domingo, 31 de marzo de 2013

Historia de la intervención de EEUU en su patio trasero


Escribí el original de esta nota para la revista digital Zoom pero por razones que desconozco ya no está en la web. Tiene, creo, bastante información histórica sobre el papel de EEUU en Centroamérica y la Doctrina Monroe a través del tiempo. 
Algunos hechos (como la situación actual de Haiti) no se relatan porque no cambian el núcleo del trabajo. También puede extraerse alguna enseñanza sobre la política de Gran Bretaña respecto de Malvinas.
Firmé el original como Luis Cobián, aunque hoy no puedo precisar por qué: quizás para multiplicar la oferta periodística con distintos nombres.
Luis es mi segundo nombre y Bianco (Cobián invirtiendo las sílabas) mi segundo apellido paterno, proveniente de Italia
La subo nuevamente, corregida (espero) y sintetizada.
JLD

Aislacionismo, expansión, librecambio y proteccionismo en el siglo XIX

Como el Sarmiento que nunca faltaba a clase y la frase postrera del sargento Cabral, la doctrina Monroe forma parte del cuerpo de mitos que el poder tradicional de la Argentina ha venido divulgando de generación en generación.
Y permanece incólume, aunque la realidad se empeñe en demostrar que nunca existió algo semejante ni siquiera en las intenciones de quien la habría formulado. 
Monroe entra al parnaso de la historia oficial recién cuando la oligarquía probritánica comienza a sentir la crisis del Imperio al que se sentía íntimamente ligada, y el Gran Hermano del norte aparece en el horizonte como el custodio paternal del Progreso. Es cierto que Sarmiento admiraba algunos aspectos del sistema político de EEUU, pero su voz era marginal para un poder alineado con Su Majestad, la reina Victoria, cuyos súbditos invertían en electricidad, ferrocarriles y aguas corrientes, y se llevaban a Londres dividendos asegurados por el Estado.
Mientras la política del garrote se enseñoreaba en el Caribe, el canciller argentino Luis María Drago pasará en 1902 a la historia por enarbolar una tesis romántica basada en las ideas de Carlos Calvo sobre la pertinencia de que fuerzas navales de Inglaterra, Alemania e Italia bloquearan a Venezuela por una deuda impaga: "Ningún Estado extranjero puede utilizar la fuerza contra una nación americana con la finalidad de cobrar una deuda financiera".
El Tribunal de La Haya, notificado de la teoría argentina, llegó a la conclusión contraria y dejó a la doctrina Drago en el papel de letra muerta: para los magistrados, la deuda externa de un país sí puede motivar bloqueo, bombardeo, apropiación de rentas de la Aduana, conquista territorial, ocupación o cualquier otro tipo de resarcimiento y venganza que decidan los acreedores.

Nace el mito de la Doctrina Monroe

Dicen que James Monroe, quinto presidente de EEUU que gobernó entre 1817 y 1825, habría dicho: “América para los americanos”.
La tal frase es la síntesis infeliz de un discurso que pronunció el 2 de diciembre de 1823 a instancias de su Secretario de Estado John Quincy Adams, quien lo sucederá en la presidencia. 
Establece un principio general a partir de un caso particular: en esos años, Alaska pertenecía al imperio de Rusia, y Rusia avanzaba hacia el sur del paralelo 50, aproximadamente donde hoy se encuentra Vancouver, amenazando las posesiones de Gran Bretaña y EEUU.
El principio general está especificado en el párrafo 7° del discurso: “se ha juzgado oportuno sostener, como principio en el que van comprendidos derechos e intereses de los Estados Unidos, que los Continentes Americanos, por la libre e independiente condición que han asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como susceptibles de futura colonización por cualquiera de las potencias europeas".
En esos años, la mayor parte, y sobre todo la zona central del norte de América era un inmenso territorio en disponibilidad sobre el que avanzaban Rusia, Gran Bretaña, y hasta España por el oeste, mientras Francia amenazaba desde el sur. La California española pasaría a integrar México con su independencia en 1821. Colonias rusas y tropas del Zar ocupaban Alaska, como se dijo, y avanzaban hacia la actual Canadá Británica y Alberta. EEUU era poco mas que los 13 estados originarios en la costa este sobre el Atlántico. Gran Bretaña conservaba grandes extensiones al Norte, y con quien una paz duradera solo se conseguirá en 1824, un año después de la declaración de Monroe.
La tensión era entonces entre el expansionismo norteamericano sobre el territorio que consideraban propio, y el de las potencias europeas que también avanzaban sobre él.
En Europa gobernaba la Santa Alianza monárquica de Austria, Prusia, Rusia y la Francia pos napoleónica que se disputaban los territorios abandonados por España, a los que se sumaba Gran Bretaña con la que competían y coincidían al mismo tiempo.
El texto completo del 7° párrafo del discurso de Monroe establece:

