domingo, 11 de octubre de 2015

MACRI, CANALLA

La leche derramada
por Teodoro Boot



En la plaza por ahora llamada General Agustín P. Justo, el jefe de gobierno porteño inauguró el monumento por ahora llamado Todos Unidos Triunfaremos. En lo alto del mismo puede verse a un Juan Perón de bronce, pasado de kilos y bastante patizambo que levanta ambos brazos saludando a los automovilistas y peatones que circulan por Paseo Colón. Este bronce también sonríe, aunque lo haga con un rictus probablemente inspirado en un híbrido de Rodríguez Larreta con el conde Drácula. Pero ya se sabe, sobre gustos no hay nada definitivo y en todo caso será de utilidad para aterrar a los niños que se rehúsan a tomar la sopa.
La provisoriedad de los nombres de plaza y estatua se debe al apuro. No hubo tiempo para que la legislatura porteña modificara el nombre del monumento, establecido de acuerdo al proyecto presentado hace unos años por los legisladores Cristian Ritondo, Roberto Quattromano y Juan Carlos Dante Gullo por iniciativa de este último. Y probablemente fue ya muy tarde cuando se advirtió que el nombre de la plaza podría ser contradictorio con el monumento que de ahora en más la adorna.
No hubo tiempo. Tanta era la ansiedad del ingeniero Macri por rendir homenaje al tres veces presidente constitucional argentino. Si hasta lo citó: “Mejor que decir es hacer”, dijo antes de hablar largamente sobre las virtudes del hacer por sobre el hablar.
Si bien el peronismo aportó al acto las ya algo ajadas presencias de Hugo Moyano, Eduardo Duhalde, Gerónimo Venegas, Ramón Puerta, así como las de Miguel Ángel Toma, Cristian Ritondo, Eduardo Amadeo y otros tránsfugas, la inauguración sublevó las conciencias de la gran mayoría de los peronistas y dirigentes y activistas del Frente para la Victoria, empezando por el autor de la iniciativa, Juan Carlos Dante Gullo y siguiendo por Lorenzo Pepe, secretario general de Instituto Juan Peróne integrante, junto a Venegas, de la comisión Pro monumento a Perón impulsada hace ya 30 años por Antonio Cafiero.
Fue justamente Antonio Cafiero el inspirador de la ley 23452, sancionada en 1986 y publicada en el boletín oficial el 25 de marzo de 1987. El motivo es obvio: el 8 de octubre del año 1985 se había cumplido un siglo del nacimiento en la localidad de Roque Pérez del notable hijo del cajetilla porteño Mario Tomás Perón y la india tehuelche Juana Sosa.
Una década después, el 22 de septiembre de 1995, el Poder Ejecutivo Nacional dictaba el decreto 524 por el cual se establecía que el monumento debía levantarse en el predio ubicado entre las calles Hipólito Yrigoyen, Virrey Ceballos, Luis Sáenz Peña y la avenida Rivadavia. Un año y cinco días después, el 27 de septiembre de 1996 una resolución del Ministerio del Interior designaba representante de ese organismo para la futura integración de un jurado al político e historiador Miguel Unamuno.
En una nueva prueba de que lo mejor suele ser enemigo de lo bueno, la comisión presidida por Cafiero e integrada por Pepe y Vanegas, objetó el sitio elegido para erigir el monumento, considerando que el lugar de Perón no podía ser otro que la Plaza de Mayo.
El 16 de mayo de 2003 el Senado y la Cámara de Diputados modificaron la ley 23452, facultando a la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación a conformar una comisión que determinara el lugar de emplazamiento del monumento. “Dicho emplazamiento –dice el texto– deberá ser en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en las proximidades de aquellos lugares en los cuales el Gral. Perón desarrollaba habitualmente sus tareas".
El segundo artículo de esa nueva ley dice que "Su realización deberá estar a cargo exclusivamente de escultores argentinos, llamándose a concurso público de proyectos para tal fin. El Poder Ejecutivo a través de la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación dictará la reglamentación pertinente para el trámite correspondiente y la constitución del jurado respectivo".
Parecería ser que algún ordenanza observó que a 17 años de sancionada la ley todavía nadie había dictado un reglamento ni constituido un jurado, por lo que el presidente provisional Eduardo Duhalde puso manos a la obra (lo que no es más que un decir, porque lo que puso en su mano fue una lapicera) y una semana después, el día 22 de mayo de ese año dictó el decreto 1256 por el cual anuló el decreto de 1995 ordenando al secretario de Cultura constituir en un plazo de quince días “una Comisión encargada de determinar el lugar de emplazamiento del monumento al Teniente General Juan Domingo Perón”, dándole 30 días más para llamar a un concurso de antecedentes y oposición entre escultores exclusivamente argentinos.
Milagrosamente, la comisión parece haberse constituido pues en diciembre de 2007 se adjudicó la obra al escultor porteño Enrique Savio, pero surgieron nuevos inconvenientes respecto a la ubicación del monumento. La comisión encabezada por Antonio Cafiero insistió en que el monumento debía emplazarse en el estacionamiento de la Avenida de la Rábida, detrás de la Casa Rosada, lo que fue objetado por el secretario general de la presidencia Oscar Parrilli, para quien la obra, de unos quince metros de altura, dificultaría el aterrizaje del helicóptero presidencial. Tras los correspondientes dimes y diretes, Parrilli se avino a consultar con la Fuerza Aérea, la que luego de cuatro años dio el visto bueno al proyecto. En el interin, la comisión pro monumento instaló un monolito en el sitio en que supuestamente establecido para erigirlo.
Piedra fundamental. En este sitio se emplazará el monumento al Tte. Gral. Juan Domingo Perón. Tres veces presidente de los argentinos” reza el monolito, invisible a los ojos no debido a su esencialidad sino al mar de vehículos estacionados a su alrededor.
Va de suyo que, tras varios años de labor y luego de solventar numerosos gastos de su propio bolsillo, el escultor Enrique Savio suspendió su trabajo, sin que a nadie se le moviera un pelo.
El que lo movió fue el gobierno porteño al inaugurar un monumento a Juan Domingo Perón en el 120 aniversario de su nacimiento. En esa oportunidad, el promotor del proyecto lamentó que el ingeniero Macri redujera a un acto electoralista un homenaje al “mayor patriota y estadista de la historia argentina”. Para Juan Carlos Dante Gullo, el acto del ingeniero Macri ha sido una ofensa la identidad y la historia de los peronistas.
Por su parte, a juicio de las organizaciones que realizaron un acto de desagravio al general Perón, sería “sumamente denostable que figuras que expresan esas posturas presidan un acto en homenaje a Perón solamente por mera conveniencia electoral”. Por tal motivo, el alcalde porteño fue acusado de oportunista, electoralista, irrespetuoso y antiperonista. “Un monumento al general Perón –declaró el intendente de La Matanza y presidente del Partido Justicialista bonaerense– en cualquier parte del mundo es hacer justicia por un gran estadista. A 120 años de su nacimiento sigue más vigente que nunca. Macri, Vidal y los hombres y mujeres del PRO cometieron una falta de respeto hacia el peronismo y la figura de Perón. Me da vergüenza ajena que el señor Macri utilice una decisión de la legislatura porteña, votada por unanimidad, para mentirles a los 40 millones de argentinos, a la gran mayoría de argentinos que somos peronistas, diciendo que él es un enamorado de cosas que hizo el general Perón”.
Lo extraño es que nadie se haya preguntado cómo es que el ingeniero Mauricio Macri tuvo el descaro de inaugurar un monumento al general Perón. La respuesta es simple: Mauricio Macri inauguró un monumento a Juan Domingo Perón en la ciudad de Buenos Aires simplemente porque después de 26 años casi ininterrumpidos de gobiernos peronistas, no había ningún monumento al general Perón en la ciudad de Buenos Aires.
Ante tantas personas tan ruidosamente indignadas por el descaro del Pro, lo único que a uno se le ocurre es recordarles el antiguo proverbio árabe según el cual, en numerosas ocasiones, no hay nada más elocuente que el silencio.
A veces es recomendable acordarse de las cosas cuando todavía es tiempo antes que lamentarlas después.

