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miércoles, 25 de mayo de 2011

El 25 de Mayo y la patria





DESCUBRIMIENTO DE LA PATRIA


Leopoldo Marechal
1

Dije yo en la ciudad de la Yegua Tordilla:
“La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo”.
Los apisonadores de adoquines
me clavaron sus ojos de ultramar;
y luego devoraron su pan y su cebolla
y en seguida volvieron al ritmo del pisón.

2

¿Con que derecho definía yo la Patria,
bajo un cielo en pañales
y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda?
Los apisonadores de adoquines
escupieron la palma de sus manos:
en sus ojos de allende se borraba una costa
y en sus pies forasteros ya moría una danza.
“Ellos vienen del mar y no escuchan”, me dije.
“Llegan como el otoño: repletos de semilla,
vestidos de hoja muerta.”
Yo venía del sur en caballos e idilios:
“La Patria es un dolor que aun no sabe su nombre”.

3 

Una lanza española y un cordaje francés
riman este poema de mi sangre:
yo también soy un hijo del otoño,
que llegó del oriente sobre la tez del agua.
¿Qué harían en el Sur y en su empresa de toros
un cordaje perdido y una lanza en destierro?
Con la virtud erecta de la lanza
yo aprendí a gobernar los rebaños furiosos;
con el desvelo puro del cordaje
yo descubrí la Patria y su inocencia.

4 

La Patria era una niña de voz y pies desnudos.
Yo la vi talonear los caballos frisones
en tiempo de labranza;
o dirigir los carros graciosos del estío,
con las piernas al sol y el idioma en el aire.
(Los hombres de mi estirpe no la vieron:
sus ojos de aritmética buscaban
el tamaño y el peso de la fruta.)



La Patria era un retozo de niñez
en el Sur aventado, en la llanura
tamborileante de ganaderías.
Yo la vi junto al fuego de las yerras:
¡estampaba su risa en los novillos!
O junto al universo de los esquiladores,
cosechando el vellón en las ovejas
y la copla en las dulces guitarras de setiembre.
(No la vieron los hombres de mi clan:
sus ojos verticales se perdían
en las cotizaciones del Mercado de Lanas.)



Yo vi la Patria en el amanecer
que abrían los reseros con la llave
mugiente de las tropas.
La vi en el mediodía tostado como un pan, 
entre los domadores que soltaban y ataban
el nudo de la furia en sus potrillos.
La vi junto a los pozos del agua o del amor,
¡niña, y trazando el orbe de sus juegos!
Y la vi en el regazo de las noches australes,
dormida y con los pechos no brotados aún.

7 

Por eso desbordé yo mi copa de tierra
y un cachorro del viento pareció mi lenguaje.
Por eso no he logrado todavía 
sacarme de los hombros este collar de frutas,
ni poner en olvido aquel piafante 
cinturón de caballos 
ni esta delicia en armas que recogí en Maipú.

8

Guardosos de semilla, 
vestidos de hoja muerta,
los hombres de mi clan ignoraron la Patria.
Con el temblor sin sueño del cordaje 
la descubrí yo solo allá en Maipú.
Y de pronto, en el mismo corazón de mi júbilo, 
sentí yo la piedad que se alarmaba
y el miedo que nacía.
“La Patria es un temor que ha despertado”, 
me dije yo en el Sur y en su empresa de toros.
“Niña y pintando el orbe de su infancia,
en su mano derecha reposa la del ángel
y en su izquierda la mano tentadora del viento.”
El temor de la Patria y su niñez 
me atravesó encostado (la cicatriz me dura).



Tal fue la enunciación, el derecho y la pena
que traje a la Ciudad de la Yegua Tordilla.
Y así les hablé yo a los inventores
de la ciudad plantada junto al Río,
y a sus ensimismados arquitectos,
o a sus frutales hombres de negocio:
“La Patria es un dolor en el umbral,
un pimpollo terrible y un miedo que nos busca.
No dormirán los ojos que la miren,
no dormirán ya ell sueño de los bueyes.”
(Los apisonadores de adoquines
masticaban su pan y su cebolla.)