"A propuesta del gobierno imperial de Rusia, hecha por conducto del ministro acreditado en esta capital, se han transmitido instrucciones y poderes bastantes al ministro de los Estados Unidos en San Petersburgo, para arreglar, por medio de negociaciones amistosas, los derechos e intereses respectivos de las dos naciones en la costa Noroeste de este continente. Su Majestad Imperial ha hecho una propuesta semejante al gobierno de la Gran Bretaña, el cual ha accedido de igual modo. El gobierno de los Estados Unidos ha tenido el deseo de manifestar por medio de este amistoso proceder, el gran valor que invariablemente ha atribuido á la amistad del emperador, y su solicitud para cultivar la mejor inteligencia con el gobierno ruso. En las discusiones a que esto ha dado origen, y en los arreglos por los cuales puede terminar, se ha juzgado oportuno sostener, como principio en el que van comprendidos derechos é intereses de los Estados Unidos, que los Continentes Americanos, por la libre e independiente condición que han asumido y que mantienen, no deberán ser considerados ya como susceptibles de futura colonización por cualquiera de las potencias europeas".
No hay en la Declaración una sola referencia a Gran Bretaña, Francia, España, y resulta plausible que sólo se buscaba impedir el avance del Imperio Ruso al sur del paralelo 50.

En años posteriores, la Doctrina Monroe será utilizada para otros fines:
Por el presidente Ulysses Grant, héroe de la Guerra de Secesión y quien dará nombre al Partido Republicano (GOP, o Grant’s Old Party), que tuvo como objetivo conseguir una vía franca en el istmo de Panamá para unir ambos océanos, compitiendo y a la vez coincidiendo con el interés británico.
Y por la política del garrote, del destino manifiesto y la democracia del dólar implementadas por Taft, Teddy Roosevelt, McKinley y luego por Wilson (el "inventor" del principio de autodeterminación que ahora se quiere aplicar a los habitantes de las Malvinas) para quienes el texto de Monroe era premisa o condición necesaria de la expansión territorial.

Intriga de Canning y ojos puestos en Cuba

La Doctrina Monroe es de 1923. Un año antes, el titular británico del Foreign Office, George Canning, había logrado convencer al gobierno de EEUU de la conveniencia de una alianza de no-intervención mientras por abajo de la mesa negociaba lo que realmente le interesaba: esto es, convencer a la Francia pos napoleónica (Polignac) de repartirse los restos del imperio español a cambio de total libertad de comercio en toda América.  
Pero la intriga había surtido otros efectos dentro de los EEUU: Monroe pidió la opinión del ex-presidente Jefferson, y éste respondió “no debemos complicarnos con las discordias de Europa”, y “La Gran Bretaña es la nación que más puede dañarnos entre todas las de la tierra”, agregando: “Confieso que siempre he considerado a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de Estados. El dominio que esta isla nos daría sobre el Golfo de Méjico… llenaría la medida de nuestro bienestar”.
Esto se decía en 1823.
El deseo se cumplirá recién en 1989, cuando 15 mil soldados al mando de Teddy Roosevelt desembarcaron en Santiago de Cuba, cerca de la playa Daiquiri, nombre con el se bautizará un cóctel popular entre los norteamericanos (ron y jugo de lima o limón).
La “zona de influencia” norteamericana era parte de una cuestión más amplia, centrada en la disputa entre proteccionismo y librecambio, del que eran protagonistas verbales el vicepresidente John C. Calhoun y el político Daniel Webster, pro o anti esclavistas, y desembocará en la Guerra de Secesión.
El norte industrializado exigía proteccionismo y mano de obra con un grado de especialización que la esclavitud impedía. El sur agrario era librecambista, y el modo de producción agrario-intensivo funcionaba con mano de obra servil. Para Calhoun, era de temer que Francia se adueñase de las provincias internas de Méjico, sobre todo de Tejas; había que oponerse a que Rusia se extendiera hasta California, defender Florida y Luisiana e impedir que Cuba cayera en manos de Gran Bretaña.
Entre 1812 y 1815, la guerra entre Estados Unidos y Gran Bretaña se desarrolló por la posesión de territorios en la actual Canadá y por la libre navegación de los ríos que exigía esta última, desde Terranova hasta Tierra del Fuego. Entre las tropas británicas se encontraba el entonces comodoro Hotham, que ya como almirante apoyará a Garibaldi en el saqueo de Arroyo de la China (actual Concepción del Uruguay) y Gualeguaychú, y secundará a Urquiza en la libre navegación del río Paraná luego del derrocamiento de Rosas.

