martes, 2 de noviembre de 2010

LIBERACIÓN O DEPENDENCIA, UN ENFOQUE ACTUAL

El presente trabajo fue publicado originalmente con el título "El enfoque centro-periferia: antecedentes, renovación y vigencia". Su autora es Ruth Eliana Gabay, doctoranda de la Universidad de Cuyo. 



Introducción

El objetivo del presente trabajo es reflexionar sobre el enfoque centro-periferia destacando: los supuestos básicos de su encuadre teórico y el contexto histórico en el que fue producido, la ampliación y revisión de sus premisas en los años ‘70 y el potencial explicativo que presenta hoy. Cabe aclarar que la visión centro-periferia que alcanzó un gran nivel de difusión en el pensamiento latinoamericano de mediados del siglo XX a través de la obra de Prebisch y de los informes de la CEPAL, trató de responder a las incertidumbres de los años inmediatamente posteriores a la segunda guerra mundial con estrategias destinadas a promover el desarrollo en los países de la región. El hecho de revisar en nuestros días las categorías centrales del enfoque centro-periferia supone, por un lado, aceptar que dichas categorías son históricas porque han sido producidas en un determinado tiempo y espacio y, por otro, determinar si se trata de categorías analíticas, es decir, herramientas de análisis que puedan ser revitalizadas en el presente para interpretar y explicar las relaciones de los países latinoamericanos entre sí y con el mundo y para fortalecer la constitución de un pensamiento propio en el campo intelectual latinoamericano.[1] Para aproximarnos en este camino, se presentará a continuación un panorama sintético de la perspectiva centro-periferia, su evolución y su alcance actual.

Encuadre teórico e histórico del enfoque centro-periferia

Los conceptos de centro y periferia fueron planteados por primera vez por el economista argentino Raúl Prebisch en diversos textos de su autoría confeccionados en la década del ‘40 y en el famoso Estudio Económico de América Latina que elaboró para la CEPAL en 1949. El tema central que planteó dicha teoría fue el de la distribución de los incrementos de productividad que derivan del progreso técnico. Desde un inicio, Prebisch, consideró que no existía un reparto equitativo de los incrementos de productividad entre centros y periferias. Los centros eran los generadores y propagadores del progreso técnico y los rectores de la especialización productiva mundial, en cambio, las periferias estaban supeditadas a los centros en relación a la absorción de tecnología y al posicionamiento productivo internacional.

Además este autor sostenía que esta brecha de productividad entre centros y periferias se ampliaba con el tipo de comercio que se establecía entre ambos polos de la economía mundial. De acuerdo con este planteo las economías centrales proveían a las periferias de bienes de capital, productos manufacturados, tecnología e inversiones. A la vez, que las economías periféricas se especializaban en la exportación de productos primarios a los centros, principalmente alimentos y minerales. Por otra parte, este enfoque o teoría también hacía advertencias sobre la transferencia de ingresos que este tipo de comercio generaba desde la periferia hacia el centro y sobre el deterioro que se producía en los términos del intercambio, porque el control de los mercados en manos de los centros conducía a que los productos manufacturados y de alta tecnología que estos países producían tuviesen precios cada vez más elevados, mientras que los bienes primarios que exportaban los países periféricos poseyesen precios cada vez menores (Prebisch, 1949).

Según Prebisch, el mayor desafío que enfrentaba América Latina en el período de posguerra era la extrema dependencia de sus volátiles exportaciones de materias primas. Por eso, su respuesta principal a este dilema fue la de afianzar el proceso de industrialización iniciado en la región después de la crisis del ’30 para expandir el mercado interno y diversificar las exportaciones. Y postuló a través de la CEPAL (desde su cargo de Secretario Ejecutivo entre 1949 y 1963) la participación del Estado en el proceso de planificación económico-social para fomentar la industrialización interna, defender el mercado nacional y lograr un nuevo tipo de comercio en los países de la periferia que apostara a la integración económica y generara economías de escala.[2]

Posteriormente, cuando Prebisch fue Secretario General de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) desde 1964 hasta 1969 se transformó en un portavoz muy elocuente y escuchado en el Tercer Mundo. Así y todo, nunca cortó sus lazos con América Latina y continuó ligada a ella a través del ILPES (Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social). En esta nueva etapa de su trayectoria, Prebisch, propició desde la UNCTAD la cooperación internacional, tanto desde los principios éticos de las Naciones Unidas como de sus propios diagnósticos acerca del relacionamiento entre centros y periferias. Y en uno de sus primeros informes destacó la necesidad de lograr una cooperación internacional en el plano Norte-Sur como estrategia fundamental para asegurar el desarrollo armónico, no sólo de las periferias, sino también de los centros industriales. En el fondo, se trataba de una fórmula equitativa para ir superando gradualmente las asimetrías estructurales que involucraban por igual a centros y periferias. Pero la pérdida de dinamismo de la economía mundial a partir de los años ’70 marcó el inicio del deterioro en la estructura de la cooperación internacional; que había logrado ciertos avances entre 1945 y 1970 por ser uno de los períodos más dinámicos de la historia económica del planeta (Di Filippo, 1988).

Finalmente, vale indicar que tanto la obra de Raúl Prebisch como las recomendaciones de la CEPAL constituyeron un hito inconfundible en la interpretación del desarrollo económico latinoamericano; y que representaron una crítica fundamental a la teoría neoclásica del comercio internacional que defendió las bondades de las ventajas comparativas justificando la especialización productiva a nivel mundial.

El replanteo de la teoría centro-periferia a la luz del debate sobre la dependencia en los años ‘70 

Fue el propio Prebisch, quien revisó la teoría centro-periferia a mediados de los años 70’. A partir del momento que asumió como Director de la Revista de la CEPAL en 1976 publicó en la misma un conjunto de ensayos que le sirvieron de base para la confección de su último libro: Capitalismo periférico, crisis y transformación editado en 1981; en el cuál reflexionó sobre los límites de un proyecto de desarrollo nacional autónomo en la periferia y sobre la necesidad de construir un pensamiento más global acerca del sistema económico mundial (Dos Santos, 2003).

Prebisch, -que estuvo siempre interesado en examinar la evolución de la economía mundial- retomó en el transcurso de los ‘70 el análisis de las ideas fuerza del enfoque centro-periferia en el contexto del debate introducido por los teóricos de la dependencia. Tal es así, que en un trabajo póstumo reconoció: “que el concepto centro-periferia fue enriquecido con los valiosos aportes de sociólogos, politólogos y economistas empeñados en destacar los factores internos -inherentes a la periferia- que inciden en el fortalecimiento de las relaciones de dependencia”. Y resaltó: “que quizás la contribución más importante de la polémica sobre la dependencia de finales de los ‘60 y comienzos de los ‘70 fue la incorporación de las relaciones de poder en el esquema centro-periferia”. Por eso, Prebisch reafirmó en este artículo la idea de que en el desarrollo apendicular de la periferia los grupos dominantes de los centros establecían articulaciones con grupos similares de la periferia, y que esto generaba una comunidad de intereses entre ambos grupos sociales que tejía una urdimbre de relaciones propicias a sus intereses económicos, políticos y estratégicos. Además señaló que la superioridad de los centros fue adquiriendo nuevas modalidades; y que a la clásica succión de ingresos de las empresas productoras y exportadoras de bienes primarios e importadoras de manufacturas antes de la industrialización, se añadió luego, la sangría de ingresos de las empresas trasnacionales que tendían a participa cada vez más del proceso industrial y que se amparaban en algunos casos en una protección excesiva.[3]

En definitiva, Prebisch en esta última fase de su pensamiento procuró demostrar que si bien las relaciones de poder entre el centro y la periferia se volvieron más complejas en el transcurso de los ´60 y ´70 siguieron desenvolviéndose bajo el signo histórico de la hegemonía de los centros, especialmente del centro dinámico principal. Además penetró en el estudio de la dinámica interna del capitalismo periférico con el objeto de descifrar los principales obstáculos al desarrollo en los países de América latina, como: la tendencia a un capitalismo imitativo; la formación del excedente y su captación primaria por parte de los estratos superiores (que concentran en sus manos la mayor parte de los medios productivos); el origen de la pugna redistributiva en la periferia y sus consecuencias (inflación, contracción económica y desempleo); y finalmente, los límites del proceso de democratización en los países de la región.[4] Asimismo, a partir de este conjunto de ideas y argumentos planteó una vía de solución posible a las crisis estructurales y recurrentes del capitalismo periférico, destacando en este último caso, el rol indelegable que le correspondía al Estado en el uso social del excedente.

