viernes, 24 de junio de 2011

Sobre el voto medio en la CABA




Por lo que veo y palpo (me puedo equivocar, y mucho) el FpV tiene en la CABA dos, tres o más campañas:
Por un lado, la de las agrupaciones políticas territoriales cuyo poder real no parece diferir del que tenían durante la elección donde Carlos Heller obtuvo un porcentaje de votos inferior al 15%, y que insisten aproximadamente con la misma metodología de despliegue: entregar volantes en esquinas de gran tránsito de paso. Afortunadamente, estos grupos superaron la etapa de autoflagelarse en nombre de la "fragmentación", una idea que supo imponer el Frente Grande y el Chacho Álvarez en los '90 lo cual supone una visión unitaria de "partido" que podríamos calificar, como mínimo, de irreal y apócrifa. En esta primera clase de campaña, las propuestas de los grupos territoriales, cuya supervivencia se basa en obtener un espacio en las comunas, se basan en reivindicaciones locales, barriales (construir una escuela, un centro de medicina pública, un canal de TV) que no parecen responder a una visión estratégica de gobierno. Puede que sí, pero el letargo del Frente para la Victoria previo al momento en que se largaron los tres pre-candidatos, impidió que se conformara una dirección coherente en este sentido. Por lo tanto, el aporte de cada agrupación a la campaña es tan caótico como su propia visión política parcial se lo permite. Así, por ejemplo, uno bien puede advertir desde afuera que en determinado barrio falta un centro médico, pero ¿cuánta gente iría a ese nuevo centro en caso de que se construyera? ¿Cuál sería una visión estratégica de la salud pública, teniendo en cuenta la atención del sistema de prepagas y obras sociales sindicales, el costo de los hospitales generales y el porcentaje de vecinos del GBA que se atienden en ellos? (Y lo digo así, sabiendo bien que este último punto ha sido una reivindicación de la derecha, desde Cacciatore en adelante).
En segundo lugar, La Cámpora se ha desentendido en gran medida de las reivindicaciones barriales y se limita a repartir volantes con las conquistas nacionales del gobierno. De hecho, el candidato Filmus y quienes lo acompañan no han logrado hasta ahora convertir esta campaña en una discusión sobre la gestión de Macri, si es que desean tal cosa y en verdad no me consta. La Cámpora parece tener un ojo puesto en las encuestas (lo que desde ya implica una distancia con el votante real), en una primera vuelta no definitoria y en el involucramiento directo de Cristina en la segunda, polarizada entre dos modelos de país. ¿Pero qué es lo que el votante de Buenos Aires disfruta de este modelo? Me temo que haya aquí cierta influencia del voto-cuota, basado en las cifras de consumo creciente, compra en cuotas, etc.
En lo general, descreo de la práctica de hacer política literaria: apelamos erradamente al "votante racional" que compara volantes (casi siempre con propuestas genéricas y a menudo inentendibles) y decide su voto en base a ellos, una suerte de "desviación izquierdista" de los sectores progre que confluyen en el FpV. La idea parece ser que no se debe dejar ningún espacio por llenar, y entonces en una misma esquina se mezclan el mensaje apolítico de los globitos de colores por un lado, y los volantes de política literaria por otro. La política, creo recordar, consiste en transformar la realidad y no en comentarla.
Y por fin están las campañas de los propios candidatos hablando en los programas de televisión, y los cortos publicitarios, sobre los cuales por ahora no voy a opinar.
La siguiente nota escrita por el titular del INTI, que proviene del Frente Grande, intenta propuestas pero también, acaso sin pretenderlo, muestra la desorientación que rige esta campaña.
Leemos en Tiempo Argentino de hoy:
     

ELECCIONES EN LA CIUDAD

Cuando la derecha tiene votos

Se trata de un cambio en las relaciones al interior de la sociedad, que coloque a los sectores de clase media en condiciones de aumentar su involucramiento. 
 

En más de 80 años de historia política argentina, una propuesta conservadora o reaccionaria explícita nunca ha podido ganar una elección relevante, salvo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con Mauricio Macri. Tal vez el único caso que se le acerque es la reelección de Carlos Menem en 1995.
Sin embargo, si bien en ese momento ya se había lastimado de gravedad al Estado y dilapidado el esfuerzo de generaciones, la propuesta no se centró en principios liberales. Más bien, se dirigió a crear
el miedo de amplias capas medias por perder su consumo, que era financiado por el endeudamiento externo en la Convertibilidad. En última instancia, la figura de Carlos Menem, a diferencia de Mauricio Macri, estaba instalada como la de un liberal converso, o lisa y llanamente un traidor, más que como un reaccionario asumido. 

Con el actual jefe de gobierno en la CABA es distinto. Más allá del márketing y del cotillón, sus reflejos son conocidos, a esta altura, y cada una de sus frases, políticas o no, identifican una forma de ver la vida, que por lo visto convoca a mucha gente de la Ciudad para votarlo.
No se trata exclusivamente de contar con la adhesión de un sector cuya pertenencia se identifica por sus bienes y su poder económico concreto. Además, suma a una fracción relevante de la clase  media. Esto necesita una explicación.
Se trata de una clase media que vive en una ciudad europea, de un país periférico. Quiero decir: en una ciudad donde esos compatriotas disponen de una infraestructura física, con tejido cultural, con continente educativo y de salud, que les permite ignorar o desentenderse de que en algunos otros lugares de la misma ciudad hay 200 mil personas con necesidades básicas insatisfechas y allí nomás, en la provincia de Buenos Aires, hay 2 millones en similares condiciones.
Esa clase media vive bien y reclama de un gobierno lo que podríamos llamar gestión municipal: limpieza, servicios y seguridad. No reclama cambios sociales, más bien se puede decir que les teme,
cuando levanta apenas el velo sobre la pobreza de los otros y pasa a pensar en términos reaccionarios, suponiendo que el bienestar no alcanza para todos. 