jueves, 24 de septiembre de 2015

COSAS DE MACONDO: EL DENTISTA CANO DICE

Un poco de respeto
  1. Teodoro Boot

No bien la Corte Suprema de Tucumán anuló el fallo de la Cámara en lo Contencioso Administrativo, también de Tucumán (lo que parece obvio, pero habida cuenta que esta Cámara se había metido donde no le corresponde, podría pensarse que a todos los tucumanos les agarró la viaraza y la Corte habría anulado el fallo de una Cámara santiagueña, una ley de la Cámara de los Lores. Últimamente, en el onírico mundo judicial, que cree tener atribuciones legislativas, ejecutivas y hasta electorales, todo parece posible).
Decíamos, una vez que la Corte tucumana anuló la decisión de la Cámara de anular las elecciones, el líder de la oposición tucumana –imprudente y no muy sorprendentemente secundado por Mauricio Macri quien, como el loro de doña Teresa repite irreflexivamente cualquier cosa que le suena bien o le enseñen a repetir– dijo que aceptaba el fallo, pero que lo apelaría.
El propósito de Cano es que la Suprema Corte de la Nación anule el fallo de la corte tucumana que anuló el fallo por el cual la Cámara en lo Contencioso Administrativo había anulado las elecciones.
De movida, esto suena incongruente: si uno acepta, acepta; y si no acepta, apela. Pero si de aceptar se trata, aceptemos que José Cano no lo dijo exactamente así. José Cano dijo: "No vamos a entrar en agravios personales hacia los integrantes de la Corte y vamos a respetar el fallo”.
Si no se entiende muy bien qué relación puede existir entre los agravios personales y el respeto a un fallo, mucho menos se entiende qué significaría para Cano no respetar el fallo. Dicho de otro modo: si por “respetar” se interpreta “cumplir”, ¿cómo podría Cano no cumplir ese fallo? No parece que alcance con insultar a las señoras madres de los señores jueces. Los señores jueces podrían sentirse vagamente mortificados y hasta insultar a su vez a la señora madre del señor Cano, pero el fallo seguiría ahí, indiferente a los agravios de Cano, quien por otra parte no habría insultado a la señora madre del fallo sino a las de los jueces que lo parieron.
¿Y de qué otro modo puede no respetar el fallo? Ya se sabe: incumpliéndolo. Sin embargo ¿cómo podría hacer Cano para incumplir el fallo? Para ser efectivo, el fallo no necesita para nada del señor Cano. Ni siquiera necesita que lo respete, ni que no lo respete. Ni el señor Cano ni, mucho menos, el lorito de doña Teresa. Lo único que le puede importar al fallo es que lo respeten las autoridades encargadas de hacerlo efectivo.
¿Qué otra cosa podría hacer el señor Cano para no respetar el fallo? Transformarse en la autoridad encargada de hacerlo efectivo.
No vaya a creerse que es un asunto tan simple como suena: después de que sus fiscales le comunicaban que había perdido las elecciones para determinar si la autoridad encargada de hacer efectivos los fallos sería él o Manzur, Cano consiguió que la Cámara en lo Contencioso Administrativo anulara esas elecciones, porque sí, per che me piace. Pero resulta que es justamente ese siniestro fallo de la Corte que anuló el fallo de la Cámara y que Cano dice que respetará, el que le impide transformarse en la autoridad encargada de hacerlo efectivo o de incumplirlo. Vale decir, de no respetarlo.
Como se ve, un galimatías lógico, político y judicial que tiene a José Cano al borde de un ataque de nervios: no puede más que respetar lo que con aire de perdonavidas se jacta de respetar.
Por eso trata de controlarse y, no muy consciente del ridículo, asegura que respetará el fallo, sin insultos ni nada, pero lo apela, que es lo único que puede hacer para anular el fallo sin faltarle el respeto. Porque no hay nada más feo que faltarle el respeto a un fallo. Ya lo dijo el lorito de doña Teresa: “A los fallos se los respeta”.
Pero con ser suficiente, no es todo: el desconcertado líder opositor tucumano no gana para sustos: dos desconocidos habían amedrentado a su señora madre.
"Esta mañana me avisaron –dijo Cano– que se bajaron dos hombres frente al domicilio de mi madre y estaban en una camioneta Ford Ecosport, con chapa de Comodoro Rivadavia, con vidrios polarizados. Frenaron frente a la vivienda, bajaron en un claro gesto intimidatorio e intentaron entrar. ¿Que buscaban?"
Difícil que buscaran en cerro Chenque, así que debían estar buscando un baño. O vaya uno a saber que podían estar haciendo en Tucumán dos tipos de Comodoro Rivadavia en una camioneta con vidrios polarizados.
Pero ¿qué es una “chapa de Comodoro Rivadavia”? ¿De qué chapa habla Cano? No será de la chapa patente, porque Comodoro Rivadavia se encuentra en la provincia de Chubut y hasta donde se sabe, Chubut sigue formando parte de la República Argentina, donde hace ya muchísimos años que las chapas provinciales y municipales fueron reemplazadas por un registro único nacional y un único modelo de chapas patente. Y Cano habló de una Ford Ecosport y no de una Ford T.
Es raro, pero tal vez sea posible encontrarle una explicación.
Además de presidente de la UCR de Tucumán y ex candidato a gobernador por el Acuerdo del Bicentenario, el señor José Manuel Cano es odontólogo.
Ante una intervención compleja, los odontólogos suelen anestesiar a sus pacientes, para lo que en muchos casos utilizan óxido nitroso, un gas incoloro con un olor dulce y efectos ligeramente tóxicos. También llamado óxido de nitrógeno, monóxido de dinitrógeno, protóxido de nitrógeno, anhídrido hiponitroso, es popularmente conocido como “gas de la risa”.
Hubiéramos empezado por ahí, Cano.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

PASTA SECA PARA LA HUMANIDAD

Frente a una pequeña multitud de casi 99 entusiastas subnormales que, cual suricatas, agitaban globos amarillos y rosados, algunos de ellos babeando ante el brillante descubrimiento retórico del orador, el marmota Mauricio Macri propuso que la Argentina pase a ser el gran supermercado del mundo.

El hijo del fallido integrante del fallido Frote dell´Homo Qualunque encabeza una fórmula que completa la fondista Gabriela Michetti quien, con esa vanidad propia de la gente común, sobre todo de la gente femenina, se niega a aparecer parada en cámaras. 
El heredero tardío del qualunquismo y creador de un estilo amarillento en Sudamérica prontamente seguido por continuadores en Venezuela, Ecuador y Bolivia dio mas detalles que enardecieron al suricaterío presente:
"¡Seremos el gran productor y exportador mundial de pastas frescas y galletitas!", dijo, mientras se animaba a dar unos seductores pasitos de baile bajo la mirada vigilante de María Eugenia Vidal con las botas todavía puestas.

Varios de los que ponen la tarasca en el cerchio rosso que financia al qualunquismo local quedaron atónitos y comenzaron a hacer planes para reconvertir sus industrias en fábricas de pastas y galletitas. 
¿Acaso Henry Ford no había transformado sus líneas de montaje de autos para fabricar tanques y cañones alemanes?
Para dar el ejemplo y acaso la pitada inicial de esta decisión, el Marmota Mayor financió con dineros públicos provenientes de dólares tomados en el exterior por el gobierno de la Ciudad, la fábrica de pastas secas marca Pastasole inaugurada por el grupo empresario Los Grobo en Chivilcoy. 

Grobocopatel es el cuarto productor local de harinas que hoy adquiere Brasil y mañana, si triunfara el Marmota, el mundo entero o acaso la estratósfera.
L´uomo della strada (la gente, "el hombre de la calle") tiene la última palabra con su voto en octubre: fracasado el granero del mundo, se impone convertir a Argentina en el supermercado del mundo. 
En los supermercados también se venden preservativos.

lunes, 31 de agosto de 2015

LOS MUCHACHOS PERONISTAS JUDÍOS

por Raanan Rein
(fragmento)


A principios de agosto de 2014 fui invitado a participar en un debate que tuvo como eje la figura de Juan Domingo Perón y sus vínculos con la colectividad judeoargentina. La discusión se realizó en el salón principal de Tzavta, el club sionista progresista localizado, precisamente, en la calle Perón al 3.600 de la ciudad de Buenos Aires. Según la nota publicada después por el periódico Nueva Sión, el evento se caracterizó por “una asistencia de público inédita”.1 No era necesariamente mi propia conferencia en esta reunión la que atrajo a tanta gente, sino la posibilidad de un debate acerca de si el fundador del movimiento justicialista y su gobierno eran antisemitas o no, un tema que a casi 70 años de su primera presidencia todavía genera fuertes polémicas dentro y fuera de la comunidad.
Muchos de los asistentes quedaron sorprendidos por los “diez mandamientos” (que en realidad eran once) presentados por mí en aquella oportunidad. Parecía que en su mente estaba grabada aún la propaganda electoral de la Unión Democrática de fines del año 1945 y principios de 1946, según la cual Perón era nazifascista. El régimen que estableció Perón después de su triunfo electoral era supuestamente antisemita y, por lo tanto, los argentinos de origen judío debían ser necesariamente hostiles al justicialismo. Estos mitos están bien arraigados en la conciencia colectiva de amplios sectores de la sociedad argentina. Y son precisamente estos mitos a los que el presente libro viene a desafiar.