En conclusión, la audaz exploración de Prebisch en esta última fase de su obra -que ya contaba con 75 años a cuesta- de intentar desentrañar la naturaleza del “capitalismo periférico” a la luz del debate sobre la dependencia, reafirma sin lugar a duda, su necesidad de revisar críticamente los dilemas del desarrollo en América Latina evitando caer en una dependencia intelectual respecto de los centros.

La validez del enfoque centro-periferia en nuestros días

En este punto se intentará realizar en un primer momento una breve descripción de los rasgos dominantes del nuevo orden económico internacional, para evaluar posteriormente en forma aproximada la vigencia del enfoque centro- periferia en nuestros días.

El sistema capitalista al amparo de una revolución científico-técnica (centrada en el desarrollo de las tecnologías de la información) ha experimentado desde mediados de los años ‘70 en adelante una reestructuración profunda de sus modos de producir, de gestionar y de consumir. Los avances logrados en el campo de las telecomunicaciones, la microelectrónica y la informática han constituido un soporte indispensable para el proceso de internacionalización de la economía (Castells,1998).

En este contexto el comercio viene desarrollándose más de prisa que la producción y las naciones que intercambian bienes y servicios son cada vez más interdependientes, a tal punto, que los abastecedores de una parte del mundo necesitan de los compradores de otra y los que pueden consumir disfrutan de una creciente oferta de productos extranjeros. Al mismo tiempo que se ha expandido el mercado mundial, la cadena de producción de bienes y manufacturas se ha ido fragmentando territorialmente –las materias primas o los componentes de un determinado país son exportados a otro para su procesamiento o montaje, y después regresan a su país de origen o bien son reexportados a una tercera nación- (Harvey, 1998). Cabe advertir, que la mayor parte de los países de América Latina que participan de este eslabonamiento productivo a nivel mundial lo hacen a través del montaje de partes y de la exportación de productos primarios con escaso valor agregado, empleando una mano de obra poco calificada, al menos en aquellas industrias vinculadas a la ingeniería y a una tecnológica de avanzada (Katz, 2000).

A su vez, este incremento en los flujos de bienes y servicios entre los distintos países del mundo es liderado actualmente por las corporaciones y firmas trasnacionales. Este tipo de agentes económicos generalmente actúa en función de la búsqueda de una mayor rentabilidad. Dicha rentabilidad es obtenida a través de una permanente innovación tecnológica (que tiende a producir desempleo) y de una disminución constante de sus costos laborales y fiscales (que conduce a un mayor grado de libertad en la localización de las diferentes actividades económicas). De esta forma se afianza una lógica de la producción global que genera una multiplicidad de localizaciones, pudiendo establecerse, distinciones entre el lugar de inversión, el lugar de producción, el lugar de declaración fiscal y el lugar de residencia. En otras palabras, las empresas trasnacionales y sus cuadros dirigentes pueden producir en un país cuyos costos salariales sean muy bajos, pagar impuestos en un país donde les resulte menos gravoso, y vivir y residir en otro país que les resulte más atractivo (Beck, 1998). Ahora bien, esta forma de operar de las empresas trasnacionales tiende a reducir el poder de autonomía de los Estados-nación en el mundo subdesarrollado.

Otro aspecto sustantivo que hay que destacar en relación al proceso de internacionalización de la economía a nivel mundial es la denominada desregulación financiera. En verdad, este fenómeno se manifiesta como un emergente de un proceso histórico que se inicia en la década del ’70 y que incluye tres hitos esenciales: la crisis del sistema monetario y financiero internacional basado en el patrón oro-dólar ( y su forma de salida a través de un sistema de cambio flotante), el incremento formidable de la liquidez internacional (proveniente fundamentalmente de la crisis del petróleo en 1973 y del consiguiente aumento de los petrodólares en la banca internacional) y la política de endeudamiento externo emprendida principalmente por los países del sur debido a la enorme elasticidad de la oferta de fondos prestables (Hopenhayn, 1995). Asimismo, este proceso de desregulación financiera ha promovido una economía mundial basada en la especulación. La tendencia creciente hacia las transacciones bursátiles, los cálculos de cotizaciones y la valorización de los activos de empresas en los mercados financieros -hechos y fenómenos que nada tienen que ver con la producción- han dado lugar a lo que Keynes denominó en su tiempo “una economía de casino”; que se produce cuando el desarrollo del capital de un país se vuelve un subproducto de las actividades especulativas.[5]

Por otra parte, cabe indicar que el proceso de endeudamiento externo iniciado desde mediados de los años ’70 en los países de América Latina ha generado crecientes imposiciones por parte de los organismos internacionales de crédito, porque estas instituciones no sólo sugieren condiciones de ajuste para posibilitar el pago de la deuda y equilibrar las cuentas fiscales sino que comienzan a pautar la política económica, la política social y la política de reforma institucional. Y este tipo de recomendaciones e ingerencias influye de manera decisiva en la estructura decisional del Estado-nación, puesto que ya no hay política pública de significación que no sea monitoreada, financiada o controlada por algún organismo internacional (García Delgado, 1998).

Por último, vale indicar que el proceso de integración económica constituye otro rasgo distintivo del escenario de fines del Siglo XX y comienzos del Siglo XXI. La reducción y eliminación de los impuestos o aranceles a los productos provenientes de otros países permite la libre circulación de bienes y mercancías a través de las fronteras de los Estados asociados. Y como consecuencia de esta integración económica se incrementan notablemente los flujos de intercambio intraregional, es decir, aumenta el comercio entre los países que pertenecen a un mismo bloque económico. No obstante -resulta pertinente señalar- que esta tendencia contemporánea a la formación de grandes bloques comerciales no garantiza procesos de igualdad en el poder político y económico de los Estados asociados, y que por ello, subsisten contradicciones importantes en el seno de cada proceso de integración regional (Rapoport, 2002). Además, todo este conjunto de transformaciones ha modificado el panorama económico del mundo y ha reforzado, sin lugar a duda, las desigualdades internacionales en favor de los países que integran la denominada Tríada del poder (Estados Unidos, Japón y la Unión Europea) cuya participación en el PBI mundial y en el total de las exportaciones globales superó el 70 % a comienzos de la década del ’90 (Méndez, 1997).

Pues bien, acorde con el contexto descrito cabe preguntarse: ¿los supuestos básicos de la visión centro-periferia pueden ser aplicados en el presente para explicar las tendencias dominantes del nuevo orden económico mundial?. Se intentará responder a este interrogante desde algunas interpretaciones correspondientes a ciertos autores vinculados al pensamiento de la CEPAL, puesto que esta institución ha jugado un rol decisivo en los desarrollos teóricos de dicho enfoque.

Para Di Filippo, el comercio intersectorial de manufacturas por productos primarios ya no define esencialmente el relacionamiento económico entre centros y periferias. Según este autor, la globalización económica mundial privilegia las formas del comercio intrasectorial e intrafirma de bienes y estimula el comercio de servicios. Y desde esta perspectiva, el deterioro de los términos del intercambio constituye un tema de importancia económica decreciente. Además, la distribución internacional de los incrementos de la productividad (que fue uno de los supuestos básicos del enfoque centro-periferia en sus orígenes) operaría en nuestros días a través de nuevos mecanismos. Por ejemplo, la inversión extranjera directa transfiere a las periferias tecnologías de alta productividad que se combinan con salarios más bajos que los de los centros; y esto genera ganancias de productividad periférica que son apropiadas principalmente por las firmas trasnacionales para ser remitidas luego bajo la forma de utilidades o repatriación de capitales a las casas matrices que se ubican en los países centrales. Asimismo, esta distribución internacional de los incrementos de la productividad favorece claramente a los trabajadores calificados en las tecnologías de la información y perjudica a los de escasa calificación, confinados a tareas rutinarias en la producción de bienes y servicios. Por lo tanto, ya no serían las fronteras nacionales entre centros y periferias las que delimitarían la distribución de las ganancias de productividad, sino las fronteras del conocimiento adquirido entre trabajadores calificados y no calificados (Di Filippo, 1998).

