martes, 13 de marzo de 2012

1952: una Argentina mejor

Intentaré no caer en el lugar común, positivamente falso, de que todo pasado fue mejor. No lo fue.
Paul Nizan fue asesinado en 1940 por el Partido Comunista luego de denunciar el pacto entre Hitler y Stalin. Su obra “Aden-Arabia” (con un prólogo imprescindible de Jean-Paul Sartre) comienza así: "Yo tenía veinte años. No le permitiré decir a nadie que es la edad más hermosa de la vida".

Las carreras de autos no es un deporte que me interese. Ni siquiera creo que sea un deporte. Para mí es la diversión de unos cuantos cajetillas. Pero leo que el 9 de marzo se conmemoró la inauguración del Autódromo de la ciudad de Buenos Aires en 1952.

Se (no tiene por qué saberlo el cronista) que mi tío Leonardo participó en su construcción y que se ufanaba de hacer sido el artífice del famoso arco metálico de entrada que lo distingue. Leonardo era herrero, flaco, y un pescador temible para los dorados y bogas del río Paraná. No congeniaba con los reeles frontales. En los fondos de su casa se levantaba, junto a una quinta exigua, un palomar que en esa época era una especie de quiniela clandestina voladora y el olor del carbón de la fragua solía mezclarse con los guisos que se fraguaban en la cocina vecina.
En la calle Escobar donde vivía, en las fronteras de Villa Pueyrredón, las fiestas de fin de año se hacían a puertas abiertas y hasta 1955, en las veredas donde los vecinos se juntaban para bailar al ritmo de un acordeón a piano y compartir libremente el pan dulce y la sidra que aportaba cada familia. En alguna ocasión se milongueaba en plena calle, fuera fin de año o carnavales, y ningún automovilista reaccionaba airado por el inconveniente ni molestaba la policía.
En una pared de la herrería lucían los retratos sonrientes de Perón y Evita.


9 de Marzo 1952 - Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires

INAUGURACIÓN DE UNA OBRA MONUMENTAL

Por Víctor F. Lupo*

A partir de 1937 se oficializaron en nuestro país los Grandes Premios Nacionales de Turismo Carretera (TC), que se convirtieron en poco tiempo en una pasión del pueblo argentino.

Verdaderas muchedumbres acudían a los costados de las rutas nacionales, a lo largo de los más de 6.000 o 7.000 kilómetros que recorrían normalmente las “cupecitas” del TC, a más de 120 km. por hora de promedio, por el solo placer de verlos pasar a esas altas velocidades.

De esta categoría surgieron las grandes figuras de nuestro automovilismo como los hermanos Oscar Alfredo y Juan Gálvez, Juan Manuel Fangio, Eusebio Marcilla (“El Caballero del Camino”),[1] Carlos Menditeguy, los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi, Tadeo Taddía, Angel Lo Valvo,  Ricardo Risatti, Pedro Yarza,  Daniel Musso, Domingo “Toscanito” Marimón [2] y su hijo Onofre “Pinocho” Marimón, Marcos Ciani, Néstor Marincovich, Rolo Alzaga, Pablo Birger, Jorge Descotte (prohibidos estos dos últimos para correr de por vida en 1955) y Ernesto Petrini, entre otros.

A fines de la década de 1940 a nuestro país también llegaron para competir, desde Europa los autos y corredores que luego serían los iniciadores de la actual Fórmula 1 Internacional (F1). Estas competencias se realizaban en los circuitos de la Costanera porteña, de Palermo o de Retiro; y también en las ciudades de Rosario y Mar del Plata. En estas carreras lograron vencer a los corredores europeos, los argentinos Oscar Gálvez, José Farina, José Froilán González [3] y Juan Manuel Fangio, en ese orden. Pero siempre en estas pruebas ocurrían accidentes y algunos de ellos fueron graves, como la muerte del campeón mundial, el francés Jean Pierre Wimille, en Palermo y la de Adriano Malusardi en Mar del Plata. [4]

En 1950 al iniciarse la F1, un equipo argentino de pilotos fue a Europa para participar en la “máxima categoría” del automovilismo. Lo integraban Fangio, Froilán González y Benedicto Campos, quienes estaban acompañados por el periodista Luis Elías Sojit y Francisco “Pancho” Borgonovo. [5]

Tras regresar de Europa este grupo de pilotos se reúnen con el Presidente de la Nación, General Juan Domingo Perón, para comentarle su experiencia en el Viejo Mundo.

Perón, en un momento de la entrevista, les preguntó a sus visitantes qué necesitaban. Tímidamente tomó la palabra Fangio quien le expresó: “Necesitaríamos un autódromo, general”.

La respuesta llegó inmediata con la característica bonachona que distingue a nuestros hombres de campo: “¿Pero qué problema hay muchachos? Vayan a ver al intendente Juan Debenedetti”, cuenta emocionadamente Froilán González, el primer corredor en ganar un Gran Premio de Fórmula 1 para la escudería Ferrari, en Inglaterra durante el año 1951.

Los “tuercas” salieron corriendo de la Casa Rosada, cruzaron la Plaza de Mayo y se sentaron aún “agitados”, con el intendente, para asesorarlo ya en la planificación de la obra que soñaban. El 19 de enero de 1951, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires hizo el anunció oficial del “nuevo autódromo” a construirse en tierras fiscales, con una duración de obra de 15 meses.

El 28 de octubre de 1951, el “Chueco” Fangio consiguió en Barcelona su primer titulo mundial de la categoría, para una “nueva alegría deportiva” del pueblo argentino.