Anexiones

Entretanto, EEUU sumaba territorios a los13 estados puritanos originales:
– Louisiana. Comprada a los franceses en 1803. Sería el centro de la rebelión sudista.
Tejas. Con el argumento de que el este del Golfo de México entre los ríos Bravo y Arkansas era una zona vacía y disponible, aunque pertenecía a España, el emprendedor norteamericano Stephen Austin ocupó tierras y financió el asentamiento de colonias. Esta población de nacionalidad norteamericana se opuso a las restricciones impuestas por el gobierno mexicano del general Santa Ana, con quien se enfrentaron en El Álamo (1836) en condiciones muy desfavorables. A pesar de la derrota, se inició, por 9 años y con el liderazgo del patriota Samuel Houston, una era de Texas independiente.
Hoolywood interpretaría esta particular etapa del destino manifiesto en el clásico de John Ford “El Álamo”, protagonizada, producida y escrita por John Wayne, el wasp impasible, en el papel de David Crockett. 
En 1845, el territorio de Texas se unió a la Confederación Sudista, que, basada en la economía del algodón exportado a Europa, defendía el librecambio. La independencia texana (que había sido reconocida por Francia y Gran Bretaña) provocó la lógica reacción de México, y con ello una guerra.
– California y Nuevo Méjico.  Además de Tejas, México tuvo que cederlos tras su derrota como compensación. 
– Florida. Entregada por España en 1819, recién fue incorporada a Estados Unidos en 1845, luego de exterminar a los pobladores primitivos, los seminolas. 
– Oregón. Pretendido sucesivamente por Rusia, España y Gran Bretaña, en 1846 se arregló el límite con ésta última y dos años mas tarde pasó a ser territorio estadounidense.
– Alaska. En 1867, Alaska fue adquirida al Imperio Ruso por 7,2 millones de dólares.
En su mensaje presidencial de 1845, James Polk sostuvo su particular interpretación de la doctrina Monroe: “Los Estados Unidos no pueden permitir con su silencio que se realice ninguna intervención en el continente de la América del Norte, y si esa intervención se intentara, la resistirán”.
 
Abstención de EEUU ante las guerras de la Patria Grande

A lo largo del siglo XIX, la protección de EEUU sobre sus pares independientes de Sudamérica fue una pura ausencia.
– En 1826, EEUU no quiso estar presente en el Congreso de Panamá organizado por Simón Bolívar.
Para esa misma época, el Secretario de Estado Henry Clay declaraba que “… los EEUU se hallan satisfechos de la situación actual (de Cuba y Puerto Rico), abiertas ahora a la empresa y al comercio de los ciudadanos americanos… Si Cuba y Puerto Rico se declararan independientes, el número y la índole de su población harían improbable que pudieran sostener su independencia… que podría determinar una repetición de las escenas horribles de que fue teatro lamentable una isla vecina (se refiere a Haití). Y no se podría evitar tan triste resultado sino con la garantía de una gran fuerza extranjera”.
– En 1833, la corbeta británica Clio atacó las Islas Malvinas, que se convirtieron en dependencia de Gran Bretaña. Años mas tarde, el presidente Cleveland justificará ante el gobierno argentino su ausencia: “Si las circunstancias hubieran sido diferentes y los actos del gobierno británico una violación de aquella doctrina (Monroe)…”. Para el gobierno de EEUU, no lo era.
– En 1838, Francia bombardeó San Juan de Ulloa, frente a Veracruz, exigiendo el pago de una deuda. Estados Unidos no intervino.
– En 1838 el almirante Leblanc bloqueó el Río de la Plata. Francia apoyaba a los unitarios para derrotar “al tirano Rosas”. La situación continuará hasta 1850.
En esos años, tropas mercenarias al mando de Garibaldi asolaron Entre Ríos, y una flota anglo francesa remontó el río Paraná al mando del almirante Hotham, quien luego lograría la libre navegación con Urquiza. Diez años antes, y con el apoyo explícito de Inglaterra, Uruguay había obtenido su independencia. Rosas, entretanto, arregló sus diferencias con Gran Bretaña y Francia mediante sendos tratados, en 1849 (Southern) y 1850 (Lepredour), sin intervención norteamericana.
– En 1848, Yucatán pretendió independizarse de México y pidió protección a Europa. Aunque la situación se desvaneció rápidamente, el presidente Polk recomendó al Senado que votara la intervención militar, pero se decidió no hacerlo porque se comprometía la anexión de Tejas.

En el siglo XIX, la historia de las intervenciones de EEUU en Sudamérica estuvo signada por el aislacionismo, la expansión y la lucha entre proteccionismo y librecambio, que se definió por el norte industrializado luego de que el general Lee fuera derrotado en Appomatox.
En esa guerra, el general Sherman aplicó en forma sistemática, mediante lo que denominó “guerra total”, el terror y la destrucción de recursos civiles y económicos para quebrar la voluntad del oponente sureño, una especie de precursor de las doctrinas de seguridad nacional.
La particular interpretación de la Doctrina Monroe consistió en no intervenir sino cuando sus intereses estaban en juego.

El patio trasero. Cuba para los (norte)americanos


A medida que EEUU iba consolidando su expansión en el norte del continente, se fue haciendo cada vez más evidente que el Golfo de México, el Mar Caribe, las Antillas y América Central formaban parte de su hinterland, zona de influencia o área de seguridad.
Ya en 1823, su tercer presidente y autor de la Declaración de la Independencia (1801-1809) Thomas Jefferson había escrito: “Confieso que siempre he considerado a Cuba como la adición más interesante que pudiera hacerse a nuestro sistema de Estados. El dominio que esta isla nos daría sobre el Golfo de Méjico… llenaría la medida de nuestro bienestar”.