Mallon, en cambio, resalta que el actual predominio del capital financiero sobre la producción y el creciente funcionamiento especulativo de los mercados internacionales -en los que operan las propias firmas trasnacionales como grupos financieros- ha trasladado el centro de la economía mundial (que antes quedaba confinado a las potencias industriales) al mercado global de capitales y, por lo tanto, la mayor parte de los Estados-nación del planeta formarían parte hoy de la periferia (Mallon, 1998).

Ya se indicó oportunamente que la visión centro-periferia le asignó un papel decisivo al Estado como planificador del desarrollo. A pesar de que en nuestros días existe una ardua polémica en torno al debilitamiento de los Estados-nación de la periferia en el contexto de la globalización económica y financiera; hay autores cepalinos que insisten en la necesidad de redimensionar al Estado como unidad de análisis básica para diseñar estrategias de desarrollo en los países de América Latina. Y en este sentido, Ocampo advierte que dichas estrategias deben promover la construcción de pactos sociales sólidos que puedan garantizar la estabilidad política, sistemas legales no discrecionales y formas de comportamiento de los agentes que confieran seguridad a los contratos; además de una burocracia imparcial y relativamente eficiente. Sin embargo, reconoce que estos marcos institucionales (que ponen de manifiesto la acción indispensable que juega el Estado como regulador de un determinado orden económico y social) sólo sirven como telón de fondo para el desarrollo económico y no explican los impulsos concretos al crecimiento que experimentan las economías periféricas. Impulsos que están vinculados en gran medida con la acentuada vulnerabilidad macroeconómica y financiera de tiempos recientes; que debería obligar a los organismos internacionales de crédito a asumir la función esencial de compensar el efecto procíclico de los mercados financieros en las economías de la periferia (Ocampo, 2001). Respecto del impacto desestabilizador que genera la especulación financiera, Mallon, destaca que los procesos de desarrollo tienen mucho más viabilidad en la periferia si se introducen ciertas modificaciones en la economía mundial como la aplicación del impuesto Tobin a todas las transacciones internacionales de divisas, para imponer controles a los movimientos de capitales externos y para recaudar fondos que ayuden a los países de la periferia que presenten apuros financieros (Mallon, 1998). Sin duda, estas posiciones son discutibles, pero aportan ideas acerca de como superar una de las dificultades más relevantes de nuestra época: la inestabilidad macroeconómica y financiera de los países periféricos, problema que pone continuamente en riesgo la gobernabilidad y el funcionamiento de las instituciones democráticas dentro de este tipo de países.

En cuanto a las tendencias recientes a la integración regional, cabe agregar, que Ocampo sostiene que el esquema centro-periferia sigue sonando con fuerza en la actualidad puesto que la mayor parte del comercio mundial se desarrolla entre los centros y éstos no abandonan sus prácticas proteccionistas, dejando de lado el potencial enorme que reviste el comercio recíproco entre centros y periferias, siendo este último, uno de los principales postulados que predicó la CEPAL desde sus inicios (Ocampo, 2001). Por otra parte, las desigualdades existentes entre los países que integran los bloques económicos permite reconocer disparidades al interior de los propios centros y periferias. En el primer caso, se pueden registrar diferencias entre los polos más dinámicos de los centros y aquellos que no lo son (como ocurre con EEUU en el NAFTA, Alemania en la UE y Japón en el bloque de Asia y el Pacífico). Y en el segundo caso, establecer distinciones entre aquellos países periféricos que lideran los procesos comerciales y constituyen periferias de primer rango (como ocurre con Brasil en el marco del MERCOSUR) y los que estarían subordinados a los primeros conformando periferias de segundo rango.

Conclusiones

En el trabajo se hizo un breve recorrido histórico del enfoque centro- periferia resaltando en un comienzo sus premisas originales como: la distribución internacional de los incrementos de la productividad, el rol del Estado como orientador y promotor de la industrialización en la periferia y la necesidad de lograr una integración regional en América Latina. También se indicó que esta teoría fue formulada por Prebisch para responder a los principales problemas del momento histórico en el que la creó: la ausencia de un mercado dinámico de manufacturas a nivel internacional y la brecha creciente entre un centro desarrollado y una periferia subdesarrollada. Luego se aludió a la etapa en que Prebisch, revisó los supuestos básicos de la visión centro-periferia en los años ’70 en el contexto del polémico debate acerca del origen de la dependencia en los países de la periferia. Prebisch, en esta última fase de su obra ahondó en el tratamiento de las relaciones de poder y no escatimó en realizar reproches a la sociedad de consumo y en denunciar los límites del capitalismo periférico, debido entre otras cosas, a los recurrentes estallidos inflacionarios y al incremento de la puja distributiva sobre el Estado. Finalmente en esta ponencia se hizo una caracterización reducida de los rasgos dominantes del nuevo orden económico mundial y del potencial explicativo -que según algunos autores de la CEPAL- ofrece el modelo centro-periferia en el presente. En definitiva, este somero recorrido histórico de las categorías claves del enfoque centro-periferia no intenta más que ser un aporte a los innumerables esfuerzos que se llevan a cabo en el campo de las Ciencias Sociales para revisar críticamente las principales construcciones intelectuales del pensamiento latinoamericano de la segunda mitad del siglo XX. Dentro de este tipo de estudios de naturaleza historiográfica se revisan en la actualidad categorías como la de dependencia, explotación del trabajo, masa marginal, etc. Categorías que fueron producidas con el fin de alcanzar un marco conceptual idóneo para comprender y transformar la problemática del desarrollo en América Latina; temática que hoy más que nunca tiene vigencia en la región porque las políticas públicas de corte neoliberal implementadas en los últimos treinta años han generado concentración económica y exclusión social, divorciando claramente al crecimiento económico del desarrollo y la equidad.

Bibliografía citada

· Beigel, Fernanda (2004), Vida, muerte y resurrección de las “Teorías de la Dependencia”, en AAVV: Los legados teóricos de las Ciencias Sociales, Buenos Aires, CLACSO.


Beck, Ulrich (1998), ¿Qué es la globalización?. Falacias del globalismo, respuestas a la globalización, Buenos Aires, Paidós.
Castells, Manuel (1998), La era de la información. Economía, Sociedad y Cultura. Volumen 1, Barcelona, Alianza.

· Di Filippo, Armando (1988), Las ideas de Prebisch sobre la economía mundial, en: Revista de la CEPAL, N° 34, Santiago de Chile.

· Di Filippo, Armando (1998), La visión centro-periferia hoy, en: Revista de la CEPAL, Número Extraordinario, “CEPAL cincuenta años, reflexiones sobre América Latina y el Caribe”, Santiago de Chile.

· García Delgado, Daniel (1998), Estado-nación y globalización. Fortalezas y debilidades en el umbral del Tercer Milenio, Buenos Aires, Ariel.

· Gurrieri, Adolfo (1982), La Obra de Prebisch en la CEPAL, 2 volúmenes, México, FCE.

· Harvey, David (1998), La condición de la posmodernidad, Buenos Aires, Amorrortu.

· Hopenhayn, Benjamín (1995), Movimiento internacional de capitales y financiamiento externo en América Latina, en: Revista de la CEPAL, N° 55, Santiago de Chile.

· Katz, Jorge (2000), Reformas estructurales, productividad y conducta tecnológica en América Latina, Santiago de Chile, FCE/CEPAL.

· Lo Vuolo, Rubén (2001), Alternativas. La economía como cuestión social, Buenos Aires, Grupo Editor Altamira.

· Mallon, Richard (1998), Un nuevo centro y una nueva periferia, en: Revista de la CEPAL, Número Extraordinario, “CEPAL cincuenta años, reflexiones sobre América Latina y el Caribe”, Santiago de Chile.

· Méndez, Ricardo (1997), Geografía Económica. La lógica espacial del capitalismo global, Barcelona, Ariel.

· Ocampo, José Antonio (2001), Raúl Prebisch y la agenda del desarrollo en los albores del Siglo XXI, en: Revista de la CEPAL, N° 75, Santiago de Chile.


