El muchacho chino que murió durante el derrumbe me dio mucha pena, me hizo dar cuenta que a los chinos los quiero un poco.
La cita erudita en Twitter me hizo recordar que yo no tengo nada contra los chinos, y menos todavía contra los judíos. No digo que tenga amigos chinos, porque no los entiendo nada y para colmo comen soja, pero sí tengo un amigo judío: Alejandro Rozitchner.
Fíjense en esa cara de amargura:
Como Macri, Alejandro tiene una eterna controversia con su padre León. Y les voy a explicar el por qué de ese rictus amargo, como si siempre estuviera oliendo mierda.
León, el padre, le ganaba todas las minas a Alejandro, el hijo. Muchos años de psicoanálisis no le han servido a ese boludo con título para superarlo.
Igual es mi amigo, mi único amigo judío.