año pasado apostamos con todo a mantener el
vínculo laboral y hoy podemos decir que, en el último trimestre, hemos
vuelto a bajar la desocupación del 9,1 que habíamos llegado en el tercer
trimestre de la crisis, a 7,5 por ciento. Que la actividad económica
viene creciendo al 9 por ciento en los últimos 12 meses; que la
industria sigue a full, y que vamos a seguir poniéndole toda la garra y
toda la fuerza que haya que poner para seguir transformando la
Argentina, casi con obstinación.
Soy muy terca cuando se trata de defender los intereses de mi país; soy
muy tenaz cuando se trata de defender los intereses de las grandes
mayorías que, en definitiva, también...
....
No, no, no, yo les pediría nada más que piensen un poco más, no, que no
se vayan a ningún lado, que se queden acá que los necesitamos a todos,
que piensen un poco más y que sientan un poco más de responsabilidad
porque un sistema democrático, cuando se es democrático en serio, está
integrado por un gobierno que llegó por la voluntad popular y que tiene
el derecho a proponer sus políticas, sobre todo cuando estas políticas
han sido acertadas. Y también necesitamos de una oposición que también
tiene responsabilidades de gobierno, porque la responsabilidad no es
solamente de un presidente, es de todos los estamentos del Estado, Poder
Ejecutivo y Poder Legislativo. Pero que, además, déjennos, no, que no
se vaya nadie, les reitero, que se queden todos, pero que nos dejen
seguir adelante con estas políticas que le han dado crecimiento al país,
que han permitido...Que nos dejen, con mucho respeto y con mucha
humildad porque hay que respetar a todos, aún a los que no nos respetan
también hay que respetarlos. ¿Saben por qué? Porque eso también es signo
de grandeza moral y de comprensión democrática, aún a los que nos
insultan o nos agravian o nos pegan. Creo que tenemos que respetar a
todos.

Les pedimos que nos dejen seguir adelante con estas políticas porque,
además, ellos han tenido oportunidad también de ejercer el poder en la
República Argentina y no nos fue bien a los argentinos con las políticas
que se llevaron adelante. Van a tener...
Vos sabes que yo digo que van a tener una oportunidad que la democracia y
el sistema da a todos los partidos políticos y a todos los hombres y
mujeres para exponer sus ideas en cada elección, cuando se decide quién
va a ser el presidente o la presidenta de la República.
Por eso digo que ser democrático, es respetar el funcionamiento del
sistema en su totalidad; respetar y honrar a esta democracia que tanto
nos costó conseguir a los argentinos y por la que tantos argentinos
dieron su vida.
Por eso, en este "Día del Militante", a todos los argentinos, permítanme
dirigirme a esos hombres y mujeres que han abrazado una idea, una
convicción y militan en un partido político, y decirles que las
victorias nunca se construyen sobre la derrota del pueblo y de la
Nación; que las grandes victorias siempre se construyen con proyectos
superadores y mejores que el que está. Y que nosotros, con mucha
humildad, con mucho respeto les pedimos, no que nos ayuden a nosotros,
que ayuden a que los argentinos sigamos teniendo estas políticas que nos
han permitido estar donde estamos y que somos reconocidos, creo hoy, en
el mundo entero.
Por eso, quiero recordarlo a él en este día tan particular honrando su
legado, honrando su memoria y diciéndole que él fue el mejor de todos
nosotros, como lo dije el otro día. Era muy fuerte, pero recién cuando
estaba llegando acá -para terminar- mi hijo que me quiere mucho y como
todo hijo varón es medio "Edipito", me dijo: "Está bien, decí vos que él
era el más fuerte, pero también decí que si él era el más fuerte, él
también supo elegir a la más fuerte". Así que, gracias por todo el
cariño y gracias por todo el afecto.
Yo les prometo que voy a seguir trabajando todo el día sin descanso, que
me voy a secar las lágrimas, que si me ven llorar va a ser solamente
por un rato, que me las voy a secar y voy a seguir adelante, porque
siento que esa es la mejor manera de honrarlo a él y también a todos
ustedes por tanto afecto y tanto cariño.
En cada uno de ustedes está él; en cada una de las obras está él; en
esta patria que se ha levantado con dignidad está él, siempre va a estar
él.