Prebisch, Raúl (1949), Introducción: el desarrollo económico de la América Latina y alguno de sus principales problemas, en: Estudio Económico de América Latina, Santiago de Chile, CEPAL.

· Prebisch, Raúl (1976), Crítica al capitalismo periférico, en: Revista de la CEPAL, N° 1, Santiago de Chile.

· Prebisch, Raúl (1980), Hacia una teoría de la transformación, en: Revista de la CEPAL, N° 10, Santiago de Chile.

· Prebisch, Raúl (1981), Capitalismo periférico, crisis y transformación, México, FCE.

· Prebisch, Raúl (1988), Dependencia, interdependencia y desarrollo, en: Revista de la CEPAL, N° 34, Santiago de Chile.

· Rapoport, Mario (2002), Tiempos de crisis, tiempos de cambio. Argentina y el poder global, Buenos Aires, Grupo Editorial Norma. Dos Santos, Theotonio (2002), La teoría de la dependencia, Barcelona, Plaza & Janés Ed

* La autora deja constancia que este trabajo ha sido publicado en: ARPINI, Adriana, MAÍZ, Claudio y MONTARULI, Silvana (2007), Hilar Ideas. Las travesías del pensamiento en América Latina, CETYL-UNCuyo, Mendoza: Argentina. pag. .57-66. 

[1] Los planteos sobre categorías históricas y categorías analíticas han sido extraídos del trabajo de Beigel, Fernanda, Vida, muerte y resurrección de las “Teorías de la Dependencia” , en AAVV: Los legados teóricos de las Ciencias Sociales, Buenos Aires, CLACSO, en prensa.

[2] Para explorar acerca del pensamiento económico de Prebisch y su impronta en la CEPAL se puede consultar la antología organizada por Gurrieri, Adolfo, La Obra de Prebisch en la CEPAL, 2 volúmenes, México, FCE, 1982.

[3] El trabajo citado corresponde a una conferencia dada por el Dr. Prebisch en el Centro de Desarrollo Económico de la Universidad de Londres en 1986 denominada: Dependencia, interdependencia y desarrollo publicada en: Revista de la CEPAL, N° 34, Santiago de Chile, 1988, pag. 205-212.

[4] Para ahondar sobre estas ideas de Prebisch véase al respecto las siguientes obras:

- Crítica al capitalismo periférico, en: Revista de la CEPAL, N° 1, Santiago de Chile, 1976

- Hacia una teoría de la transformación, en: Revista de la CEPAL, N° 10, Santiago de Chile, 1980

- Capitalismo periférico, crisis y transformación, México, FCE, 1981.

[5] Keynes, J. M., Citado por Lo Vuolo, Rubén, Alternativas. La economía como cuestión social, Buenos Aires, Grupo Editor Altamira, 2001, pag. 90.


BASTA DE KIRCHNER, por Teodoro Boot



Ayer vi por televisión a la Cristina que esperaba. Se ha hablado mucho de la astucia de Néstor Kirchner: creo que ahora debemos agregar esta cualidad al cuadro político de primera línea, orgullo de los argentinos bien nacidos, que es la Presidenta. 
Según veo, tuvo la valentía de no pretender ocultar su dolor, y desde allí, desde lo más profundo de ese dolor profundo y definitivo, lanzar una advertencia al enemigo: nada de pretender tratarla como otra chirolita. El rumbo seguirá en la misma dirección, y va a ser profundizado porque esta es la hora, la hora precisa.
Mi amigo Boot lo ha escrito de un modo inmejorable.     


Escribió Teodoro Boot:

Fuera del caso de algún tonto irredimible que envió su pésame “institucional” desde la ciudad de Buenos Aires, la reacción general de medios y políticos opositores fue primero de una encomiable prudencia que pronto mutó en elegía, dando cuenta tal vez del fervoroso afecto popular manifestado en las calles. Así, gentes que habían acusado a Néstor Kirchner de las peores infamias, como la de “traidor a la patria”, y eso es mucho decir, y que hace un par de meses le endilgara Solanas, descubrieron súbitamente en él un modelo de virtudes cívicas, republicanas y patrióticas (también Solanas, que no parece estar del todo cuerdo).
Es posible que personas de a pie, ante la certeza de la muerte y la brutal toma de conciencia de la posibilidad del fin de lo que disfrutan y muy livianamente critican, opten por mirar la realidad con menos capricho y mayor objetividad, pero no cabe esperarse similar reacción de los escribas a sueldo de los monopolios ni de politiqueros (y politiqueras) capaces de bestialidades del estilo “sería divino que Cristina quedase viuda”. Sin embargo, los escribas se apuraron a ensalzar la figura de Néstor Kirchner, reconociendo, de súbito, como fruto de un asombroso satori, el auténtico milagro de que fue artífice y que consistió, permítase recordarlo, en evitar la disolución nacional.
Nada menos.
Y detrás de estas yegüas madrinas de los grandes diarios, se encolumnó rápidamente la tropilla de politiqueros, politiqueras, pretendidos productores y chamuyantes de toda laya, al grito de “Kirchner fue un grande”.
Fue. Nótese.

De mirarse las cosas con ingenuidad o ignorancia de visitante de la galaxia Andrómeda, llamarían la atención los muy diferentes y contradictorios roles que Néstor Kirchner parece haber jugado en la realidad política argentina: mediocre gobernador de una lejana provincia de pastores de ovejas, desaliñado candidato a presidente, títere de Eduardo Duhalde, montonero confeso, montonero encubierto, comunista, falso montonero, nazi, usurpador de los derechos humanos, setentista resentido, hegemónico, chavista, sionista, cornudo, tirano, pollerudo manejado a su arbitrio por una neurótica, autoritario, verdadero poder detrás del trono, etcétera, etcétera, etcétera.
En cambio, de haber vivido algunos años en este país y de mirar las cosas sin anteojeras ni lentes deformantes, hasta el visitante de Andrómeda podría haber comprendido que nadie, ni un demente irremediable, ni un poseso por el espíritu de Asmodeo, podría haber sido víctima de tal multiplicidad de tan contradictorias personalidades. Y aguzando más la vista, advertiría que siempre y en todos los momentos, se trató de difamar, deteriorar, erosionar, vaciar la autoridad política no de Néstor Kirchner, sino del presidente de la nación.

¿Es un espíritu, un propósito libertario el que ha movido y mueve esta demolición? ¿O es en cambio el permanente intento de llevarnos a la disolución?
Cabe sospechar y con bastante fundamento, que esto último es lo que está detrás de las grandes campañas, de las grandes operaciones mediáticas de erosión del presidente, o la presidente. No importa la de quién: basta con que sea la de aquél dispuesto a construir y defender esa autoridad. Y no por autoritarismo, sino porque en esa autoridad radica la unión y en consecuencia, la fuerza y la libertad de nuestra sociedad.
Viene desde el fondo de nuestra historia. Tras la independencia y la larga guerra civil –que según algunos comenzó en 1820, con la batalla de Cepeda, y según otros en 1813, con la detención de los  delegados constituyentes artiguistas ordenada por Alvear– fue Rosas quien, valido de la autoridad y el poder que le conferían su personalidad y el dominio de la aduana, consiguió impedir que los cuatro países en que nos convertimos durante la independencia hubiesen terminado siendo seis, o diez.  Hasta sus enemigos se lo reconocieron, post mortem naturalmente, y es así que la Constitución de 1853/60 recoge fundamentalmente uno de los principios centrales de las Bases de Alberdi, el que sostiene la necesidad de elegir periódicamente, por tiempo determinado y sujeto a la Constitución, a un monarca al que, por una concesión republicana, llamamos “presidente”. No hace lo que quiere, sino que está sujeto a las leyes. Pero sólo y únicamente sujeto a las leyes. De ahí la existencia del poder del veto y del de desempate en el senado a favor del ejecutivo, que viene a ser siempre “el oficialismo”, detalle que debería hacer reflexionar sobre la flagrante violación a la Constitución que perpetra casi cotidianamente el señor Cobos.
En verdad, en ningún sitio la Constitución dice que el vicepresidente debe obligadamente desempatar a favor del ejecutivo, de la misma manera que no dice que el presidente no deba oponerse a sí mismo. Eso es tan obvio que no es necesario decirlo (como no es necesario decir que está mal visto violar al abuelito hemipléjico y nonagenario): simplemente se desprende de la lógica del texto y del espíritu de lo que está escrito. En este caso, la Constitución.