Aunque no habían participado oficialmente en el Congreso de Panamá (1826), delegados oficiosos de EEUU hicieron saber a Simón Bolívar que su país no aceptaría la planeada invasión libertadora a Cuba para independizarla de España ni que hubiera en Sudamérica una confederación de estados en condiciones de competir con la del Norte.
En 1868 comenzó la guerra de la independencia cubana, por lo que la eventual intromisión de EEUU en apoyo de los independistas creaba un escenario ideal para apropiarse de la isla.
Luego de falsificar un atentado contra el Maine, acorazado de EEUU que había llegado a La Habana en visita de “amistad y confraternidad” con España, tropas de EEUU invadieron la isla en 1898. La destrucción de la flota del almirante Cervera precipitó el curso de la guerra: España debió ceder Cuba, Filipinas, Puerto Rico y Guam, y todas ellas se convirtieron en posesiones estadounidenses.
El informe oficial aseguró que el vapor Maine se había hundido por la explosión de una mina acuática española. Salvo 2 oficiales, el resto de los muertos (258) eran tripulantes. La oficialidad había sido enviada masivamente a tierra. La hipótesis del atentado se convirtió en consigna de las tropas de EEUU, que desembarcarían al grito de “¡Recordad al Maine!”.
Recién en 1976, el informe presentado por el almirante Rickover concluyó que la explosión se había originado en una carbonera próxima a la santabárbara, es decir, era interna.
En 1964, el presidente Johnson utilizará una maniobra parecida, cuando se falsificó un ataque norvietnamita sobre la flota de EEUU estacionada en el golfo de Tonkin.
Y después del 11-S, el presidente Bush renovaría la impostura, inventando la existencia de armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein y su responsabilidad, más la de los talibanes de Afganistán, sobre el ataque a las torres gemelas.

Cuba, parte colonial de EEUU

Cuba se convirtió en territorio norteamericano, aunque sin ninguno de sus derechos (o sea, una colonia) hasta 1934. La enmienda Platt aprobada en 1901 por el Senado ordenó a la Casa Blanca un estricto control de la Aduana cubana, la prohibición de que el gobierno local aprobara tratados o empréstitos con terceros, y se arrogaba el derecho de intervenir militarmente cuando lo considerara oportuno, como sucedió con las insurrecciones de 1906, 1912, 1917, 1920 y 1934.
Aunque la enmienda fue derogada en 1934, eso no acabó con la influencia de EEUU, quien la incorporó a la constitución cubana, entronizó a Fulgencio Batista, se reservó la posesión perpetua de la Base de Guantánamo (donde hoy ilegalmente se mantiene prisioneros a iraquíes y afganos) e hizo la vista gorda a las distintas mafias de origen estadounidense que controlaban la economía de la isla, basada en la explotación de casinos, hoteles, prostitución, cabarets y drogas. El modelo de un militar local dispuesto a preservar los intereses norteamericanos mediante la corrupción y la violencia, incluyendo desaparición y asesinato de opositores, se calcó en otros países de la región: los Somoza en Nicaragua, Duvalier en Haití, los Trujillo en República Dominicana, Castillo Armas en Guatemala.
Fueron los 82 hombres del Movimiento 26 de Julio quienes, a bordo del yate Granma, desembarcaron en Cuba al mando de Fidel Castro y acabaron con ese estado de cosas.

Un canal para los (norte)americanos

En 1835, el Senado de EEUU había solicitado al presidente Jackson que considerase la conveniencia de abrir negociaciones con otros gobiernos, particularmente los de América Central y Colombia para asegurar el transporte ferroviario y fluvial a través del Istmo.
El control de una vía marítima o terrestre entre los océanos estuvo entre los principales anhelos expansionistas de EEUU, un objetivo que también pretendía Gran Bretaña.
La comunicación interoceánica a través de América Central se facilitaba en dos áreas geográficas: por ferrocarril y navegación aprovechando el lago de Nicaragua, o a través del istmo de Panamá, con un canal o un sistema mixto.
EEUU operó en ambos.
Por demás, y si bien la costa oeste de América del Norte ya era o sería próximamente incorporada a la Unión, las comunicaciones con el este continental eran difíciles por las largas distancias, los accidentes geográficos y la resistencia de los pueblos originarios perjudicados por la colonización puritana.
Con una táctica similar a la de Rauch, Levalle, Villegas y Roca en Argentina, se reprimió con el ejército.
Aunque esta “guerra interna” continuó durante todo el siglo XIX, seminolas, cheroquees, dakotas, shoshones, otawas, chinook, mojave, iroqueses, delawares, navajos, apaches, comanche, fueron exterminados o desalojados de las tierras fértiles y de los corredores de transporte por donde ya corrían los primeros ferrocarriles En 1876, los sioux arrasaron a 300 jinetes del 7° de caballería al mando del coronel Custer que intentaron atacar a la población no combatiente (niños, ancianos y mujeres) en Little Bighorn. El jefe indio, el mítico Sitting Bull, huyó a Canadá y en 1881 se convirtió en actor dentro del espectáculo circense de Buffalo Bill, nombre artístico de William Cody.