Hay dos caminos “simples” e inmediatos para comunicarse con esa población, desde una mirada progresista y en un tiempo electoral:
a) Imputarle su lógica antisocial y apelar a mandatos éticos. Mi opinión es que de ese modo se consolidaría su apoyo a la derecha.
b) Sostener que aquel a quien eligieron, no es un buen gestor. Recordar las promesas del reaccionario y demostrar que no las cumplió. A mi criterio esta es una variante que termina jugando el partido en el campo que la derecha define
Debe haber un tercer camino. No creo que esté muy analizado y por lo tanto tampoco diseñado, pero pensar desde el escenario que construye la derecha no parece una solución para integrar la Ciudad al país.
 El resultado a lograr es conceptualmente muy superior a construir muchos kilómetros de subte o tapar todos los baches en tiempo y forma. Es construir puentes entre cierta clase media porteña satisfecha consigo misma y el resto de la sociedad. 
El desafío de fondo es cambiar sin asustar.
Esto implica, a mi criterio, trabajar en dos frentes bien diferenciados.
Por un lado, la batería de acciones para mejorar las condiciones de los más necesitados. Además de ser eficiente, este menú debe poder demostrar a la clase media que gana con el bienestar del otro, que ese cambio no se hace a expensas de ella. No sólo gana porque desde una óptica conservadora mejorarían sus condiciones de seguridad. Gana también porque más compatriotas con algo por lo que vivir generan más oportunidades de trabajo, de construcción colectiva, que inevitablemente llevan un beneficio a quienes están dentro del sistema, sea produciendo o sea brindando servicios.
Por el otro lado, se deben considerar iniciativas menos tradicionales, que apunten a cambiar estructuralmente la forma en que muchos individuos de la Ciudad se relacionan con sus semejantes. Iniciativas que construyan vínculos donde antes había indiferencia o hasta confrontación.
Algunos ejemplos muestran la idea.
En lugar de licitar una suerte de servicio permanente de refacción de escuelas, generando un negocio de casi 400 millones de pesos para empresas con una oficina y un teléfono, como acaba de hacer el actual gobierno de la Ciudad, se podrá crear –y corresponderá prometer– consejos voluntarios de escuela, que armen los planes edilicios, consigan los presupuestos y administren el dinero de las refacciones, lugar por lugar.
Lo mismo debería suceder con los hospitales, implementando además una red de atención médica que dé seguridad de atención a los que disponen de prepagas y quienes no, con un sistema de seguro de salud especial.
En las comunas, deberán preverse espacios de debate, análisis conjunto y decisiones compartidas para toda la infraestructura urbana y para los residuos domiciliarios.
Como se ve, no se trata de variantes técnicas de una gestión conservadora. Se trata de un cambio en las relaciones al interior de la sociedad, que coloque a sectores de clase media en condiciones de aumentar su involucramiento, pero con el deber de participar de decisiones que cortan verticalmente al tejido social.
La derecha ha obtenido una victoria electoral en la Ciudad de Buenos Aires hace cuatro años y mantiene un caudal importante de votos, porque sus votantes se han encuadrado con cierta naturalidad en esa mirada. Parece obvio, pero sin embargo esto es tenido poco en cuenta al momento de pensar una propuesta electoral.
La solidaridad con el sur de la Ciudad puede no ser suficiente motivo para que el cómodo norte cambie su voto. Las deficiencias de gestión tampoco lo son, si es que esos votantes pueden temer que los recursos serán derivados a atender a otros sectores sociales con los que no se sienten comprometidos.
Tal vez la llave sea mostrar que los recursos alcanzan para todo lo necesario; que beneficiar a los humildes también mejora a las capas medias y que hay formas de administrar el colectivo de una ciudad orgullosa de ser “europea”, que permiten hacer a cada uno mejor dueño de su propio futuro.
En cualquier caso, se peleará con armas propias, en una situación que la política progresista conoce poco: confrontar con una derecha que tiene votos que la respaldan.

jueves, 23 de junio de 2011

La Corte Suprema confirmó prisión de Martínez de Hoz

La Corte Suprema confirmó la prisión preventiva para Martínez de Hoz


La Corte Suprema de Justicia confirmó hoy la prisión preventiva del ex ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, procesado por el secuestro extorsivo de los empresarios Gutheim, en 1977.

Martínez de Hoz, de 86 años, se encuentra detenido bajo el régimen de prisión domiciliaria pero el máximo tribunal declaró “improcedente” su excarcelación al confirmar un fallo de la Cámara Federal porteña que convalidó la decisión del juez federal Norberto Oyarbide.

El númen del plan económico de la última dictadura está procesado bajo la acusación de haber ordenado primero el secuestro y luego la detención a disposición del Poder Ejecutivo durante cinco meses -de noviembre de 1976 a abril de 1977- de los empresarios textiles Miguel y Federico Gutheim a raíz del incumplimiento de un contrato comercial con Hong Kong.

Martínez de Hoz habita un departamento del cuarto piso del tradicional edifico Kavanagh pero estuvo algunos días detenido apenas la Corte Suprema declaró nulo el indulto del ex presidente Carlos Menem y se reabrió la causa, en la que también están procesados con prisión preventiva el ex dictador Jorge Rafael Videla y su ministro del Interior, Albano Harguindeguy.

Sin embargo, el anciano empresario obtuvo primero el beneficio del traslado a una clínica privada por una afección de columna y luego la prisión domiciliaria, apelada por su defensa y declarada improcedente por el máximo tribunal dado que se trata de un delito de lesa humanidad.