No es casual que los países americanos, donde la ilusión fue anterior a la realidad, las leyes a la sociedad  y el Estado a la nación, imperen abrumadoramente los regímenes presidencialistas, en contraposición a los europeos, donde la nación fue anterior al Estado y la sociedad a sus leyes, donde los regímenes, monárquicos o republicanos, son parlamentaristas. En unos, sometidos a fuerzas e influencias centrífugas, se trata de construir la nación a través de una autoridad central; en los otros, de limitar la autoridad central en una nación ya construida. Son procesos y circunstancias históricas muy diferentes, y es necesario reconocer en todo momento dónde está uno parado para no quedar confundido por los principios abstractos. Digresión que viene a cuento para entender el cómo  y el por qué de la persistente tendencia a erosionar la autoridad presidencial, cuando ésta se ejerce, claro.
Desde esta perspectiva es sencillo comprender la seguidilla de contradictorias infamias de que en vida fue víctima Néstor Kirchner así como su exaltación actual, pues siempre se trató de evitar la unidad y reconstrucción nacional impidiendo la edificación de un poder político central, en los casos americanos, necesariamente presidencial.

Puede ser verdad que en su ausencia temporal y, mucho más, en la definitiva, sea posible calibrar la verdadera dimensión de los hombres, la calidad e intensidad de su influencia en nuestras vidas, pero en la persistente, en casos sorprendente, y en general desconcertante exaltación de Néstor Kirchner por parte de los grandes medios se oculta el mismo soterrado propósito: socavar la entidad y autoridad política presidencial en la persona de la presidenta actual. Así, la otrora histérica y neurótica harpía que manejaba de la nariz al incauto bobalicón patagónico, la crispada autoritaria, ha devenido en una pobre y débil mujer librada a su suerte tras la muerte de quien era su verdadero mentor, una detestable Evita trasmutada por arte de magia mediática en una patética y débil Isabelita.

Se trata de una operación política y ya dijimos cuál es su propósito. A esta operación no se le responde con un “Fuerza Cristina”, “Cristina Conducción” o disparates que gracias al cielo no se han dicho, del estilo de “Cristina es Néstor”, porque lo que viene detrás es la intención del retroceso, la reconstitución de un “consenso federal” sujeto al arbitrio de caudillos provinciales conservadores, el deshilachamiento de los bloques parlamentarios, el avance de caudillejos pejotistas y, en consecuencia y en defensa propia , de tutti cuanti. Y siempre a expensas de la autoridad política presidencial, que es donde, guste o no, radica la unidad y posibilidad nacionales.

Pero la operación mediática tiene sus efectos indeseados, sus daños colaterales: la exaltación a ultranza de Néstor Kirchner por parte de quienes ayer nomás fueron sus más acérrimos difamadores hará que más de un distraído empiece a pensar y evaluar las cosas según la debida perspectiva con que las cosas deben ser evaluadas, la perspectiva histórica, los grandes plazos, los trazos gruesos en los que tan imbécil resulta detenerse en minucias y detalles. Y junto a este “efecto colateral”, a esta “indeseable consecuencia” está lo que el veterano Víctor García Costa definiera como “El más sonoro cachetazo de nuestra historia”, el que el pueblo argentino le propinó a esa falaz y descreída clase mediático‑política en estos días de aguerrido duelo en gran parte de las plazas del país. 
La de Mayo fue una plaza emblemática, que aunque novedosa y sorprendente para algunos, resultó para otros un revival: más allá de las múltiples excepciones, desde su composición social y etaria, fue una plaza propia de los momentos de ruptura, transformadores, revolucionarios si se quiere: trabajadores, profesionales, intelectuales, estudiantes, artistas, amas de casa, empleados de comercio, oficinistas y pobres casi privados de todo (excepción hecha de lo conseguido en los últimos años), en forma abrumadora, mayoritariamente menores de 30 años y por encima de los 55/60. 
Es una conjunción explosiva, de una potencialidad tan asombrosa como arrolladora; así de mayoritariamente juvenil y heterogénea fue la plaza del 17 de octubre y así fueron las “plazas” de los 70. Y así fue, seguramente, la composición de esa abigarrada, dolida, agradecida y militante multitud que en 1933 transportó a pulso el féretro de Hipólito Yrigoyen en escenas que inevitablemente era posible evocar en Río Gallegos.
La similitud de las imágenes sorprende y alienta esperanzas tanto como templa ánimos ante la insidiosa y atractiva operación mediática que exalta a Néstor Kirchner como forma de disminuir a Cristina Fernández. Y no por Cristina Fernández en sí, sino por Cristina Fernández como máxima autoridad política nacional. Porque de eso se trata: no de destruir a un partido, a una facción, sino de impedir ya definitivamente la construcción nacional.
Tal vez, sólo tal vez, quienes desde una hipotética y artificial “izquierda” tan útiles han venido siendo a la más concreta y real de las derechas, consigan ver las cosas en su debida perspectiva y comprendan qué es lo que se encuentra en juego.
Tal vez, sólo tal vez…

El punto aquí parece ser que el peronismo, el kirchnerismo, cesen en los homenajes y su duelo tan rápido como puedan acabar con los sectarismos, que si demuestran algo eso sería que no se entiende la situación por la que se atraviesa. A nadie que mira la realidad con alguna objetividad puede escapársele las enormes chances que tiene la señora presidenta de ser reelecta. Está en la calle, está en la súbita toma de conciencia de tantos argentinos, es uno de los “daños colaterales” de la operación mediática gracias a la cual Néstor Kirchner sería hoy absolutamente imbatible, tanto como Luiz Ignacio Da Silva lo es en Brasil, cuando ya no es candidato.
Es muy probable la reelección de Cristina Fernández, cuando llegue el momento y si al momento se llega en auge y no en caída. Hay número y consenso para ello, pero es necesario recordar que los pueblos no valen tanto por su número como por su organización y la calidad de sus dirigentes.
De la calidad de la máxima dirigente nadie puede tener la menor duda. Y lo sigue demostrando. De los demás y de la organización no puede decirse lo mismo y es ahí donde está el centro de gravedad de la pelea política: organizarse y organizar al pueblo. De esa organización surgirán los nuevos dirigentes que tanto la sociedad como la presidenta estarán necesitando.
Que a Néstor Kirchner lo sigan ensalzando los escribas de los monopolios. Nosotros no necesitamos hacerlo: lo llevamos en el corazón.

domingo, 31 de octubre de 2010

El nombre del kirchnerismo

Escribió Horacio González en Página 12, con el título "Un grito en el Salón de los Patriotas"