Pero su obsesión eran las obras que, sobre un terreno de 20.000 metros cuadrados, se estaban realizando muy cerca del Riachuelo, donde capital limita con la provincia de Buenos Aires, en una zona entre el Bajo Flores y Villa Lugano.

El 9 de marzo de 1952, el general Perón acompañado de su esposa Evita, inauguró oficialmente el denominado “Autódromo 17 de Octubre” en las avenidas General Paz y Roca, con la presencia de más 100.000 espectadores, distribuidos entre las tribunas y los lugares factibles de absorber concurrentes.

A partir de las 15 de ese día, inolvidable para el deporte mecánico argentino, hubo varias pruebas de autos y una de motociclismo. En la categoría Sports ganó Adolfo Schlweln Cruz con Alfa Romeo en un tiempo de 43’ 47’’ 03/10 con un accidente en la curva próxima a la Avenida de la Ribera,[6] donde se mató el corredor Félix Martínez.

En la competencia de mecánica nacional a 20 giros, ganó Pablo Birger al comando de un Ford con un tiempo de 53’ 33’’ 05/10.

En la prueba de motociclismo de 500 c.c. fuerza libre, el ganador fue el italiano Nello Pagani con Gilera, recorriendo el trazado en 41’ 46’’ 01/10.

El campeón mundial, Fangio al comando de una Ferrari 2000 se impuso en la prueba principal sobre 30 giros a su amigo Froilán González por solo 2/10, empleando 1 h 17’ 19’’ 02/10.

Finalizada la competencia “el chueco de Balcarce”, ante la prensa internacional y muy contento repetía: “Es el mejor autódromo hecho hasta hoy, es muy seguro y atractivo para correr. Además se pueden usar 10 circuitos distintos”.

En 1953 el italiano Alberto Ascari (con una Ferrari) fue el primer ganador del “Gran Premio Oficial de Argentina, F1”. Triunfos que lograría Fangio en cuatro oportunidades consecutivas, a partir de 1954.

Aunque varias veces fue testigo de accidentes graves que costaron algunas vidas, “el Autódromo” siempre fue considerado como de avanzada en el tema seguridad.

Fiel reflejo de la historia política argentina, sufrió sus mismos avatares. Cambios de nombres y abandono en su mantenimiento, hasta que en 1989, se le impuso el nombre actual “Oscar Alfredo y Juan Gálvez”, en homenaje a los grandes corredores argentinos. [7]

Oscar falleció pocos meses después de este homenaje, el 16 de diciembre de ese año.

El autódromo fue también testigo de varias llegadas de los Grandes Premios del TC, que luego de recorrer los extensos caminos de la patria, finalizaban allí y aún sigue siendo “la catedral” de una las máximas pasiones de los argentinos, el duelo Ford-Chevrolet o Chevrolet-Ford, en el Turismo Carretera.

En 1972, quien con el tiempo llegaría a ser gobernador de la provincia de Santa Fe, el “Lole”, Carlos Alberto Reutemann, participó por primera vez en la F1 en nuestra tierra, al comando de un Brabham, consiguiendo un honroso séptimo puesto en el Autódromo Municipal.

El 13 de enero de 1974, con la presencia en el Palco de Autoridades nuevamente como Presidente de la Nación, del teniente General Juan Domingo Perón, acompañado de la Vicepresidenta, María Estela Martínez, fueron testigos privilegiados del abandono de Carlos Alberto Reutemann. Esto ocurrió cuando estaba a dos vueltas de ganar la primera carrera del año, porque su Brabham Nº 7 se había quedado sin combustible. Una multitud enmudecida, que había concurrido a verlo triunfar, no podía creer lo que sus ojos le mostraban: “el auto del argentino al costado de la pista”, mientras finalizaba la carrera.[8]

En la década de 1980, por la crisis del petróleo, la F1 dejó de competirse en nuestro país, regresando recién en 1995 [9] y corriéndose por última vez en 1998,[10] con el triunfo de la Ferrari, del alemán Michael Schumacher, nuevo quíntuple campeón mundial a partir del 2002.[11]

*Autor del Libro “Historía Política del Deporte Argentino”. Página 307


jueves, 16 de febrero de 2012

La "Licencia Social" en minería

El término “licencia social” suena bien y consistiría en lo siguiente: si en las cercanías de las mineras a cielo abierto hay vecinos que sospechan sobre la contaminación ambiental que esa actividad produce; les molestan (impacto) las lejanas explosiones y el paso de camiones pesados; o pretenden que los cerros sigan teniendo el exacto contorno que han tenido desde el principio de los tiempos, sería legítimo exigir a las empresas que exploten la zona sólo y en tanto obtengan esa licencia.
Más de un estará tentado de creer que en diez, veinte o cincuenta años, el Famatina desaparecerá por culpa de la actividad minera, y de poderosa cadena de cerros que es (porque no es un pico aislado, de allí que se lo conoce también como Nevados de Famatina) pasará a la condición de sierrita mocha. 
Quienes creen esto sólo han visto la cordillera por fotos o películas, y no tienen idea de las magnitudes de que estamos hablando. ¿Han desaparecido las sierras de Olavarría, de Malagüeño o de San Rafael, por la explotación intensiva de calizas para fabricar cemento y cal, o las de Villa de Soto por la extracción de mármoles azules? Hay que lidiar con gente que, si alguna vez estudió geografía, lo hizo “ de memoria”: ¿San Rafael, en Mendoza, se levanta en el pedemonte de la cordillera de Los Andes? El que responda que sí tiene un cero y se va a marzo. ¿Sabe que diferencia a la cordillera de la precordillera? ¿Famatina forma parte del mismo macizo orográfico? ¿Orográfico se refiere a los lugares donde hay oro?
Pero el tema sigue siendo la “licencia social”. Habría que decir en primer lugar que “licencia social” es una marca comercial registrada, una “trade mark” en inglés, como puede comprobarlo cualquiera gugleando el término. ™SocialLicence.