El fallo denegatorio fue firmado por los jueces Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda y Raúl Zaffaroni.

martes, 21 de junio de 2011

Clarín y La Nación, profesionales de la mentira

Nos llega del Archivo Nacional de la Memoria la siguiente declaración firmada por los doctores Eduardo L. Duhalde y Luis H. Alén sobre un tema que Horacio Verbitsky mencionó en su nota dominical:




Profesionales de la mentira: Clarín y La Nación siguen desinformando


En el sistema jurídico penal de nuestro país nadie está obligado a declarar contra sí mismo, aunque sí su defensa técnica está obligada a la lealtad procesal. El jueves 16, ante la Cámara Federal de La Plata, cuando exponían sus argumentos para que se revocara la incompetencia dictada por el juez Corazza que ordenaba remitir la causa Papel Prensa a la jurisdicción de la Capital Federal, los abogados de Magnetto y Mitre denunciaron la supuesta falsedad de la copia de un dictamen del ex fiscal de Investigaciones Administrativas, Ricardo Molinas, que la Secretaría de Derechos Humanos aportó como prueba al presentarse como querellante.

No tuvieron suerte con la maniobra distractiva: el viernes 17, la Cámara confirmaba la incompetencia, rechazando los argumentos de los defensores de los imputados, y estableciendo que "en la causa debe dilucidarse si existió un conjunto de acciones ilegales, diversas y articuladas entre sí que, con intervención de la estructura del aparato represivo estatal, habrían tenido por finalidad lograr la transferencia compulsiva de las acciones de 'Papel Prensa SA' que era propiedad del denominado 'grupo Graiver' en favor de las empresas 'SA La Nación', 'Arte Gráfico Editorial Argentino' y 'SA La Razón E.E.F.I.C. y A.'.".
Igualmente, el mismo viernes 17, ambos diarios publicaron la noticia de la supuesta falsificación, en grandes caracteres, tratando de instalar en la opinión pública la idea de que ese dictamen había sido adulterado por la Secretaría de Derechos Humanos para engañar a los fiscales. No trepidaron en falsear y mentir como lo hacen a diario y más cuando se trata de la causa Papel Prensa.
¿Y en qué consiste esa presunta divergencia del texto del dictamen de Molina? Para los abogados de Clarín y La Nación se habrían agregado en las primeras copias dos frases en una de sus fojas que mencionaban la intención de la Junta de obligar a los Graiver a transferir Papel Prensa a los diarios. Aparte de que falsear un texto conocido por las partes y la Unidad Fiscal interviniente (y sin posibilidad de que pase desapercibido) sería entre otras cosas pueril e imbécil, la prueba que ofreció la querella fue muchísima más: entre las 27 mil fojas del informe Papel Prensa- La Verdad, producido por la Secretaría de Comercio Interior, se encuentran las fotocopias del Expediente Nº 2785 de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas que el 7 de mayo de 2010 el fiscal Noailles enviara, las que cuentan con una certificación emitida por el secretario general Marcelo Sonvico, y son las que los representantes de Mitre y Magnetto dicen que están alteradas. No se trata, por lo tanto, de actuaciones originadas ni por la Secretaría de Comercio Interior, ni por la Secretaría de Derechos Humanos.
Más aún: al presentar la querella, esta solicitó que se requiriera del Juzgado interviniente la remisión de la causa que en su momento se instruyera por la denuncia del fiscal Molinas.
Si hay en aquella causa que tramitó hace casi 23 años una versión donde sospechosamente ha "desaparecido" la mención que formulara en su momento el fiscal de Investigaciones Administrativas Ricardo Molina respecto de la entrega ordenada por Videla y sus adláteres de Papel Prensa a los propietarios de los diarios La Nación y Clarín, no es ahora ni en esta causa que se operó el fraude desaparecedor, sino en aquellos tiempos, y fue obra de los que pretendían "diluir" la responsabilidad de los propietarios de aquellos medios en su maridaje con la dictadura de Videla y Martínez de Hoz. No olvidemos que los representantes de la prensa monopólica vienen manipulando la documentación desde hace más de tres décadas. ¿De qué podemos asombrarnos? Si han falsificado la realidad desde el golpe de Estado terrorista del '76 en adelante. Incluso Clarín, en su edición del 1 de diciembre de 1977, publicó una falsa nota con fotografías del lugar donde los "desaparecidos" estaban muy felices en un centro de recuperación.
Efectivamente, el segundo juego de copias no contiene esas referencias, que sí tienen las copias certificadas que remitió la Fiscalía de Investigaciones Administrativas. ¿Cuáles son las verdaderas? No es necesaria ninguna investigación para llegar a ese aserto. La respuesta está a la vista: Ricardo Molinas y su hijo Fernando escribieron un libro, Detrás del espejo. Uno de los capítulos lo dedicaron al caso Papel Prensa. Allí, en la página 246, se lee: "(.) Quedaba acreditado, con otros testimonios concordantes, que al conocerse la muerte o desaparición de David Graiver y la quiebra del grupo, las máximas autoridades nacionales del momento tomaron la determinación de liquidar dicho grupo. Para ello decidieron obligar a los herederos a transferir las empresas. En este caso, la Junta de Comandantes decidió que el Grupo Graiver debía transferir el paquete accionario clase 'A' de Papel Prensa S.A., eligiendo ellos mismos como compradores a los mencionados diarios."
Es decir que el ex fiscal de Investigaciones Administrativas, al escribir su libro, consignó exactamente las mismas conclusiones que luce el dictamen que fuera remitido en mayo de 2010 a la Secretaría de Comercio Interior.
Por cierto que las actuaciones de Molinas no constituyen, por sí solas, el núcleo central de nuestras imputaciones. Aportamos abundante prueba escrita, pasajes de libros, testimonios, material del Consejo de Guerra que "juzgó" al Grupo Graiver, notas periodísticas, producidas por los mismos diarios querellados en aquella época, que demostraba cómo los mismos contribuyeron a instalar el clima previo al golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, y una vez producido el mismo, apoyaron abiertamente a la dictadura terrorista, para luego instar a la persecución contra el grupo Graiver.
Sin embargo, a nada de eso se refirieron los abogados del monopolio
Desde el principio de la causa venimos exigiendo su avance y la valoración del conjunto de la prueba, en la absoluta convicción de que el resultado de las investigaciones no puede ser otro que establecer que la apropiación ilícita de Papel Prensa fue producto de la acción concertada de la Junta Militar que usurpaba el poder, funcionarios civiles de la misma, y los directivos de Clarín, La Nación y La Razón.
El Derecho a la Información es uno de los Derechos Humanos fundamentales, así reconocido en la Constitución Nacional y en los instrumentos internacionales de Derechos Humanos a ella incorporados. Su ejercicio compete a todas las personas, pero los profesionales de los medios de comunicación social, por las características de su tarea, son quienes lo ejercen de manera privilegiada.
Esa posición privilegiada implica un contrato tácito con la sociedad, regido por principios éticos que hacen al deber de veracidad y a la lealtad informativa. Por eso, cuando un medio en lugar de transmitir todos y cada uno de los hechos sobre los que versa su información presenta sólo aquellos que son favorables a intereses, ocultando los restantes, está violando esos principios éticos irrenunciables. Esto es, exactamente, lo que hacen Clarín y La Nación, convertidos en una prensa facciosa y mentirosa. 