viernes, 5 de noviembre de 2010

NOSOTROS, por Pablo Marchetti



La semana pasada, estuve en una de las tantas reuniones del Frente para la Victoria de la ciudad de Buenos Aires. Fue en uno de esos clubes bajo la autopista, ésta una herencia irremediable de la dictadura cívico-militar. Eramos muchos, y eso nos amuchó. Luego de las palabras, llegó el bailongo. Palabra antigua, bailongo. Me encontré con algunos amigos y conocidos, de la vida real y de facebook.
Una morocha espectacular bailaba cuarteto cordobés. Fue una visión fugaz, acaso ilusoria, tras advertir que mi mirada estaba bajo la vigilancia atenta de la reprobadora de mi ex mujer. 
Salí del club, me fui, aburrido, casi al unísono con una dama de edad mediana, a quien sólo vi de perfil, que me pidió la acompañara hasta la avenida San Juan: "está muy oscuro", se disculpó.
- Este barrio es tranquilo- la consolé. En la avenida se tomó un taxi hasta Austria y Las Heras.
A la mañana siguiente me crucé con un compañero de trabajo que también había estado en el club.
- ¡Por fin las chicas más lindas ahora están en el peronismo!- aventuró, agregando: "nunca había pasado algo así".
Sentí que mis cejas se levantaban, un reflejo condicionado.
Se comprende: durante el menemismo, la militancia justicialista era la sumatoria perfecta de bagayaje y gatos. La propia María Julia, de cercano parentezco porcino, se desnudó para la tapa de una revista. Y no me vengan con Claudia Bello o Adelina. Es que el hombre se inició, políticamente hablando, durante los 90.
El tema de la belleza en la militancia femenina es uno de los tópicos que solemos abordar los periodistas que nos reunimos todos los jueves en el Rincón de Oleiros, Piedras al 800, bajo la batuta de Juan Salinas. Como los Goyenechea Cabernet circulan velozmente, no hay espacio para hipótesis sociológicas de mayor alcance.
Si la filtración hepática es de regular a mala, los asistentes solemos hundirnos en la melancolía, o comparando la belleza femenina esencial de la gloriosa juventud de los 70 con la de la primavera alfonsinista. 
Tales discusiones suelen terminar mal. Y nos colocan en situaciones ambiguas con varios de los asistentes: me refiero a las chicas.
Esto, para avisar que tenemos la victoria asegurada. Sólo hay que ser un poquito más inteligentes; lo mejor es enemigo de lo bueno, suele decir mi amigo Teodoro Boot.   
JD   


NOSOTROS
Por Pablo Marchetti

Para Claudia Acuña, con amor peronista

En el final de la cola, unos ocho metros antes del féretro, en uno de los corredores de la Casa Rosada, una piba llora. Sí, una piba: 16, 17 años, como mucho. Divina, cándida, antelical. Una chica que bien podría uno imaginarse llorando así con una novela del Cris Morena Group o con la llegada de los Jonas Brothers, aunque un poco más hippona. Si Néstor Kirchner hubiera sabido que lo iba a llorar una piba así capaz que no se moría.

Ok, lo que acabo de decir es una reflexión machista, pelotuda, lo que quieran. Olvídense. Pero a ver si queda claro: la plaza de Mayo y sus alrededores se llenó de pendejas y pendejos divinos, pibes muy chiquitos, adolescentes y jóvenes conmovidos por la muerte de Kirchner. Pibes que transformaron en hit el canto “andate Cobos, la puta que te parió”, o su versión extendida: “Andate Cobos y llevate a la Carrió”. O sea, pibes y pibas que hicieron su lectura política del asunto. Pibes y pibas militantes.



Todos putos

Un pibe escribe con aerosol, en el piso, sobre la avenida de Mayo, casi Bernardo de Yrigoyen, Néstor VIVE, y sobre cada una de las V de la palabra VIVE escribe una K, reemplazando la P peronista del PERÓN VUELVE. Me río: se lee KK. O sea, caca. Evalúo por un momento la posibilidad de compartir mi hallazgo con el pibe que escribe con aerosol. Y lo imagino contestándome: “De caca te voy a llenar la cabeza, puto”. Pero no, descartado. El pibe no diría eso. Parece más un pibe que pudo estar tomando un colegio anteayer. Más rockero que cumbiero. Clase media porteña, laburante. El pibe de la fotocopiadora, ponele. Hasta es probable que ni sea peronista. Nada de “eh, puto”. Y menos ahora que a su lado pasa una columna (bueno, un grupito con pancarta), unas treinta personas que llevan orgullosas el cartel que dice “Putos peronistas”.

Sí, los putos y las travas también. En la fila, a ocho cuadras de Plaza de Mayo, está Marlene Wayar, la hermosa Marlene, altísima, flaca, ojos enormes, sonrisa transparente, la voz más lúcida de la diversidad sexual, el pensamiento más sexy del país, una travesti que no cree en el matrimonio pero cree en la igualdad. Quién lo hubiera dicho, Marlene en la fila para ver a Néstor. ¿O debo decir “en la cola”? Sí, Marlene en la cola de Néstor, que esta noche es también promiscua y libertina. Que esta noche es todos con todos, todas con todas, todos con todas, todas con todos, todo con todo. Esta noche, la del pastiche que supimos conseguir. Unámonos. Abracémonos. Te amo, Marlene. Qué bueno que estés acá.



Noche de abrazos

Esta es una noche de abrazos. Me abrazo con Marlene, me abrazo con Claudia Acuña (bueno, con Claudia siempre nos abrazamos), me abrazo con Mariana Collante, me abrazo con Eduardo Anguita (sí, aquí estoy, Eduardo, ¿dónde iba a estar?), me abrazo con Dani Tavarone (Dani, qué linda sorpresa, tanto tiempo), me abrazo con Maxi Vecco (responsable de los videos de ¡Mueva la patria!), me abrazo con mi compadre falopero Felcho Marquestó (nos encontramos de casualidad; él fue a la plaza con Ramón, su hijo de 8 años), me abrazo con el gran Poroto D’Addario, exquisita pluma chabona de Página 12, que está haciendo la cola a la altura de Bernardo de Yrigoyen entre Avenida de Mayo y Rivadavia, me abrazo con Juampi Pichetto, a quien hace años que no veo, y en qué andás, y me cuenta que está haciendo Clase Turista, y me alegro, qué buen programa, y nos fumamos esa tuca que queda, qué bueno vernos, pensamos, y claro, cómo no íbamos a estar acá.