(Los subrayados, por mi cuenta y cargo)
En estos días en que la enigmática severidad de la muerte lo inunda todo, he aquí un nombre: kirchnerismo. ¿Ha comenzado o está por comenzar? Alguien lo gritó de un modo que no habíamos oído antes en el salón donde se velaba a Kirchner. Hubo allí un tierno fetichismo; muchas consignas, gritos desgarradores, espontáneos payadores bramando versos en medio del llanto. Asistí a un luto agreste, tan relacionado con el inmediatismo político como con la religiosidad popular, con la esperanza de nuevos llamados políticos como con el rezo laico que nos hace rebeldes ante la muerte. Nunca se sabe qué hacer en las solemnidades fúnebres, qué tono de voz usar, qué palabras decir. Pero una expresión que fue gritada ante el féretro, rodeado por la Presidenta y varios ministros, me asombró: “¡Comienza el kirchnerismo!”.
¿Y qué es el kirchnerismo? Nunca pensamos que un nombre así podría entrar como una espada tajante en el mundo político, repartiendo territorios, maldiciones y apegos. Recordé al pintor expresionista alemán de los años ’30, Ernst Ludwig Kirchner, uno de los fundadores del grupo Die Brücke (El Puente), cuyo autorretrato, nariz puntuda, globos oculares un tanto abultados, se parece un poco al aire que recordaremos del rostro del ex presidente muerto. Estas cosas lejanas y algunas extrañas coincidencias de nombres les sirven a los borrosos pensamientos para no enfrentar de lleno los significados de una inesperada tragedia pública.
Como amateurs, antiguos practicantes y observadores de la política nacional, no pensábamos que iba a entrar tan plenamente en nuestro léxico ese apellido, “Kirchner”. Cuando todo comenzó, muchos ni lo sabíamos pronunciar bien. Repentino expresionismo argentino. Ahora, todos nos empeñamos en definir políticamente una ausencia. Ante la proliferación de textos en la prensa de papel y digital –dígase: doble carácter y pérdida relativa de la temporalidad de la lectura; ya no sabemos bien dónde leemos las cosas–, no conviene hacerse los distraídos. Un gran debate lo recorrerá todo. “Kirchnerismo” será el nombre de una pregunta sobre las posibilidades realizadoras de la sociedad argentina en su conjunto y en sus partes contrastantes. Mejor dicho, cómo ese nombre político merecerá heredar, continuar y mejorar los compromisos de una gran reforma social, la ansiada transformación justa sobre cuyas tablas ardientes discutimos.
Hasta ahora, habíamos visto cosas nuevas, empeños vigorosos sobre la escena política del país, capaz de arrastrar antiguas promesas, demorados dictámenes y hechos inesperados de capacidad conmocionante. Como resultado de la discusión que hace años recorre la nación –sobre el mismo significado de la ley, de la justicia, del Estado y de la vida emancipada, que es lo que está en juego–, grupos anteriormente mancomunados se han desmembrado. Antiguas entidades sindicales albergan fraccionamientos potenciales; variadas izquierdas se escinden; la interpretación del pasado ha reactivado todas las memorias; importantes medios de comunicación se convierten en trincheras; el “campo intelectual”, valga este concepto, se ha partido en varios pedazos de una manera novedosa. ¿Lo decimos porque no sabríamos abandonar el gusto por estas infinitas escisiones, o porque ellas significan ahora una advertencia sobre algo realmente nuevo?
La escena no conforma enteramente a nadie; el ser político es intranquilo. Hace que nadie –si se es genuino– esté contento en donde está. Los cortes polémicos no engloban ahora todo lo que en cada caso deberían contener. Sin embargo, la expresión “kirchnerismo” se presenta para explicar el corte fundamental que ha sufrido la sociedad argentina. El nombre del político muerto que dejó medidas inesperadas y grandes estilos repentistas ahora avivará la imaginación sobre un modo sustentable de visualizar las fuerzas políticas, sindicales y económicas, sus potencialidades en torno de un liberacionismo que viene de lejos pero reclama definiciones más profundas y eficaces. Ese es un problema. Pero hay otro.
Se trata de una meditación menos visible pero necesaria que nos ocupa de inmediato y también supone una escisión. Es la relación de la política con la muerte, la relación de la historia con el nombre que parte una época. Nombre de una persona muerta. Y de un concepto que, como dije, oí que ahora comenzaría. “¡Comienza el kirchnerismo!” Esta exclamación que tiene un lado promisorio y otro desesperado... ¿es sólo la muestra de que ante la muerte se desea la vida? ¿Que ante el fallecimiento se quiere la eternidad, que ante el absurdo del deceso de quien estaba en el centro de las acciones, se quiere negar el tiempo fatídico con un precario llamado a la inmortalidad?
No lo creo así. El infortunio es grave pero es inspirador. Ese grito quiere ser una forma de revisar lo ocurrido y auspiciar un nuevo recorrido. En primer lugar, traigamos frente a la muerte de Kirchner el nombre de Mariano Ferreyra. Diferentes, desde luego, en la sentimentalidad que abarcan, las palabras que los traducen y las circunstancias que no permiten situar un hecho conmocional frente a otro. Ambas ocurrencias se dan en la escala de la sociedad ansiosa de grandes cambios, en espacios no semejantes ni de igual alcance, pero en el corazón de una resonancia nacional. Cierto, de modo diferente, pero secretamente entrelazados. Así, un hilo tácito los une, y no sólo en el vacío repentino e inaceptable que toda muerte supone.
Kirchner sintió esa muerte del militante como un golpe profundo, un hecho que reclamaba ser nombrado con vocablos nuevos y que lo ponía frente a un brutal desafío del destino. El muchacho victimado por pistoleros contratados –hombres capaces de todas las inocencias de Facebook y de todas las iniquidades– lo ponía ante una encrucijada que podía desmoronarlo todo. Es así. Quien no lo piense de esta manera no conoció o no intuyó bien el expresionismo de Néstor Kirchner, los puentes que construía. De otra manera: no pensaba Kirchner en correlaciones de fuerza sino en que era a él mismo que mataban. Pensamiento efectivo que las izquierdas victimadas tampoco podrían abarcar. Kirchner no lamentaba el hecho como un incidente más, sino como la demostración, sobre los cuerpos vivos de la política, de todo lo frágil, injusto y “alegremente” criminal que puede contener nuestro presente. No era ni es fácil decirlo. El disparo de los matones desnudaba una zona quebradiza de él mismo, el político que mantenía los hilos generales del poder nacional, y era un deber luchar para que su lamento por ese asesinato fuera creído por el propio conglomerado político al que el militante pertenecía. ¿Podía ser? Este acertijo hereda Cristina.
Si habrá kirchnerismo, entonces, es porque se podrá pensar de manera profunda lo acontecido. Esto y todo. Lo grave y lo demandado. Lo litúrgico y lo movilizado. Lo que implica un legado y lo que deberá tener forma nueva. ¿Cómo? La oposición, en su variado abanico, es un mundo ideológico completo, tiene su izquierda y su derecha. No son lo mismo pero muchos hilos invisibles no pueden visualizarse fácilmente si apenas aplicamos una conciencia espontánea a la comprensión de los hechos. Paradoja: el kirchnerismo precisa nutrirse de la izquierda que lo combate, haciendo pasar por el cedazo de las tensiones complejas de la sociedad el impulso de militancias fundamentales pero abstractas. En cuanto a las izquierdas, precisan desatar el precinto de sus verdades esenciales pero indeterminadas, para pasarlas por el tamiz concreto de aquello que condenan pero que contiene sedimentos históricos de lo que ellas mismos son. Latinoamericanismo progresista, revisión profunda de las bases de una sociedad que aún reproduce injusticias.
El descompás de estas paradojas es la sal de la política, pero sólo un pensamiento ocioso haría que cada uno se quede en el lugar donde está; sólo los satisfechos con sus estrechos horizontes se negarían a pensar el problema de las trabajosas confluencias de ideas y actitudes. Como las hubo en 1945 y en los ’70, épocas que no se repiten ni deben repetirse, más que como una historia de problemas y conceptos de complejidad incomún. Justo las cuestiones que hay que considerar. Esto es, la operatividad de un nombre, kirchnerismo, sobre el trasfondo de las memorias anteriores, el peronismo, el socialismo, el libertarismo.
El idioma mediático general pretende que todos queden inmovilizados en sus costumbrismos intercambiables. Así puede revestirse de “izquierda” y recubrir con una hipótesis que suene a prensa obrera los intereses de su prensa burguesa. Este equívoco le toca al kirchnerismo develar. Se lo acusó de impostor. ¿Pero no son los turiferarios de las derechas los que buscan máscaras rápidas y cosméticas de izquierda, que tantas veces, involuntariamente, se le conceden? El Gobierno tiene también sus zonas que no están tan simplemente ensambladas, muchas hebras ocultas las atan, pero las piezas flojas centrífugas actúan continuamente: el buenmuchachismo sciolista, los grupos empresarios entre la conveniencia fáctica y el coloquialismo de IDEA, el justicialismo derechoso, los corporativismos de nuevo cuño. Estos hechos son festejados por los que postulan una mala unidad de lo heterogéneo. Son productos de amalgamas surgidas de etapas históricas anteriores que perduran en la memoria. Y si bien es deber respetar profundamente las memorias sociales anteriores, el kirchnerismo podrá entenderse ahora como el deseo de no participar en esas configuraciones improductivas de unidad y buscar la verdad yacente del pueblo argentino, que fue multitud serpenteante en la ciudad, pidiendo una nueva sociedad y una nación recreada.
Las izquierdas le reprochan a un gobierno reformista aquellas zonas problemáticas, confundiéndolo del todo con éstas; mientras, dejan que la lengua mediática, que ponen al margen del análisis de sus propios intereses de clase, los incorpore como batallón de ingenieros zapadores de ese mismo puente (Die Brücke) que intuitivamente propuso el kirchnerismo para pasar al ámbito emancipado de la vida común.
El “comienzo del kirchnerismo” deberá referirse entonces a resolver el “hecho maldito” de la política actual. Este hecho es la paradoja que hace que muchos se opongan a reformas que antes habían defendido, y que parezcan apoyarlas quienes en verdad las desean combatir en un futuro posible. La muerte de Kirchner –muerte del político y muerte íntima: lo sabe la Presidenta que guarda su luto como una cuestión privada y cuestión de Estado a la vez– deja en máxima debilidad a la experiencia que le diera su nombre. Pero como toda política es el resultado de viejos o nuevos sacrificios, esa debilidad será cimiento de su fuerza futura.
Pues bien, digamos ahora que el asesinato de Ferreyra fue una cuerda paralela. Un sacrificio de la otra militancia, la de un mundo juvenil que nos sigue conmoviendo en el interior de lo que, pocos días después, a todos conmovería. Una conmoción dentro de otra, la que han entregado las izquierdas más enfáticas y la que hace al infortunio del kirchnerismo, sin que la otra lo sea menos. Aquel asesinato alevoso debe esclarecerse sin más demoras. Pero para que eso ocurra debe actuar el kirchnerismo, que carga ahora su nota sacrificial y que a su vez queda recomenzado. Recomenzado sobre la base de dilucidar más pertinazmente las paradojas argentinas.
Todo lo cual está implicado también en el grito escuchado en ese sector del Salón de los Patriotas, donde están los retratos heterogéneos de Latinoamérica. Allende, Evita, Guevara, Perón, Vargas, Haya de la Torre, Yrigoyen. “¡Comienza el kirchnerismo!” En principio, debe comenzar o recomenzar. Lo dicho ante el catafalco de Kirchner, frente al que se cantó, se juró, se aplaudió, se mascó rabia y se lloró, implica un llamado entrecruzado, de nosotros a ellos, de ellos a nosotros, de la Presidenta a todos los demás, de todos los demás a la Presidenta. ¿No es este tejido de voces el que está en sus comienzos luego de las jornadas luctuosas que recrean la vida popular frente al cuerpo velado de Kirchner?
* Sociólogo, profesor de la UBA, director de la Biblioteca Nacional.