EDUARDO LUIS DUHALDE - LUIS HIPÓLITO ALEN


viernes, 17 de junio de 2011

BINNER, EL CANDIDATO (II)

Algunos amigos me criticaron: el post anterior no es suficientemente claro, dijeron. Creo sin embargo, que las imágenes lo dicen todo.
El dibujo muestra a Américo Ghioldi (a quien en los 50 y 60 se llamaba socarronamente Norteamérico Ghioldi), maestro de Hermes Binner y autor de la frase "SE ACABÓ LA LECHE DE LA CLEMENCIA, justificando y aplaudiendo los fusilamientos del 9 de junio de 1956 de los que fueron víctimas Valle, Cogorno, Ibazeta, Brion, y muchos otros. 
La represión a ese levantamiento por parte de una dictadura fue consecuencia lógica de la anterior carnicería a civiles indefensos, la del bombardeo de junio de 1955, y que se grafica en la segunda imagen del post anterior.
Ghioldi, socialista, fue designado embajador de la dictadura en 1976, por decreto firmado por el ex-general Jorge Rafael Videla
La "parábola socialista" de Ghioldi me recuerda la actuación de otra suerte de "progresista", éste en el siglo XIX, me refiero a Salvador María del Carril, que convencería a Lavalle de que era necesario fusilar a Dorrego. Y Lavalle, un Cóndor Ciego según José María Rosa, procedió.
Esta época de la Argentina requiere de nuevos consensos. Parece inentendible, si no fuera por los antecedentes que aquí menciono, que los socialistas (que se ven a sí mismos como progresistas) se enfrenten al Gobierno Nacional y terminen consensuando con Magnetto, con la Sociedad Rural y con los grupos económicos concentrados. 
Esos socialistas son también herederos de Juan B. Justo, que soñaba con una clase obrera argentina compuesta por trabajadores rubios, de ojos azules, abstemios, cultos, agnósticos, polígamos y aburridos. Y más atrás, se relacionan con el pensamiento positivista, comptiano, de José Ingenieros.
La siguiente nota firmada por Rubén Levenberg en el blog Puede Colaborar recorre la parábola gorila del decadente socialismo argentino.   

Escribe Levenberg: Para los periodistas y los opinólogos que se sorprenden porque Pino Solanas y Hermes Binner parecen haber roto lo que ya parecía un acuerdo, vale la pena un poco de memoria. De paso, servirá para aclarar los tantos en materia de designaciones, nombres, doctrinas y tal vez para aventar el riesgo de algún exabrupto del tipo “júntense todos, ustedes que son socialistas y de izquierda”.
Para los que conocíamos la historia, la foto que mostraba a Solanas con Binner era toda una sorpresa, no por Pino sino porque uno de los componentes básicos del Frente del Sur es el Partido Socialista Auténtico (PSA), que le aportó varias personerías distritales, lo cual explica también que la candidatura a vice jefe de Gobierno porteño recayera en Jorge Selser, más allá de sus méritos y de su capacidad de trabajo como legislador.
El PSA es una de las dos vertientes que provienen del viejo Partido Socialista Argentino. La sigla es igual y es el motivo por el que los “auténticos” eligieron el nombre, para tener la sigla original. La otra vertiente es la que encabeza Hermes Binner.
Hagamos un poco de historia:

-El viejo partido socialista se dividió en dos, uno era el PSA y otro el PSD (Partido Socialista Democrático) (agregamos nosotros: en 1958).
-En 1972, tres fuerzas pidieron y obtuvieron la entrada al PSA. El más importante organizativamente era el grupo nacionalista MAPA (Movimiento de Acción Popular Argentino), fundado en los años 60 y que encabezaba Guillermo Estévez Boero, productor ganadero de la provincia de Santa Fe. Estaban principalmente en Rosario y Córdoba y eran un sector fuertemente nacionalista, muy organizado y con una alianza táctica con la juventud radical en la universidad.
-La primera y más fuerte intervención de Estévez Boero en el PSA fue forzar el voto en blanco frente a las elecciones nacionales que llevaron a Cámpora al Gobierno, con lo cual frustraron las aspiraciones de otro Jorge Selser –pariente lejano del actual candidato a vice porteño-, líder del PSA en aquel momento. El objetivo estaba cumplido: Selser participaba de las reuniones convocadas por Perón, era un candidato de izquierda y con consenso. Era demasiado peligroso para los proyectos del MAPÀ.
-La segunda complicación para el viejo PSA fue la prohibición de la nueva ley de partidos políticos de utilizar los términos “argentino” o “nacional”. Fue cuando el PSA se convirtió en Partido Socialista Popular. (PSP)
-Dentro del PSP convivieron desde entonces los dos sectores que se habían fusionado en 1972: El nacionalismo de Estévez Boero y el socialismo más reivindicativo de los acuerdos con el peronismo, en el que estaban otros dirigentes. La convivencia duró poco y en 1974 se dividieron en dos partes que iniciaron una lucha legal interrumpida por la llegada de la dictadura militar.
-Durante la dictadura hubo dos PSP, con dos posiciones políticas diferentes. El de Estévez Boero, con fuerza en Santa Fe y Córdoba, que enfatizó en su posición política el carácter nacionalista. Por otra parte, el PSP que encabezaría Víctor García Costa, con fuerza en la Capital Federal, provincia de Buenos Aires, La Pampa, Chubut, San Juan y Santiago del Estero optó por enfatizar su origen en el PSA y los vínculos con el socialismo internacional. Al margen, quienes provenían del viejo PSA pero no tenían afinidad con el PSP de García Costa fundaron sus propias organizaciones. De ellas, la más importante fue la Confederación Socialista, con Alfredo Bravo y Héctor Polino, entre otros. Simón Lázara había conformado el Partido Socialista Unificado (PSU).
-El crecimiento universitario del PSP Estévez Boero a la sombra de la Juventud Radical y su fuerte expansión orgánica le permitieron entrar en Capital Federal con su base universitaria: El Movimiento Nacional Reformista (MNR).
-Durante los años 80, los miembros de la CSA entraron al Partido Socialista Democrático, entre ellos Alfredo Bravo y Polino. A esa altura, el PSP de García Costa ya era el Partido Socialista Auténtico y la presión de Guillermo Estévez Boero para conseguir la fusión con el PSD, que les permitiría concretar el último escalón de su paso del nacionalismo al socialismo. Se hizo la fusión, pero sin el PSA. Consecuente con su alianza histórica con el radicalismo y con su viejo encono hacia los socialistas que tuvieran alguna afinidad con el peronismo, el último acto de “limpieza étnica” dentro del PS fue el año pasado, con la intervención del partido a nivel nacional en el partido provincial, que se encolumnaba detrás de los que habían ingresado a través de la CSA con Alfredo Bravo y Héctor Polino. Entre ellos, el secretario de Relaciones Parlamentarias del Gobierno nacional, Oscar González; el diputado Jorge Rivas y el también legislador y sindicalista Ariel Basteiro.
Si se presta atención a la historia de ambos nucleamientos actuales, el PS (fusión del PSD y del PSP) y el PSA, se entiende mucho mejor el disgusto de Hermes Binner y sobre todo de los militantes medios y altos de su partido por la presencia del PSA en el Frente del Sur. Hoy Mario Cafiero, del Frente del Sur, trató de explicar lo inexplicable –no por imposible, sino por porque su explicación produciría mayor confusión- cuando dijo en una entrevista que le hizo Cristina Pérez en Radio del Plata que no entendía qué había pasado, pero que los acuerdos se rompieron cuando el congreso del PS rechazó el acuerdo. Luego trascendió que los herederos de Estévez Boero en realidad cuestionaban la presencia del PSA en el Frente del Sur.
Como otra más de las paradojas de la política, casi 40 años después del ingreso del MAPA al PSA, los militantes de entonces, hoy dirigentes, lograron quedarse con la identidad del socialismo, intervinieron a sus adversarios en la “unidad”, a modo de castigo por su afinidad con el kirchnerismo y marcaron la cancha a Pino Solanas para dejarle en claro que una cosa es sumar un par de figuras relevantes para que apoyen a sus candidatos y otra es abrir las puertas a sus viejos adversarios.
Por cierto, la nota presente puede autodestruirse en cinco minutos, porque como en el fútbol, en política todo puede cambiar hasta que el árbitro marque el final.

jueves, 16 de junio de 2011

BINNER, EL CANDIDATO


Y además, una foto inédita del matadero del 16 de junio de 1955 en Plaza Mayo.

Nuestros sueños compartidos

En momentos en que la atención parece unilateralmente posada sobre el caso del tenebroso Schoklender y el escándalo en el INADI (por favor, hagan callar a María Rachid!) es bueno volver sobre lo permanente.

Desde los años 60, el fusilador Francisco Manrique (que también estuvo piloteando un avión el 16 de junio de 1955, ametrallando y bombardeando al pueblo indefenso) instrumentó planes de "viviendas populares".
Estos son los "barrios" construidos por los libertadores que ahora quieren retornar reciclados en las distintas formas del proyecto dependiente:





 Las viviendas y los barrios también pueden ser intensamente inhumanos, crueles, despiadados y violentos.
Algo cambió desde 2003, mucho.
Aquí vemos las viviendas construidas por la Fundación Madres de Plaza de Mayo:


Fíjensé qué cocina:




martes, 14 de junio de 2011

Hebe según Horacio

El sacudón que produjo la evidencia de que Schoklender armó una asociación ilícita para beneficiarse de la centralidad de las Madres, tiene como objetivo principal poner en sospecha la totalidad de la política de derechos humanos que arrancó en 2003. En efecto, si quienes acusan terminan siendo corruptos, todo el señalamiento de memoria, verdad y justicia se puede poner en cuestión.
Creo que uno de los ejes de esta discusión es la actitud general de rechazo a las indemnizaciones versus el enriquecimiento ilícito (otra vez) de un grupito. La reparación monetaria es una herramienta pública útil en función de los resultados que ha tenido todo ese sufrimiento y esas heridas sobre las víctimas, pero no puede quedar allí, sólo en eso.
El argumento de quienes están a favor del resarcimiento monetario (incluso los exilados) es que si fue aquel Estado el que los persiguió, este Estado, en su continuidad, debe repararlos. Pero la verdad es que esos tipos se apropiaron ilegalmente del Estado. Y eso también marca la necesidad de ver al Estado, hoy, como un campo de batalla entre dos proyectos distintos de país.  
En Página 12 de hoy se publica esta nota de Horacio González que vale la pena leer.    