Aquí estamos. Con esa bola de nervios, esa bola de cagazo y esa bola de emoción al vernos, al constatar eso, que aquí estamos. Somos bien distintos y de repente nos damos cuenta de que también podemos ser bien iguales. O que, bueno, esto es lo que nos une. Que no debería haber rencores a partir de esto. Que sí, después da para discutir, para cagarnos a puteadas, a bardearnos, a mandarnos a la concha de nuestras madres o a la puta que nos parió, que si ya llegaron los putos es probable que en cualquier momento también lleguen las putas peronistas, y tampoco tengamos miedo a volvernos un poco trogloditas (o a seguir siendo peronistas, como prefieran), ahora que todos estamos aprendiendo a ser más correctos. Pero siempre teniendo en cuenta esta noche. A bardear, a discutir, pero sabiendo cual es nuestro lugar en el mundo, dónde vamos a marchar cuando las cosas se pongan pesadas. Pensemos en Néstor.



Pensemos

Eso, pensemos en Néstor. No por obligación, sino porque eso es lo que nos sale: pensar, reflexionar, intentar hacer política. Porque después del abrazo, del reconocernos, de la certeza a mitad de camino entre el “qué bueno que estás acá” y el “claro, cómo no ibas a estar acá”, llega la discusión, la reflexión. Si hay algo para lo que sirvió esta noche es para constatar un par de cosas que, hasta hoy, no eran más que cuestiones que se afirmaban sobre la intuición. Ahora nos damos cuenta que era verdad, que la política había vuelto, que la militancia había vuelto. Y esta, la noche del Chau Néstor es la noche de la política y la noche de la militancia.

La vuelta de la política. La vuelta de la militancia. La vuelta de los pendejos a la militancia. Pensemos en Néstor. No, no fue Néstor quien construyó todo esto. Si Néstor fue apenas un gobernador peronista de los 90. Un gobernador de una provincia petrolera que estuvo en la primera línea de combate de la privatización de YPF. Un aliado de Menem y Cavallo. Un tipo al que, antes de llegar a ser presidente, jamás le importó lo que decían los movimientos de derechos humanos, que jamás se preocupó por los crímenes de la dictadura y que, encima, era el candidato de Duhalde.

Sin embargo, Néstor no sólo no defraudó, sino que sorprendió. Uno no esperaba casi nada y el tipo se mandó con varias cosas inéditas y esperanzadoras. Y siguió, aunque todas podrían resumirse en una: no tengo claro si Kirchner era mi amigo, pero estoy seguro de que irritaba a mis enemigos. No sé si a todos (las críticas que tuve, tengo y tendré tienen que ver con eso, con aliados impresentables), pero sí a muchos. Demasiados para los que nos tenía preparada la historia argentina. Y estas cosas sólo se pueden medir en perspectiva histórica.



Juan Domingo K

Más allá de las críticas que puedo tener, creo que Néstor Kirchner (él y Cristina) fue el mejor presidente de la Argentina en los últimos 50 años. O, más precisamente, el mejor desde Perón, desde el primer peronismo, el de los 50. O, para decirlo en términos más constatables, fue el que más se enfrentó a mis enemigos y a los enemigos de toda la gente que vino esta noche. Por eso hay tanta gente que dice “yo no lo voté, pero aquí estoy”, “yo no soy peronista, pero aquí estoy” o “yo soy de izquierda, pero aquí estoy”, como me dijo el pibe que subía al lado mío por las escaleras mecánicas del subte E, cuando llegué a la plaza el jueves a la tarde.

Sí, el mejor desde Perón. Juan Domingo Perón, para más datos. Un milico con simpatías por el Eje durante la Segunda Guerra Mundial, que participó en los primeros golpes de Estado de la Argentina, como oficial del Ejército. Un tipo del que no había mucho que esperar, o más bien de quien se podía esperar lo peor. Sin embargo…

Como Perón, Kirchner hizo mucho más que lo que se esperaba de él. Pero hay algo más que identifica a ambos líderes, a ambos presidentes. Está claro que el peronismo es algo mucho más trascendente, mucho más complejo y mucho más rico que la figura de Juan Perón. Pues bien, si el kirchnerismo es esta plaza, si son esos pibes (y también esos señores, esas señoras, esos laburantes, esos viejitos, esos putos, esos fumones, esos oficinistas, esos fans de 678, esos flacos que se están tomando una birra, toda esa gente que hace seis, ocho, diez horas que está haciendo la cola para pasar 30 segundos a cinco metros del ataúd cerrado donde está el ex presidente), está claro que ese movimiento político y social trasciende con creces a Néstor Kirchner.

No, Néstor no construyó todo esto, pero Néstor fue quien lo leyó. El emergente y, al mismo tiempo, quien abrió el juego. Olvidémonos de la lista de virtudes (Corte Suprema, estatizaciones, juicios a los represores de la dictadura, asignación universal, integración continental) y defectos (pejotismo, mineras, petroleras). En otro momento podemos discutir todo eso. Ahora es el momento de centrarse en el principal logro de este Gobierno: la militancia.