En forma telegráfica, los argumentos que expuse fueron los siguientes: primero, que Perón no era nazi. Esta imputación, basada fundamentalmente en la política de neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial seguida por el gobierno que él integró antes de ser presidente, es falsa. En realidad, la tardía declaración de guerra al Eje se relaciona con dos aspectos inherentes a la diplomacia argentina. Por un lado, la tradición de neutralidad en conflictos internacionales, apoyada mayoritariamente por la población de ese país, tal como ya había sucedido durante la Primera Guerra Mundial; y por el otro, que la neutralidad argentina tenía una importancia vital para Gran Bretaña, su principal cliente comercial en esos años, ya que una declaración de guerra a Alemania hubiera puesto en serio peligro el envío de trigo y carne por mar, que fue un aporte vital para la supervivencia de la población británica.

El segundo argumento: que Perón no era fascista. Pasó algún tiempo en Italia a fines de la década de los 30 para especializarse en alpinismo, pero muy alejado de Roma y el centro de los acontecimientos políticos; no se codeaba con jerarcas del régimen. Sin ninguna duda su pensamiento era nacionalista y contenía elementos autoritarios, pero eso no significa que fuera fascista. Además, en el contexto de la posguerra mundial era inviable planificar un régimen fascista. Y llegó entonces el tercer argumento: enfatizando el carácter heterogéneo del peronismo, me referí a la mezcla de influencias políticas e ideológicas en su formación. Si bien el nacionalismo de extrema derecha influyó, no era la única fuente. El pensamiento social de la Iglesia, así como corrientes socialistas de diversos matices, también dejaron su impronta. Al momento de caracterizar al primer peronismo, para ponerlo en alguna categoría teórica, insistí en el concepto de populismo que sigue siendo mucho más relevante que el de fascismo para entender este fenómeno.

La cuarta afirmación fue que Perón no era antisemita. Si uno lee sus numerosos discursos en contra del antisemitismo durante sus dos primeras presidencias se da cuenta de inmediato de que ningún otro presidente antes de la llegada de Perón al poder expresaba de forma tan clara, tajante y contundente, su rechazo a la discriminación contra los judíos. Lo mismo vale para Eva Duarte de Perón. En varios de sus discursos, Evita intentaba plantear la tesis de que de hecho la oligarquía era la que mantenía actitudes antisemitas, pero no el peronismo.

El régimen peronista tampoco fue antisemita. Durante la década peronista se registraron menos incidentes antisemitas que en cualquier otro período de todo el siglo XX. Muchos judíos a finales de los años 40 y principios de los 50 ingresaron a la burocracia estatal, y lograron cargos más importantes que los alcanzados anteriormente. Por lo tanto, el sexto argumento refutaba la idea de que la comunidad judía era en su totalidad hostil al peronismo. Una mirada tajante al respecto enfrenta la falsa imagen de una colectividad homogénea, cuando, por un lado, la mayoría de los judíos nunca se han afiliado a las instituciones comunitarias, y por otro, la comunidad siempre se caracterizó por su posición heterogénea respecto de cualquier tema político, social, económico o cultural.
No fueron pocos los judíos que apoyaron al naciente peronismo desde las primeras horas. Su número creció a medida que el régimen se afianzaba en el poder, y a raíz de la reelección de Perón en noviembre de 1951. En esos momentos, la Segunda Guerra Mundial empezaba a quedar atrás. Además, estaba bien claro que el peronismo no era un fenómeno pasajero y, sobre todo, que un número nada desdeñable de judíos cambiaban su opinión al ver sus políticas económicas y sociales, que beneficiaban a muchos argentinos judíos de las clases media y media baja. Pero también, la lucha permanente en contra del antisemitismo y el alejamiento de gente de extrema derecha de cargos importantes contribuyeron al creciente apoyo brindado al gobierno.
Luego abordé el rol de la Organización Israelita Argentina (OIA), abiertamente cercana al peronismo. Algunos suelen describirla como un grupo de marginales dentro de la comunidad, buscando una oportunidad para jugar un papel más protagónico. Había entre ellos, obviamente, oportunistas o gente marginal, pero muchos otros entraron en la OIA por distintos motivos: por identificarse con el concepto de justicia social o con las políticas económicas y sociales del peronismo, o por querer integrarse y respaldar a un movimiento que tenía un apoyo mayoritario en la sociedad argentina.