sábado, 30 de octubre de 2010

BERGOGLIO: “Las banderías claudican en el momento de la muerte.”

Escribe Ricardo Ragendorfer

EXPRESIONES COMPUNGIDAS

Una hipocresía que dura 72 horas








Lo cierto es que el cardenal Bergoglio –quien en algún momento fue definido por el oficialismo como el verdadero jefe de la oposición– siempre manifestó una honda inquietud por la espiritualidad de Kirchner.
 

Parecía una escena de Luis Buñuel. En la nave de la Catedral Metropolitana retumbaba la voz del cardenal Jorge Bergoglio, quien con suma teatralidad hacía un notable esfuerzo en sostener una dicción neutra y pausada. Ataviado con una capa púrpura, y extendiendo las manos sobre la enorme mesada de mármol que precede al altar mayor, el arzobispo de Buenos Aires empezó la celebración de la santa misa por el eterno descanso de Néstor Kirchner –una iniciativa que corrió por su propia cuenta– con un rezo. En el primer banco, una mujer repetía sus palabras con un fervor exagerado, al igual que el hombre sentado junto a ella. No eran otros que la ex vicejefa del gobierno porteño, Gabriela Michetti, y el ministro macrista de Educación, Esteban Bullrich; a un costado, resaltaba la silueta del rabino Sergio Bergman, y en otras hileras se veía alguna que otra figura pública del pasado, como el ex intendente de la Alianza, Enrique Olivera, además de unos pocos feligreses anónimos. Ante semejante auditorio, el pope de los curas locales dio rienda suelta a su homilía con la actitud de quien le habla a la Historia. Entonces, dijo: “Las banderías claudican en el momento de la muerte.” Algunas cabezas corcovearon en señal de asentimiento. Bergoglio insistió: “El pueblo debe claudicar de todo tipo de postura antagónica para orar frente a la muerte de un ungido por la voluntad popular.” Todos volvieron a asentir.
Lo cierto es que el cardenal –quien en algún momento fue definido por el oficialismo como el verdadero jefe de la oposición– siempre manifestó una honda inquietud por la espiritualidad de Kirchner. Prueba de ello es que, el 7 de febrero pasado, cuando al ex presidente se le removió una obstrucción en la carótida, Bergoglio no dudó en enviar al Sanatorio Los Arcos a un sacerdote para prodigarle la unción de los enfermos, tal como se le llama al sacramento administrado a los dolientes para preparar los primeros pasos de su encuentro definitivo con Dios. Desde luego, el gesto de Bergoglio fue interpretado como una solapada expresión de deseo, y nadie permitió que el cura se aproximara al paciente.
   No menos sutil resultó ser Joaquín Morales Solá, quien en su columna del diario La Nación del 19 de septiembre festejó la angioplastia que una semana antes le habían hecho a Kirchner con las siguientes palabras: “El enredo de las arterias fue un instante impertinente, un rayo oportuno. Si la imagen es parte de la realidad, como lo es, lo único que le faltaba a Kirchner era el aspecto de un hombre frágil. Su viejo método de jugar al todo o nada parece trasmutado en un duelo a matar o morir.” En todo caso, el mérito del periodista tucumano fue hacer público un concepto que muchos tenían pudor en expresar. Es que, desde el inicio mismo de su gestión, los enemigos de Kirchner confiaron más en el efecto destituyente de una biología adversa que en su propia capacidad de confrontarlo en el terreno de la política. Ello se percibió con claridad en el ya remoto otoño de 2004, luego de que el mandatario fuera internado por una lesión sangrante en el duodeno. El asunto bastó para que desde las usinas del rumor se difundieran versiones sobre una imaginaria enfermedad oncológica que durante un buen tiempo alivió la “crispación” de la derecha vernácula.
   Ahora, en el atardecer de aquel miércoles, Bergoglio tramitaba el ingreso de Kirchner al reino de los cielos por última vez. Todos ellos, junto con otros referentes opositores, estaban inmersos en ese síndrome de hipocresía protocolar que suele prolongarse durante las 72 horas posteriores a una muerte. Por caso, con su proverbial exactitud en el lenguaje, Mauricio Macri definiría la partida del santacruceño como “una sorpresa inesperada”. Y Julio Cleto Cobos aseguró: “Néstor fue un gran presidente.” No serían precisamente sus voces las encargadas de marcar la cancha.
   Así como en 2003 el entonces subdirector del diario de los Mitre, Claudio Escribano, le dio a Kirchner un ultimátum y un programa de gobierno –que terminó en un cesto de papeles–, los columnistas de La Nación acaban ahora de incurrir en otro “pliego de condiciones”, en el cual conminan a Cristina a la capitulación de sus políticas centrales para tender un puente de gobernabilidad hacia el arco opositor, con el obvio propósito de que este la rodee y la anule. En tal sentido, Rosendo Fraga actuó con una encomiable celeridad. Apenas a tres horas del fallecimiento, ese matutino colgó en su página web una columna de su autoría cuya idea central es por demás elocuente: “Ella (la presidenta) ocupa ahora el centro de la escena y tiene la oportunidad de ejercer el poder por sí misma (…) Ella ahora puede adoptar las decisiones que se le reclaman, como terminar con Moyano. Quizás será lo primero que el mundo político mirará para saber si está dispuesta a cambiar.” Su colega Carlos Pagni no le fue a la zaga. En su columna del jueves, señaló: “Aunque todo es hipotético, podría suponerse que la Presidenta registrará la enorme limitación que le impone la muerte de su esposo y ensayará una concertación para estabilizar su gobierno hasta el fin del mandato. Si se repasan las ecuménicas condolencias de ayer, está claro que la dirigencia argentina promueve este escenario.”
   ¿Será ese, por parte de la mencionada dirigencia, el gesto de grandeza que corresponde al enorme vacío que dejó la partida de Kirchner?
   Tal vez la respuesta a ello no esté en la claudicación ni en el rezo.

viernes, 29 de octubre de 2010

CRISTINA, ILUMINADA POR JUAN SALVO

Por si no fuera suficiente la fuerza del Yedi, Obi Wan Kenobi, a Cristina la protege Juan Salvo, El Eternauta


jueves, 28 de octubre de 2010

Adiós al Flaco Lupín, de la militancia de los '70 al parnaso de la Unión Latinoamericana ¡Fuerza Cristina!

