martes, 29 de junio de 2010

LA UNION EUROPEA QUIERE EXPORTAR CRISIS ANTES QUE DURAZNOS




Luego de seis años, se reiniciaron las discusiones en torno a un acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, similar a lo que pudo ser el ALCA.


En este sentido, si bien la crisis bancaria de EEUU en 2008 parecía anunciar el próximo fin del capitalismo financiero y el neoliberalismo, nada indica que esto suceda porque el capitalismo industrial necesita de lo financiero para maximizar su ganancia.
En aquel momento, la monstruosa emisión monetaria norteamericana, como la actual de Europa, habilitaron la discusión de medidas keynesianas. Pero la realidad demostró que la “ayuda” oficial no fue dirigida a incrementar la demanda sino a salvar a los bancos multinacionales, que desde entonces exhibieron balances brillantes.
La prueba más evidente de que no se usó el keynesianismo en su versión mítica, es que se mantiene estable o con tendencia a incrementar la desocupación de EEUU mientras se acelera la de España y otros países. EEUU no salió de la crisis del 30 con Keynes y Marshall, sino con la Segunda Guerra Mundial.
En ese marco, es poco y nada lo que puede hacer Argentina por su escaso peso específico más allá de clamar en las tribunas sobre el papel pernicioso del FMI y sus recetas.
El “libre comercio” solo ha beneificiado a las naciones centrales, pero no es posible evadirse de él aunque sí atenuar sus consecuencias más perniciosas. El NAFTA ha convertido a México en un país inviable. La ex-Alemania oriental funciona como “dependiente” de la Occidental tanto por su producción agrícola como por el aporte de mano de obra más barata. Los países de Europa del Este ex-´Pacto de Varsovia –tanto como España o Grecia- son en verdad la periferia de la Unión Europea. Es cierto que en España hay industria, pero los motores de su economía son el turismo y la construcción asociada con el lavado de dinero. Grecia es un país turístico donde van a buscar amor y comprensión las mujeres suecas mientras sus maridos se dedican a la bebida.

Aquí vemos un portacontenedores transportando duraznos a la Argentina, tal como alguna vez exportamos aceitunas desde la pista de Anillaco. Nos toman por tontos.


Como se ve, si se plantea la cuestión en términos de centro y periferia o centro y dependiencia, hay múltiples centros y múltiples dependencias, algunas de ellas internas a las sociedades nacionales.
No creo que Argentina, como parte del Mercosur, apriete el acelerador en la firma de un tratado de libre comercio.
LA UNIÓN EUROPEA intentará exportar su crisis.
Es este el marco donde se inscribe el reclamo que se hizo a la Argentina desde Bruselas, donde –si mis datos no están desctualizados- nos sigue representando Jorge Remes Lenicov, el autor de la pesificación asimétrica. Clarín trató el tema poniéndose del lado de los importadores, algo cuyo carácter cipayo se desmenuzó muy bien en el blog Pensando la Argentina.
Podría suceder entonces que la producción alimenticia europea, repleta de subsidios, ingresara a la Argentina vía Mercosur mediante el TLC, con sus secuelas de destrucción de trabajo en el rubro que el gobierno denomina agroalimentario o alimentos industrializados. Pero no es mucho lo que se ha avanzado en la materia en los últimos años, más allá de algunos anuncios. El aceite de soja no constituye un gran avance tecnológico en materia de agroalimentos.
Una consulta al Indec revela que la mayor parte de las importaciones de la eurozona son productos industriales de alta tecnología e insumos químicos. Los alimentos prácticamente no existen, excepto un insumo para la agroindustria como son los toneles de roble para bodegas, que no se comen.
Europa sólo podría importar a Argentina productos de consumo para sectores de altos ingresos (duraznos y aceitunas griegas, jamones españoles, dátiles, alcaparras, etc.) y habría que ver si, por vía indirecta, no puede ingresar trigo ucraniano. Rotterdam es el centro mundial de las transacciones, y mediante triangulación, Holanda exporta cualquier cosa, incluso trigo de Europa Central o llegado el caso, calzado de China, como si fuera de producción holandesa. O en otras palabras, la Unión Europea puede, vía Holanda, competir con precios de dumping en todos los ítems de lo que constituye una de las patas de la política económica excepto en la soja.
En este sentido, Aníbal Fernández desestimó las protestas de la Unión Europea y se refirió a las licencias de importación no automáticas contempladas en la reglamentación de la OMC. En rigor, el Ministerio de la Producción informa que no hay licencias no automáticas para productos alimenticios, pero sí sobre calzado, juguetes, neumáticos, textiles, papel, autopartes, etc.
Argentina está obligada a respetar los acuerdos con la OMC (que bien podría llamarse OMLC, Organización Mundial de Libre Comercio) por la vigencia de la constitución de 1994 que otorga supremacía a los tratados internacionales y a los tribunales extranjeros sobre la ley y la justicia internas.
Desgraciadamente, a esta hora el BCRA no informa sobre la cantidad de euros que constituyen los casi 50 millones de dólares de reservas, pero esa variable puede estar relacionada con el reclamo de la Unión Europea.
En definitiva, la presión de la Unión Europea para abrir insólitas entradas de alimentos (que siempre fueron marginales incluso en los años de oro de los 90 donde se comían fideos italianos y mandarinas israelíes, y todos teníamos nuestro vino verde portugués en la mesa todos los días), se inscribe en la presión por exportar la crisis, lo que incluye (atención con este pequeño detalle) un alto componente inflacionario. EEUU puede darse el lujo de vivir de prestado con un monumental déficit debido a la fortaleza (anclada en su poderío militar-mediático) del dólar, pero la vieja Europa no se lo puede dar. Lo que ya marca el famoso doble standard para la oposición local, que pareciera incapaz de relacionar emisión monetaria del Centro del mundo con la marginal emisión local. Allá está bien y es sensato, aquí es inflacionario, crispado y totalitario.
Si el primer movimiento fue salvar a los bancos, el segundo consiste en ver quién paga la fiesta. Ellos no tienen ninguna intención de ponerse.
Leemos a Lisandro Mogliatti :