El vínculo del gobierno nacional con el Estado de Israel siempre revestía importancia para muchos de los argentinos judíos. En el caso de Perón, las relaciones entre el gobierno argentino y el nuevo Estado judío fueron excelentes. Si bien Argentina se abstuvo en la votación en la ONU que decidió la partición de Palestina y la creación del Estado de Israel, pocos meses después fue el primer país latinoamericano en establecer una embajada en Israel y el primer país latinoamericano en firmar un acuerdo comercial con el nuevo Estado. De hecho, una de las mejores décadas de las relaciones bilaterales fue precisamente la de la presidencia de Perón.2
El décimo argumento daba cuenta del intento del establishment judío de borrar de la memoria colectiva el apoyo brindado por muchos judíos al primer peronismo, apenas fue expulsado del poder. La dirigencia de las instituciones judías hizo un esfuerzo en línea con las nuevas circunstancias políticas de ese momento.
 Y, por último, en el undécimo argumento, sostuve que Perón fue el primer mandatario argentino que legitimó el mosaico de identidades de distintos grupos étnicos en su país. Él no vio ninguna incompatibilidad entre ser un buen argentino, ser un buen judío, y dar apoyo al sionismo o al Estado de Israel. Para él, cualquier argentino de origen español podía apoyar a su madre patria, España, cualquier argentino de origen italiano podía apoyar a Italia, y cual­quier argentino de origen judío podía apoyar al Estado de Israel. En los discursos de Perón en esta etapa no hubo ninguna referencia a una supuesta “doble lealtad”, una acusación muy común desde la extrema derecha en Argentina a lo largo del siglo XX.
Estos argumentos, que voy a presentar en detalle en los siguientes capítulos, provocaron un fuerte debate en aquella noche del invierno argentino. Se trataba de un público variopinto, que incluía tanto a investigadores en la materia, historiadores, estudiantes y personas interesadas en la temática, como a quienes habían vivido aquella época, los que desde su testimonio daban cuenta de sus vivencias personales. En el encuentro también estuvieron presentes militantes y diputados del peronismo, y hasta participaron dos de los hijos de Pablo Manguel (el dirigente de la OIA nombrado primer embajador argentino en Israel), uno de ellos, Juan Domingo, nacido en Tel Aviv. Según una nota publicada al día siguiente, mi conferencia “suscitó contrapuntos interesantes en el intercambio, entre aquellas miradas centradas en lo autobiográfico y las fundadas en investigaciones historiográficas, y no faltó acaloramiento y pasión en el debate, entre quienes veían a un Perón cuasi nazi y fascista y aquellos que coincidían con la mirada de Raanan Rein”.
Una semana después me invitaron al Círculo de Legisladores para encontrarme con un grupo de exsenadores y exdiputados peronistas, incluyendo algunos veteranos como Rodolfo Decker, jefe de la mayoría peronista en el congreso nacional a partir de junio de 1946, o Duilio Brunello, que colaboró estrechamente con José Ber Gelbard en la Confederación General Económica (CGE). En esa reunión hablaron también la vicepresidenta del Congreso Metropolitano del Partido Justicialista, Raquel Cecilia Kelly Kismer de Olmos, y la exdiputada Ana Kessler. Ambas se conocieron a mediados de los años ochenta como militantes justicialistas, y contaban cómo la gente, judía o no, reaccionaba con sorpresa al conocer a “una judía peronista”, como si se tratara de un fenómeno insólito.
Efectivamente, según la historiografía tradicional, a lo largo de la década peronista (1946-1955) Juan Perón fracasó en su intento de conseguir el apoyo de sectores significativos de la comunidad judía argentina, pese a sus esfuerzos por erradicar el antisemitismo y a pesar de haber cultivado relaciones estrechas con el Estado de Israel. La mayoría de los argentinos de origen judío, nos dicen los comentaristas e historiadores, continuaron siendo hostiles a Perón. Los numerosos esfuerzos de Perón por conquistar a la colectividad no rindieron, supuestamente, los frutos esperados. A poco tiempo de finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando comenzó a conocerse la magnitud de la hecatombe de los judíos en el Viejo Continente, los judíos argentinos, oriundos en su mayoría de las zonas devastadas en Europa Oriental y Central, mostraban una comprensible sensibilidad hacia un gobierno con varias características que recordaban a los recientemente derrotados países del Eje. El apoyo de círculos nacionalistas y antisemitas a Perón en los inicios de su carrera política, especialmente la Alianza Libertadora Nacionalista, y su pacto con la Iglesia Católica en la segunda mitad de los cuarenta, solo contribuían a tal impresión. La identidad política de numerosos judíos (pertenecientes a grupos demócratas liberales o de izquierda), así como su identidad socioeconómica (muchos pertenecían a las capas medias de la sociedad argentina), los llevó a manifestar sus reservas respecto del régimen, que desarrollaba crecientes tendencias autoritarias y se identificaba con la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera argentina. El hecho de que Perón fuera convirtiendo gradualmente la lucha contra el antisemitismo en parte integral de su política no logró modificar la suspicacia de muchos judíos hacia su gobierno.
Este cuadro no es falso, pero es sumamente unidimensional y no refleja correctamente una realidad mucho más compleja. En la inauguración de la sede de la OIA en la avenida Corrientes al 2000, en agosto de 1948, su presidente Sujer Matrajt dijo: “Perón no es solo el celoso gestor de nuestra soberanía política sino también el gobernante que en un mundo dominado por la intolerancia supo levantar en la Argentina la antorcha de la consideración y del respeto hacia todas las colectividades que integran la nación, alejando de esta tierra el fantasma de la persecución y de la intolerancia”. Perón, por su parte, manifestó en ese acto: “¿Cómo podría aceptarse, cómo podría explicarse, que hubiera antisemitismo en la Argentina. En la Argentina no debe haber más que una clase de hombres. Hombres que trabajen por el bien nacional, sin distinciones [...] Por esta razón [...] mientras yo sea presidente de la República, nadie perseguirá a nadie”.3 El diario El Argentino tituló su reseña sobre este acontecimiento: “Quedó incorporada al peronismo la Organización Israelita Argentina”.
Con pocos días de diferencia, Evita expresó conceptos similares: “En nuestro país los únicos que han hecho separatismos de clases y de religiones han sido los representantes de la oligarquía nefasta que han gobernado durante cincuenta años nuestro país. Los causantes del antisemitismo fueron los gobernantes que envenenaron al pueblo con teorías falsas, hasta que llegó con Perón la hora de proclamar que todos somos iguales”.4 Mediante este tipo de muestras de simpatía hacia los judíos, el matrimonio Perón intentaba desafiar a las élites argentinas tradicionales, que no se habían caracterizado por su apertura hacia los judíos.
La OIA no logró desafiar el liderazgo de la DAIA, pero sí sirvió como un importante mediador entre las autoridades nacionales y la colectividad, y consiguió gestionar ante el gobierno beneficios colectivos para los argentinos judíos, promoviendo intereses étnicos y religiosos comunitarios. La mayoría de los dirigentes de la OIA pertenecía a la primera generación de inmigrantes judíos de Europa Oriental. Algunos estaban muy involucrados con la colectividad, el sionismo e Israel, pero se identificaban como argentinos y judíos antes que como judíos y argentinos. Abogaban por la integración social a través del peronismo, sin renunciar a los componentes judío y sionista de su identidad. En su mayoría siguieron siendo leales a Perón y al movimiento justicialista, también después de caer su gobierno, lo que constituye una prueba adicional de que la relación que tenían con el justicialismo no fue mero oportunismo. Muchos pagaron durante la Revolución Libertadora un alto precio por dicho apoyo al peronismo.
Es cierto que la mayoría de los dirigentes de las organizaciones judías tenía sus reservas hacia el movimiento y el gobierno justicialistas, pero no todos. Lo interesante, y poco conocido, es el hecho de que el mismo presidente de la DAIA, Ricardo Dubrovsky, llegó a afiliarse al Partido Peronista. A mediados de 1953 Dubrovsky fue designado profesor titular de la cátedra de Obstetricia en la Universidad de Buenos Aires. La dirigencia del Hospital Israelita también apoyaba al gobierno peronista y sus políticas económico-sociales. Dentro de la comunidad judía organizada, pero aún más importante y menos estudiado, entre mucha gente común, no afiliada a las instituciones comunitarias judías (que después de todo representaban a una minoría de los argentinos judíos), había apoyo o identificación con este movimiento social y político cuyo impacto en la sociedad argentina ha sido duradero. El peronismo, que dividió a la sociedad entre sus adherentes y sus oponentes, causó divisiones similares también entre los argentinos de origen judío, aunque entre estos últimos los simpatizantes del gobierno nunca fueron mayoría.
La columna vertebral del peronismo eran los sindicatos, y distintos dirigentes judíos en el movimiento trabajador no solamente se identificaban con el naciente movimiento político sino que también tuvieron un papel importante en la movilización del apoyo popular al peronismo. Ángel Perelman, fundador en 1943 y primer secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica, es reconocido por su aporte a las manifestaciones obreras del 17 de octubre de 1945, que dieron origen a la coalición política que ganó las elecciones generales de febrero de 1946. Un aporte similar le correspondió a Ángel Yampolsky, secretario general del Sindicato Autónomo del Frigorífico La Negra de Avellaneda y uno de los fundadores del Partido Laborista. A Rafael Kogan, uno de los fundadores de la Unión Ferroviaria y su secretario gerente, hay que darle mucho crédito por el apoyo que este importante gremio le daba a Perón. Abraham Krislavin, que llegó a ser subsecretario en el Ministerio del Interior, y David Diskin, ambos del Sindicato de Empleados de Comercio, servirían después también como importantes nexos entre el gobierno peronista y varias personas y grupos judíos.
El populismo argentino fue una coalición policlasista que reunía no solamente al movimiento obrero organizado y a sectores de las fuerzas armadas, sino también a nuevos industriales, sobre todo fabricantes de alternativas a los productos importados para el mercado local, junto con élites comerciales provinciales. Entre estos grupos se encontraban también hombres de negocios y empresarios judíos favorecidos por el peronismo y su política proteccionista de la industria nacional. Este fue el caso en las ramas de la industria textil y del vestido, cueros, muebles, alimentos y otros productos de consumo. Un ejemplo claro de movilidad social y económica puede verse en la figura de José Ber Gelbard, que llegó a la Argentina con sus padres desde Polonia, prosperó como comerciante en la provincia de Catamarca y se convirtió luego en la figura dominante de la Confederación General Económica, de tendencia peronista, durante casi dos décadas. Julio Broner e Israel Dujovne son otros ejemplos de argentinos de origen judío que acompañaron a Gelbard en esa trayectoria.
Hablando de gente de negocios y su apoyo al peronismo, habría que mencionar también al magnate de los medios de comunicación, Jaime Yankelevich. Yankelevich jugó un papel central en el surgimiento y desarrollo de la radiofonía comercial en Argentina y fue también el iniciador de la televisión en el país (el “día de la lealtad popular” de 1951 fue también el día de la inauguración de la televisión en Argentina). Su historia es la de un hombre que se hizo a sí mismo pasando rápidamente de humilde inmigrante a rico empresario, dueño de Radio Belgrano, fundador de la primera Cadena Argentina de Broadcasting y director general de la radio del Estado Nacional durante el primer peronismo. Hubo quienes vieron la actitud positiva de Evita hacia los judíos como una muestra de gratitud hacia el dueño de Radio Belgrano, desde donde ella fue catapultada a la fama. En 1943 comenzó a difundir desde aquella emisora un programa sobre mujeres célebres de la historia.
Es notable el apoyo brindado al peronismo por intelectuales judíos, como los que integraron el equipo responsable del suplemento cultural del diario La Prensa, después de que el gobierno peronista lo expropiara y lo pusiese en manos de la CGT.5 Este equipo editorial estaba compuesto por intelectuales argentinos de ese origen, incluyendo al director del mismo, Israel Zeitlin (conocido por su seudónimo César Tiempo), Bernardo Ezequiel Koremblit, León Benarós y Julia Prilutzky Farny. En su corta vida, de 1952 a 1955, La Prensa publicó a más autores argentinos judíos que el diario La Nación en cincuenta años. Entre otros intelectuales judíos que mostraban simpatía hacia el peronismo, cabe mencionar a Bernardo Kordon y a Fernando Valentín (seudónimo de Abraham Valentín Schprejer), autor de El día de octubre, una de las pocas obras literarias sobre el entramado profundo del 17 de octubre de 1945.

