lunes, 9 de noviembre de 2015

UN CASO DE COMPLICIDAD CIVIL CON LA DICTADURA





Como una modesta contribución a la decisión parlamentaria de investigar la complicidad civil en la dictadura cívicomilitar, relataré algunos aspectos poco conocidos del apoderamiento de Industrias Siderúrgicas Grassi, una empresa productora de ferroaleaciones domiciliada en Rosario.

Como telón de fondo de la crisis de esta empresa nacional en la industria siderúrgica argentina señalaré brevemente algunas cuestiones que constituyen el telón de fondo:

1) Grassi, durante la dictadura, pasaba apuros económicos producto del cambio general de desaliento de la producción nacional llevados adelante desde 1976. 2) En esa época existían alrededor de veinte empresas siderúrgicas (Gurmendi, Tamet, etc.): entre Acindar y Techint, en esos años, fueron absorbiéndolas hasta quedar como única oferta del mercado, lo que el fallecido economista Azpiazu llamaba “duopolio”. 3) Techint adquirió Somisa (la siderúrgica estatal) a precio vil. 4) Acindar cambió su modo de producción con hornos eléctricos de colada continua. 5) Acindar era en ese entonces una empresa nacional propiedad de la familia Acevedo. Hoy es una sucursal del gigante mundial Acelor Mittal.   



Acindar estaba interesada en adquirir Industrias Grassi.

El presidente del directorio de Acindar era José Alfredo Martínez de Hoz.

Su vicepresidente, el general (RE) Alcides López Aufranc.

Intentaron apoderarse a través de unos allegados, los Chavanne, que habían forestado lo que luego sería el balneario de Santa Clara del Mar. Los sectores militares de la dictadura creían que el ingreso de los Chavanne al negocio estaba relacionado con el desapoderamiento del Banco de Hurlingham, parte de la herencia de David Graiver, fallecido en un accidente de aviación.

Como se recordará, los bienes de Graiver, con excepción de Papel Prensa, habían entrado en su sucesión y la dictadura estaba convencida de que los Montoneros habían depositado el producto del secuestro de los Born en ese Banco, y todos, o alguno de ellos, sabía de esta relación. Por lo tanto, todos fueron detenidos y alojados en la prisión militar de Campo de Mayo.

(Si Papel Prensa también hubiera formado parte de la sucesión, habría sido imposible entregarla a Clarín y La Nación, o al menos eso hubiera retrasado la entrega más allá del control de los desapoderadores ya que requería una cadena extensa de complicidades).

La lectura de los siete u ocho cuerpos del expediente de Industrias Grassi nos sumerge en un mundo sombrío.

Imaginemos primero las confesiones manuscritas de una decena de personas, obtenidas bajo tortura. En ellas tuvo un rol preponderante Juan Carlos Etchebarne, en aquel entonces presidente de la CNV y hoy afortunadamente detenido.

En un primer momento el trámite era largo y engorroso: los detenidos confesaban con un cuestionario previamente escrito. Luego, para apurar las declaraciones, participaban el propio Etchebarne y otros.

El dinero del secuestro de los Born no apareció pero todos siguieron detenidos hasta el fin de la dictadura.



Treinta años mas tarde conversé con la hija de uno de los Grassi, no recuerdo si Luis o Renée. Relatándole más o menos lo que aquí cuento, la señora dio por terminada la entrevista cuando sugerí lo que eran fuertes indicios de participación ideológica de Martínez de Hoz en el desapoderamiento.

-¡No le permito. ¿Quién es usted? Martínez de Hoz es una persona honorable!

En 2006 la Corte Suprema proveyó la quiebra de Industrias Grassi.






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