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viernes, 21 de octubre de 2011

Lo equitativo que tienen las sociedades en la actualidad

El pensamiento hegemónico se considera infalible, prescriptivo, universalizante, neutral, atemporal e inapelable. Aunque la crisis lo ha puesto en crisis y aparecen aquí y allá voces discordantes, lo cierto es que no ha sido desalojado del centro y la lucha por las significaciones recién empieza.

Ello puede apreciarse, por ejemplo, en el reemplazo generalizado del concepto de igualdad por el de equidad, habiendo invadido este último el lenguaje general, el de las ciencias sociales, cierto pensamiento progresista y el de la burocracia internacional.
Los documentos y planes del Banco Mundial o del Fondo Monetario Internacional, teñidos de una supuesta neutralidad científica, chorrean equidad en términos de buenas intenciones, aunque sabemos que seguir esos programas significa avanzar hacia lo contrario y sabemos también que aunque la cuestión sobre la (nula neutralidad) de las ciencias sociales sea un tema resuelto y archivado desde décadas atrás, se insiste con lo mismo como si nada. 
Esta batalla de significaciones se produce en una etapa de la historia donde el inglés y la tradición anglosajona se han impuesto sobre otros idiomas o tradiciones; y donde la ciencia económica ha avanzado hasta pretender convertirse en una explicación general sobre el sentido de la civilización y la vida humana.

El concepto equidad es una idea mercantilista de la tradición anglosajona, alejado de “justicia social” y cerca de eventuales merecimientos relacionados con la tenencia de bienes. Aparece junto con el capitalismo, la Revolución Industrial, la constitución específica del Estado-nación denominado Gran Bretaña y lo que Marx denominó “la apropiación primitiva”.
Etimológicamente, equidad proviene del latín aequĭtas, que se refiere a un estado de ánimo, templanza y moderación, la propensión a dejarse guiar por la conciencia antes que por las prescripciones de la ley, más por el amor materno -digamos- que por la ley paterna. El inglés lo convirtió en equity, conservando la “u” latina que el español hace muda. En el siglo XV, el concepto se incorpora al sistema judicial inglés, derivando de aquel estado de ánimo relacionado con la templanza y la moderación a las disputas por la propiedad de bienes resueltas por determinados jueces pertenecientes a las courts of Equity que se diferenciaban de las courts of Law.
En esa época, las grandes mayorías no estaban investidas de la condición de “ciudadanos” y los jueces, equivalentes a los modernos jueces de paz, eran elegidos por sus ingresos y no por haber efectuado estudio de leyes, todo lo cual está retratado en la literatura de la época (Dickens, Defoe, Tackeray, Swift, Fielding, etc.).
Recién en 1928 Gran Bretaña incorporará el sufragio universal (antes de 1971 las mujeres no votaban en Suiza, el país perfecto) entendido como una conquista de los asalariados, ya que hasta ese entonces el voto, la representación política y la administración de justicia estaban calificadas por los ingresos.
El voto y la representación “calificadas” estaban regidas, para la base de la pirámide social, por Leyes de Pobres (la primera, promulgada por Isabel I en 1601) y a la que se sucedieron otras versiones donde el eje consistía en que los desocupados estaban obligados a trabajar bajo distintas penas que incluían el hacha.
Limosnas, asilo, capacitación y trabajo obligatorio, a lo que luego se agregó la imposición de no trasladarse de una ciudad a otra. Esas leyes permanecerán vigentes durante la época victoriana.
La desmovilización producida por el fin de la Guerra de los 30 años, la expansión colonial  y la crisis del cultivo de algodón en los campos ingleses permitieron, a grandes rasgos, que los nacientes capitalistas industriales se encontraran con una gran masa de migrantes internos, desocupados disponibles a la fuerza, que fueron la primera mano de obra industrial de Europa con salarios bajísimos, de subsistencia.
Eran modernos siervos de la gleba.