A lo chori

“Chipa, chipa”, grita la paraguaya, sentada en un banquito, con su puestito improvisado donde vende el modesto manjar guaraní. Chipa y no chipá, que quede claro. Acaba de llegar, son las once de la noche. “A la rica chipa”. A su lado, una mujer vende pósters con la foto de Néstor y Cris, y papeles y fibrones. ¿Para qué? Lo aclara en el papel que tiene escrito: “Néstor, siempre con vos”, dice el papel, escrito con fibrón. Que cada uno escriba lo que quiera, pero que todo el mundo sepa que puede escribir cosas como esa, como una forma de hacer catarsis o de romper el cerco mediático de Clarín.

Más allá, un tipo comienza a prender la parrilla. “El chori y el paty salen como piña”, me dice un parrillero que está prendiendo otro fuego porque ya agotó stock y va por el ballotage. Se venden también banderas, cintas negras, escarapelas. Y para beber, gaseosas, cerveza, café. Me cuenta Mariano Lucano (estoy caminando por avenida de Mayo con él y con Flavia, su novia) que en el entierro de Alfonsín (no, no fui) no había choris ni nada de eso. Pero que, a cambio, el McDonalds de enfrente del Congreso estuvo abierto toda la noche.

Acá los negocios están cerrados. Los bares bajaron sus persianas después de la medianoche y sólo quedan algunos, poquísimos, maxikioscos. Por eso a la una de la mañana se siguen prendiendo parrillas. Puede parecer liturgia peronista, pero acá los compañeros tienen hambre. Y el chori se cobra, eh. No se regala, eh. Que acá no hay micros, no hay aparato, loco, eh. Nadie vino por el chori y la Coca. Ni siquiera vino por Néstor. Acá la gente, la mayoría de la gente, vino a hacer el aguante y a no sentirse tan sola. Vino a tratar de dejar claro que esta vez no, no nos van a volver a cagar.



Qué grande sos

Sí, claro, los pendejos. Sí, claro, la clase media progre. Sí, claro, los zurdos, los intelectuales, los universitarios, los profesionales. Por supuesto, todos ellos están. Pero también está el peronismo. También está la gente que se tuvo que tomar tres bondis para ver el cajón. Está Zulema, que vino de San Justo. Está la gente del Docke y otros que vinieron desde las provincias. También están (en primera línea) los militantes peronistas de veintipico, de treintaipico, esos productos tan típicamente Néstor que volvieron a sentir orgullo de ser peronistas. Que cantan la Marcha y se emocionan y hacen emocionar a quienes alguna vez nos emocionamos cantando la Marcha.

Otros hits: “Olé, olé, olé/ Nestoooor… Nestoooor”, con acento en la “o” alargada final. Pero sobre todo uno, bien peronista, que advierte: “Che gorila, che gorila/ no te lo repito más/ si la tocan a Cristina/ qué quilombo se va armar”. Ese y el de Cobos son los más escuchados. Los pibes proponen, advierten. Nadie dice boludeces, ni nadie evoca fantasmas. Hay un mensaje concreto: no jodan. Y viendo toda esa gente, sintiendo la emoción y la onda que hay en el aire, por un momento da para el entusiasmo, da para pensar que quien sabe, tal vez…



Oficialitis

Néstor irritó a nuestros enemigos y más allá de las diferencias, más allá de las medidas y aliados impresentables, más allá de la minería y el pejotismo, el espanto que generaban esos enemigos siempre pudo más. Y cada vez que alguno de estos enemigos mostraba los dientes y las uñas daba ganas de volverse más K que Orlando Barone. Sí, lo confieso: muchas veces, escuchando a Biolcatti, leyendo a Morales Solá o a Mariano Grondona o viendo algunos títulos de Clarín me dieron ganas de pasar por la galería Bond Street, tatuarme la cara de Néstor y Cris en la espalda y después salir, ir al estudio de Canal 7 donde se graba 678 y decir: “Mirá, Barone, a que vos no tenés un tatuaje así, soy más oficialista que vos”.

Desde el miércoles, cuando Néstor la quedó en Calafate, las bestias comenzaron a mostrar los colmillos. Son los mismos simios gigantes que quisieron dictarnos lecciones republicanas impresentables luego del velorio de Alfonsín, sin olvidar que ellos habían odiado a Alfonsín. Pero claro, Alfonsín se quedó ahí. Lo intentó tibiamente, arregló, no supo. Sí, por supuesto, vivió modestamente, no como estos millonarios santacruceños. Pero políticamente terminó devorado por sus enemigos, sin siquiera haber atinado a pelear como es debido. Se confió, actuó como una persona y, como tal, creyó en la humanidad de las bestias que lo rodeaban.

No, Néstor no era de esa estirpe. Néstor peleaba. Por eso, como bien dice Beatriz Sarlo, prefirió no convertirse en patriarca y morir luchando. Por eso, en su despedida, no hubo ningún Biolcatti, ningún Cobos, ningún Morales Solá, ningún Duhalde. Sí, claro, nadie se alimenta de vidrio: sí hubo un Scioli o un Gioja. Pero otra vez: se podrá criticar a los amigos, pero nunca se dudará de la calaña de los enemigos. Porque lo mejor de Néstor era cuando no dialogaba con quienes reclamaban diálogo pero en realidad querían exigir, y cuando se peleaba con quienes merecían que los cagaran bien a trompadas.

No se trata aquí de comparar entierros. Pero no sólo es necesario dejar en claro que a Néstor lo despidió por lo menos el doble de la gente que le dio el último adiós a don Raúl. También sería bueno recordar que entonces hubo algunos imbéciles que destacaron lo masivo del entierro de Alfonsín (que lo fue) y presagiaban una muerte en soledad para Néstor. Que la chupen, que la sigan chupando. Vos, gorila republicano, la tenés adentro. ¡Vamos todos! “Tomala vos/ dámela a mí/ el que no salta/ es de Clarín”.



