martes, 6 de agosto de 2013

LO IDEAL SUELE SER ENEMIGO DE LO BUENO

Aunque las charlas con mi amigo Teodoro Boot se han espaciado últimamente (cosa que atribuyo a mis actuales dificultades físicas), suelo aprender de ellas por la claridad conceptual que suele exhibir (él) aunque no comparta en un ciento por ciento (nunca hay unanimidad) de una amistad que se forjó hace décadas, en la propia dictadura cívicomilitar. 
En esos años 60/70, me iba hartando paulatinamente de las posiciones que, con el argumento falaz del idealismo, terminaban atándonos de manos para cualquier consideración política de la realidad que contuviera un trazo de práctica del poder. 
En cuanto a él, bueno, que él explique lo suyo.
Me había acercado a lo que entonces se conocía como peronismo combativo, una posición intermedia entre los dinosaurios y los idealistas. 
Pero a destiempo: el dirigente Julio Isabelino Guillán, histórico del sindicato de  telefónicos y uno de los creadores de la CGT de los Argentinos, derivará en una paulatina conversión que lo llevaría a apoyar la experiencia privatizadora de María Julia (Alsogaray). Veinticinco años antes, las fugadas de la cárcel encabezadas por Amanda Peralta de la FAP habían estado escondidas en el último piso del mítico edificio de la ex-Foetra en Perón al 2900, aunque desconozco si Guillán estaba enterado.
El peronismo nos contenía a todos, pero no por su opacidad o ambigüedad, sino porque no era un partido político sino el movimiento nacional en una etapa histórica, la de Perón en el poder. 
Uno de los conceptos que hurto a Boot, sin permiso, es que el peronismo se murió junto con Perón y que éste se llevó a la tumba los secretos de la conducción, aunque a su regreso Perón (eso lo agrego yo)quizás sobreactuaba su dominio de todo el "dispositivo" . 
Por eso entiendo y comparto cuando Cristina se refiere a sus orígenes peronistas, idea con la que me identifico plenamente. Huérfanos y descreídos con lo que fue el menemismo, encontramos de pronto a alguien como Néstor que nos hace revivir viejos conceptos no olvidados del todo pero que en todo caso parecían enterrados para siempre por imposibles.
Mal que le pese a algunos y que muchos se sientan incómodos, el kirchnerismo es el peronismo posible en la Argentina del siglo XXI.
El kirchnerismo es un movimiento, vivo y contradictorio, en el que quienes enarbolan supuestos principios idealistas sobreviven. A veces quieren correr a Cristina por izquierda y cultivan eso que antes se denominaba entrismo, la supervivencia de gente que se considera a sí misma idealista (de la boca para afuera) o heredera de aquellos idealismos, cuando en realidad sólo se dedican a regar la quintita propia, y en lugar de jugar una partida colectiva juegan la de ellos. Y que, logrados ciertos objetivos particulares, se alejan y convierten en enconados adversarios. Suelen afirmar, además, que Cristina abandonó la política de Néstor. Es fácil hablar bien o mal de un muerto.
De todo esto, escrito muy sintéticamente y uniendo con rapidez pasado (desde el más lejano de Perón hasta nuestro propio pasado de los 60/70) con presente, concluimos con Boot que esto es lo bueno y que es estúpido compararlo con el idealismo infantil e irrealizable, quizás nefasto, de aquellos años. Y no me vengan con tonterías como que carezco de un conocimiento acabado de lo socialista: nadie sabía en realidad de qué socialismo se trataba, desconocimiento que sólo podía acarrear dolor y sangre inútilmente derramada. 
Espero no estar poniendo pensamientos de Boot que él no comparte, y si es así le pido disculpas.
Pero yo sí lo creo firmemente, y no me corran por izquierda los Tumini y etcétera.
Es natural que esto suceda, tan natural como que en otros ámbitos habrá kirchneristas que se acercan al gobierno para hacer negocios, pero creo que lo que hacen los idealistas también es negocio. 
Los primeros lo reconocen o terminan por reconocerlo; estos otros lo disfrazan de buenas intenciones y grandes palabras.
En realidad, poco me importa que algún lector kirchnerista me contradiga por no sentirse en absoluto parte de algo que tenga cierto aroma peronista. Allá él, no por eso dejaremos de compartir ciertos elementos esenciales de la actualidad.
Fui también uno de los idealistas de los 70. Sostener hoy esa actitud es una farsa, así como era pueril en aquel entonces.
Y como siempre, lo más importante ha quedado en el tintero.

  
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4 comentarios:

Eduardo Frapiccini dijo...

¿Importa tanto la etiqueta..? Decir que Menem es peronista es el mayor triunfo del liberalismo.. Me asombra escuchar que las PASO se dirime entre el peronismo: Insaurralde, Massa, De Narvaez... ¿que los identifica, además de la etiqueta..? ¿No sería mejor comenzar a hablar de ideología..? Ver que proponen, quién se acerca más a los ideales de justicia social, soberanía. Muchos de los "idealistas" de los 60/70 queríamos eso y luchábamos desde distintos lugares, con diferentes métodos. ¿Eran mejores los que optaron por la lucha armada, los que lo hacía dentro de un partido, una iglesia..?
Muchos de los que nos consideramos estafados con Menem, con esa idea de "buenos administradores" y no políticos, de pronto vemos aparecer a alguién que vuelve a hablarnos de los sueños que teníamos, de volver a levantar esas banderas, sin caer en los mismos errores...
¡Que me importa si es peronismo o kirchnerismo..!! Es lo que quiero para mi país...

HUINCA dijo...

Empiezo por el final (un consuelo): si lo más importante quedó en el tintero, o es un tintero enorme, o no debía ser tan importante. Lo que usté puso por escrito es el fluir de la conciencia, y en ese caso, como en la música, se escucha lo dicho y lo no dicho. O sea: se entiende perfectamente, para los que no compartan, y para los que comparten, como yo, lo expresado. Creo que en el fondo, es muy sencillo: Perón, los 70, hoy, sin simplemente cotas en el sinuoso camino de la humanidad en versión argentina. Parece una boludez? Es para mí, ni más ni menos, la lucha entre los que consideran el bien de uno vinculado indisolublemente con el bien de los demás, frente a los que por el contrario consideran a esto como un coto de caza en el cual cualquiera es dable de ser cazado. Pensando de esa manera, situándolo en ese contexto de altibajos, de esas dos grandes pulsiones contradictorias, es como -me parece- uno puede ir evaluando. No sé si le sirve. Le mando un abrazo!

Jorge Devincenzi dijo...

Por una cosa o por otra, y por lo que creo que quieren decir, estoy de acuerdo con ambos. Cuando mencioné el idealismo lo hice desde lo sesgado de la lucha armada de las orgas. Creo en cierto modo en la ideología si esto es ideologóa, y no estoy tan seguro. Cuando uno pretende, por la ideología, que la realidad se adapte a su opinión ideológica, que es lo que critico, ahí se equivocó. Las ideas deben ser resultado de una interpretación de la historia; no puede ser al revés, que la historia se adapte a nuestras ideas.

Anónimo dijo...

Muy bueno!

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