jueves, 5 de agosto de 2010

Hugo Biolcatti, desollado en Las Vizcacheras


En Página 12 de hoy, Martín Granovsky subraya esta frase de Hugo Biolcatti: “La tierra, como la patria, permanece”
Frase que nos llena de perplejidad. No es tonto el titular de la Sociedad Rural, que además de ong solidaria integrada por lo más concentrado del campesinado local, es una empresa que monopoliza la genética vacuna y sostiene una mesa de dinero en su sede central, gloriosamente decorada con muebles victorianos que recuerdan pasadas hazañas coloniales. 
Eso sí: los estancieros que alguna vez admiró Ricardo Güiraldes entre safari y safari a la India, ya no atesoran rupias o guineas, sino las divisas que hoy dominan el mundo y mucha soja transgénica.
Son estos, unos campesinos que quieren pasar a capitalistas pero no pueden ¿Y si la tierra se reprodujera y multiplicara, como los panes y los peces, en lugar de permanecer?


Luego leemos a Granovsky : "Visto a la distancia, también, el espectáculo de luz y sonido que siguió a Biolcati deja un sabor cada vez más decadente. Un locutor gritaba. Cuando aludió a la Virgen de Luján y al Ejército que combatía al malón, el locutor gritó con tono más militarista que las tres Fuerzas Armadas juntas y con una euforia integrista que envidiaría el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer. Al menos quienes hacían de indios montaban en pelo, como corresponde".


La última línea (los indios montados en pelo, como corresponde) me recordó una novela desopilante del británico Tom Sharpe: Exhibición Impúdica, Indecent Exposure en el original, donde Biolcatti bien podría ser el Kommandant Van Heerden, jefe de policía de Piemburgo, la capital de Zululandia.

En la República de Zululandia, en Sudáfrica, conviven más o menos pacíficamente los nativos zulúes con los afrikaners o boers (africanos blancos) y los ingleses. Van Heerden es boer pero ama lo inglés y la inglesidad, y quiere convertirse en caballero inglés aunque tiene vedada tal maravillosa posibilidad por su origen racial. En apariencia, lo único inglés que lleva entre pecho y espalda es su corazón, transplantado de un auténtico obispo anglicano condenado a muerte por asesinatos masivos. Subrayo, en apariencia para no revelar el argumento de Sharpe.

Al menos quienes hacían de indios montaban en pelo, como corresponde.

En la novela, cuyo argumento es imposible sintetizar aquí, sucede lo siguiente: para complacer al presidente de Zululandia, el Kommandant Van Heerden organiza, secundado por una psiquiatra admiradora de Hitler, un espectáculo en el Manicomio de Piemburgo protagonizado por los pacientes, todos ellos locos furiosos.
Desplegados en el campo de fútbol del hospital, los enfermos rememoran la batalla de Ulundi, que en 1873 enfrentó a británicos y zulúes. La mitología histórica recuerda que en esa ocasión, los zulúes no solo fueron derrotados: se pasó por las armas a los sobrevivientes, así estuvieran desarmados, heridos o se hubieran rendido. En esa jornada sangrienta, murieron 12.000 nativos.


Los británicos se alimentaban con carne enlatada proveniente de Argentina, the famous argentine meat.
En los años siguientes, nuestro país agregaría otro notable producto de exportación para las tropas boers: la pistola Ballester Molina con cañón intercambiable (.22 y .45), lo que permitía que la policía blanca pudiera matar libremente a la mayoría negra sin pasar por un tribunal blanco (a esto se llama seguridad jurídica) que la incriminara por el uso de un calibre de guerra contra la población civil.

En el espectáculo organizado en el Manicomio de Piemburgo, los locos zulúes interpretan a los soldados zulúes. Y los locos blancos o afrikaners, a los soldados británicos.
Aparentemente, porque todo es aparente en las novelas de Sharpe, enarbolan lanzas y garrotes de utilería.

En el curso de un espectáculo masivo que hubiera hecho las delicias de Cecil De Mille, decenas de negros disfrazados de soldados zulúes se enfrentan con decenas de blancos vestidos como tropa británica, reproduciendo las alternativas de la batalla tal como la relataban los manuales (blancos) de historia.

Unos y otros son locos, pero no estúpidos. Y no es memoria lo que les falta. Al principio, los locos blancos se ensañan con los zulúes, como corresponde con el apartheid y la historia oficial. Luego estos se reagrupan, magullados pero decididos a no repetir la derrota.
Cuando el show termina en medio de gases lacrimógenos y disparos de Itaka policiales, quedan 300 locos blancos muertos sobre el campo de juego. Los zulúes se habían vengado.
Como se sabe, los zulúes son tan salvajes que extraen el corazón de los derrotados y se lo comen para incorporar parte de su valentía.

Al menos quienes hacían de indios montaban en pelo, como corresponde


Entre nosotros, también hubo o podría haber habido batallas como la de Ulundi. El 28 de marzo de 1829, el cacique Arbolito terminó con la vida del mercenario prusiano Federico Rauch, contratado por el gobierno de Bernardino Rivadavia para limpiar las pampas de rankülche. Fue en Las Vizcacheras.
Arbolito no se anduvo con chiquitas: lo desolló al coronel.

El espectáculo en la Rural, donde los indios montaban en pelo, como corresponde, pudo haber tenido otro final.

Nota: la publicación de Exhibición Impúdica le valió a Sharpe ser deportado de Sudáfrica, donde vívia.

3 comentarios:

Anahí dijo...

Muy bueno

Chabon Piola dijo...

Estimado , que habra de cierto en que don Hugo es socio , si socio comercial de Tachuela.
Seria en el emprendimiento La Dorita , segun fuentes de la zona.

Jorge Devincenzi dijo...

nos pondremos a investigar, Chabón. Nada es imposible

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