9 años no es nada

Camino con Mariano Lucano y de repente tengo un dejà vu. ¡Esto parece el 2001! Cuando también caminé con Mariano, por estas calles, dos años antes de Barcelona. Bueno, no, nada que ver: todo está tranquilo, no hay represión, ni siquiera un poquitín de clima tenso o jodido, ni siquiera una pizca de paranoia. Hay miedo, sí, pero es un miedo por el devenir político, no por el presente, no por la caminata por estas calles. Y hay que decirlo aunque suene pelotudo o inocente: hay esperanza. Por lo demás, estamos como entonces. Nueve años no son nada. Somos los mismos que entonces. Y algunos otros, más pendejos, que podrían haber estado ahí.

Mariano me cuenta que ayer se cruzó con Diego Parés (el dibujante que mejor retrató el 20 de diciembre de 2001) y con el Niño Rodríguez. Me imagino que deben estar (como Mariano, como yo) descosiéndose el cerebro pensando en qué carajo van a decir, qué corno es lo que van a dibujar de todo esto. A mí se me enquilomba todo. No puedo parar de pensar, como todos los que estamos aquí. Como no podemos (sí, lo bueno de esto es lo fácil que es pasar del “yo” al “nosotros”) dejar de sorprendernos y emocionarnos, como todos los que estamos aquí.



Gracias totales

Aquí abunda el análisis político al paso. Lo admito, no puedo parar de hablar con todo el mundo. Charlo, discuto (ya lo dije, ¿no?). Por supuesto, se habla de quién ocupará el lugar de Néstor. Quién se bancará al PJ, quién evitará el aluvión Scioli, cómo hacer para no cagarla en este momento político que, bien manejado, puede ser bastante favorable para una salida digna. O sea, para evitar que el Mal Mayor se haga cargo del asunto. Y para neutralizarlos por un buen rato. El precio a pagar puede significar el convencimiento casi religioso de que aquello que considerábamos el Mal Menor se transforme de repente en un Bien Aceptable. O al menos que mude su domicilio a los suburbios del Bien, a pocas cuadras del Riachuelo o la General Paz del ideal ideológico.

Más allá de la especulación macro política, el verdadero desafío es ver cómo articular todo esta voluntad colectiva, este montón de ganas, de abrazos y de emoción al margen de toda especulación electoral. Por supuesto, lo electoral existe y es relevante. Pero nadie piensa en Máximo o en Alicia por aquí. Ya se verá si el hijo presidencial puede realmente ser una opción y si eso realmente puede ser bueno. Por el momento, parece tener menos carisma que Fabián Matus, pero estos momentos suelen hacer milagros. Si no, mírenlo a Ricardito Alfonsín.

Lo que realmente importa ahora es cómo salir de esta plaza. Y lo más importante, cómo hacer para volver a encontrarnos todos aquí, con esta misma emoción, con esta misma fuerza. Cómo tener la certeza de que, si nos joden, aquí vamos a estar. Aguantando los trapos. No los de Néstor ni los de Cristina. Los nuestros, los de los montones de personas que no queremos que nos rompan las pelotas. Los de todos aquellos que estuvimos horas y horas esperando para ver durante 30 segundos un ataúd cerrado, porque sabíamos que allí adentro había un tipo especial.

Un tipo que no fue ni un héroe revolucionario, ni un gran ideólogo, ni siquiera alguien muy parecido a nosotros. Sin embargo, ese tipo fue quien hizo el milagro de juntarnos, de hacernos tomar conciencia de que somos un montón y de darnos cuenta de que hay ciertas cosas que no vamos a permitir. Bueno, no exageremos, que somos frágiles. Pero al menos ahora sí tenemos claro que hay cosas con las que no se jode. Por eso, aunque sólo sea por eso, gracias Néstor.

martes, 2 de noviembre de 2010

BASTA DE KIRCHNER, por Teodoro Boot



Ayer vi por televisión a la Cristina que esperaba. Se ha hablado mucho de la astucia de Néstor Kirchner: creo que ahora debemos agregar esta cualidad al cuadro político de primera línea, orgullo de los argentinos bien nacidos, que es la Presidenta. 
Según veo, tuvo la valentía de no pretender ocultar su dolor, y desde allí, desde lo más profundo de ese dolor profundo y definitivo, lanzar una advertencia al enemigo: nada de pretender tratarla como otra chirolita. El rumbo seguirá en la misma dirección, y va a ser profundizado porque esta es la hora, la hora precisa.
Mi amigo Boot lo ha escrito de un modo inmejorable.     