En este marco proveían equidad los jueces de las Courts of Equity.
A diferencia de la tradición jurídica romana que se instaló en la Europa Continental mediante la ley escrita, la equidad surgió en el derecho consuetudinario (common law) inglés, carente de leyes escritas y Códigos ordenadores (Napoleón – Derecho positivo), y que se basaba en la jurisprudencia: casos considerados similares, resueltos en el pasado y ahora tomados por analogía.
A diferencia de las court of Law, que fallaban para una de las dos partes (gilty, not gilty, por ejemplo), las sentencias de las Equity podían contener derechos y obligaciones para ambas partes, limitándose a fallar según el derecho consuetudinario en litigios sobre fideicomisos (trust), hipotecas, rectificaciones o rescisiones de contrato, indemnizaciones, compensaciones pecuniarias, bancarrota, defensa de marcas o distintivos comerciales. Ahora bien, su carácter eminentemente mercantil y mediador indicaba que cierto sector social, los comerciantes, lograron administrar sus propias leyes como herramienta contra el absolutismo real. Es decir, se inscribía en el proceso de constitución de Gran Bretaña como Estado-nación, anterior a la Revolución Francesa y con sus propias particularidades.
Pero la perspectiva histórica no elimina el hecho de que en determinado momento, durante la década de los ’80 del siglo XX, la equidad se incorpora al plexo de las ciencias sociales y la jerga burocrática internacional paralelamente al proceso de destitución de la idea de Estado y a la imposición de las mismas ideas económicas que regían durante el siglo XVI.

Es cuando John Rawls sostiene: “la relación de los individuos con el Estado es como su relación con cualquier corporación privada con la que hayan celebrado un acuerdo. Así, el acatamiento político se interpreta como una obligación contractual privada con una gran empresa monopólica exitosa, el Estado, que es la agencia de protección que domina en esa sociedad. En general no hay una ley pública uniforme que se aplique igualmente a todas las personas, sino una red de acuerdos privados; estos procedimientos pueden diferir de cliente en cliente según los regateos que haya logrado hacer con la agencia dominante” (Rawls, El liberalismo político, FCE 1993).
El autor, profesor de Harvard, describe con precisión cuál es el papel que se pretende reservar al Estado, en cuyo contexto no todos podrán regatear del mismo modo. Unos cuantos, incluso, ni siquiera estarán habilitados para regatear con lo cual se abre la lógica de la violencia.

En este contexto se plantea la cuestión de la equidad. Vale la pena mencionar que el common law se trasladó al territorio de EEUU junto con la colonización del territorio pero tuvo su virtual defunción cuando Roosevelt promulgó las leyes del walfare.
Operado entonces para un caso individual y no del derecho positivo, se da a cada uno lo que merece, sin especificar quién determina eso que se merece, habilitando que sean "los mercados", o las corporaciones privadas anónimas que administran las prioridades sociales, la creación de nuevas necesidades, y los merecimientos.

Para "merecer" debemos hacernos dignos de un premio o castigo, hacer méritos, etc. mientas que la igualdad se refiere a derechos, por así decirlo, inherentes a los seres humanos, o en todo caso, adquiridos por el hecho de nacer, pertenecer a un país o tener una necesidad.

