martes, 6 de julio de 2010

El 82% y la fin del mundo

Que los jubilados merecen el 82% es una verdad más grande que una casa. Que todos merecemos ganar los mismos salarios de Europa, también.
Pero estamos en Argentina. Sin ponerme en el lugar (o más, poniéndome enfrente de) de los que opinan que todo pasado fue mejor, es una convicción de muchos que la Argentina de hace 40 o 50 años era un país mejor, más vital, más multifacético y sobre todo más equitativo. Y hasta me atrevería a decir que más democrático.
Caímos muy hondo.
Para salir de la caída, hace falta un sujeto que movilice a la sociedad. Tampoco se sale de golpe, mágicamente, porque los sujetos históricos son necesarios para producir el cambio, y no cualquiera, sino un cambio determinado. Por lo tanto, no son invariables y cuando cumplen su fin, mueren o se convierten en otra cosa.
Esto no es un secreto para nadie.

El 82% móvil para los jubilados no es una meta imposible, como no es imposible sino más bien deseable, cualquier otra medida en la línea de una más justa distribución del ingreso.
Es irrisorio ver hoy cómo se exige al Estado: ¿se le hubiera exigido tal cosa a una AFJP? Me cuesta imaginar al directorio de la AFJP Orígenes, presidido por Roberto Alemann, recibiendo a una delegación de jubilados y explicándole que el derrame de petróleo del Caribe lamentablemente había significado una caída del 12% en el nivel de las pensiones.
Pero volvamos. Si es el Estado el que debe pagar, todo pedido de aumento debe contener necesariamente la solución al tema del origen de los fondos. De otro modo, caeríamos en el terreno de las alucinaciones.



Alucinaciones. En 1910, ante la anunciada llegada del cometa Halley, muchas personas se suicidaron. En 1938, Orson Welles trasmitió por radio La Guerra de los Mundos.
El movimiento shaker apareció en Inglaterra en 1747 dirigido por una quakera, Ann Lee. Lee viajó a EEUU (huyendo de la intolerancia religiosa) y allí se reunió con unos "camisards" de origen francés dirigidos por James Wardley. Ambos adoptaron el sexo libre como modo de adorar a Dios y comenzaron a recorrer el país. También se los ha conocido como "milenaristas".
Google traduce como "coctelera" lo shaker, pero para ser mas precisos, (shake=agitar) eran multitudes que bailaban (en el siglo XVIII) ritmos frenéticos que desmerecerían al más frenético de los bailes actuales, y no lo hacían en una plaza, en un salón, en un dance-club, en una disco, sino recorriendo el país por los caminos de entonces.
En lugar de caminar, o usar los medios de locomoción de la época, los viajeros se transportaban bailando hasta el delirio. La experiencia religiosa era una mezcla de comunismo religioso, sexo compartido y baile hasta la extenuación, aunque es difícil que todo sucediera al mismo tiempo o que hubiera energía suficiente para todo. Curiosamente, hombres y mujeres no compartían dormitorios.
Más de 20.000 personas, un número respetable para esa época, participaron del movimiento. Europa no fue ajena a estas alucinaciones colectivas, antes y después de la Reforma.

Otra alucinación, pero de los argentinos, fue la creencia de que pertenecíamos al Primer Mundo y que el peso valía igual que un dólar. El 82% a los jubilados impone una sola pregunta: quién lo paga. Como ya dijimos, hay menos de 2 trabajadores aportantes por cada jubilado, cuando se necesitan cuatro.
Y los fondos del Anses, su stock, es -salvando la distancia y la propia construcción mental- la burguesía nacional de que carece este país, donde parece que todavía estamos sometidos a los shakers.

2 comentarios:

Anahí dijo...

Excelente

Angeles dijo...

Me encantó...muy bueno !

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