Escribió Teodoro Boot:

Fuera del caso de algún tonto irredimible que envió su pésame “institucional” desde la ciudad de Buenos Aires, la reacción general de medios y políticos opositores fue primero de una encomiable prudencia que pronto mutó en elegía, dando cuenta tal vez del fervoroso afecto popular manifestado en las calles. Así, gentes que habían acusado a Néstor Kirchner de las peores infamias, como la de “traidor a la patria”, y eso es mucho decir, y que hace un par de meses le endilgara Solanas, descubrieron súbitamente en él un modelo de virtudes cívicas, republicanas y patrióticas (también Solanas, que no parece estar del todo cuerdo).
Es posible que personas de a pie, ante la certeza de la muerte y la brutal toma de conciencia de la posibilidad del fin de lo que disfrutan y muy livianamente critican, opten por mirar la realidad con menos capricho y mayor objetividad, pero no cabe esperarse similar reacción de los escribas a sueldo de los monopolios ni de politiqueros (y politiqueras) capaces de bestialidades del estilo “sería divino que Cristina quedase viuda”. Sin embargo, los escribas se apuraron a ensalzar la figura de Néstor Kirchner, reconociendo, de súbito, como fruto de un asombroso satori, el auténtico milagro de que fue artífice y que consistió, permítase recordarlo, en evitar la disolución nacional.
Nada menos.
Y detrás de estas yegüas madrinas de los grandes diarios, se encolumnó rápidamente la tropilla de politiqueros, politiqueras, pretendidos productores y chamuyantes de toda laya, al grito de “Kirchner fue un grande”.
Fue. Nótese.

De mirarse las cosas con ingenuidad o ignorancia de visitante de la galaxia Andrómeda, llamarían la atención los muy diferentes y contradictorios roles que Néstor Kirchner parece haber jugado en la realidad política argentina: mediocre gobernador de una lejana provincia de pastores de ovejas, desaliñado candidato a presidente, títere de Eduardo Duhalde, montonero confeso, montonero encubierto, comunista, falso montonero, nazi, usurpador de los derechos humanos, setentista resentido, hegemónico, chavista, sionista, cornudo, tirano, pollerudo manejado a su arbitrio por una neurótica, autoritario, verdadero poder detrás del trono, etcétera, etcétera, etcétera.
En cambio, de haber vivido algunos años en este país y de mirar las cosas sin anteojeras ni lentes deformantes, hasta el visitante de Andrómeda podría haber comprendido que nadie, ni un demente irremediable, ni un poseso por el espíritu de Asmodeo, podría haber sido víctima de tal multiplicidad de tan contradictorias personalidades. Y aguzando más la vista, advertiría que siempre y en todos los momentos, se trató de difamar, deteriorar, erosionar, vaciar la autoridad política no de Néstor Kirchner, sino del presidente de la nación.

¿Es un espíritu, un propósito libertario el que ha movido y mueve esta demolición? ¿O es en cambio el permanente intento de llevarnos a la disolución?
Cabe sospechar y con bastante fundamento, que esto último es lo que está detrás de las grandes campañas, de las grandes operaciones mediáticas de erosión del presidente, o la presidente. No importa la de quién: basta con que sea la de aquél dispuesto a construir y defender esa autoridad. Y no por autoritarismo, sino porque en esa autoridad radica la unión y en consecuencia, la fuerza y la libertad de nuestra sociedad.
Viene desde el fondo de nuestra historia. Tras la independencia y la larga guerra civil –que según algunos comenzó en 1820, con la batalla de Cepeda, y según otros en 1813, con la detención de los  delegados constituyentes artiguistas ordenada por Alvear– fue Rosas quien, valido de la autoridad y el poder que le conferían su personalidad y el dominio de la aduana, consiguió impedir que los cuatro países en que nos convertimos durante la independencia hubiesen terminado siendo seis, o diez.  Hasta sus enemigos se lo reconocieron, post mortem naturalmente, y es así que la Constitución de 1853/60 recoge fundamentalmente uno de los principios centrales de las Bases de Alberdi, el que sostiene la necesidad de elegir periódicamente, por tiempo determinado y sujeto a la Constitución, a un monarca al que, por una concesión republicana, llamamos “presidente”. No hace lo que quiere, sino que está sujeto a las leyes. Pero sólo y únicamente sujeto a las leyes. De ahí la existencia del poder del veto y del de desempate en el senado a favor del ejecutivo, que viene a ser siempre “el oficialismo”, detalle que debería hacer reflexionar sobre la flagrante violación a la Constitución que perpetra casi cotidianamente el señor Cobos.
En verdad, en ningún sitio la Constitución dice que el vicepresidente debe obligadamente desempatar a favor del ejecutivo, de la misma manera que no dice que el presidente no deba oponerse a sí mismo. Eso es tan obvio que no es necesario decirlo (como no es necesario decir que está mal visto violar al abuelito hemipléjico y nonagenario): simplemente se desprende de la lógica del texto y del espíritu de lo que está escrito. En este caso, la Constitución.

No es casual que los países americanos, donde la ilusión fue anterior a la realidad, las leyes a la sociedad  y el Estado a la nación, imperen abrumadoramente los regímenes presidencialistas, en contraposición a los europeos, donde la nación fue anterior al Estado y la sociedad a sus leyes, donde los regímenes, monárquicos o republicanos, son parlamentaristas. En unos, sometidos a fuerzas e influencias centrífugas, se trata de construir la nación a través de una autoridad central; en los otros, de limitar la autoridad central en una nación ya construida. Son procesos y circunstancias históricas muy diferentes, y es necesario reconocer en todo momento dónde está uno parado para no quedar confundido por los principios abstractos. Digresión que viene a cuento para entender el cómo  y el por qué de la persistente tendencia a erosionar la autoridad presidencial, cuando ésta se ejerce, claro.
Desde esta perspectiva es sencillo comprender la seguidilla de contradictorias infamias de que en vida fue víctima Néstor Kirchner así como su exaltación actual, pues siempre se trató de evitar la unidad y reconstrucción nacional impidiendo la edificación de un poder político central, en los casos americanos, necesariamente presidencial.