10 

Y así les hablé yo a los albañiles:
“La Patria es un peligro que florece. 
Niña y tentada por su hermoso viento,
necesario es vestirla con metales de guerra
y calzarla de acero para el baile
del laurel y la muerte”.
(Los albañiles, desde sus andamios
hacían descender cautelosas plomadas.)

11 

Y dije todavía en la Ciudad,
bajo el caliente sol de los herreros:
“No solo hay que forjar el riñón de la Patria,
sus costillas de barro, su frente de hormigón:
es de urgencia poblar su costado de Arriba, 
soplarle en la nariz el ciclón de los dioses. 
La Patria debe ser una provincia 
de la tierra y del cielo.” 

12 

Me clavaron sus ojos en ausencia
los amontonadores de ladrillos.
Los abismados hombres de negocio
medían en pulgadas la madera del norte.
Nadie oyó mis palabras, y era justo:
yo venía del Sur en caballos y églogas.

13

Y descubrí en mi alma: “Todavía no es tiempo:
no es el año ni el siglo ni la edad.
La niñez de la Patria jugará todavía 
más allá de tu muerte y la de todos
los herreros que truenan junto al río.”

14 

La Patria no ha de ser para nosotros
una madre de pechos reventones;
ni tampoco una hermana paralela en el tiempo
de la flor y la fruta;
ni siquiera una novia que nos pide la sangre
de un clavel o una herida.

15 

Yo la vi talonear los caballos australes, 
niña y pintando el orbe de sus juegos.
La Patria no ha de ser para nosotros 
nada más que una hija y un miedo inevitable,
y un dolor que se lleva en el costado
sin palabra ni grito.

16

Por eso, nunca más hablaré de la 
Patria.

lunes, 28 de marzo de 2011

Desde ahora mismo, este blog será PATRIA O COLONIA

Debí empezar por esto, o quizás no. Discurrir sobre el el título del blog me recuerda una estudiantina, y pido disculpas a los lectores que comparten ese punto de vista.
Me imagino ahora a don Roberto Noble sopesando cuidadosamente distintos títulos para el diario que planeaba sacar en otras épocas de la Argentina, cuando era un socialista cajetilla cercano a Fresco, el fraudulento.
No había entonces, cuando don Roberto cavilaba recorriendo tablaos o cabarets, clarinadas que advirtieran sobre el desarrollo de la industria pesada. Tampoco debió imaginar, estoy seguro, sobre la sospecha de que unos análisis de ADN pudieran cambiar dramáticamente el rumbo de un multimedios, y menos todavía que la tapa tuviera el poder de voltear a un gobierno, o cuanto menos intentar esmerilarlo, como intenta inútilmente hoy en día.
No. El "ideario" de Don Roberto iba por otros rumbos más cercanos a los módicos capitales alemanes que le dieran el impulso inicial (capitales que, justo es recordarlo, serían congelados en medio de la segunda guerra mundial dando origen más tarde al poderoso grupo DINIE de empresas industriales), a las notas de deportes y espectáculos, y a los avisos clasificados donde, seis décadas después, reinaría el rubro 59. Por eso terminó siendo "Clarín", por sus resonancias militaristas: como todos sabemos, el clarín estridente sonó cuando llegó la hora de la espada.
"La Nación", tribuna de doctrina, se refirió siempre al concepto que Mitre tuvo sobre la idea de Nación, a saber, una Colonia inglesa o una Colonia en general.
Del otro lado, "Qué" llevó a miles de lectores el pensamiento de Arturo Jauretche y la resistencia peronista. "Noticias" fue un diario cercano a Montoneros. Y "El Mundo", al PRT-ERP. Durante muchos años, "La Razón" fue la razón de los servicios de inteligencia.
De modo que, en materia de títulos, tenemos de todo: los que sugieren un rumbo, los que no y los que más o menos.
Desde hoy este blog volverá a su título original, Patria o Colonia, porque esa es la cuestión. Porque he recibido juiciosos comentarios sobre la etimología precisa del término "jarana", aunque vale tener en cuenta que las palabras cambian su significado según las épocas y los lugares.
Pero también porque creo que  la "alegría" (tomada aquí, acaso equivocadamente, como sinónimo de jarana) en sí misma poco representa cuando no tiene un motivo, motivo del que forman parte no solo la voluntad sino también la decisión y el rumbo. Tenemos alegrías bobas, alegrías serias o aburridas o profundas, jaranas a secas, bullicio que parece alegría, y también esos goces derivados de la corrupción política y la corrupción en general, como la hoy desacreditada vida loca.
De esto cavilaba el autor, que se permite ahora el uso presuntuoso de la conjugación, durante la monumental movilización de este 24 de marzo, teniendo un ojo puesto en los dolores y ausencias que expresaba, y el otro en el uso y abuso del cotillón y el jolgorio como si éstos reemplazaran a los motivos profundos que movilizan a los pueblos. Se preguntaba qué significa transformar la realidad, o en todo caso qué es la política si no transforma la realidad y su necesario colofón, a saber, que aquello que no transforma la realidad no es política sino otra cosa más pedestre y que por ahora no definiremos, y fue allí donde se perdió por un momento, confundido entre otros miles y miles que caminaban hacia Plaza de Mayo.
Al fin y al cabo, "la revolución productiva", el "salariazo", etc., fueron el cotillón y el marchandising de la más monumental entrega de la Argentina de que se tenga memoria, aunque eso hubiera comenzado en 1976 o incluso en 1955.