Cabe destacar que en las colonias agrícolas hebreas de Santa Fe y Entre Ríos el Partido Peronista ganó la mayoría de los votos en las elecciones presidenciales de noviembre de 1951. Aun en ciudades y provincias no necesariamente consideradas peronistas, como Córdoba, había destacados militantes justicialistas de origen judío, como el diputado José Alexencier o Raúl Bercovich Rodríguez. Curiosamente, hasta la sucursal cordobesa del movimiento juvenil sionista, conocida como Lamerjav, cambió su nombre a “Eva Perón” en 1954. Vemos también funcionarios judíos en distintos organismos estatales, como la Cancillería (Pablo Manguel, el primer embajador de Argentina en Israel, Ezequiel Zabotinsky, quien lo remplazó en ese cargo, o Israel Jabbaz, miembro de la delegación argentina en la ONU cuando se discutió la partición de Palestina y el establecimiento del Estado de Israel), donde prácticamente no habían podido entrar anteriormente. En este sentido, el primer peronismo significó un paso adicional para los judíos en su esfuerzo por superar el techo de cristal en distintos ámbitos de la vida pública.
La figura que simbolizó para muchos antiperonistas el lazo entre Perón y los argentinos judíos fue la del joven rabino Amram Blum, que encabezaba el tribunal rabínico de la comunidad. Perón lo designó como asesor suyo en cuestiones religiosas y en 1952, en una ceremonia en el templo de la calle Paso, auspiciada por la OIA, Blum llegó a pronunciar una oración por el restablecimiento de la salud de Evita. Las gestiones de Blum aseguraron que por primera vez en el país se otorgara asueto para los conscriptos judíos en las festividades religiosas de Año Nuevo (Rosh Hashaná) y del Día del Perdón (Yom Kipur). Blum inauguró también la cátedra de Estudios Hebraicos en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, “fruto de la inspiración de su Excelencia el Jefe de Estado”.
Y uno de los gestos más notables hacia el Estado de Israel —aparte de un acuerdo comercial bilateral que beneficiaba a dicho Estado— fueron los envíos de ropa y medicinas a los campos de nuevos inmigrantes en Israel, a través de la Fundación Eva Perón. En su visita a la Argentina, en abril de 1951, la ministra israelí de Trabajo, Golda Meir, agradeció personalmente a Evita las donaciones enviadas por la Fundación.

Sin embargo, la dirigencia de las instituciones judías comunitarias, una y otra vez, ha hecho un esfuerzo sistemático para borrar un fenómeno que no le parecía conveniente. A partir de setiembre de 1955, hizo cuanto pudo para desdibujar la memoria del apoyo al peronismo de ciertos sectores de la colectividad judeoargentina. De hecho, una vez derrocado el régimen peronista, los esfuerzos para desperonizar a la colectividad judía tuvieron un éxito mayor que el conseguido por el nuevo régimen con la sociedad argentina en general. Una frase frecuentemente empleada dice que “los judíos tienen una larga memoria”. Quizá. Pero su memoria, como la de otros grupos étnicos y sociales, es selectiva. En la memoria colectiva de los argentinos judíos, así como en la historiografía, se borró casi por completo el hecho de que no fueron pocos los judíos que sí apoyaron a Perón y al movimiento justicialista en las décadas de 1940 y 1950.
Este libro pretende recobrar las voces silenciadas de los argentinos de origen judío que apoyaron al primer peronismo. Pero pretende hacer por lo menos dos aportes adicionales. Primero, el análisis de las relaciones entre Perón y la colectividad judeoargentina muestra que el poder de intervención del gobierno peronista en ciertas áreas y sectores de la sociedad civil tuvo límites más marcados de lo que se suele reconocer. La capacidad que demostraron las asociaciones judías para defender su autonomía frente a la acción estatal, que intentaba movilizarlos y peronizarlos, muestra los límites del paradigma interpretativo con el que tradicionalmente se tiende a pensar la naturaleza de las relaciones entre el peronismo y la sociedad civil.
Segundo, uno de los argumentos que pretendo presentar aquí es que antes del surgimiento del peronismo los judíos no eran considerados parte de la polis, la civitas o el demos de la nación argentina, imaginada por sus élites gobernantes con poco asidero en las realidades sociales y demográficas. Es más, en parte bajo influencias católicas, no solamente se excluía a ciertos sectores sociales, sino también a importantes sectores étnicos. La concesión de la ciudadanía formal a todos los grupos indígenas e inmigrantes carecía de gran significado en una sociedad con elecciones fraudulentas, en la que las élites miraban de una manera condescendiente a la cultura popular o la de los inmigrantes. Fue el peronismo, en parte bajo influencia socialista, el que aceleró en forma notable los procesos que darían cabida a un nuevo significado social, político y cultural de la ciudadanía. A través de la rehabilitación de la cultura popular y del folclore, de sus intentos por reescribir la historia nacional, y mediante la inclusión de diversas minorías étnicas que hasta el momento habían estado en los márgenes de la nación argentina, como era el caso de árabes y judíos, el peronismo transformó a muchos de estos “ciudadanos imaginarios” en parte integral de la sociedad. Los esfuerzos de Perón por redefinir la ciudadanía se reflejaron en sus políticas destinadas a reconocer el reclamo legítimo de las identidades étnicas colectivas, que eran múltiples, y a redistribuir el patrimonio nacional. Justamente, al no considerar sus derechos como individuales, sino colectivos, fue que pavimentó en cierta medida el camino hacia la Argentina multicultural de la actualidad.

1 Ariel Abramovic, “Perón y los judíos”, Nueva Sión online, 13.8.2014.
2 Raanan Rein, Argentina, Israel y los judíos. Buenos Aires: Lumiere, 2007, 2ª ed.
3 Mundo Israelita, 21.8.1948, 29.8.1948; DAIA, El pensamiento del presidente Perón sobre el pueblo judío. Buenos Aires: DAIA, 1954, 15; DAIA, Perón y el pueblo judío. Buenos Aires: DAIA, 1974, 11; American Jewish Year Book (en adelante AJYB), Vol. 50 (1948-1949), 270.
4 DAIA, “Medio siglo de lucha por una Argentina sin discriminaciones”, en: Todo es Historia, Suplemento, 1985, 10; Juan José Sebreli, La cuestión judía en la Argentina. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo, 1973, 156.
5 Raanan Rein y Claudio Panella (comp.), Cultura para todos: el suplemento cultural de La Prensa cegetista (1951-1955). Buenos Aires: Biblioteca Nacional, 2013.

jueves, 20 de agosto de 2015

LAS TRIBULACIONES DE FELIPE

Numerología
Las tribulaciones de Felipe
Teodoro Boot

Felipe Solá denunció ante los medios de comunicación haber sido víctima de lo que, sin eufemismos, calificó de “afano de votos”. Nada menos que la friolera de 192.446 votos. Semejante grado de precisión sugiere que el candidato a gobernador los tendría identificados perfectamente, uno por uno, con nombre, apellido y número de documento de identidad.
Seis colaboradores del candidato han analizado los telegramas con los resultados provisorios de las 34.884 mesas electorales de la provincia de Buenos Aires, tras lo que deben haber quedado tan tontos que olvidaron que los telegramas carecen de valor legal, siendo básicamente útiles para mitigar la ansiedad de periodistas, candidatos y público en general (en ese orden). El escrutinio definitivo, que es el que vale, se realiza en base a las actas que se encuentran dentro de las urnas, junto a los votos.
Sépase que cuando un candidato, vocero, periodista, comentador o cualquier otra clase de aprendiz de Perogrullo sostiene que es necesario “abrir las urnas”, está diciendo una obviedad: las urnas siempre se abren.
El mecanismo es así: un representante de la justicia electoral, munido de un instrumento cortante y en presencia de los que para tranquilidad mental de Felipe Solá llamaremos “apoderados” de las listas, abre las urnas y extrae las actas. Si previamente, o hasta en ese mismo acto, uno de los apoderados objetara el acta debido a alguna irregularidad manifiesta (tanto en el acta como durante el comicio), y si así lo decidiera la autoridad judicial, se procede a contar los votos de esa urna, uno por uno.
Sólo entonces podría conocerse el destino de los que le afanaron a Felipe.