Estigmatizando a Hebe

Por Horacio González *

A muchos, los que no necesariamente hablamos el lenguaje de Hebe de Bonafini, siempre nos interesó su forma de pronunciarse. Floración pura del pensamiento popular, Hebe se expresa en la manifestación práctica de un juicio sin mediaciones. No tiene reparos en ejercer la calificación más ruda ni evita el epíteto excesivo, moldeado de primera mano en su significación lacónica, lapidaria. Mucho se ha dicho ya sobre Hebe y lo que haya que decir ahora es de un peso mayor en lo que significa tratar el tema de la estructura moral de la sociedad argentina. Hebe proviene de un habitáculo especial en la lengua, el que se ocupa con las formas desenfadadas y directas del dolor, nombrando sin sordina ni tabiques. La vida popular argentina abriga sus recovecos inimaginables en ese tejido primario donde se juega la relación entre familia biológica e historia colectiva. Sustraída de su vida cotidiana por el secuestro de sus hijos, Hebe improvisó con su ingenio del vivir una ideología urticante, sostenida en fuertes dictámenes de un pensamiento de aristas impensadas que acompañó el complejo ciclo de nuestra democracia. Se arrojó desde el intransigente saber de su vida doméstica al seno mismo de la tragedia nacional. En suma, perdió e inventó familias.

No creo que los filólogos y antropólogos urbanos hayan dado todavía en el clavo sobre una lengua que sabe amasar todos los pliegues empíricos de la tragedia del vivir. Habitualmente, esas tragedias suelen tratarse en términos austeros, con fuertes dosis de silencio y llanto. Hebe, en cambio, exhumó instrumentos de eficacia inmediata, extraídos de ilustres dicotomías sobre el bien y el mal. Los distintos tonos de desprecio que el buen decir desea pulir o retener para no chocar demasiadas veces con el ámbito mundanal que nos movemos, en Hebe siempre contaron con una voluntad de exposición sin cortapisas. Visto el daño y sus comitentes, se los injuria no con el arte oblicuo que recomendaba Borges, sino con la frase que brota drásticamente de la conciencia lacerada. Soterradamente cristiana sin cristianismo, Hebe se movió con impulsos intempestivos, fundando instituciones y a la vez fuera de los quicios consabidos.

Pero si hubiera sido solo eso, es evidente que Hebe no hubiera sido un personaje central de la historia contemporánea del país, esa que una y otra vez seguimos interrogando. También enjuició las formas normales de tratamiento de la identificación de los desaparecidos. En su momento, hace ya muchos años, se opuso a que los osarios declararan sus nombres, y los pañuelos los quiso ver sin mención específica a un desaparecido, sino que debían referirse a la totalidad. Pura radicalidad reivindicativa, piedad bajo la forma de una gran abstracción, como quisieron exigentes teologías –laicas y de las otras–. Sin lápida, indicaciones ni señales. Si no se entiende mal esta cuestión que cuesta debatir plenamente, Hebe se oponía al reclamo individual o a circunscribir la reparación como unidad genealógica que reclama compensaciones al Estado, que ya no es el mismo, pero es sucesor de aquel otro Estado al que se cuestionaba. Así, Hebe aconsejó rechazar las indemnizaciones, es posible que pensando sobre la base de una idea nunca formulada explícitamente, que pertenece al acervo de los grandes movimientos del espíritu –sobre todo de las religiones mundiales– que en la conmemoración de los muertos deciden abandonar la forma “burguesa” proclamando que “un hombre es todos los hombres”. Fórmula que también utilizó Borges –y que sin mal no recuerdo se la comunicó a la propia Hebe– para su postrera condena a las tropelías de las dictaduras militares.

Fruto de un pensamiento que surge de lo concreto –esa señalada voluntad de señalar las cosas tal como se dan en su plena oposición–, Hebe también proponía interpretar la figura del desaparecido como un acontecimiento sin nombre, producto del terror en su procedimiento más abstracto, en su metodología esencial. Las innumerables discusiones que estas posiciones originaban nunca fueron examinadas con detenimiento por quienes estábamos interesados en ellas, pero sentíamos que provocaban divisiones dolorosas, a las que al cabo fuimos acostumbrándonos. La atmósfera de sobredeterminación que fundaba la existencia de los organismos de derechos humanos (esto es, no podían tener la lógica de cualquier agrupamiento político) quedaba agrietada con opiniones dispares sobre estos temas excepcionales. Nunca se había presentado una situación así en las discusiones argentinas, que demostraba una vez más que lo político era finalmente un acto de antagonismo esencial incluso en temas revestidos de sacralidad y duelo, como el de los desaparecidos y el lenguaje que debía instituirlos como columnas devocionales de la sociedad.

Hebe entraba en terrenos trascendentes de los dominios éticos de las naciones con el poderoso estilo del pensar barrial (basamento de metafísicas y moralidades tan vibrantes como ajenas al mundo letrado), y una oratoria de gran versatilidad en su fuerza enjuiciadora de los poderes, desde luego también tamizada por su voluntad de hablar lenguas directas, literales, sin metáforas. Centro subjetivo de una “maternitas” que incluía tácitamente alusiones a una forma de autoridad también enteramente extraída de la napa popular, difícilmente la gesta protagonizada hubiese sido posible sin apelaciones a una reflexión en los límites de la conformación familiar tal como dan en cualquier sociedad realmente existente. Esa forma de autoridad no se había registrado antes de ese modo entre nosotros, y a través de ella, el buscador de Hebe (buscador de situaciones límites en transe de exoneración), iba produciendo las grandes traducciones que su situación personal le inspiraba. Paradójicamente, su lengua directa no empañaba la fuerza de su pensamiento metafórico.