Un eventual canal acercaba a las posesiones británicas en el Pacífico, y complementaba al de Suez, abierto en 1869. Además, la fiebre del oro en California había acrecentado el interés de Inglaterra.
En 1819, Simón Bolívar había creado la República de la Gran Colombia, a la que se unieron algunos de los departamentos del sur de la América Central. Los norteños, herederos de la audiencia de Guatemala, se integraron al Imperio mexicano de Agustín de Iturbide. Pero cuando éste cayó en 1823, los liberales asumieron el control de la región, se independizaron de México y formaron las Provincias Unidas del Centro de América.
Además de varias de las Antillas, Gran Bretaña retenía posesiones en tierra firme: en la actual Honduras (Costa Mosquito, o tierra de los Miskitos, donde llegó a coronarse un rey, Jeremy); Belice, un enclave al sur de México en el que las tropas británicas se mantuvieron hasta 1994; en la Guyana; y en los 160 mil kilómetros cuadrados del Esequibo, al suroeste de la Guyana británica, reclamados por Venezuela desde 1840. Es un territorio rico en oro, diamantes, hierro y con un amplísimo potencial hidroeléctrico. En 1899, el Tribunal Internacional de La Haya (reunido a pedido del presidente Cleveland de EEUU, quien invocó la Doctrina Monroe) sentenció que el Esequibo pertenecía a Gran Bretaña, pero Venezuela desconoció el fallo.

En 1840, Panamá (un departamento o provincia de la Gran Colombia) se independizó a instancias de Washington, pero la segregación no se sostuvo y el díscolo fue reintegrado. Seis años mas tarde, en 1846, EEUU firmó un tratado (Hay-Herrán) con Colombia por el cual obtuvo derechos exclusivos para la construcción de un ferrocarril interoceánico a través del istmo de Panamá. De ese modo, ¡Colombia agradeció a EEUU por haber reconocido su soberanía sobre Panamá!
La línea de FFCC Colón-Panamá comenzó a ser construida de inmediato.
Mientras tanto, en abril de 1850, EEUU logró frenar el interés británico mediante el tratado Clayton-Bulwer por el cual ambos establecían un mutuo freno a sus pretensiones sobre la construcción de un corredor de transporte a través de América Central. El presidente Cleveland, por su parte, había mantenido negociaciones tripartitas, incorporando a Francia, para discutir un status de la región.
Cuando a fines de 1850 se atornilló el último rail y se descorchó champán, estaba preparada la infraestructura necesaria para la construcción del canal, que comenzaría en 1881 dirigida por el ingeniero Ferdinand Lesseps. Ocho años mas tarde, era poco lo que se había avanzado, pero murieron 22.000 trabajadores en la obra.
La empresa francesa quebró. Eso no fue obstáculo para que su titular Bunau-Varilla siguiera empeñado en el proyecto. La cuestión de la soberanía de Panamá quedó en un terreno de sombras hasta que en noviembre de 1903 el antiguo departamento colombiano, luego independiente y de nuevo colombiano, se autoproclamó soberano con el francés Bunau-Varilla como ministro.
EEUU se apresuró a reconocerlo pocos días después a pesar de la relativa lentitud de las comunicaciones de la época. Entretanto, dos años antes había logrado que Gran Bretaña abandonara sus pretensiones, otorgando a EEUU derechos exclusivos sobre el canal (tratado Hay-Pauncefote de 1901) y el secretario de Estado John Milton Hay suscribió un contrato con Bunau-Varilla, en su doble papel de ministro plenipotenciario y dueño de la empresa constructora del canal, que incluía la cesión de soberanía sobre las tierras del trazado. Se estableció además que una empresa norteamericana se haría cargo de la construcción, luego del fracaso de los franceses, a cambio de derechos perpetuos sobre la Zona.
Aunque hubo una compensación monetaria a la dirigencia política panameña por los servicios prestados, EEUU declaró que “garantizaba” la independencia pero se arrogaba el derecho de intervenir discrecionalmente en caso de desórdenes internos.
El canal, por fin, no fue realizado por empresarios privados sino por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EEUU (con esclusas, en lugar del canal nivelado que intentaban los franceses), y habilitado en 1914.

Haití

En 1826, el secretario de Estado Henry Clay, durante la presidencia de John Q. Adams, declaraba: “Los EEUU se hallan satisfechos de la situación actual (de Cuba y Puerto Rico), abiertas ahora a la empresa y al comercio de los ciudadanos americanos… Si (ambas) se declararan independientes, el número y la índole de su población harían improbable que pudieran sostener su independencia… que podría determinar una repetición de las escenas horribles de que fue teatro lamentable una isla vecina (se refiere a las luchas raciales e independentistas en La Española, luego Haití y R. Dominicana)”.

A diferencia del resto de América, en la que en general se había configurado un sector criollo mestizo, en La Española se expresó en toda intensidad el modelo colonial de saqueo, similar al encomendero de Potosí. Como en Cuba, la principal actividad de la isla era la zafra azucarera. Exterminados los originarios arawak por epidemias e inadecuación a la vida durísima del ingenio, la industria azucarera dependió desde entonces de la importación masiva de mano de obra esclava (denominado eufemísticamente “comercio de ébano”) proveniente de África a cargo de negreros británicos, portugueses y franceses. Para una buena descripción, “El reino de este mundo” de Alejo Carpentier,