¿Y por qué? Porque existen empresas privadas dedicadas a facilitar a las mineras, en este caso, la licencia social, del mismo modo que se puede obtener la norma de calidad ISO 9001 tanto para una metaúrgica como para un despacho de café o un preservativo, cuyo cumplimiento mejora las condiciones de competitividad de esa actividad o producto.
A poco de acercarse a la cuestión, la "licencia social" es una badera de lucha de esa “nueva izquierda” para la cual el Estado ha dejado de representar, abarcar y ordenar a la sociedad de la que ha surgido. Y por lo tanto, si el poder se explica por la cercanía o lejanía con ese Estado, es necesario construir un “contrapoder” a nivel de la sociedad civil, la famosa “base” que reivindicara el técnico de futbol Angel Cappa. Me refiero obviamente a la prédica de Toni Negri, Holloway y en nuestras tierras, de Maristella Svampa, muy escuchada en parte de la aturdida izquierda local. Lo expresa así Julio Cardozo, otro cultor local: “Si uno quiere hacer un mundo mejor, no hay que tomar el poder”. La frase suena atractiva, pero sobre todo cómoda y reconfortante, como la máscara política de la antipolítica. Vale recordar que Cardozo escribió en aquellas heroicas jornadas de “que se vayan todos” y fue el punto de partida del asambleísmo jacobino que revolucionó la tranquilidad depredadora de las palomas que anidan en nuestras plazas, avivó el trueque (una actividad simpàtica), aumentó el ingreso de los artesanos con productos símil-originarios y –por qué no- también habilitó la distribución de algún porrito.
Nada parece haber sucedido entretanto.
De todos modos, no puede tomarse a la ligera lo de la licencia social, aunque sea arduo pensar cómo se pondría en práctica. La existencia de empresas privadas que nos ahorrarían el trabajo (la militancia) es una posibilidad a tener en cuenta.
El problema de fondo, entiendo yo, tiene que ver con la construcción de consensos, de estos nuevos consensos que se deben establecer a fin de que el proyecto llevado adelante por el Gobierno Nacional no naufrague.
Nuevos consensos por la aparición de nuevos actores sociales. Hace cincuenta años, a nadie se le hubiera ocurrido que conceder un derecho al sector de la población con elecciones sexuales diferentes forme parte de esos nuevos consensos, por ejemplo. Se le otorgaba una importancia decisiva, en aquel entonces, al concurso de fuertes sectores productivos (trabajadores sindicalizados, empresarios) que eran a la vez actores sociales y económicos. Eso explica en parte por qué en 1973, Perón se volcó abiertamente por los gremios en la lucha por la conducción y el sentido del peronismo que entabló la tendencia (al respecto, es interesante releer con ojos actuales “Montoneros, soldados de Perón” de Richard Gillespie), ya que el anciano general no reconocía (o no podía reconocer, por su formación) a la JP como actor social y político. ¿Lo era?
Es preciso contener de alguna manera a los obsesivos del paisaje, a los amantes del safari fotográfico, a los desconfiados que no toman agua corriente envenenada con cianuro y se sienten tranquilos consumiendo Levité sabor pomelo con bajo contenido de sodio.
Famatina hoy:
Famatina después de la minería a cielo abierto:


martes, 31 de enero de 2012

Greenpeace (o Grin-pis) accionista de Shell y de la British Petroleum BP


Hace dos décadas, los habitantes de Holanda presionaron a la Shell para que desactivara una destilería que perjudicaba el medio ambiente. La empresa cedió, desarmó la planta y la trasladó a Dock Sud, en Sudamérica, o más precisamente a 25 cuadras del centro de la ciudad de Buenos Aires. 
Es la que actualmente funciona en la Isla Maciel. Me haría increíblemente feliz que nuestros ecologistas defendieran a los habitantes de Villa Inflamable.




Leemos en El País de España:
La organización ecologista Greenpeace anunció ayer la adquisición de una participación en el accionariado de la compañía petrolera Shell Royal Dutch, por valor de 250.000 euros (41,6 millones de pesetas), con vistas a presionar a la empresa para que aumente sus inversiones en energía solar. Greenpeace ha comprado la cantidad mínima exigida para tener derecho a intervenir en la junta de accionistas que se celebrará el próximo día 9 de mayo, según ha declarado su portavoz, Sander van Egmond: "Queremos decir al resto de los accionistas que Shell debe invertir más en energía solar y que es posible obtener beneficios de ella".Greenpeace encargó a la consultora KPMG que indagara sobre las posibilidades del mercado energético solar. La consultora dice que esta energía alternativa tiene un nivel de retorno de las inversiones del 15%. Además, los costes de producción de los paneles solares se reducirán considerablemente cuando se fabriquen masivamente.

Un portavoz de la compañía petrolera holandesa, que en noviembre inauguró en Alemania la planta de producción de paneles solares más grande de Europa, ha declarado que la empresa se felicita del movimiento de Greenpeace y confían en que se inicien conversaciones en el futuro sobre la división de renovables de Shell. Pero para que la compañía despegue en la producción de paneles solares, el mercado tendrá que masificarse. De momento, la división de paneles solares de Shell no gana dinero. "Un mercado debe incentivar a los consumidores a que compren un producto porque les gusta, porque hay incentivos fiscales. Por el mero hecho de construir una megafábrica, no se consigue", añadió el portavoz de Shell.