De este modo, el pensamiento desgarrado de Hebe, que da vuelta a las efigies consagradas (con fórmulas de blasfemia, irreverencia o herejía), comienza a actuar a la altura de los grandes epígrafes de las poesías excomulgadas: “Hipócrita lector, mi hermano, mi semejante”. Aparece Sergio Schoklender en el camino, que luchaba en su propio y largo sendero de culpa y reconstrucción. Volvía de lo que no es fácil volver. Muchas veces la atracción sobre familias en donde el vínculo de sangre es tratado en el interior de un oscuro crimen, lleva al máximo empleo de una fuerza de reparación que Hebe consideró tener. El transgresor último, si así fue el caso, exponía además un empeño intelectual notable, con ansias de superación. Como lo dijo con orgullo en los reportajes a los que fue recientemente sometido, había obtenido dos títulos universitarios en su larga prisión y era ingeniero vocacional, poseedor de patentes comerciales que lo llevaban hacia una disposición empresaria. Schoklender, el estigmatizado, seguía su espinoso camino –una gran novela daría cuenta de esos pliegues soterrados de la existencia– y sacaba su fuerza del propio estigma, a la vera de la gran autora de presentimientos –Hebe–, que producía hechos en torno a sus hijos faltantes devorados por maquinarias tortuosas del Estado, y de hijos que a pesar de toda evidencia parecían no ser victimarios si sus actos en algo se dirigían a condenar a sus padres improcedentes. Caminaba por el borde como una forma excepcional de señalar cuánto más comprometida con esos oscuros confines de irracionalidad había estado la propia sociedad argentina.

No es habitual pensar las cosas así. Hebe, que había salido de su barriada modesta sin escalas hacia la lucha por la verdad, preparada por su ausencia de preparación (no la tocaban esas sempiternas clases de mansedumbre que se apoderan de los sectores populares), tomó el estigma en sus manos. En su alquimia moral, todo estigma se da vuelta, como afirmaron los más variados pensamientos proféticos e iluminados. Hebe se lanzó a crear universidades, empresas de construcción de viviendas populares y centros culturales en las demás traducciones de esta meditación asombrosa sobre los escombros de la sociedad. Meditación siempre yacente en el interior de las memorias y cultos populares que repentinamente aparecen con sus épicas y taumaturgias. Extendía su pensamiento hasta estas cuestiones, presentándolos como producto de la transferencia del dolor hacia una realidad revitalizada en donde había habido muerte. Tensa cuerda, increíble en su productiva simpleza. Una vida sin venganzas, habían dicho Hebe y los demás organismos de derechos humanos, que eran a los primeros a los que podría ocurrírsele ese modo de reparación. Todos sabemos apartar episódicas vetas de imaginarias venganzas en nuestro vivir o pensar diario. Otra cosa es quienes lo apartan habiendo sufrido violencias sin normas, suplicios sin límites.

Ahora Hebe es estigmatizada por quienes creen que se aproxima el fin del ciclo de los derechos humanos en la Argentina. Escuchémoslos conjeturar. Ellos no querían que se “manchara el pañuelo blanco”, pero ellos no pueden menos que decir, sostenidos en las discutibles versiones de un psicoanálisis silvestre, que “se completó el parricidio con un matricidio”; ellos no hubieran querido que pasara lo que pasó aunque ellos tanto lo desearan, pero se confirma por fin que los “corruptos lograron tomar a la sacerdotisa del templo”; ellos no hubieran deseado escribir las notas que escribieron, pero se complacen en promulgar ahora que el caso de Hebe es una teoría general de la “cooptación que permite interpretar toda la política de la época”.

En efecto, a pesar de la hipocresía con que hablan, en algo tienen razón. Lo ocurrido no debió ocurrir, pues no se trataba de no construir viviendas con subsidios estatales –el habitar no es sólo cuestión financiera y arquitectónica, sino existencial y reparatoria–, sino de considerar que el movimiento de Madres –en la medida en que también es un movimiento social– debía contar con recursos de reflexión específicos sobre el tipo de relación que se entabla con el Estado. La relación misma es un vínculo que no debe sostenerse en modalidades que sean empresariales, sino de empresas comunitarias autónomas e instituciones no estatales con auxilio estatal. Muchos dirán que todo esto –lo que ocurrió– ya lo sabían. ¿Pero qué es saber? Sabemos bien que este desdichado episodio, que la Justicia investiga, está siendo pasado por el gabinete multiplicador de operaciones de descrédito de una de las vigas maestras de la conciencia colectiva. Nos incumbe entonces desvelarnos para responder al plan general de estigmatización que procura el desmonte de piezas enteras de la conciencia colectiva. Escribimos pues este artículo para aclarar nuestra propia relación con Hebe, con la que no siempre tuvimos acuerdos en sus dichos, pero a la que siempre consideramos –y hoy es fundamental reafirmarlo– la más vigorosa prueba de lo que la recóndita y resistente reflexión popular puede hacer en épocas de escarnio: asumir los hechos, dejar que surjan nuevos vocabularios y conceptos, no temer dar opinión, por difícil que sea.

* Director de la Biblioteca Nacional.


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viernes, 10 de junio de 2011

C5N defiende a carapintadas y represores. Bien por Puricelli



En la semana, el canal C5N y específicamente el "principal" Eduardo Feinmann, reprodujo en distintos horarios una larga y encendida defensa patriótica del contralmirante Robacio y del ex-coronel Seineldín, ambos fallecidos.
El atajo elegido fue la gesta de Malvinas.
En rigor, se estaba atacando al ministro de Defensa Arturo Puricelli por haber decidido el arresto de un teniente coronel que, en un acto realizado en el Regimiento de Infantería Mecanizada 25, dio tres hurras por ambos carapintadas que además tuvieron funciones de conducción en la represión ilegal, Seineldin en Campo de Mayo y Robacio en la base naval de Mar del Plata.