A principios del siglo XIX, el militar español Antonio de Alcedo había escrito en su “Diccionario geográfico-histórico de las Indias occidentales o América”: “el célebre Fr. Bartolomé de las Casas, Obispo de Chiapa fue el que con zelo indiscreto propuso para libertar á los Indios de la servidumbre, llevar Negros esclavos para el trabajo, como si esta parte del género humano debiera carecer de los privilegios de la humanidad por la diferencia del color que les da el nombre…” 
En 1713, la British South Sea Co. había conseguido el derecho exclusivo de suministrar esclavos en el Caribe. A principios del siglo XIX, el grueso de la población de La Española era de origen africano, y los esclavos terminaron rebelándose contra la opresión antes de la propia Revolución Francesa, abolieron la esclavitud y constituyeron en 1801 la primera nación libre de América, a excepción de EEUU. No fue un proceso aislado del resto de las independencias americanas: en 1815, Petión, uno de los padres de la patria haitianos (los otros son Louverture, Desalines y Christophe, todos ex esclavos) brindó buques y pertrechos a los exilados venezolanos comandado por Simón Bolívar.
Haití terminaría sufriendo la más larga y extrema intervención norteamericana, y hoy se encuentra entre los países más inhóspitos, violentos, injustos y hambreados del planeta.
Con el argumento de que los enfrentamientos violaban derechos humanos (que entonces no se llamaban así), EEUU invadió Haití en 1915 y reprimió a los movimientos campesinos conformados mayoritariamente por descendientes de los esclavos, que se oponían al gobierno de los antiguos propietarios blancos y mestizos. La ocupación duró hasta 1934, a partir de la cual se inició un “protectorado”.
En 1957 se llegó a la conclusión de que los grandes problemas merecían grandes represiones, y EEUU designó a François Duvalier “Papa Doc”, quien mediante un ejército irregular de rufianes (el Tonton Macoute), y un gobierno tiránico, sin congreso, mantuvo al país en la senda prevista por el Departamento de Estado. Papa Doc será nombrado presidente vitalicio en 1964.
En la década de 1950, el rubro de exportación más importante de Haití hacia EEUU era sangre humana.

Dominicana

El sector más oriental de la isla estaba conformado por descendientes de españoles y mestizos, y había sido gobernado alternativamente por España y Francia.
Formalmente independiente de España desde 1821, y con un interregno de gobierno de origen haitiano, recién pudo elegir un presidente constitucional en 1844 con la denominación República Dominicana. Las luchas internas tenían tres actores: dominicanos que pretendían la independencia, dominicanos dispuestos a solicitar la anexión a EEUU, y haitianos que pretendían dominar toda la isla. EEUU los apoyaba a todos, atizando la guerra civil
En 1905, el gobierno dominicano firmó un tratado de “protección” con EEUU por el cual éstos se adueñaban de los fondos aduaneros a cambio de liquidar las deudas contraídas por el gobierno con la compañía estadounidense Santo Domingo Improvement. Como ésta ocupación fue rechazada por la población, el próximo paso consistió en un gobierno de los Marines (1916) con un presidente títere, Henríquez Carvajal. Cada paso siguiente requirió del beneplácito de los EEUU: la presidencia del general Vázquez en 1924 y, previo retiro de las tropas, la instauración de la sangrienta dictadura del general (y ex cabo de los Marines) Rafael Leónidas Trujillo en 1930, quien gobernó con su familia. Asesinado en 1961, Trujillo había contado con la colaboración de un personaje, Joaquín Balaguer, fuertemente vinculado con la Iglesia y que recordaba el papel de Talleyrand-Périgord como ministro de Napoleón. Había sido elegido presidente por el propio Trujillo cuando la administración Kennedy entendió que el militar y su corrupta familia no daban la imagen adecuada para un gobierno demócrata, pero en el ínterin el caudillo fue ajusticiado.
En las elecciones del año 1962, Juan Bosch, antiguo exiliado y adversario del régimen, venció por un amplio margen. Casi de inmediato comenzó la oposición de los grupos económicos ligados con EEUU, que acusaban a Bosch de ser procastrista.
Se sucedieron los atentados con bombas. En abril de 1965, tropas de EEUU invadieron Santo Domingo para proteger los intereses norteamericanos. Los patriotas dominicanos eligieron al coronel Francisco Caamaño Deñó como presidente, pero EEUU no lo aceptó y amenazó con una invasión masiva. Al año siguiente, Caamaño Deñó se vio obligado a abandonar el país para impedir un enfrentamiento inútil.

Nicaragua, el canal que no fue

El colonialismo europeo encontró en el área del Caribe un territorio, si no vacante, más accesible para obtener sus objetivos. La expansión y competencia colonial, desordenada al principio pero con objetivos claros más tarde, recién se resolvería con el fin de la guerra del 14. Desde las primeras décadas del siglo XIX se había agregado un segundo actor que no cedería en lo que consideraba su área de dominio nacional: EEUU. 

Como ya vimos, en 1823 se habían creado la Federación de Provincias Unidas del Centro de América. Toda la América española vivía en esos años similares enfrentamientos a los que padeció la Argentina: unitarios contra federales, centralismo y autonomía,
exportadores vs. productores, independencia o colonia.
Los límites de la federación no eran precisos, y sobre ella influían los “grandes”, México al norte y la Gran Colombia al sur. Tal debilidad permitía, cuándo no, una masiva presencia británica en el Caribe, que a través del contrabando, la piratería, el comercio y la guerra, todo a un mismo tiempo, se aprovechaba de la debilidad de España, aunque no tanto como para arrojarla a los brazos de Napoleón, el verdadero enemigo.