Persuadir a los accionistas

Según José Luis García Ortega, encargado de campaña de energía solar de Greenpeace España, esta iniciativa pretende forzar a las grandes petroleras a tomar decisiones sobre otras fuentes energéticas que están ahí y que hasta ahora no se habían planteado sondear. También pretenden persuadir a los propios accionistas a que sean ellos mismos quienes tomen las decisiones. En todo caso, no es la primera vez que se da un paso así. Greenpeace del Reino Unido también ha tomado una participación en BP con el mismo objetivo. "En ambos casos, el planteamiento que se hace es exigir desde la junta de accionistas que las inversiones para los programas no se limiten a proyectos petrolíferos y se apueste por la energía solar; en concreto, por desarrollar una fábrica de paneles solares que tenga una envergadura suficiente para que el coste de la energía generada sea similar a la de la convencional y sea competitiva, informa I. G. M.

García Ortega concluyó: "Lo que hace falta es que estas grandes compañías abandonen su retórica verde y sean coherentes. Hablan de su compromiso con el medio ambiente mientras sus inversiones se dedican a desarrollos petrolíferos".

lunes, 30 de enero de 2012

NO A LA MINERÍA EN GENERAL Y EN PARTICULAR

No uses celular: su cubierta fue fabricada con cianuro, su pila tiene litio contaminante y coltan saqueado en África.
Quizás te convenga comunicarte mediante señales de humo. Pero NO prendas ramitas húmedas o verdes, que son las que hacen humo, porque contamina el ambiente y no contribuye a la biodiversidad.
Te sugiero que recurras a los quipus incaicos si tu necesidad de comunicación no se satisface. Pero tené en cuenta que las ovejas cortan el pasto desde la raíz y empobrecen la tierra.
Ni se te ocurra usar cemento para levantar paredes, ni cal,porque ambas se producen en yacimientos a cielo abierto. Para no hablar de los ladrillos.
Cuando pretendas decorar el frente de tu casa o construir los pisos con mármol, ten en cuenta, joven argentino, que tu acción ha contribuido a modificar el paisaje.
Cada vez que te sirvas una comida, piensa que los platos que estás utilizando han significado la anterior desaparición de un cerro.
Claro que no has tenido oportunidad de sacarle una foto al tal cerro, porque la cámara fotográfica de alta definición ha sido fabricada, incluso con normas ISO, en el contaminado Japón.
Ten mucho cuidado al vestirte, porque (lo saben bien los obreros de la actividad) la industria textil es altamente contaminante.
Plantéate que comes cada día. Ese bife proviene de una vaca genéticamente modificada, y el postrecito light es una típica porquería de la industria alimenticia.
En definitiva, resignifiquemos la arenga de San Martín y andemos en pelota como nuestros amigos los indios y digamos NO A LA MINERÍA A CIELO ABIERTO, QUE LO DEMÁS NO IMPORTA NADA.