lunes, 4 de julio de 2011

Confusion, mitos y elecciones

Hoy, la militancia kirchnerista asiste perpleja a unas encuestas que no la favorecen en primera vuelta a pesar de esa exuberancia numérica, empeño, historia -incompleta, es cierto, en cuanto al diálogo imprescindible con una generación desaparecida, eso que implica pasar la posta de la voluntad pero también de la creación.
Es que esa militancia o activismo carga asimismo con la pesada mochila que es esa huella indeleble, la de la larga noche que va desde marzo del 76 hasta diciembre de 2001.
Quizás no se entiende del todo por qué (se dice por ahí, no me consta) los votantes de Villa Lugano preferirían a Macri en tanto Daniel Filmus parece apoyar a “los villeros”, la amenaza cercana. Esto sucede cuando el 69  % del electorado de la ciudad considera que la indi-gestión de Macri es entre regular y mala.
¿Cuál es el problema cultural que nos aqueja (como comentó un anónimo o no tan anónimo lector en un post anterior) como para que un sector del electorado vote a su enemigo (Macri, sin duda)?
¿Se resuelve esto cambiando la estrategia publicitaria del Frente para la Victoria? ¿Se puede hacer algo a esta altura, a horas de las elecciones?
¿Es una decisión de la conducción que el FpV gane la CABA? Reconozco que este interrogante puede ser tomado como un comentario envenenado, pero quien esto escribe podría formular al menos un argumento de peso, favorable a la permanencia de este modelo y esta orientación.
¿Hubiera sido distinto si el candidato era Tomada (con un discurso más ideologizado, espejo de la militancia k? ¿O Boudou, a quien se ve, livianamente, como más acorde con la campaña despolitizadora de los globitos de colores?
Aquí tenemos un problema de hegemonía ideológica globalizada que nos trasciende largamente. Pero que preanuncia cuáles son algunas de las tareas pendientes que deberá encarar Cristina en los próximos cuatro años, porque la educación, la cultura, el sistema judicial, la política de seguridad, entre otros ítems, no se han transformado lo suficiente como para que la sociedad, mayoritariamente, opte por la continuidad por algo más que la percepción de que la economía funciona bastante bien, o entre bastante y muy bien a pesar de la inflación.
Inflación que no es percibida como lo que realmente es: un síntoma de la puja distributiva.
La crisis financiera global de 2008 (en EEUU) y 2009 (en Europa) generaron un escenario en el que el sentido común dominante seguía firmemente anclado en los espejismos del neoliberalismo, mientras lo real, la economía, demostraba la inviabilidad total del evangelio de los mercados. Sin embargo, se suele subestimar la infinita capacidad del capitalismo para autoreproducirse. Esto explica por qué la inyección de una cifra astronómica de dólares y euros para revitalizar la demanda global (keynesianismo puro, vivito y coleando) impidieron el colapso del sistema. Que fueran los bancos los que absorbieron esa ayuda no cambia el sentido de la cosa: también sucedió así con los petrodólares de los ’70, originados en países petroleros como Libia, Egipto, Indonesia, Yemen, Irak, etc., que –supusimos erradamente- iban a financiar las revoluciones del Tercer Mundo, cuando en realidad se reciclaron en los bancos y el FMI para generar ese lastre inacabable de la deuda externa.
Hoy se habla del Estado keynesiano. El propio Obama es keynesiano y hasta es posible que el FMI lo sea. Keynes elaboró una teoría para revitalizar el capitalismo, y sobre todo, para la gloria de Gran Bretaña. El capitalismo puede ser proteccionista o librecambista de acuerdo a sus propios intereses del momento. La cuestión es que, existiendo un profundo colonialismo cultural que Argentina no logra superar del todo, cuando el capitalismo central es protecconista para sí, nos convence a nosotros (a nuestras clases dirigentes) de que seamos librecambistas (¿que es el Consenso de Washington sino un librecambismo aggiornado a esta tercera globalización?) para seguir asegurándose un flujo de plusvalía hacia sus dominios. Y es lo que intenta hacer ahora con los países periféricos de la Unión Europea, de modo que es bastante estúpido creer que eixste para Grecia la posibilidad de una "salida a la Argentina". Keynesianismo o políticas activas del Estado para inducir la demanda, no es lo mismo que distribución del ingreso. Lord Maynard Keynes no se propuso hacer una revolución socialista en Gran Bretaña y menos aún distribuir salvo en lo que significara movilizar la demanda global.
Este es el reino del capitalismo financiero. Cuando en la década del ’50, Peron creó Agua y Energía, empresa estatal dedicada a interconectar y generar electricidad, las compañías privadas que la distribuían (CADE e Ítalo, ambas de capitales extranjeros) se sentaron cómodamente a atender a sus clientes transformando su anterior negocio (la generación) en el de distribuir la energía que producía el Estado. Es decir, lejos de invertir en equipos e innovación, se convirtieron en empresas financieras que timbeaban con el cash mensual, la montaña de pesos que pagaban mes a mes sus usuarios. La bendita tarifa.