La ecuación europea

Con matices, los distintos gabinetes de gobierno británicos creían que Napoleón se agotaría con sus anexiones continentales, y entretanto, operaban a larga distancia apoderándose de los territorios que Francia descuidaba.
O en otras palabras, mientras el objetivo de Napoleón era una Francia imperial, Gran Bretaña aspiraba a un imperio mundial.
Aunque los principios universales de la Revolución Francesa habían influido decisivamente en la independencia de Haití, Napoleón, en nombre de esos mismos principios, había logrado reimponer por un tiempo el sistema colonial y la esclavitud enviando tropas a La Española al mando del general Leclerc en 1802, que derrocaron e hicieron prisionero al líder independentista Toussaint Louverture.
El ejército francés, aunque victorioso, fue diezmado por las fiebres tropicales y la tenaz resistencia de los ex esclavos. Su retirada se pareció a una derrota, y en poco tiempo Haití reincidiría en su independencia.
Napoleón aprendió la lección americana, vendió la Luisiana a EEUU en 1803, y tendrá la oportunidad de desquitarse de los monarcas europeos en las batallas de Ulm (1803), Austerlitz (1805), Jena, Auerstedt y Friedland (1806), Wagram (1809). Pero se atascó en España, como años antes en Egipto, y fracasó cuando intentó vencer al invierno ruso.
En las primeras décadas del siglo XIX, Europa no había comenzado esa colonización sistemática de Asia y África que diseñaría el mundo del siglo siguiente.
Gran Bretaña estaba firmemente asentada en el Caribe; Francia y España avanzaban y retrocedían.
Holanda, entretanto, que durante algún tiempo había sido gobernada por Luis Napoleón, perdió rápidamente su propiedad colonial en América a favor de Gran Bretaña (que le arrebató Ceilán y Ciudad del Cabo en 1805, y de esta última partirá la expedición fracasada a Buenos Aires), sólo mantuvo Surinam, y se fue convirtiendo en lo que es hoy, una nación de comerciantes.

La potencia emergente

EEUU no necesitaba señales adicionales del expansionismo británico del que se había independizado, e intentó negociar con ese país el status del Caribe, como se vio en la nota anterior, mientras participaba activamente, echando leña a la inestabilidad política de América Central continental.
Con los medios técnicos disponibles en la fecha, la apertura de una comunicación interoceánica se creía posible tanto en Nicaragua como en Panamá, y desde 1835, EEUU actuó en esa dirección.
Diez años después, la Federación de América Central ya no existía.

William Walker

En 1855, un norteamericano que había intervenido en las luchas internas de América Central se proclamó presidente de Nicaragua. William Walker ha pasado a la historia como pirata aunque no responde a la imagen que solemos tener de los bucaneros de La Tortuga.
Médico y abogado, Walker había actuado creyendo firmemente en el “destino manifiesto” de EEUU, y con una banda de aventureros logró la independencia de California antes que México la cediera por la guerra contra EEUU, actuando con un esquema similar al que permitió la anexión de Texas: primero se promueve una colonización masiva en una zona fronteriza, luego esa población de inmigrantes se convierte en mayoritaria, exigiendo (democráticamente) pertenecer al país de origen, y como la nación receptora se resiste, tropas del primero cruzan la frontera y deciden la situación.
De haber triunfado Walker en su golpe de mano, el estado mexicano de Sonora, fronterizo con el californiano, sería hoy territorio norteamericano. Es cierto que fue juzgado por un tribunal norteamericano, pero se lo absolvió por razones “patrióticas”.
En 1855, Walker financió una expedición militar en apoyo de la facción liberal de Nicaragua y se autoproclamó presidente. Paradójico, los liberales propiciaban la independencia del país.
El instantáneo reconocimiento diplomático de Walker por parte de EEUU inició una campaña por la unificación de América Central con el protectorado de Washington, luego que se hubieran frenado las pretensiones de Gran Bretaña mediante el tratado Clayton-Bulwer (1850).
Aunque el golpe de mano nicaragüense no duró mucho, Walker no cejó en su empeño de ampliar el espíritu emprendedor norteamericano, e invadió Honduras Británica (Belice) en 1860, donde fue aprehendido y fusilado por los ingleses.
Su aventura en Nicaragua había marcado claramente cuál era ese “espíritu”: finalizó mal porque otro norteamericano al que pretendió arrebatar sus bienes, el empresario Cornelius Vanderbilt que había construido líneas ferroviarias en el país, financió un ejército privado para derrocarlo.

Quebracho, añil, palo campeche...

