lunes, 1 de agosto de 2016

QUIEN QUIERA OIR QUE OIGA



No afirmaré que escondió sus intenciones y plan, pero la democracia es así: a veces gana la gilada. En su último acto público se presentó como Mauricio Blanco Villegas, y que el es sólo un ceo ceméntico, pero los Blanco Villegas son socios de la Sociedad Rural por derecho propio.
Se afirmó sobre generalidades y tonterías como sus torpes pasitos de baile. Eso requiere en primer lugar entender que ciclo atraviesa el capitalismo globalizado (porque todos somos capitalistas). Según él y Cambiemos, la Argentina tiene una amplia oportunidad cumpliendo su papel tradicional de proveedor de materias primas convirtiéndose en el supermercado del mundo. Eso entusiasmó.
Pero no es una decisión soberana del país dentro de la Patria Grande en una etapa de retroceso generalizado de lo emancipatorio sino una de total sumisión ante la imposibilidad de cualquier transformación. Es un plan conservador que simula cambios revolucionarios pero es esencialmente impotente y estéril.
Alguna vez fuimos subdesarrollados o emergentes. A esta mayoría momentánea no le importa mientras la televisión y el futbol los adormece. Pero para esa Argentina que pretende Mauri, sobramos 20 millones de argentinos que no podrán comprar en ese supermercado.
La sustitución de importaciones es entonces una fantasía exótica y antinatural frente a las ventajas comparativas que seguiríamos teniendo porque además de la producción agroganadera) y apunta a las producciones regionales, aunque hasta ahora los números han caído en picada desmintiéndolo. Todo, salvo las importaciones.
Macri aspira a asociarse con Peña Nieto para acercarse al NAFTA (North American Free Trade Agreement), una asociación con EEUU y Canadá, que para México ha significado más cocaína, más paramilitares y desapariciones, mientras que Argentina ofrece las pampas argentinas. El alca.. alcarajo vivito y coleando.
Esas ventajas han cambiado en unos años. Mecanización del agro, revolución verde, baja de retenciones. Es para que la Sociedad Rural lo aplauda.
En la actividad cerealera eso significa un conjunto de siembra directa y el veneno llamado glifosato, para eliminar plagas, con casi ningún uso de mano de obra, ni siquiera golondrina. Cada cinco o seis años rota la siembra porque ya la tierra agotó todos sus nutrientes, los propios de ese cultivo.
En la cría de ganado, el feedlot reemplaza a la cría a campo: el animal no camina y come solo alimento balanceado en lugar de pastos verdes cerca o sobre sus propias heces.
Esa es la revolución verde, donde el glifosato tiene un rol central porque elimina todas las especies vegetales capaces de reducir el rendimiento del cereal elegido por el productor de acuerdo a los precios de mercado.
Los mercantilistas que nos gobiernan son nuevos fisiócratas para quienes la industria es superflua: creen que cada país o región debe maximizar el rinde de acuerdo a sus ventajas comparativas. Los países árabes la extracción de petróleo, las pampas argentinas la producción de cereales y cría vacuna; Europa, la producción industrial. China se ha despegado de esa clásica división internacional del trabajo porque la producción industrial ya no importa. Lo que importa es la innovación.
Macri no blanquea su estrategia porque ningún ceo lo hace con sus empleados, ni un monarca con sus súbditos: sólo procede. Por eso es radicalmente antidemocrático. 
 Lo reconoció recientemente el ministro Frigerio. Como el tarifazo ha tomado estado judicial, el poder ejecutivo apelará a todas las imposiciones legales y no tanto para lograr su objetivo: saltear las audiencias públicas, per saltum de la Corte, etc.
Según Macri, el futuro centro económico del mundo estará en Asia, el Pacífico y el libre comercio. Y hacia allí quiere ir. ¿Por que esforzarse en producir remeras con el rostro del Che o tu club favorito estampados si aquí tenemos soja para alimentar chanchos o aceite comestible mezcla y un Estado mínimo?
En suma, otro ciclo de endeudamiento que pagarán las próximas generaciones.







  

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