lunes, 23 de enero de 2012

NEO-PROGRESISTAS DEL ESTABLISHMENT


El 28 de abril de 1998 los economistas José Luis Machinea y Pablo Gerchunoff publicaron un texto en el diario Clarín que persiguió el claro objetivo de convertirse en un manifiesto que redefiniera el concepto de progresismo, atendiendo a la hegemonía en el sistema capitalista mundial a manos del neoliberalismo y la financiarización. El texto no se posicionó en una interpelación crítica al nuevo paradigma, sino que se centró en “evitar la mimetización del discurso progresista con el del nuevo conservadurismo”. En el escrito se asumió una victoria universal del capitalismo, que incluía la derrota de los proyectos de abolición de la propiedad privada como también de los socialdemócratas que desplegaban la centralidad del Estado. El manifiesto buscaba consagrar un “nuevo progresismo” que, a la vez que rechazara la “suficiencia del mercado para la solución de los problemas económicos y sociales”, se apartara del “conservadurismo estatalista y proteccionista que hace tiempo agotó todo lo que podía dar de bueno a la sociedad”.
Quedaba claro el recurso: la construcción de un discurso que permitiera una alternancia entre gestiones fundamentalistas y moderadas de la única vía de política económica que asumían posible: la neoliberal. Esa definición de “victoria universal del capitalismo” conducía a la resignación a un camino único y se alineaba con la vulgar teoría del “fin de la historia” que campeaba en aquella época.
Esta posición fue criticada, entonces, en la revista Juana Azurduy (agosto de 1998). Se sostuvo que M y G planteaban la necesidad de darle al progresismo un nuevo sentido, acorde con los tiempos. Es importante reparar en esta cuestión del “sentido” puesto que se abre, así, un campo intersticio entre lo económico y lo político –el campo de las representaciones– en cuyo dominio también se disputa el propio carácter de la escisión entre lo económico y lo político. Los rasgos específicos que adquiría esta separación durante el neoliberalismo –la naturalización de lo económico– resultaban clave en la legitimidad del orden neoliberal. En efecto, la ofensiva del mercado como regulador privilegiado de las relaciones sociales no sólo se instrumentó materialmente, sustentado en la política económica impuesta por el neoliberalismo –con mayor o menor organicidad– a partir de la dictadura terrorista en adelante, sino que se había ido estableciendo en la construcción social de la creencia acerca de que así, y de ninguna manera diferente, eran las cosas de este mundo y que era el único posible. Y si es en el mundo de las ficciones donde se dirime parte de la legitimidad política de la opresión en las sociedades actuales, este “nuevo progresismo”, “acorde con los tiempos”, no era otra cosa que un nuevo conservadurismo que procuraba transformar los soportes (no sólo) simbólicos que construían la legitimidad política del orden establecido; un aval de lo que se había consumado con la envoltura de lo supuestamente moderno (“progresista”).
En este sentido M y G no hacían otra cosa que apuntalar, desde la perspectiva de un supuestamente incontrastable conocimiento técnico-económico un programa de transformación social sustentado en el acotamiento y agotamiento de lo político. “Objetivo” y “apolítico”, como si pudieran encubrirse el carácter intrínsecamente político de todo saber, incluyendo el económico. Lo dicho es suficiente para afirmar que M y G se incluían en “intelectualidad orgánica” del neoliberalismo en su más prístina expresión, dado que su discurso (que había caído bien en numerosos sectores “progresistas”) resultaba consustancial con el programa de transformación neoliberal. Hasta aquí la polémica de 1998.
Los anclajes teóricos, posicionamientos ideológicos e intelectuales de los ejecutores de las gestiones económicas neoliberales no operaban independientemente de la articulación y representación de los intereses del poder económico. Tanto de los que se desempeñaron en el período del menemismo como durante la gestión de la Alianza. Eduardo Basualdo señala en Sistema Político y Acumulación (Cara y Ceca, 2011), que a partir de la crisis iniciada en 1998 se perfilaron dentro del establishment que compartió la gestión y los negocios durante los primeros noventa dos proyectos alternativos al de la convertibilidad: uno sostenido por la fracción dominante constituida por los grupos económicos locales y algunos conglomerados extranjeros, y otra por el sector financiero e inversores extranjeros que habían adquirido empresas y paquetes accionarios durante los años previos. Los primeros promovían una devaluación y los segundos, un tránsito a una economía dolarizada. Ambas salidas significaban, en condiciones de hegemonía del bloque asentado en el poder, una radicalización de las condiciones de desigualdad y pobreza generadas por el régimen de la convertibilidad.
Sin embargo, los distintos intereses y características de las salidas propuestas alinearon a la ortodoxia fundamentalista del lado de los dolarizadores, mientras que los economistas que sostenían el otro grupo atinaban a presentarse como heterodoxos (en la época del “fin de la historia”).
Basualdo afirma que “los grupos económicos le plantean a la sociedad que ellos encarnaban a la burguesía nacional y que por ello soportaban la agresión de los capitales foráneos y de los organismos internacionales que pretendían marginarlos y controlar la producción nacional”. Buscaban así usufructuar en su favor la importancia que conservaba “en la identidad popular la alianza policlasista que sustentó al peronismo, reprocesándola en función de sus intereses” y “ocultando que sus condiciones estructurales poco tenían que ver con una burguesía nacional”. La gestión Machinea estuvo permeada por los intereses de esta fracción local del poder económico.
En un reciente reportaje en el diario La Nación (15/1/12) Gerchunoff, quien fuera su asesor, vuelve al ruedo y adjudica el despliegue económico de los últimos ocho años al bajo nivel de actividad desde el que partió, igualando sus causas a las de la recuperación del producto en la primera época del menemismo. Le agrega el argumento del “viento de cola” internacional, critica el intervencionismo estatal, cita a J. M. Fanelli teorizando acerca de la bendición que el bajo crecimiento demográfico supone para las cuentas públicas, critica la política económica del período de J. B. Gelbard, recomienda una cierta dosis de “desarrollismo”... para sumar a la épica kirchnerista... (sic) y alienta la adopción de un “plan de estabilización” asociado a la reducción de la tasa de crecimiento de la economía a niveles inferiores al 4 por ciento. Fiel al Manifiesto de 1998 habla de economía sin reparar en el fuerte despliegue de los cambios políticos concretados durante la gestión kirchnerista, aunque supone (insidiosamente) que Perón, de estar vivo, no apoyaría este proyecto sino que respaldaría al duhaldismo (participando del Movimiento Productivo Argentino, en tanto –imagina PG– terrateniente exitoso de los pagos de Lobos).
El enfoque teórico acerca de la política económica requerirá “sintonía fina” en las épocas que vienen. La ortodoxia de las finanzas quedó descolocada por el colapso de fines del siglo pasado y el notable de sempeño de la economía de esta última etapa. Sin embargo, los verdaderos heterodoxos, afirmados en una política de desarrollo sostenido integrada regionalmente y opuesta a los ajustes del centro, convencidos de la preeminencia de la política y promotores de una profundización del proyecto democrático, nacional y popular, deberemos lidiar con una “neoheterodoxia” renuente a la decidida intervención pública, despolitizadora de la macroeconomía y ligada a uno de los proyectos del poder económico que hegemonizó la política en la Argentina prekirchnerista (el “alfonsinista-duhaldista”, digamos).
Son muchos más que los aludidos, esto es obvio, quienes reducen la política económica a la “macro”, sobreestiman la importancia de los “equilibrios” (cada vez más ausentes en el “mundo realmente existente”), descreen de los objetivos redistributivos impulsados por la ciudadanía (relegándolos a una determinación productivo-mercantil), recelan del papel del Estado en la economía y asumen la concentración del poder económico como un dato (inabordable). La preeminencia de la política sobre la economía (y la fusión de ambas) será el parteaguas que nos permitirá construir un futuro digno de ser vivido.
* Economista, profesor UBA, director del Cefid-AR.

jueves, 12 de enero de 2012

Farmacéuticas multinacionales, entre la enfermedad y la amenaza

La salud pública no es algo que pueda estar en manos de los mercados. La multa judicial impuesta a la filial local del laboratorio GlaxoSmithKline pone sobre el tapete una situación que suele repetirse allí donde los controles estatales no son suficientes. Leemos en el blog Casa Social El Sol de Boedo:


