miércoles, 27 de agosto de 2014

FERNANDA VALLEJO MARCA LA CANCHA

Por Fernanda Vallejos


En una nota publicada en La Nación el sábado 23, el titular del BAPRO, Gustavo Marangoni, habla de internas partidarias. Que están muy bien pero fueron pensadas para dirimir entre matices dentro de un colectivo que comparte, en esencia, un mismo proyecto. Sin embargo, la síntesis de Alberdi y Perón, que propone, es un absurdo y una estafa histórica. No se trata de prejuicios contra el liberalismo -y hasta es saludable que existan propuestas de política claramente diferenciadas- pero, en este caso, no se trata de matices, sino de proyectos antagónicos de país. 


El espacio que expresa la ideología con la que dice comulgar Marangoni se ubica dentro del macrismo. Nada más claro que las palabras del propio Alberdi para ilustrar el conservadurismo político y liberalismo económico en cuestión: "No participo del fanatismo... hipócrita, que pide libertades políticas a manos llenas para pueblos... pero deseo ilimitadas y abultadísimas... libertades económicas. (...) La libertad protege al capital de muchos modos, pero hay... modos en que la libertad se identifica con sus intereses..."
Esa concepción liberal que plantea Alberdi, en la que se inspiró a la hora de sustentar la Constitución de 1853 está en las antípodas del paradigma peronista que, con la Constitución de 1949, vino, justamente, a reparar para el Pueblo los derechos que el liberalismo le había negado en nombre de libertad de empresa. 

El peronismo no sólo amplió las libertades políticas populares institucionalizando el voto femenino como el kirchnerismo lo hizo con los jóvenes, sino que entendió, junto con la doctrina social de la Iglesia, que la economía debe estar al servicio de la persona humana y no a la inversa, tal como lo viene sosteniendo el Papa Francisco. El encargado de alcanzar una armonía, poniendo la felicidad del pueblo como límite de los negocios, necesariamente es el Estado. Decía Raúl Scalabrini Ortíz: "Para Alberdi, el Estado es el peor enemigo...".
Perón, en cambio, dio centralidad a un Estado al servicio del interés popular, como garante de los derechos sociales y de la igualdad, en el más amplio sentido. También en el redistributivo, lo mismo que el kirchnerismo, donde los salarios pasaron de participar en apenas el 34% del ingreso nacional, en 2003, a casi el 50% en la actualidad. O donde el coeficiente de Gini se redujo desde 0.54 a 0.41, en igual periodo. Tan en las antípodas está el liberalismo que propone Marangoni del peronismo y del kirchnerismo que mientras estos últimos tienen por objetivo primario de política económica la inclusión plena de los 40 millones de Argentinos por medio del trabajo, Alberdi sostenía que "garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable... sino a expensas de la libertad y de la propiedad..."
En la única lógica que resulta posible, entonces, inscribir la identidad a la que se refiere Marangoni es la del "justicialismo" menemista, que fue un momento donde el neoliberalismo cooptó al partido justicialista. Efectivamente, la mirada económica que explicita el titular del BAPRO, reafirma una línea de continuidad con el menemismo y con la visión que encarnan los economistas neoliberales del monetarismo neoclásico que revisten en las filas del macrismo. Igual que ellos, rechaza el rol del Estado en su función de control y protección del consumidor, así como con el eufemismo de "reglas de juego claras" que no es otra cosa que retracción del Estado en la esfera económica, lo que equivale a desproteger al eslabón más débil, o sea, los trabajadores y consumidores, en nombre del famoso laissez faire. Esta posición es idéntica a la sostenida por Santiago Montoya, durante la última emisión de "A dos voces", por lo que parece hablar de una visión orgánica de ese sector. Perón, por el contrario, interpretó que "la economía nunca ha sido libre: o la controla el Estado, en beneficio del pueblo, o la controlan las corporaciones, en perjuicio de éste".
En términos estrictamente económicos, la cosmovisión heterodoxa de la economía que caracteriza la política kirchnerista interpreta que la principal determinante de la inversión, lejos de cuestiones meteorológicas, como "climas de negocio", o de fe, como la "generación de confianza", está de la mano con la demanda efectiva y el consumo, sobre lo que se sustenta el círculo virtuoso de la economía. Por lo demás, como sostiene el colega Fabián Amico "la correlación entre déficit fiscal e inflación... es prácticamente inexistente", al tiempo que "al revés del monetarismo, no es la inflación sino la devaluación la que está al inicio de la cadena causal, la que a su vez genera inflación y crea la emisión monetaria endógenamente”. 

Claramente, la visión política, teórica y epistemológica de la economía de Marangoni, que en la práctica deriva en la receta del ajuste y el recorte del gasto (o de la "austeridad" como le llaman hoy por hoy en la Europa que ya lleva seis años de recesión), en poco se diferencia de la de Sturzenegger, pero nada tiene que ver con la política económica que condujo Néstor Kichner y que hoy sostiene la Presidenta.
Por último, en la propuesta de Marangoni de "...salvar esta situación con los holdouts" (en mi Patria le llamamos buitres), ratificando que "habiendo un fallo, lo que hay que ver es cómo cumplirlo", una vez más queda en evidencia la sintonía de ese pensamiento con el del Jefe de Gobierno porteño que sostuvo que hay que "hacer lo que diga el juez", omitiendo los riesgos del fallo Griesa y lo que subyace al mismo: la vocación de reinsertar a la Argentina en la rueda del sobreendeudamiento externo (por más de 120.000 millones de dólares), poniendo, una vez más, las capacidades de nuestra economía al servicio de la deuda externa, sacrificando el desarrollo económico y social de la Nación. Claro que tal postura es coherente con la visión del liberalismo que, con Alberdi, se jactaba de que "la Constitución federal Argentina es la primera en Sud América... que ha consagrado principios dirigidos a proteger directamente a... capitales extranjeros" lo que fue equivalente a entregar la economía al extranjero para que la organizara en función de su técnica y conveniencia. Entonces fue el capital inglés, como durante el menemismo "las relaciones carnales", y hoy los buitres de la usura global.
Quien adscriba a ese proyecto de sometimiento al bloque hegemónico, hoy conducido por el capital financiero internacional, que es el de Macri, tiene su lugar en las PASO, indudablemente. Pero en las del PRO, no en las del FpV.


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