Puede ser verdad que en su ausencia temporal y, mucho más, en la definitiva, sea posible calibrar la verdadera dimensión de los hombres, la calidad e intensidad de su influencia en nuestras vidas, pero en la persistente, en casos sorprendente, y en general desconcertante exaltación de Néstor Kirchner por parte de los grandes medios se oculta el mismo soterrado propósito: socavar la entidad y autoridad política presidencial en la persona de la presidenta actual. Así, la otrora histérica y neurótica harpía que manejaba de la nariz al incauto bobalicón patagónico, la crispada autoritaria, ha devenido en una pobre y débil mujer librada a su suerte tras la muerte de quien era su verdadero mentor, una detestable Evita trasmutada por arte de magia mediática en una patética y débil Isabelita.

Se trata de una operación política y ya dijimos cuál es su propósito. A esta operación no se le responde con un “Fuerza Cristina”, “Cristina Conducción” o disparates que gracias al cielo no se han dicho, del estilo de “Cristina es Néstor”, porque lo que viene detrás es la intención del retroceso, la reconstitución de un “consenso federal” sujeto al arbitrio de caudillos provinciales conservadores, el deshilachamiento de los bloques parlamentarios, el avance de caudillejos pejotistas y, en consecuencia y en defensa propia , de tutti cuanti. Y siempre a expensas de la autoridad política presidencial, que es donde, guste o no, radica la unidad y posibilidad nacionales.

Pero la operación mediática tiene sus efectos indeseados, sus daños colaterales: la exaltación a ultranza de Néstor Kirchner por parte de quienes ayer nomás fueron sus más acérrimos difamadores hará que más de un distraído empiece a pensar y evaluar las cosas según la debida perspectiva con que las cosas deben ser evaluadas, la perspectiva histórica, los grandes plazos, los trazos gruesos en los que tan imbécil resulta detenerse en minucias y detalles. Y junto a este “efecto colateral”, a esta “indeseable consecuencia” está lo que el veterano Víctor García Costa definiera como “El más sonoro cachetazo de nuestra historia”, el que el pueblo argentino le propinó a esa falaz y descreída clase mediático‑política en estos días de aguerrido duelo en gran parte de las plazas del país. 
La de Mayo fue una plaza emblemática, que aunque novedosa y sorprendente para algunos, resultó para otros un revival: más allá de las múltiples excepciones, desde su composición social y etaria, fue una plaza propia de los momentos de ruptura, transformadores, revolucionarios si se quiere: trabajadores, profesionales, intelectuales, estudiantes, artistas, amas de casa, empleados de comercio, oficinistas y pobres casi privados de todo (excepción hecha de lo conseguido en los últimos años), en forma abrumadora, mayoritariamente menores de 30 años y por encima de los 55/60. 
Es una conjunción explosiva, de una potencialidad tan asombrosa como arrolladora; así de mayoritariamente juvenil y heterogénea fue la plaza del 17 de octubre y así fueron las “plazas” de los 70. Y así fue, seguramente, la composición de esa abigarrada, dolida, agradecida y militante multitud que en 1933 transportó a pulso el féretro de Hipólito Yrigoyen en escenas que inevitablemente era posible evocar en Río Gallegos.
La similitud de las imágenes sorprende y alienta esperanzas tanto como templa ánimos ante la insidiosa y atractiva operación mediática que exalta a Néstor Kirchner como forma de disminuir a Cristina Fernández. Y no por Cristina Fernández en sí, sino por Cristina Fernández como máxima autoridad política nacional. Porque de eso se trata: no de destruir a un partido, a una facción, sino de impedir ya definitivamente la construcción nacional.
Tal vez, sólo tal vez, quienes desde una hipotética y artificial “izquierda” tan útiles han venido siendo a la más concreta y real de las derechas, consigan ver las cosas en su debida perspectiva y comprendan qué es lo que se encuentra en juego.
Tal vez, sólo tal vez…

El punto aquí parece ser que el peronismo, el kirchnerismo, cesen en los homenajes y su duelo tan rápido como puedan acabar con los sectarismos, que si demuestran algo eso sería que no se entiende la situación por la que se atraviesa. A nadie que mira la realidad con alguna objetividad puede escapársele las enormes chances que tiene la señora presidenta de ser reelecta. Está en la calle, está en la súbita toma de conciencia de tantos argentinos, es uno de los “daños colaterales” de la operación mediática gracias a la cual Néstor Kirchner sería hoy absolutamente imbatible, tanto como Luiz Ignacio Da Silva lo es en Brasil, cuando ya no es candidato.
Es muy probable la reelección de Cristina Fernández, cuando llegue el momento y si al momento se llega en auge y no en caída. Hay número y consenso para ello, pero es necesario recordar que los pueblos no valen tanto por su número como por su organización y la calidad de sus dirigentes.
De la calidad de la máxima dirigente nadie puede tener la menor duda. Y lo sigue demostrando. De los demás y de la organización no puede decirse lo mismo y es ahí donde está el centro de gravedad de la pelea política: organizarse y organizar al pueblo. De esa organización surgirán los nuevos dirigentes que tanto la sociedad como la presidenta estarán necesitando.
Que a Néstor Kirchner lo sigan ensalzando los escribas de los monopolios. Nosotros no necesitamos hacerlo: lo llevamos en el corazón.