El otro actor decisivo en la vida nicaragüense fue sin duda Gran Bretaña, y de allí el interés norteamericano. Los británicos utilizaban en su industria textil una tintura extraída del palo de campeche que había reemplazado al añil. Su método de producción era similar al usado en la industria de taninos en los quebrachales argentinos, casualmente también a cargo de capitales ingleses (La Forestal).
Los británicos tenían en la Costa de Mosquitos, habitada por la nación miskita, grandes plantaciones de campeche (que servía para teñir) que no cederían fácilmente. Aunque en 1840 habían aceptado a regañadientes la independencia del país, no mostraron interés en abandonar sus plantaciones, imprescindibles para abastecer su producción textil, y mantuvieron un protectorado de hecho que se mantuvo hasta fines del siglo.
Los miskitos, por su parte, sostuvieron siempre una postura autónoma que se mantendría durante todo el siglo XX, ya que siguen reivindicando un territorio propio hoy parte de Nicaragua y Honduras. Esto pone en un primer plano la contradicción insoluble entre estados nacionales y pueblos originarios, ya que este tipo de reivindicación cultural-histórica puede ser funcional al interés de terceros estados o corporaciones privadas en su objetivo de recortar el poder estatal.
Durante la revolución sandinista, los miskitos participaron activamente del lado de la contra y de EEUU, así como en el siglo XIX habían colaborado con sus socios británicos contra España primero, y EEUU después.
Desaparecida la primera como potencia colonial después de la guerra en Cuba y reemplazado el palo campeche por tinturas sintéticas (en las últimas décadas del siglo XIX se desarrolló la segunda etapa de la revolución industrial, centrada en los procesos químicos), con lo que Gran Bretaña redujo su interés, la presencia norteamericana en Nicaragua se mantuvo inalterable hasta bien entrado el siglo XX, pero el pueblo de ese país no tardó en rebelarse y en 1926 encontraría un líder: Augusto César Sandino.
EEUU tenía en Nicaragua dos intereses permanentes: sus recursos económicos (oro, café, banano), donde participaron capitales norteamericanos (la United Fruit tuvo una presencia mayor en Guatemala y Honduras, pero también estuvo presente en Nicaragua) y el geopolítico.
Luego de abandonar la idea primitiva de un canal interoceánico que aprovechara la depresión del lago de Nicaragua, el interés geopolítico consistió en asegurar esa comunicación por un corredor entre Puerto Cabezas y el Lago de Nicaragua por ferrocarril, luego por vía acuática atravesando el Lago, y de nuevo por ferrocarril hasta el golfo de Fonseca, donde planificaba construir una gran base naval que podría dominar el Pacífico.
Los capitales norteamericanos se encargaron de ello, y décadas después sería Somoza su fiel custodio.

Geopolítica

En 1912, un batallón de la marina norteamericana tomó el control de Nicaragua. A partir de 1920, el poder militar norteamericano fue paulatinamente reemplazado por la Guardia Nacional, y en ella, EEUU colocó a su hombre: Anastasio “Tacho” Somoza.
En agosto de 1914 había sido firmado el tratado Bryan-Chamorro, por el cual aquel país obtuvo el derecho a construir un canal interoceánico a través del territorio del último Estado citado.
Por tres millones de U$S, EEUU también consiguió el derecho a instalar una base naval en el estratégico golfo de Fonseca, uno de los mejores puertos naturales del mundo, como ya lo había obtenido en Guantánamo, las islas de Maíz y la isla de Pinos.
También obtuvo que el firmante nicaragüense (Emiliano Chamorro Vargas, ministro plenipotenciario nicaragüense en Washington) fuera nombrado presidente en 1917.
La constante presencia norteamericana produjo una generalizada rebelión del pueblo nicaragüense, que sería liderada por Sandino desde 1926. Esto provocó una renovada invasión militar norteamericana por orden del presidente Coolidge.
En 1933, EEUU optó por dejar que la Guardia Nacional hiciera el trabajo sucio, aunque mantuvo destacamentos de marines. Sandino estaba negociando el final de las hostilidades con el presidente Juan Bautista Sacasa, cuando fue asesinado por la Guardia dirigida por Somoza en 1934.
Con dos intervalos de tres años en que gobernaron empleados fieles de la familia, los Somoza inauguraron una era tiránica marcada por la vigilante presencia de EEUU, asesinato masivo de opositores y gran corrupción. La era de los Somoza comenzó en 1937 y finalizó en 1979, cuando las fuerzas del ESLN al mando de Daniel Ortega derrocaron a “Tachito” Somoza, el hijo menor educado en West Point de “Tacho”, quien había sido asesinado en 1956.
Un año más tarde, Tachito sufrió la misma suerte de su padre en su asilo en Paraguay, cuando fue ejecutado por un comando que integraban algunos combatientes argentinos del ERP conducidos por Gorriarán Merlo.
Pero 1979 y el ESNL no significó el fin de la presencia norteamericana.
Muy por el contrario, se inició una operación internacional dirigida por la CIA, financiada por el negocio de la introducción de droga a gran escala en el propio territorio norteamericano y en la que intervinieron además Irán y soldados profesionales provistos por la dictadura argentina con apoyo de “empresarios nacionales”.
Durante el gobierno de la era Somoza era habitual que los representantes de Nicaragua esgrimieran la Doctrina Monroe en todos los foros, declarando la guerra conjuntamente con EEUU, propiciando la Unión Panamericana que financiaba Rockefeller y suscribiendo con rapidez los acuerdos de Bretton Woods.  

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