Así funcionan y siguen funcionando las clases dominantes en Argentina. Al contrario, la burguesía paulista entendió el desafío, y hoy Brasil está entre las siete potencias mundiales mientras la argentina continuaba con su tradicional perfil rentístico y depredador. Sa gran oportunidad vino en los ’90, cuando compraron por centavos las empresas públicas y revendieron enseguida su participación a multinacionales, haciendo una diferencia astronómica que no invirtieron en nuevas industrias ni en tecnología: se la patinaron. Y lo que se patinaron fue el patrimonio público de cuya pérdida Argentina tardará décadas en recuperarse o acaso no lo recupere nunca.
Esta burguesía rentística sigue generando paradigmas, significaciones. En rigor, y aunque el gobierno pueda gratificarse con el nunca antes alcanzado 6% del producto invertido en educación, los grupos de poder siguen siendo en gran medida los dueños de las significaciones.
Muchos empresarios repiten, frente a una encuesta sectorial, que el panorama es alentador. Sin embargo, optan políticamente por quienes, ocultando sus verdaderos planes, van por su destrucción. Anda por ahi un empresario del calzado, un tal Grimoldi, tradicional militante de las más extremas posturas del neoliberalismo económico. Desde 2003, el gobierno dictó medidas de promoción de la actividad, incluyendo barreras arancelarias para impedir la importación desmedida de calzado brasileño y chino, créditos y otros beneficios. Hoy, la industria funciona a pleno ¿Entendió Grimoldi el mensaje? Lo dudo.
Esto explica en gran medida por qué el habitante de Villa Lugano (elijo una ubicación cualquiera, hablo del sur de la ciudad) podría optar por Macri aún cuando ese candidato, lejos de representar sus intereses, es el gestor de quienes los van a hacer caer de nuevo de la pirámide social. Hablamos de esa alianza social nefasta que coaguló en los 90 y de la que M**** fue el principal responsable.
En otro orden, este 2011 será el año de disolución de muchas figuras. En primer lugar, de Pino Solanas, y comienzo con él por el abismo irrecuperable de aquel de La Hora de los Hornos y este espantapájaros, comprobación que hiere la propia historia de quien esto escribe. Creo que las elecciones demostrarán (otra vez) que los aparatos y las agrupaciones no son nada o son poco. El grueso del pinosolanismo votará en segunda vuelta por Filmus contra Macri siempre que no impere en esa suerte de voto progre la misma confusión que llevó a Vilma Ripoll a compartir escenario con Biolcati y Llambías, la Sociedad Rural y CARBAP, ambas representantes del grupo más concentrado del poder oligárquico. Para no mencionar las intervenciones de Lozano o Alcira Argumedo, a quienes los laureles intelectuales les han quedado muy chicos. Es que tal confusión, por cierto, no se limita a quienes optarán por Solanas en esa fantasmal  "tercera fuerza".
Cuando se ponen pocas fichas a la capacidad de las agrupaciones por hacer política, esto que significa cambiar la realidad en lugar de comentarla, no es desde una torre, sea de marfil o de alguna otra cosa. Lo de las agrupaciones carga con un mito, el de los cuadros de los 70, al que le ha llegado la hora de ser enterrado. Con honores si fuera necesario. ¿Eran verdaderos cuadros políticos los de los 70? Puede ser que tuvieran(mos) una formación ideológica más completa, incomparable respecto de la media actual; puede que además la realidad nos hubiera obligado a adquirir conocimientos militares aún siendo pacifistas de alma, y que en pos de esa decisión, se(nos) convirtieran en excelentes tácticos o estrategas de la guerra capaces de vencer al oponente. Puede que.
Sin embargo, esos cuadrazos no pudieron advertir que los golpes militares del 64 en Brasil y de 1973 en Chile anticipaban lo que se venía. En este sentido, no justifico a Perón por su apoyo a la represión lopezreguista pero es posible entenderlo de otra manera. La ingerencia desembozada de EEUU, que en ambos casos está recontracomprobada en sede judicial, habría significado para Argentina un desastre inconmensurable, pero de todas maneras esa ceguera fue un componente de la derrota, la que sí vivimos.
Los actuales militantes kirchneristas deben encontrar su propio camino. Si bien el imperio de la imagen, pre-literaria y producto de la innovación tecnológica, ha significado un fuerte retroceso civilizatorio y ninguna transformación política puede limitarse a ese campo.
Hay que poner la imaginación a trabajar.


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