Escribe: Juan Salinas




El tiempo no hará más que agigantar su figura larga, desgarbada y quijotesca. Quienes vivían fijándose obsesivamente en sus defectos -que nunca se preocupó por disimular- o lo que consideraban defectos y muchos otros teníamos por virtudes (como su despreocupación por casi todo lo que no fuera importante, como modas, fastos y oropeles), si tienen buena fe acaso terminen por admitir que otro con modales menos ríspidos y cortantes, más amante de los consensos y menos obcecado en un puñado de convicciones elementales, no hubiera podido pilotear el rescate de la  Argentina del profundo abismo en el que la habían precipitado las polìticas neoliberales y el desguace de la Nación, paradójicamente impulsados por un Partido Justicialista que sin su conducción corre el riesgo de desbandarse.
Durante sus dos primeros años, Kirchner gobernó "con los codos hacia adelante", rechazando con modales intemperantes todos los intentos de los acreedores externos de torcer el rumbo trazado para sacar a la Argentina del pozo. Al mismo tiempo, Néstor y Cristina hicieron de los Derechos Humanos, y de la recuperación paulatina de los derechos conculcados de los trabajadores dos banderas innegociables.

Es en el PJ, particularmente en PJ bonaerense (cuyo presidente, Jorge Balestrini, se encuentra postrado y sin perspectivas de reintegrarse al cargo, y su reemplazante, Hugo Moyano, sin posibilidades de ejercer una conducción bonapartista sobre el conjunto) donde se ciernen más nubes negras. También la desaparición de Kirchner tendrá fuerte impacto sobre la conducción de la economía, ya que no había asunto de mediana importancia que escapara de su vigilancia. Y, por fin, al haber fallecido siendo el secretario general de la joven Unasur, y ser un decidido partidario de la unión latinoamericana, su desaparición tendrá impacto regional. No hay que olovidar que Kirchner fue protagonista en la cumbre americana de Mar del Plata del rechazo de la derrota del  ALCA, acaso la peor derrota internacional de George Bush hijo.

Por suerte, Kirchner no murió en la Presidencia, en la que está Cristina, su esposa y compañera política de toda la vida, mucho más apegada al espíritu y formalidades del cargo que él, quien no tenía empacho en manifestar su admiración y verbalizar su convicción de que ella lo està haciendo mejor de lo que él hubiera podido hacerlo (en plan de hacer conjeturas mejor no pensar en el descalabro institucional en el que nos encontraríamos sumidos si el infame que ocupa la viceepresidencia quedara a cargo del Poder Ejecutivo).

Néstor era para muchos de nosotros una especie de hermano mayor, un patriota probado en combates y escaramuzas y no atinamos en estas horas aciagas a mensurar el vacío que deja ni a ver cómo habremos de llenarlo. Su sorpresiva aparición en el firmamento nacional semejó un inmerecido regalo del cielo, y su no igualmente inesperada desaparición nos deja, al menos momentáneamente, en la incertidumbre. Entre una cosa y la otra, superó claramente a su mentor, Juan Perón, en un aspecto crucial: mientras el anciano general nos dejó como presente griego una esposa totalmente incapaz para ejercer la Presidencia, Néstor dejó en su lugar -cuando nada lo obligaba a ello- a quien, como él mismo reconocía, lo ha hecho mejor que él y en circunstancias todavía más difíciles.

Quienes no somos desagradecidos ni escupimos hacia el cielo lloramos sin disimulo, a moco tendido, al Flaco Lupín, quien, al llegar a lo más alto que puede llegar un político, reivindicó al militante que había sido en los años '70 y retomó del modo en que le resultó posible la senda iniciada por Juan y Eva Perón y miles de compañeros inmolados en la lucha por una patria más justa, más libre y soberana.

¡Queda tanto por hacer! ¡FuerzaCristina!

lunes, 25 de octubre de 2010

CENSO: PRIMER CASO DE INSEGURIDAD

Poco después de las 18 hs, la titular del Indec -Ana María Edwin- recibió en el Instituto Antártico las cifras oficiales del Censo 2010 realizado en las seis bases que la Argentina sostiene en el continente blanco para reafirmar su soberanía.
Aunque la funcionaria afirmó que todo se desarrolló con total normalidad, estamos en condiciones de adelantar que el censista Obdulio Marmotta, docente primario de la Base Marambio, sufrió un percance cuando comenzaba a administrar el cuestionario en la playa Copacabana cercana a otra de las bases antárticas, donde algunos científicos suelen darse un chapuzón.

Las cámaras de TN, siempre presentes porque lo importante es usted, tomaron el momento preciso en que se produce el primer hecho de inseguridad del Censo 2010:





A CONTINUACIÓN, PRENDE Y APAGA, EL PRIMER PROGRAMA CULTURAL DE LA TELEVISIÓN

AHORA DICEN QUE LA CGT PROTEGE A PEDRAZZA

REUNIÓN DE LA CGT CON LOS REPRESENTANTES DE LOS TRABAJADORES TERCERIZADOS FERROVIARIOS EN CONFLICTO


22 de octubre de 2010.

La CGT informa que, en el día de la fecha, se mantuvo una reunión entre los representantes de los trabajadores tercerizados ferroviarios en conflicto y el Secretario General de nuestra central, Hugo Moyano, quien se encontraba acompañado por Julio Piumato, Secretario de Derechos Humanos y Omar Plaini, Diputado Nacional, ambos miembros del Consejo Directivo de la CGT.
En dicha reunión, el Secretario General de la CGT informó a los trabajadores ferroviarios presentes del proyecto de Ley presentado el 4 de noviembre de 2009 por Julio Piumato, acompañado por otros legisladores, en el cual se daba respuesta a la situación de explotación que padecen los trabajadores tercerizados desde que la Dictadura Militar modificara el artículo 30 de la Ley 20.744 (N de A.: Ley de Contrato de Trabajo). Asimismo aclaró que el mismo no se aprobó en el Congreso por falta de las mayorías necesarias y, que si fuese ley, hoy estaría solucionado este problema y se hubiera evitado este desenlace tan luctuoso.
En este sentido señaló que en la próxima sesión, los Diputados Omar Plaini y Héctor Recalde pedirán el tratamiento sobre tablas del Proyecto para su pronta aprobación. E hizo saber de la Resolución que elaboró el Diputado Plaini de repudio a los hechos de violencia producidos y reclamando el pase a planta permanente de los trabajadores tercerizados.
Durante la reunión mantenida, los compañeros se explayaron no sólo sobre los hechos de dominio público sino también sobre las condiciones de explotación que padecen. Además, los representantes de los trabajadores en conflicto agradecieron a Hugo Moyano las gestiones hechas en el día de ayer para que pudieran reunirse con el Ministro de Trabajo de la Nación, reunión en la que se comenzó a vislumbrar la solución a sus justos reclamos. Por otra parte, la CGT les informó acerca de las luchas que viene llevando a cabo por la dignificación de los trabajadores y el cese de la explotación heredada del neoliberalismo.
Por último, se coincidió en el reclamo de la identificación y sanción del autor material del homicidio de Mariano y a partir de allí la identificación y sanción de él o los autores intelectuales del crimen. Además, como consecuencia de la reunión, la CGT realizó una presentación firmada por el Secretario General Hugo Moyano al Ministro de Trabajo Carlos Tomada donde se plantea:

Reincorporación inmediata de los despedidos
Reconocimiento de su condición de planta permanente de Ferrocarriles argentinos a partir del día de la fecha y de todos los demás derechos
Una inmediata ocupación de los puestos de trabajo.
Finalmente, se garantice en forma permanente la integridad física y psíquica de todos los trabajadores.

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