 El gaucho, hombre de a caballo y facón.







Las personas apegadas a la lógica y el sentido común comenzarían por preguntarse para qué diablos alguien querría robarle votos a Felipe Solá. Como único precandidato de UNA, no competía con nadie, más allá de la estrambótica puja por determinar quién la tiene más grande, pugna en la que sólo las de Aníbal Fernández y Julián Domínguez juntas superaron en tamaño a la de María Eugenia Vidal. Pero esta competencia no es más que una tontería mediática sin mayores efectos que el de impresionar a las almas sensibles. Entre las que, ay, se encuentra Felipe Solá.
Ya admitiendo que la de Vidal supera la suya, Felipe sostiene que le afanaron 192.446 votos para que no se sepa que la tiene más grande que Aníbal Fernández.
Cada uno se consuela como puede, pero convengamos que en este caso no parece tener mucha utilidad desde que Aníbal Fernández duplicaría el tamaño de la suya propia sumando la de Julián Domínguez. Entra ambas, dejarían a la de Felipe así de chiquita.
Pero Felipe Solá tampoco quiere tenerla más chica que Sergio Massa, quien, según los telegramas que Felipe denuncia, habría obtenido 192.446 votos más que él. ¡Exactamente los que a él le robaron!
No vaya a pensarse que aquí pretendemos sugerir que fue Sergio Massa el autor de tan incalificable acto, pero los analistas de Felipe han comenzado a barruntar si acaso el candidato a presidente no habrá tenido algo que ver. ¿Por qué, sino, le robaron los votos solamente a Felipe? ¿Por qué fue él y no Massa, o ambos, la víctima de la traición de los fiscales?
De acuerdo a la evaluación de los analistas de Solá, en lugar de los 1.503.783 votos que le asignaron oficialmente, debería haber registrado los 1.696.229 que se le asignaron a Massa: “Mientras en numerosas mesas se registraron "cero" votos para UNA en la categoría a gobernador, Sergio Massa y José Manuel de la Sota sí obtuvieron sufragios”, sostienen, resentidos, en el entorno del candidato a gobernador.
De un somero análisis de los resultados, puede afirmarse que a Solá le afanaron los votos de gusto, de pura maldad, para hacerlo sufrir, ya que no fueron a otro candidato sino que los habrían tirado a la cesta de los votos en blanco. Obsérvese que mientras la cantidad de votos en blanco para presidente fue de 423.574 (4,88 %), en la categoría de gobernador de Buenos Aires, la cifra trepó a 925.803 (10,61%). ¡502.229 votos faltantes!
Si a Solá le afanaron 192.446, ¿a quién le robaron los otros 309.783 votos que faltan? ¿A Pitrola?
En aras de la disciplina partidaria y la elemental confianza depositada en los insobornables fiscales de la izquierda, Pitrola se rehúsa a menear el asunto. Además, ya demostró tenerlo más grande que Christian Castillo, que es lo que verdaderamente importa.
“Solamente en Mar del Plata, en 120 mesas tengo cero votos: 15.000 votos me afanaron ahí", afirmó Solá. Esto resulta de lo más inquietante, ya que de ser ciertos esos números, en cada una de esas mesas el hombre habría recibido 125 votos sobre un total aproximado de 245. Esto significa que a Solá le birlaron los votos justamente en las urnas en las que se impuso, y no de cualquier manera sino ¡con el 51%!
El candidato también deslizó que no le computaron votos en 190 de las mesas de La Matanza. De ser esto así no sólo en General Pueyrredón y Matanza por lo menos 310 fiscales lo habrían traicionado sino que, de no mediar esa traición, con semejantes porcentajes Solá habría ganado las elecciones en la provincia.
Sin embargo, aun calculando que le robaron los votos donde obtuvo el 51% (unos 125 votos por urna sobre un total de 245 votantes), habríamos detectado el origen de tan sólo 38.750 faltantes. ¿Cómo y dónde le robaron a Felipe Solá los otros 153.696 votos? Si se los birlaron únicamente donde obtuvo el 51%, serían 1229 las mesas en las que se produjeron semejantes irregularidades, lo que es francamente perturbador: agregados los de Mar del Plata y Matanza, los fiscales infieles a Solá (pero no a Massa) sumarían por lo menos 1539.
Para tranquilidad de Solá, es preferible pensar así, pues de mantenerse en cada una de las mesas de la provincia el porcentaje que el candidato se adjudica, la cantidad de fiscales venales o traidores sería notablemente mayor: 2519 que, sumados a los 310 tránsfugas de matanza y Mar del Plata, totalizarían 2829. Eso, sin contar fiscales generales y suplentes. Es difícil perpetrar un autofraude de tanta envergadura sin contar con la complicidad de los fiscales generales.
No en vano Lucas Fiorini, candidato a intendente de Mar del Plata por el UNA, declaró que “Ni loco tenemos un faltante de 15 mil votos. Le han informado mal a Solá, porque tenemos más de 1400 planillas que están bien confeccionadas y no falta esa cantidad de votos”.
Se entiende: si a Solá le robaron 15 000 votos en Mar del Plata, donde obtuvo el 14,52%, cuánto le habrán robado a Fiorini, que apenas si cosechó el 5,34%. No sólo los fiscales sino la esposa, los hijos, la amante y hasta la abuelita habrían traicionado a Fiorini.
También se entiende que Solá no haya concurrido a hacer su renuncia ante la justicia: podría toparse con un fiscal.
De hecho, a raíz de sus declaraciones a la prensa, ha sido citado por Jorge Di Lello, fiscal electoral.
Pobre Solá.

miércoles, 5 de agosto de 2015

ARSÉNICO URBI EL ORBI





Arsénico y ciudades para todos y todas

 