La información de prensa señala:

...
El acto de homenaje a los soldados se desarrolló en las instalaciones del Regimiento 25 y entre los invitados estuvieron presentes autoridades civiles como el intendente de Sarmiento Ricardo Britapaja. En la ceremonia, Paz recordó el reciente fallecimiento del contralmirante Robacio y comentó la estrecha relación que el infante de Marina sostuvo durante la guerra con Seineldín y con la Infantería de Ejército.
“Con esto los actuales ‘Bravos del 25’ tratamos de rendirle un justo homenaje al señor almirante que seguro se encuentra sentado a la derecha de nuestro jefe conduciendo los guerreros inmortales de Malvinas”, se habría parafraseado en el homenaje.
Robacio, respetado veterano de la guerra de Malvinas comandó a infantes de la Marina y del Ejército durante el conflicto bélico de 1982. Estuvo a cargo de un batallón que siguió luchando aún después de que la Argentina se rindiera. Falleció el 29 de mayo último en Bahía Blanca a los 76 años.
Seineldín, mientras tanto, falleció el 2 de setiembre de 2009 y entre 1981 y 1982 fue jefe del Regimiento 25 de Sarmiento. El 3 de diciembre de 1990 protagonizó el último alzamiento “carapintada” durante el gobierno de Carlos Menem, por lo que fue sentenciado a cadena perpetua y el 20 de mayo de 2003 resultó indultado por el entonces presidente Eduardo Duhalde.
Paz, según la información recabada por Diario Patagónico, pertenece a la promoción 116 del Colegio Militar de la Nación y egresó en diciembre de 1985 como subteniente del arma de Infantería. Ayer fue trasladado a Comodoro Rivadavia al Casino de Oficiales de la IX Brigada Mecanizada donde deberá permanecer los 30 días que le impusieron de arresto.

La orden dada por el militar (textual) es la que sigue:





“Como Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 25 el día de hoy dispuse:
En la formación de la mañana:
Embanderamiento al completo del Monumento a los 12 Caídos en Malvinas.
Izamiento del Pabellón Nacional con Aurora.
Palabras sobre el señor Alte. VGM Carlos Hugo Robacio y su relación con la Infantería de Ejército, con el 25 y con nuestro Jefe (SEINELDIN) en Particular en Malvinas.
Arrío a media asta del Pabellón Nacional realizado por el Enc Un el Subof. My. VGM OSCAR MANUEL SAAVEDRA con el toque de minuto de silencio (Todo el día).
Toque de la Marcha Militar Infantería de Marina por parte de la Banda Militar “Combate de San Carlos”.
Desfile frente al monumento que recuerda a los caídos en el Combate de Darwin de los Actuales “Bravos del 25”, lo presidía el señor Almirante desde el cielo (yo no subí a ese monumento, saludé desde abajo).
Guardia de Honor en el monumento hasta la caída del sol.
Envío por FAX con el saludo de la Unidad al Actual Jefe del BIM 5.
Con esto los actuales “Bravos del 25” tratamos de rendirle un justo homenaje al SEÑOR ALMIRANTE que seguro se encuentra con NUESTRO JEFE conduciendo los guerreros inmortales de Malvinas.
Un fuerte abrazo Malvinero
QEPD
Teniente Coronel VICTOR MANUEL PAZ
Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 25




lunes, 6 de junio de 2011

Delitos económicos medidos con distinta vara

La derecha sobreviviente, la activista de la represión ilegal Cecilia Pando ahora afiliada al partido Unión Popular adquirido por el ex bañero Eduardo Duhalde (Framini se debe estar revolviendo en su tumba), acusan al gobierno de defender los derechos humanos de un solo lado.
Sería algo así como la versión derechosa de la doctrina de los dos demonios asumida desde la mano izquierda por el radicalismo alfonsinista que hoy, con su heredero, ha perdido los últimos vestigios de progresismo esquizofrénico alentado otrora por la Coordinadora Radical, una mezcla rara de Susheta y de Mimí entre discurso progresista y negocios sucios. Pregunten, por ejemplo, por qué el mayor Guastavino, alias de Raúl Guglielminetti, represor del batallón 601 de Inteligencia con asiento en el edificio de la esquina de Callao y Viamonte, trabajaba para la Coordinadora en el Grupo Alem.
Los medios hegemónicos, cuya lectura de la realidad es idéntica a la de la Pando pero sofisticada por el uso de palabras e imagenes alambicadas y de sonoridad filosófica, han dado una cobertura de primera plana a los eventuales delitos económicos cometidos por Sergio Schocklender con el solo fin de ensuciar a Hebe de Bonafini y por elevación a la Presidenta Cristina, o mejor, a la totalidad de la política de derechos humanos llevada adelante por el gobierno.
Schoklender jamás fue un militante ni nada que se le parezca. Su padre representaba en Argentina a la empresa Pittsburg Coal, que vendía armas y acero a la marina argentina durante la dictadura.
Para comprobar una vez más cómo es eso de la distinta vara, la siguiente información sólo fue levantada por el diario Tiempo Argentino y no mereció una sola línea en La Nación y Clarín. Los columnistas Pagni, Roberts, Van der Kooy, Grondona, Blanck, etc., no se mostraron escandalizados en esta oportunidad.

LA SECRETARÍA DE DERECHOS HUMANOS SE PRESENTÓ COMO QUERELLANTE EN OTRA ACUSACIÓN CONTRA CIVILES

Denuncian el caso de un banquero despojado durante la dictadura

Publicado el 29 de Mayo de 2011

Eduardo Saiegh era propietario del Banco Latinoamericano cuando en 1980 fue secuestrado y torturado “para que confesara algún delito que justificara que se llevaran las acciones de Austral” depositadas en caución.

La mañana del 31 de octubre de 1980 Eduardo Saiegh, propietario y vicepresidente ejecutivo del Banco Latinoamericano, estaba trabajando en su oficina cuando una delegación de 30 policías armados entró y copó el lugar. Se llevaron las acciones de la aerolínea Austral y también al banquero, al que torturaron durante una semana dentro de la dependencia policial del Banco Central de la República Argentina. Después de más de 30 años, y largos procesos judiciales infructuosos, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación se presentó como coquerellante en la causa para impulsar la investigación sobre las responsabilidades del ex ministro de Economía de facto José Alfredo Martínez de Hoz, su par de Interior Álbano Harguindeguy y Alejandro Reynal, vicepresidente del BCRA en esos hechos.
Y viene más, mucho más.

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