viernes, 29 de octubre de 2010

CRISTINA, ILUMINADA POR JUAN SALVO

Por si no fuera suficiente la fuerza del Yedi, Obi Wan Kenobi, a Cristina la protege Juan Salvo, El Eternauta


martes, 8 de junio de 2010

Acerca de esta mujer, por Juan Montes

Se habló del país virtual y el país real. Entre ambos, emerge a su vez, un tercer país: el país de la percepción que viene a desvirtuar, tímidamente, el apocalipsis que promueve el primero y a descubrir, con la misma timidez, algunas certezas esperanzadoras del segundo. Esta nueva lectura que algún sector de la sociedad comienza a hacer es consecuencia de una actitud política: instalar el debate social, resignificar la participación activa de base y confrontar antiguas dicotomías rayanas al tabú, al prejuicio y en el peor de los casos, al desinterés. Este, y no otro, definitivamente es el mayor y mejor logro de esta mujer, que, guste o no, es la presidenta Cristina Fernández. Todos los demás aspectos son desprendimientos de esta decisión. Y es éste y no otro, definitivamente, el caldero donde hierve el caldo del odio, la sal que hiere al dibuk, las causas que causan terror.
A partir de esta premisa hay que destacar algunos méritos. Entre ellos está el que habiendo sufrido una conspiración de acontecimientos que auguraban su fracaso, pudo salir airosa y sin triunfalismos, como un bote que emerge de la furia tormentosa en el océano. Remontó la crisis internacional, padeció uno de los mayores default de nuestra historia, soportó la más férrea denigración mediática, amortiguó los golpes de una devastadora oposición que huérfana de líderes demócratas verdaderos tiene como fin debilitar a un gobierno que -vaya la paradoja y la hipocresía- la misma oposición integra, aguantó la indiferencia y la adversión de sectores de los que se espera un convenio tácito sobre cuestiones básicas como lo son los derechos humanos, la democratización de los medios y el respeto a las instituciones, la asignación universal y las políticas educacionales.
Los que miran profundo ven lo verdadero. Aquí se inicia otro mérito: esta mujer no salió a derrumbar los castillos de arena desde cuyos balcones profetisas descarriadas o séquitos de cletómanos auguraban catástrofes. Dejó, con paciencia materna, que caigan solos: se dijo que el campo se fundiría, el campo no se fundió; se vaticinó una estampida del dólar y el dólar se mantuvo manso; se pronosticó una política de ajustes y la respuesta fue más medidas sociales; se le endilgó una calidad de títere de su esposo y demostró muy clara su autonomía; se amenazó con una chavinización de la República y mostró estar tan cerca de Chávez como de Lula o Evo Morales, se la tildó de montonera y el único ejército que mostró fueron los fans de 6-7-8.
Esta mujer es más que Chanel y Louis Vuitton. Es la mandataria que aplicó políticas que nadie, desde hace cincuenta años, se animó a aplicar. Y eso es meritorio. Fue más allá en un país donde los límites siempre fueron impuestos por sobre los gobiernos. Y eso, por ser meritorio, es para muchos imperdonable. Y en ese ir más allá descoloca, desconcierta, desestabiliza a todo el arco político que balbucea contradicciones. Néstor Kirchner es predecible y por lógica su Gobierno fue de crecimiento cuantitativo. Esta mujer no construye política, instala el debate de la política misma; no polemiza en primera persona, instala la polémica y deja que los actores sociales polemicen. El Gobierno de esta mujer es cualitativo y eso la diferencia del resto.
En este escenario que esta mujer provocó, en el mejor sentido de la provocación, aparecen dos líneas claramente definidas: retoma políticas inclusivas de Perón y la actitud confrontativa de Eva. Y antes de hacer comparaciones con Perón y con Eva, es preferible arriesgar dos lecturas posibles: este Gobierno es lo más parecido al Gobierno peronista en los últimos cincuenta años y la mujer que lo encarna, antes que otra cosa, antes que ninguna otra cosa, es, como dice un amigo, un cuadro político. Y un cuadro político privilegia, por sobre todas las cosas, su noción colectiva del concepto Patria.
Este Gobierno no tiene muertos propios. No reprimió el default del campo ni las movilizaciones contrarias. Enfrentó a los adversarios, a los opositores y a los enemigos con la palabra, con la invitación a debatir o el desafío a discutir. Y este mérito, genera impotencia y la sucede el odio. Esta mujer quebró los esquemas: no sacó a la CGT a la calle, no movilizó su "clientelismo social", no fue violenta como muchos quizás, peligrosamente, hubieran querido. Fue hasta lugares donde hasta hace cinco años eran impensados: puso en evidencia no sólo el andamiaje de los medios de comunicación, sino además, abrió el debate sobre el rol, la ética y la imparcialidad de los periodistas; desmitificó la soledad de las madres y sacudió el letargo impune de los crímenes de lesa humanidad; adhirió activamente a la más sólida intencionalidad de integración latinoamericana…
¿Cómo no va a generar odio si hace lo que otros gobiernos populares hubieran querido hacer? ¿Cómo no va a generar odio si hace lo que cualquier gobierno antipopular no quisiera que se haga? ¿Cómo no va a generar odio si para colmo esta mujer, es mujer?

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