Los tipos de nuestra generación tenemos serios motivos para estar alegres hoy en día, siempre y cuando insistamos en este rumbo. Y confiamos en que así será porque las nuevas generaciones llevarán nuestra bandera hasta la victoria.

jueves, 18 de noviembre de 2010

NAVEGAR TANTOS MARES, VENIRSE AL CUETE

Año 1845.
El pequeño pero activo grupo unitario refugiado en Montevideo, intenta una y otra vez derrocar a Rosas y acepta gustoso la colaboración de Gran Bretaña y Francia, y también del imperio de Brasil, todos los cuales operan para desmembrar a la Confederación Argentina y quedarse con los despojos.
El objetivo principal de las potencias imperiales era obtener, incondicionalmente, la libre navegación de los ríos.  Rosas no cede.
En agosto, tropas mercenarias al mando del aventurero José Garibaldi saquean Gualeguaychú. El historiador Saldías da cuenta minuciosa de los robos y violaciones producidas.
En noviembre, una flota conjunta de Gran Bretaña y Francia remonta el río Paraná al mando del sir Charles Hotham, embarcado en el vapor artillado Gorgon. Argentina carecía de embarcaciones armadas para enfrentarla, por defección del almirante Brown también en agosto.
Inglaterra había intentado apoderarse de estas tierras en 1806. En esa oportunidad, una flota que llevaba en la tripulación al aventurero Home Riggs Popham, había cambiado de rumbo: Ferns H.S. ("Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX"), relata que la orden original de Su Majestad era saquear Sudáfrica.
Escribe mi amigo Teodoro Boot:
"Home Popham había quedado con una deuda (de juego) enorme, con (el contrabandista británico-argentino) William Pius White o Guillermo Pio White, contraída cuando ambos pirateaban en la India. Luego de que la escuadra tomara Ciudad del Cabo, White lo interesó en las fabulosas riquezas de Buenos Aires y en lo sencillo de tomar la ciudad. Lo primero era un bolaso para interesarlo. Lo segundo era verdad. A Popham le gustó la idea y le encargó la toma a Beresford".

Reproduce Adolfo Saldías En "Historia de la Confederación Argentina" la proclama de Lucio Mansilla, jefe de las tropas que había decidido acantonar la Confederación en Obligado, cerca de San Pedro:
"Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra patria al navegar, sin más títulos que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! Vamos a resistirles con el ardiente entusiasmo de la libertad. Suena ya el cañón. Tremola en el río Paraná y en sus costas el pabellón azul y blanco, y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea!!"
El resto es conocido. Un tal Álvaro Alsogaray se lució en la defensa de Obligado.
En febrero de 1852, el imperio de Brasil venga la derrota de Ituzaingó: sus tropas entran victoriosas en Buenos Aires luego de la traición de Urquiza.
En agosto de ese año, el mismo Hotham que había conducido el batalla en Vuelta de Obligado, firma con Urquiza la libre navegación de los ríos.

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