Hace pocos días culminó una reunión de Intendentes y Alcaldes en la Sala del Sínodo en el Vaticano, la que fue convocada conjuntamente por la ONU y el Papado y en ella unos 60 funcionarios de diferentes países hicieron la claque embelesada de Francisco.
En fin; Papa Fran sigue provocando micción por embeleso en gran número de actores y por eso creo útil señalar algunas cosas para intentar normalizar algo esas vejigas urgentes
En su discurso de cierre el Papa comenzó afirmando que:
1-“Las grandes ciudades, se hacen grandes pero cada vez con cordones de pobreza y de miseria más grandes” atribuyéndolo a que “el mundo rural para ellos no les da oportunidades
Y siguió:
2- “Se debe denunciar” a la “la idolatría de la tecnocracia. La tecnocracia lleva despojar de trabajo, crea desocupación, los fenómenos desocupatorios son muy grandes y necesitan ir migrando, buscando nuevos horizontes”.
Y pontificó:
3- A estos problemas les agrega que “por otro lado, la salud está en juego. La cantidad de enfermedades “raras”, así se llaman que vienen de muchos elementos de fertilización de los campos - o vaya a saber, todavía no saben bien las causas-, pero de un exceso de tecnificación” y para rematar “la desertificación de grandes zonas por la deforestación”.
4- “¿Qué sucede cuando todos estos fenómenos de tecnificación excesiva, de no cuidado del ambiente, además de los fenómenos naturales, inciden sobre la migración? El no haber trabajo, y después la trata de las personas.Cada vez es más común el trabajo en negro, un trabajo sin contrato, un trabajo arreglado debajo de la mesa. ¡Cómo ha crecido!.
Y para coronar:
5- “Y lo que significa el uso de ciertos elementos de lavado de minerales – arsénico, cianuro- que inciden en enfermedades de la población
Cuando el aroma producto de la incontinencia por embeleso ya volvía insoportable el aire la reunión terminó y allá salieron los alcaldes, embuídos de combativo ímpetu ecologista.
Como por ejemplo Mónica Fein, intendenta de Rosario, que se mostró fascinada y combativa manifestando que “queremos fundamentalmente dejar a nuestros hijos y a las generaciones futuras un planeta no contaminado” y ratificó su compromiso "a hacer todo lo que esté a nuestro alcance desde las ciudades para aportar pequeñas soluciones a los grandes problemas que hoy nos aquejan”.
Lo sorprendente de esto es que es la Intendenta de una ciudad de más de 1 millón de habitantes que ¡no tiene planta depuradora de líquidos cloacales!. Supongo que sólo pocas ciudades, quizás en la India, Tibet o Timor Oriental pueden exhibir semejante compromiso con el medioambiente, que implica arrojar diariamente al Río Paraná no menos de 100.000 y hasta 350000 metros cúbicos de ese elemento caquiento.
Hace más de un lustro que un proyecto para la instalación de 2 estaciones depuradoras duerme en oficinas nacionales y provinciales. Y la Intendenta ambientalista no se ha referido una sola vez a esto ni ha hecho gestión alguna (por lo menos que se haya sabido) para ese asunto. Así funcionan estos bravos ambientalistas.
Todo esto me recuerda un viejo axioma que me pertenece y dice: “La boludez humana es infinita, sigue al dorso y tiene anexos”.
Espero que los lectores no hayan caído en embeleso como los Alcaldes. Si han leído con atención las afirmaciones de Papa Francisco más bien correspondería que estén bastante preocupados por las cosas que dijo, porque denotan un desconocimiento de la evolución de las sociedades humanas y de los fenómenos naturales y/o tecnológicos que es notable. Aunque no hacen sino seguir en la línea de lo expresado en la encíclica tamaño familiar “Laudato si
En una entrada anterior esbozé la sospecha de que los asesores que seguramente preparan o dan forma o sustento al mensaje papal (tal como sucede en cualquier corporación) parecían haberse tomado el vino de misa. Ahora sospecho que se afanaron la llave de la bodega, vea.
De cualquier manera puede resultar útil que analizemos algunas de las afirmaciones con más detenimiento:
Como habrán observado hace una clara ligazón entre el uso de tecnologías, la desocupación, la pobreza y los daños sanitarios y/o ambientales.
En definitiva todo puede resumirse en su consigna: Se debe denunciar a la la idolatría de la tecnocracia. Allí radica la madre de todos los males.
En el mundo feudal, el anterior a la sociedad actual, aquel con el que la Iglesia Católica no tenía desencuentros, hasta el punto que el Clero formaba parte de las clases privilegiadas e intervenía activamente en el gobierno, las ciudades eran en general pequeñas y la aborrecida tecnología no existía.
Consignan los documentos que por ejemplo en 1320 en Francia, en el movimiento de los pastereaux, al parecer se exterminaron
140 comunidades judías por masas campesinas asoladas por el hambre y las epidemias (enloquecidas por una ira sorda y delirante)
También se informa que en 1586, en la ciudad de Úbeda, donde de un contingente de 5.065 vecinos, 1.896 vecinos estaban comprendidos en el estatuto de pobres.
Según historiadores la Collación de San Juan con 343 vecinos, sólo contaría con 104 viviendo en parámetros económicos normales, es decir en torno al 30%, y 239 vecinos constituidos por pobres, viudas y menores, o sea el 70% vivirían en la más dura indigencia
En 1474, según Escavias, alcaide de Andújar, en su Repertorio de Príncipes, "muchas personas miserables se mantenían y pasavan con cardos y otras raíces del campo".
En la Crónica de Fernando IV, se dice: "En este año fue en toda la tierra muy grand fambre; e los omes moríense por las plazas e por las calles de fambre, e fue tan grande la mortandad en la gente que bien cuidaran que muriera el cuarto de toda la gente de la tierra; e tan grande era la fambre, que comían los omes pan de grama, e nunca en tienpo el mundo, vio ombre tan gran fambre nin tan grand mortandad" (esto fue alrededor del 1300, perdonen la gramática, pero estos gallegos brutos no sabían castellano)
Dicel el tratadista LUIS MARTÍNEZ GARCÍA “En los siglos bajomedievales se fue imponiendo un orden diferente. Con los pactos señoriales de protección por servicios en franca decadencia, con reiteradas crisis agrarias, pestes y guerras frecuentes, y en unión con un crecimiento demográfico sostenido y el empuje de la economía artesanal y del comercio urbano, la pobreza adoptó nuevas formas e intensidades de mayor gravedad. Tras la sombra de los nuevos ricos –comerciantes, artesanos, terratenientes absentistas– un número importante de hombres desarraigados e indefensos se aproximó a la ciudad. Sobre ellos cargaron las desgracias del siglo XIV y los abusos de los poderosos; de ellos surgirá el pobre urbano, anónimo y temido
Estamos hablando de ciudades de entre 30000 y 100000 habitantes (datos de Córdoba, Londres y París) en aquellos sanos, ecológicos y amables tiempos, cuando no se aplicaban las odiadas tecnologías y los campesinos cortaban el trigo culo al cielo con la hoz, las mujeres venteaban el grano arrojándolo al viento y se araba la tierra a mano, todo sin emisiones de efecto invernadero ni fertilizantes (excepto caca de buey) ni herbicidas.
Eso sí; los rendimientos eran un espanto, las plagas y sequías y la baja productividad los cagaban de hambre y sufrimiento pero allí estaba la Santa Madre (en sus palacios) que les daba consuelo y jamás llamó a una conferencia con la ONU o hizo encíclicas métricas para cuestionarlo.
De aquel horroroso mundo surgió la sociedad moderna. Que debe ser mejorada sin duda, pero no negada en sus características primales, la urbanización de las poblaciones, la tecnificación industrial y agraria, las ciencias y la tecnología como herramientas de mejoramiento permanente.
Francisco -o sea Bergoglio- llega a afirmar (punto 3) que proliferan enfermedades producto de “muchos elementos de fertilización de los campos “ e ipso pucho que “o vaya a saber, todavía no saben bien las causas-, pero de un exceso de tecnificación”.
Es decir “sé, aunque no sé”. Francamente parece un alegato de taxista o jubilado en la cola: doy por cierto lo que afirmo, aunque no sé si es cierto pero tampoco me ocupo en averigüarlo.
Para rematar el punto debería recordársele a Fran la Peste Negra, que atacó una y otra vez durante 2 ó 3 siglos y mató la mitad de la población europea (el equivalente de toda Argentina actual) en aquellos maravillosos años ecológicos.
En fin. Mucho puede decirse; se queja del uso extendido de aparatos de calefacción (cuando lo lógico es pedir fuentes de energía limpias en todo caso) cuando en su Encíclica Kilométrica decía que las personas “se enferman, por ejemplo, a causa de la inhalación de elevados niveles de humo que procede de los combustibles que utilizan para cocinar o para calentarse” (pag 18). Así que por lo visto la única alternativa sana es cagarse de frío nomás.
Y finalmente; para estar a la moda el Papa arremete con la Minería. En mi entrada sobre la Encíclica Kilométrica señalé el erróneo enfoque sobre el Mercurio y me extrañé que no acudiera al Cianuro, caballito de moda; pues bien, en esta ocasión eliminó el Mercurio, introdujo el Cianuro y agregó (como vimos en el punto 5) el Arsénico, asignándoles el rol de “elementos de lavado de minerales”.
Ya me he extendido suficientemente sobre el Cianuro en mi serie “La Maldita Minería”, que pueden consultar totalmente gratis. Vamos a comentar entonces sobre el Arsénico (aunque en realidad también fue tocado en alguna entrada de esa serie).
En primer lugar recomiendo a Francisco que le quite la llave de la bodega del vino de misa a su asesor sobre el tema: El Arsénico no se utiliza ni se utilizó jamás para ninguna operación de lavado de minerales.
Se lo ha mencionado sí como subproducto de algunas operaciones de beneficio de minerales, hecho que se produce efectivamente por la reacción y descomposición natural de los minerales que lo contienen, en contacto con el agua o con soluciones ácidas por ejemplo.
Pero esos efluentes –que por supuesto de existir deben ser tratados- sólo podrían afectar a poblaciones del área de influencia de las labores mineras.
Creo interesante hacer constar para poner el tema en su verdadera dimensión que prácticamente todos los elementos químicos están siempre presentes en las aguas y los suelos en bajas proporciones (por ejemplo el brutísimo Solanas aducía robo de minerales por los vestigios usuales en los concentrados exportados y otros adujeron terribles males en derrames por la presencia de todo tipo de metales y no metales que están contenidos usualmente en las aguas).
Sin embargo la presencia de Arsénico en las aguas en cantidades consideradas nocivas está enormemente extendido en el mundo, afectando áreas de Chile, Bangladesh, China, India, México, Perú, Tailandia, Estados Unidos y España por ejemplo.
En Argentina ya en 1913 un médico de Rosario, Mario Goyenechea, relacionó los síntomas de pacientes de Bellville con una prolongada intoxicación arsenical resultante del consumo de agua contaminada, cuando ya hacía una decena de años que había afectados en el área (el estudio, la detección y la posibilidad de corregir el problema podrían encuadrarse en “la idolatría de la tecnocracia” al decir de Fran)
El área afectada por Arsenismo (conocido como HACRE, siglas de Hidroarsenismo Crónico Regional Endémico), abarca en nuestro país un área de más de 430.000 km2 y afecta a más de 2 millones de personas en varias provincias, como ser Chaco, Córdoba, La Pampa, Salta, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán, Jujuy, Catamarca, Mendoza, San Juan, Formosa, Rio Negro, Chubut y Buenos Aires.
¿Es acaso la causa la maldita minería? Por supuesto que no. Y la maldita tecnocracia tampoco. Sucede que en gran parte del territorio las aguas percolantes atraviesan terrenos que contienen horizontes de cenizas volcánicas arrastradas por los vientos en antigüos períodos de gran actividad volcánica y disuelven los minerales con contenidos de Arsénico (y otros muchos elementos, por supuesto, aunque no con esa peligrosidad) y constituyen acuíferos altamente arsenicales, como el Pampeano por ejemplo.
Esa misma acción producen las aguas de deshielo, las de lluvia y los arroyos que van erosionando y disolviendo los minerales de los cordones serranos, sin ninguna intervención o culpa de la maldita tecnocracia, Papa dixit.
En el mapa a continuación pueden observar la magnitud de los puntos donde hay elevada presencia de Arsénico en las aguas en nuestro país.