La salud como negocio mundial




La monumental crisis financiera de 2009 en EEUU no existió para el laboratorio Pzifer, con sede en Brooklyn, New York, que adquirió a su competidor Wyeth-Upjohn-Parke Davis mediante un depósito de 6 mil millones de dólares en efectivocon el fin de convertirse en la mayor multinacional de la salud. Esto sucedía mientras el gobierno norteamericano emitía 900 mil millones de dólares para eliminar el rojo de los balances bancarios.
Pfizer viene acumulando desde hace años ganancias astronómicas mediante la manipulación global de las enfermedades y los medicamentos: desde los ansiolíticos para combatir la bipolaridad a la impotencia masculina convertida por arte de magia mediática y la manipulación estadística en disfunción eréctil.
En 2007, Nigeria denunció que ese laboratorio había realizado ensayos clínicos con personas afectadas por una epidemia de meningitis que se declarara en este país en 1996. Según denunciaron las autoridades y que reprodujo el Washington Post, esas pruebas se realizaron sin el consentimiento del gobierno y sin informar a las personas que estaban utilizándose medicamentos no homologados para su distribución, y a raíz de ellos murieron 11 niños y otros 200 sufrieron graves malformaciones físicas y mentales.
Lo sucedido en Nigeria inspiró al novelista John Le Carré para escribir El Jardinero Fiel, luego llevada al cine. En la película, la farmacéutica incriminada en el asesinato de una ciudadana británica tiene un logo reconocible: el del paralelogramo de los laboratorios Roche (Hoffman-La Roche) de origen suizo, que para la misma época agitaba en todo el mundo el fantasma de la gripe aviar, y que en la ficción de Le Carré es Three bees.
Roche hizo fortunas con el Valium.
Como se sabe, a raíz del terror global que produjeron los alertas de la OMS (Organización Mundial de la Salud) sobre la gripe H1N1 o porcina, todos los gobiernos adquirieron dosis masivas del retroviral Tamiflu para prevenir una pandemia que nunca se producirá. Roche es dueño de su patente y único fabricante mundial. 
El secretario de Defensa de George Bush, Donald Rumsfeld, era el titular del laboratorio Gilead Sciences que vendió a Roche la patente del Tamiflu (oseltamivir, basado en el principio activo de un vegetal, el anís estrellado) y fue también quien plantó las pruebas falsas sobre armas de destrucción masiva que “legalizaron” la invasión a Irak y su posterior destrucción hasta los cimientos.

El poder de las farmacéuticas multinacionales pone nuevamente sobre el tapete la necesidad de que los Estados Nacionales controlen los protocolos de investigación para que no se vuelvan a producir tragedias como las de Nigeria.
La Argentina no es inmune a esa administración global del terror, de la que los medios concentrados son su correa de trasmisión. Algo parecido ha sucedido aquí con el laboratorio GlaxoSmithKline según denunció el 8 de enero pasado el periodista Francisco Yofre en Miradas al Sur:

GlaxoSmithKline, el laboratorio multado por cometer graves irregularidades en ensayos clínicos con pibes para producir una vacuna, tiene un extenso prontuario. Sus antecedentes penales incluyen denuncias y condenas en Puerto Rico, Estados Unidos, Italia, Alemania, Hungría, Inglaterra, Nueva Zelandia, México. Y la lista sigue. Sanciones que, sin embargo, son cosquillas patrimoniales para un Goliat que nació en el año 2000, producto de la fusión entre las firmas Glaxo Wellcome, poderosa en el rubro químico, y SmithKline Beecham, potencia mundial en el campo de la genética.
Según revistas especializadas en medicina y ciencia, factura por año 27,2 mil millones de dólares. El 84% del total de sus ventas son medicamentos de prescripción y tiene una participación en el mercado mundial del 6,9% en este tipo de remedios. Recorrer el planeta observando su trayectoria demuestra hasta qué punto la firma asume sus errores con la misma lógica que los ejércitos militares aceptan los “daños colaterales” de sus intervenciones.
Un país, una condena. La última multa que recibió GSK fue hace dos meses. La firma acordó en los tribunales de Nueva York pagar tres mil millones de dólares para cerrar tres juicios que le había iniciado el gobierno de Estados Unidos. El periodistaAlberto Ferrari, que investiga de cerca al laboratorio, detalla que “esa denuncia surgió por la ilícita comercialización de los antidepresivos Paxil y Wellbutrin y un medicamento contra la diabetes llamado Avandia. Durante el proceso judicial se demostró que los tres remedios provocaban convulsiones y ataques cardiovasculares desde 1999”. El Senado de Estados Unidos, en noviembre de 2010, hizo público un informe que vinculó el consumo de Avandia con decenas de infartos y acusó a Glaxo de “intento de intimidación” a los médicos y ocultamiento de datos sobre los efectos adversos. Por entonces, el medicamento todavía estaba a la venta.
El informe consignó que “Glaxo sabía de la posibilidad cierta de riesgos cardíacos asociados a Avandia” y que sus directivos “desarrollaron estrategias para restarle importancia a los datos que indicaban que Avandia incrementaba el riesgo cardiovascular”. La Food and Drug Administration (FDA), autoridad de control sanitario de Estados Unidos, había ordenado en 2007 un estudio de la Rosiglitazona, la droga base de Avandia, y pese a que un comité de especialistas confirmó que aumentaba el riesgo de infarto, la FDA por 22 votos a favor contra uno, autorizó que se siguiera vendiendo. El informe de los senadores Max Baucus (demócrata) y Charles Grassley (republicano) de noviembre de 2010 confirmó los efectos negativos del medicamento de GSK luego de analizar más de 250 mil documentos. El escándalo de Avandia se había originado el 21 de mayo de 2007 cuando la revista The New England Journal of Medicinereveló que los pacientes que consumían este antidiabético tenían más riesgo de infarto. La denuncia fue avalada por el médico Steven Nissen de la clínica Cleveland. Nissen reveló ante el senado que fue presionado por cuatro directivos de Glaxo en los días previos a la aparición del artículo, para que retirara la denuncia. The New York Times publicó que la “apretada” fue el 10 de mayo de 2007 y reprodujo la versión completa de la reunión, pues el médico le cedió una grabación del encuentro. El periódico aseguró que Glaxo conocía de los efectos adversos desde 1999 y su estrategia fue ocultarlos. La publicación estimó que se podían haber salvado 304 vidas, si no se hubieran escondido los daños provocados por su consumo. Glaxo intentó por todos los medios descalificar las denuncias y en abril de 2010 difundió un estudio favorable a Avandia. Sin embargo, luego se supo que el 87% de los profesionales consultados tenía lazos comerciales con Glaxo, según reveló el diario The Independent, de Londres. La lógica de apretar a los denunciantes es un clásico de GSK. Este cronista pudo confirmar que, luego de las denuncias conocidas esta semana, algunas voces que se alzaron y escribieron sobre la firma, recibieron cartas documento intimidándolos. Esas personas optaron por no contestar las misivas de la empresa y por ello no quieren que se publiquen sus nombres.
En otro caso, la FDA ordenó en marzo de 2010 retirar del mercado la vacuna infantil Rotarix, también de Glaxo, causante de obstrucción intestinal, según una investigación iniciada en México, donde fue probada antes de ingresar al mercado estadounidense.
En Sudáfrica, durante 2001, junto con las multinacionales Aventis y Squibb, GSK presentó una demanda contra el gobierno de Nelson Mandela por violar el monopolio de las patentes y lanzar una campaña de genéricos contra el sida, para atender las necesidades de su población. Esa demanda finalmente fue retirada por la presión de varios países.
La multinacional inglesa también financió estudios violando las normas éticas en el hospital Nyiro Gyula de Budapest, Hungría, donde probó sin consentimiento de los pacientes la sustancia lamotrigina (medicamento para la epilepsia y la bipolaridad) con enfermos maníaco-depresivos, según denuncian los periodistas austríacos Klaus Wernery HansWeiss, en el Libro Negro de las Marcas-El lado oscuro de las empresas globales (publicado por editorial Sudamericana en 2003).
En Italia, una pesquisa realizada tuvo como resultado que 37 empleados de GSK entregaban dinero y regalos a médicos a cambio de recetar sus productos. La información, acallada por la multinacional con avisos publicitarios, sólo fue publicada por British Medical Journal y The Guardian, de Londres, el 13 de febrero de 2003. Entre los obsequios figuraban entradas para el Gran Premio de Fórmula Uno de Montecarlo y viajes al Caribe.
El recorrido lleva a Centroamérica, donde GSK pagó una multa de 750 millones de dólares por distribuir medicamentos contaminados en Puerto Rico. La denuncia ante la Justicia que originó esa investigación fue presentada por Cheryl Eckard, una ex ejecutiva de la multinacional a cargo del sector de control de calidad de la planta que fue despedida a causa de sus advertencias.
En 2002, Glaxo fue demandada en Gran Bretaña por los efectos adversos de su medicamento Zyban, una medicina para dejar de fumar que, según acreditan 10 mil denuncias, provocaba epilepsia, insomnio, depresión y graves problemas coronarios. El mismo medicamento fue vinculado en Alemania con intentos de suicidio y ataques cardíacos. También en Inglaterra, pero en 2003, se inició una investigación sobre el Paxil, al que se le adjudicó propiedades adictivas.
En junio de 2004, el procurador general del Estado de Nueva York, Eliot Spitzer, presentó una demanda por fraude reiterado contra el laboratorio por omitir información sobre los daños que podría provocar el Paxil. Glaxo negó las imputaciones pero meses después aceptó incluir una advertencia con un recuadro negro en los envases de su medicamento.
En marzo de 2007, el laboratorio fue condenado en Nueva Zelanda por publicidad engañosa de su medicamento Ribena.
Las denuncias que soporta Glaxo incluyen a Bolivia, Nigeria y la India. En cada rincón del globo, tiene una o varias demandas, todas con fallos adversos para la firma. En la Argentina también se consigue.
Made in San Fernando. El fallo del juez penal económico Marcelo Aguinsky del 29 de diciembre que ratifica la sanción impuesta a Glaxo por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología (Anmat) en 2008 va en sintonía con la conducta de GSK en todo el orbe. El apercibimiento es de 400 mil pesos para el laboratorio y de 300 mil para los dos médicos que encabezaron la investigación, Héctor Abate y Miguel Tregnaghi. El organismo de contralor detectó que muchos consentimientos otorgados por los padres de los 14.000 chicos que “pusieron el cuerpo” habían tenido –tienen– graves anomalías. Se firmaban los formularios de aceptación sin saber a ciencia cierta en qué consistían esos estudios. Tregnaghi cuenta con antecedentes en Córdoba por esta misma (in)conducta. Jorge Yabkowsky, denunciante en la causa que motivó el fallo de Aguinsky y miembro de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud (Fesprosa) relata ese caso de 2005: “Tregnaghi reclutaba gente para que se hiciera estudios en el Hospital de Niños de Córdoba a cambio de unos pocos pesos y prometerle una obra social. El entonces intendente Luis Juez lo expulsó del hospital. El médico se fue a Santiago del Estero, donde, al parecer, encontró permisividad para hacer lo mismo con una mecánica muy similar”. Miradas al Surintentó comunicarse con Tregnaghi pero no obtuvo respuesta.
Ante el currículum de GSK, cuya fábrica está situada en el norte del conurbano, cabe preguntarse si el Estado tiene herramientas para plantear reparos a las investigaciones que realizan estas firmas. La ausencia de una ley específica que regule estos ensayos clínicos delata la respuesta.