"Las restricciones a las importaciones a ciertos alimentos elaborados por parte de la Argentina, responden a una clara estrategia de política económica de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), sobretodo en un marco de crisis internacional, con epicentro en algunos países de la UE, que con una depreciación del Euro, comienzan a recuperar el terreno perdido, en los años en que la moneda única europea se apreciaba y perdía competitividad relativa en la mayoría de sus mercados de exportación.Algunos sectores vinculados a entidades que nuclean a los importadores, destacan que siendo que Argentina importa anualmente u$s 1000 millones en alimentos, las restricciones actuales al ingreso de alimentos importados, podría hacer peligrar exportaciones argetinas por más de u$s 20.000 millones, un hecho que se analiza como improbable y difícil de verificar en un mercado globalizado y diversificado.
De todas formas el hecho más sorprendente en este entrecruzamiento, es que la propia UE acuse a la Argentina de proteccionismo económico, sobretodo en el rubro de los alimentos, justamente el sector más protegido por los europeos, que restringen el ingreso de productos alimenticios de terceros países (inclusive la Argentina), alegando razones de índole sanitaria y de calidad.
Sin ir más lejos hace unos pocos años, el negocio exportador de la miel argentina, se vio amenazado severamente, por la prohibición del ingreso de los productos apícolas procedentes de la Argentina a la UE, cuando en un embarque de miel a Inglaterra, se detectaron niveles relativamente elevados (a juicio de los organismos de intervención sanitaria europea) de nitrofuranos (un antobiótico prohibido en la UE) en miel argentina.
Años después, nadie duda que los europeos obraron de esta forma para proteger al sector de la producción de miel de la UE y a los fraccionadores de la industria alemana, a raíz de los altos precios que debían pagar por la miel argentina, en una coyuntura desfavorable para la producción europea de miel.
Esta es una forma de proteccionismo encubierta y tampoco respeta el espíritu de los acuerdos internacionales suscriptos, tanto en el marco de la OMC, como en los acuerdos entre bloques regionales o acuerdos bilaterales que plantean la liberalización del comercio.
Realmente escuchar reclamos de los negociadores europeos acerca del proteccionismo argentino en el mercado de alimentos, parece gracioso, porque el mismo bloque de la UE, ha erigido una maraña legislativa que cierra las puertas comerciales, sobre todo a los productos procedentes de los países en vías de desarrollo, con razones que van desde fallas a la calidad, problemas de salubridad, como también poniendo un manto de dudas (y de hecho dudas hay), sobre el efecto que a futuro pueden tener los productos compuestos por OGM´s (organismos genéticamente modificados) cuyos perjuicios nadie ha podido probar fehacientemente.
Para los organismos europeos de contralor sanitario, cualquier excusa es validada a la hora de defender la industria comunitaria, en Argentina, todavía, algunos defensores a ultranzas del libre comercio, que avalaron la apertura indiscriminada desde los años´70 y que tuvo su auge en los ´90, que condujo a la desaparición del aparato productivo nacional, aprovechan la figura del excéntrico Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, para tratar de postular un modelo económico pernicioso, que lleva sin dudas al colapso de este nuevo modelo de desarrollo, que postula a la producción nacional".-

1 comentario:

Almita dijo...

Tu artículo es muy sesudo, y muy completo. No puedo aportar más que lo obvio, que se paguen su crisis y no jodan.
Que cuando aquí hubo grave crisis, y se fueron los nuestros a trabajar allí, los trataron como perros.
O que devuelvan el oro, y conversamos de los duraznos.

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