Yo como ateo no le echo la culpa a nadie, así es la naturaleza. Pero ya que es un fenómeno que viene de tiempos inmemoriales, anteriores a la aparición de la especie humana incluso, para Francisco no puede ser sino obra de su mandante.
Sería aconsejable entonces que lo trate con él en vez de bombardearnos con boludeces

PD:
La reunión en el Vaticano terminó el 21-7-2015 y me preparaba a escribir esta entrada cuando me agarró un patatus (hablando científicamente) con internación de urgencia el el Policlínico PAMI II de Rosario y que recién ahora me permite concretarla. La atención fué profesional, correcta, amable y altamente eficiente lo que produce mi gratitud y admiración
Algún creyente podrá espetarme que lo sucedido es quizás un castigo divino por mi atrevimiento. En mi condición de ateo lo mataré con la indiferencia.
Algún otro puede que me hablará pestes del PAMI, deporte Argentino muy extendido. En mi condición de afectado por mi enfisema, mi medio corazón durmiente y mis casi 74 años, mejor también lo mato con la indiferencia
.

lunes, 3 de agosto de 2015

BREVE APUNTE SOBRE LOS "ORIGINARIOS"

Las sociedades humanas se sensibilizan periódicamente ante determinados temas y palabras o conceptos. Hoy por ejemplo, se menciona el empoderamiento de la mujer, una crisis de la bipolaridad denominada equívocamente "de género" y también se reivindica lo "originario" pero desde un abordaje sólo cultural, despojado de las relaciones de producción y de la propiedad territorial.
Esta sensibilización no significa de por sí que se remueva totalmente el tema o concepto anterior. Pero siempre hay una resignificación. Es que estos temas o conceptos suelen ocultar un atributo sin el cual es imposible entenderlos: el poder. No solo "el conocimiento es poder": también el significado es poder. Y hay que estar muy atento a quién se empodera. Por ejemplo, existen decenas de ong's de "originarios" o de solidaridad con ellos que, con el argumento de defender a los pueblos precolombinos, en realidad actúan para anarquizar los poderes nacionales en nombre de poderes imperiales. 
No olvidemos a Laurita Alonso afirmando "Cristina organizó todo": hablaba en nombre de Transparency Internacional cuando no hay nada más opaco que el amplio sector ilegal e ilícito del capitalismo financiero.

En un post anterior opinaba sobre la asociación entre "Julio A. Roca" y "genocida", y sin agotar el tema, agregaba que, según las pruebas existentes, durante el período de influencia de Juan Manuel de Rosas hubo más "originarios" de pelea muertos que durante la Conquista del Desierto. Esta Campaña significó la ocupación efectiva de un territorio que para algunos estaba en disputa.
Durante la vida de Roca el término genocidio y sus derivados era incomprensible por cuanto será un concepto creado ochenta años más tarde. Los jueces que condenaron en Nüremberg a los jerarcas nazis se encontraron con no tener una base lingüística y jurídica para esas atrocidades. Y así se creó "genocidio". Once jerarcas nazis recibieron pena de muerte, otros tres cadena perpetua. Además del puñado que escapó de la justicia de los Aliados, el resto no tuvo nada que ver, nunca se enteró o sólo cumplía órdenes. Podría hacerse un listado de genocidas históricos, pero bien mirado, es la propia naturaleza la que sin saña ni maldad, llega al podio de mayor genocida. Sólo el ser humano se permite ejercer el mal y luego frivolizarlo. Como la historia la escriben los que ganan, el genocidio apuntó a Hitler pero no a las bombas de plutonio y uranio arrojadas por EEUU sobre Hiroshima y Nagasaki.

En cuanto a los originarios en territorio argentino, los araucanos habían descendido del estadio de agricultores sedentarios al de depredadores.
Así como existe una leyenda rosa de la Conquista y la Evangelización, también hay una leyenda rosa de los originarios, considerando el pasado precolombino como una era de paz eterna con música de violines. Sin embargo, algunos pueblos desaparecieron o fueron manumitidos o esclavizados por otros pueblos.
Los incas intentaron armar un reinado (el Tahuantinsuyo) que abarcaba los actuales territorios de Chile, Argentina, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador o parte de estos, y subyugaron (por la fuerza, no con buenos modales o pidiendo permiso) a otros pueblos más primitivos. Los incas poseían una rigurosa estratificación social y los pueblos conquistados pasaban a la  condición de vasallos en condiciones muy similares a la de la esclavitud. O de proveedores de materias primas.
Los quechuas, parte de la civilización inca, también fueron conquistadores que hicieron desaparecer culturas anteriores como la santamariana, los atacamas de Tastil, los comechingones, los talhuet, los sanavirones y quizás los huarpes o parte de ellos
¿Son originarios los quechuas en un sentido estricto? ¿O reivindicamos a conquistadores?



Relatar esto no significa ensalzar a Pizarro, a Cortés o a la Evengelización y la Conquista. Se enfrentaban dos culturas y dos modos de producción. 
Una prueba de que aquella no fue una realidad estática la comprobamos en el siguiente texto:

A partir del siglo XVII comenzó a producirse un importante flujo cultural desde los mapuches de Chile hacia los pueblos aborígenes del lado argentino establecidos cerca de la Cordillera de los Andes. Si en principio fueron influencias culturales, luego sobrevino un proceso migratorio del que participaron miles de mapuches chilenos. Dicho proceso que ya era evidente en la segunda mitad del siglo XVIII.
Los primeros en evidenciar el influjo mapuche fueron los pehuenches, quienes pronto adoptaron su lengua y vestimenta. Así, araucanos y pehuenches araucanizados, influyeron sobre el resto de los indios y pampas, quienes también rápidamente quedaron sumidos dentro de nuevos cánones culturales.
Los araucanos o mapuches eran de origen chileno. 
Establecidos al sur de los atacamas, sufrieron la presión de los conquistadores españoles retirándose más al sur. Ya en las primeras décadas del siglo XIX, la guerra de independencia iniciada en Chile los obligó movilizarse otra vez en dirección sur. El mapuche decía: "no chileno, no argentino: paisano".
La dureza de los combates, las constantes pugnas de indígenas para incorporarlos a la fuerza al bando realista o al criollo, hicieron que importantes contingentes de mapuches pasaran del otro lado de la Cordillera hacia el lado argentino en busca de las pampas fértiles, región que hacía un par de siglos visitaban con asiduidad y conocían a través de la tradición oral.

Como se ve, el tema no puede ser encarado con prejuicios ideológicos que dan inicio a leyendas, simplificaciones o versiones escolares y así se trasmiten de generación en  generación.





Archivo del blog