viernes, 30 de diciembre de 2011

TERRORISMO Y DERECHOS HUMANOS

La reforma al art. 41 del Código Penal ya es ley.
Algunos la han criticado. Es cierto que hace unos años, otra reforma, la denominada Ley Blumberg, demostró enseguida que era un mamarracho producto del apresuramiento. 
Llama la atención que la critiquen duramente incluso quienes se han empeñado en los últimos días por aparecer en primer plano deseando buenos augurios para la salud de la Presidenta y reafirmando su carácter de fieles seguidores de su conductora estratétegica, líder indiscutida y la mar en coche. Y es curioso porque esas críticas coinciden con el sector gorila de la CTA que lidera Micheli, con el Polo Obrero, Proyecto Sur, Frente Amplio Progre, etc.
¿Cómo es eso? 
Creo que por un lado no salimos de la confusión que atraviesa a parte de la militancia kirchnerista, cuyo origen aluvional es tan heterogéneo que da tanto para una biblia como para un calefón.
Por otro lado, siempre asisten razones de Estado retroalimentando tal confusión, distintas de los reclamos sociales.
Este podría ser uno, pero no es mucho lo que se ha dicho de novedoso como para justificar que se ponga la proa contra un proyecto enviado por el Poder Ejecutivo y que sin duda Cristina leyó y sopesó hasta sus más sutiles detalles.
Me extrañan por ejemplo las críticas de Raúl Zaffaroni, cabeza del poder más retrógrado, reaccionario y conservador del país. Es cierto que ya no hay esperpentos como Romero Victorica, Bisordi o Romano, pero no por eso podemos dejar de ver que se ha recorrido apenas un pasito en las reformas del poder judicial cuando lo que Argentina necesita es un gato con botas que avance cinco leguas como mínimo. Si el dictado de la ley "antiterrorista" asegura que sea en el Norte donde se lave dinero, como objetó Zaffaroni, es porque los legisladores argentinos no pueden dictar leyes de cumplimiento obligatorio para EEUU. Cada vez que en el G20 Cristina denunciaba la existencia de paraísos fiscales, el GAFI respondía que se había avanzado poco y nada en nuestro país y, en consecuencia, la denuncia se convertía en irrisoria.
Las denuncias de que, ahora, el Estado podrá criminalizar la protesta social bajo la figura de terrorismo son demasiado infantiles como para tenerlas en cuenta.
Sabemos por un lado lo que significó en Argentina el terrorismo, y quienes hemos sido víctimas lo sabemos más que nadie. Me refiero a la época en la que todos nosotros, incluso la Señora Presidenta, eramos tomados o podíamos ser tomados como terroristas y tratados como tales.
Con lo cual se me ocurre que hay aquí una batalla por las significaciones, como en tantas otras cosas que vienen del Norte por el poder que de él emana. Usemos el sentido común. Suelo decir que está muy bien reivindicar lo originario, pero el sentido de la cosa se limita a la libre manifestación de viejos usos ancestrales, lenguas muertas, costumbres, sincretismo cultural. Si además de eso, el originario reclama (Evo Morales es un ejemplo en ese sentido, como lo que sucede con el proyecto Conga en Perú) el petróleo del subsuelo o la propiedad minera, ahí ya deja de ser originario y se convierte en parte del Eje del Mal.
Algo similar ocurre con los derechos humanos. Para los argentinos, los derechos humanos tienen un sentido muy diferente y casi diametralmente opuesto a lo que reivindica la Corte de Roma, por ejemplo. EEUU no acepta el Tratado de Roma ni la Declaración de Costa Rica, y sin embargo la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no solo está en Washington: está presidida por una estadounidense designada por un gobierno que no reconoce ese marco legal. Tenemos también al tartufo Luis Moreno Ocampo pidiendo la captura internacional de Gadafi o de Bin Laden por violaciones a los derechos humanos con un marco legal que el propio EEUU no acepta.
Y ya sabemos el final: puro y simple asesinato a mansalva.
El historiador Eric Hobsbawn marca, en uno de sus obras, algo que de tan evidente nadie lo percibe: no ha habido declaraciones formales de guerra desde 1945. EEUU ha invadido y destruido países a voluntad, y también lo ha hecho la Unión Soviética cuando existía.
Los países del Oriente Medio son blancos móviles para la política de Washington, no importa que gobierne Obama o Bush o cualquier otro. El petróleo. Venezuela y Bolivia están en la mira del Pentágono. La conclusión respecto de Argentina es entonces evidente.
El poder tradicional de nuestro país no necesitó leyes para reprimir, jamás. Si hace 30 años el control social estaba en manos de las fuerzas armadas, hoy son los medios de comunicación los que cumplen ese papel. Es menos sangriento, es cierto, porque reemplazamos cadáveres por zombies.
En verdad, son esos medios los que hacen o pueden hacer terrorismo. Por eso, para nosotros, el terrorismo tiene un sentido diferente al que viene del Norte dominante.
Y estoy convencido de que Cristina usará esas leyes en esa dirección que intento señalar sencillamente. Estoy convencido, pero si los dramas de la historia argentina marcaran lo contrario, estaré en la vereda de enfrente sin claroscuros.



Archivo del blog