viernes, 24 de octubre de 2014

ERNESTO SANZ, EL DEROGADO



El senador Ernesto Sanz pretende derogar las leyes promulgadas desde 2003. No sabemos cuáles, pero a juzgar por sus dichos demagógicos, lo podemos sospechar.

La derogación de leyes no supone la entrada en vigencia de la anterior. Si al actual senador mendocino se le ocurriera, por ejemplo, derogar la ley de medios audiovisuales para congraciarse con el Grupo Clarín, no entraría en vigencia automáticamente la ley anterior: sencillamente el país se quedaría sin ley. Y la multiplicación de derogaciones llevaría a la anomia, es decir, al imperio de la ley de la selva o lo que es lo mismo, a la ley que pretendan imponer los grupos económicos concentrados.

No podrá derogar la AUH porque la ampara un decreto, pero sí puede cometer la ligereza o la maldad, en un muy improbable o imposible triunfo electoral, de someterlo a un palatino y sostenido desfinanciamiento.

No podrá derogar el satélite Arsat, aunque sí abandonar su mantenimiento y convertirlo, más o menos rápido, en basura espacial. Pero quedan muchos patriotas, supongo, que impedirán su desguace.

De todos modos, a esta altura no se sabe (yo no se) si Sáenz se presentará por Unen, por un radicalismo feudalizado o por el Pro. Y francamente, me interesa poco.


Opinar sobre sus dichos discriminatorios respecto a los beneficiarios de la AUH sería tan intrascendente como considerar los aspectos femeninos de la diputada Caamaño o la salud mental de Lilita Carrió: su mirada desorbitada en el último encontronazo con Diana Conti son todo un diagnóstico psiquiátrico.

Pero lo que nos interesa especialmente sobre el senador Sanz es su anterior desempeño como intendente de San Rafael, Mendoza entre 1999 y 2003. Dejando de lado los nuevos descubrimientos en shale-oil o petróleo de esquistos (Vaca Muerta), la producción minera de Mendoza se reduce hoy a menos de veinte minas de yeso, cal y áridos.

No están activos los yacimientos de manganeso, silicomanganeso y ferromanganeso de Agua Escondida y Nihuil (minas Ethel y Santa Cruz), que Tenaris (antes Dálmine, antes Siderca, antes Techint) hoy importa desde Brasil.

Dejaron de producir en 1977 cuando su dueño, Luis Arnoldo Grassi, fue detenido ilegalmente en la prisión militar de Campo de Mayo.

Durante la gestión de Sanz, vuelta la democracia y con un Grassi que no cejaba en defender la industria nacional, se hizo un simulacro de reapertura que incluyó un anuncio del intendente tan rimbombante como estéril.

Las minas siguen cerradas, y ese era el objetivo (ahora se ve) cuando Sanz las adjudicó en una demagógica como falsa reapertura..

Contando con el juez Rafael Sarmiento como cómplice (causa 40.528), la dictadura le había aplicado a Grassi la ley 20.840 de seguridad nacional y luego fue puesto a disposición del PEN, cuando el objetivo era desapoderarse y cerrar Industrias Siderúrgicas Grassi, con sede en Rosario, único productor nacional de ferroaleaciones en Argentina, de la que Luis Arnoldo Grassi era presidente (1).

Sarmiento lo consiguió. 
Martínez de Hoz lo consiguió. Los coroneles Roualdes, Gatica y Rey (2), todos ellos destinados a la prisión de Campo de Mayo, lo consiguieron.

Y veinte años después, Sanz siguió el mismo camino: ya sabemos a qué se refiere cuando amenaza con derogar leyes. Quiere derogar la industria nacional.

(1) Fueron detenidos en la prisión militar de Campo de Mayo Juan Carlos Chavanne, Sara Duggan, Raúl Aguirre Saravia, Jorge Tejerina, Enrique García Mansilla, Jorge Buleraich, Aurelio Cid, Jaime Beneditt, Alberto Cordeu, Luis Pignataro, René Grassi y Luis Grassi.

(2) Apoderador del hijo recuperado Pedro Sandoval, anotado primero como Pedro Rey y luego, al saberse la verdad, como hijo del desaparecido y asesinado Erico Sandoval, militante del MR17 en Caseros, Buenos Aires.

martes, 21 de octubre de 2014

LEYES DEMOCRÁTICAS Y LEYES QUE NO LO SON



Hoy, algunos lobos se disfrazan de corderos. Corderos peligrosos, porque amenazan con suprimir leyes de la democracia.
También están los “pelotudos peligrosos”. Son los que confían en que el disciplinamiento, la desmemoria y los cantos de sirena (tablita cambiaria, convertibilidad, dolarización) del neoliberalismo han calado hondo en distintos sectores de la sociedad argentina, ni siquiera se toman ese trabajo y se limitan a exhibir la no-política como forma de vida.

Cuando era intendente de San Rafael, Mendoza, el actual senador Sanz –uno de esos lobos derogatorios- trabajó para la multinacional Techint contra los intentos de mantener algún resabio de industria argentina en el ámbito siderúrgico: hoy sostiene que se derogarán todas las leyes dictadas democráticamente por el gobierno nacional…



¿Cuáles?

Ley de Medios
Ley de Abastecimiento
Ley de Defensa del Consumidor
Decreto de AUH
Ley de YPF
Ley de Aerolíneas Argentinas
 
La generalización debe crear ciertas esperanzas a esa flexible masa de maniobra de la no-política, esa que ha perdido la mayor parte de los significados colectivos o solidarios y va y viene conectada en circuitos cerrados de consumo que dicta nuevas significaciones. Significaciones percibidas como heterogéneas pero decididamente homogeneizadoras, aunque en todo caso, funcionales a este orden mundial de poder.

Sin embargo, me estoy alejando mucho de lo que pretendía hoy: hacer conocer las leyes y decretos represivos vigentes desde la revolución fusiladora hasta el retorno de la democracia en 1983, lo cual no deja de tener su relación con el tema esbozado arriba.

El poder económico-cultural-militar actúa legal o ilegalmente: en ocasiones, acude a dictar bandos que pasan por leyes, como por ejemplo la derogación de la Constitución de 1949. Desde 1976 se institucionaliza el terrorismo de Estado (una contradicción en términos) acudiendo al paraguas protector de leyes ilegales. En otras, usa las leyes vigentes para actuar contra el enemigo interno, que en durante muchos años había sido el peronismo.


Durante la revolución fusiladora, un poder judicial ad-hoc juzgó al “tirano prófugo” y lo condenó por traición a la patria, mientras una organización paraestatal terrorista denominada Junta de Reparación Patrimonial investigaba y se hacía (mediante el decreto ley 5.148/55) con el patrimonio de cientos de peronistas. En 1976 se recurre al mismo arbitrio aunque esta vez, sin un demente capitán Ghandi, y se denomina Conarepa.  

El decreto ley 4161/56 prohíbe la mención directa o indirecta de lo peronista.

Durante el gobierno de Frondizi, otro decreto, el 9880/58 reprime una huelga de bancarios, movilizándolos. El mismo gobierno, que tenía a un marxista como Rogelio Frigerio entre sus miembros, aplica la ley 13.234/48 poniendo por primera vez en marcha el Plan Conintes - Conmoción Interna del Estado, elaborado para reprimir a otros insurrectos. Cientos de integrantes de la resistencia peronista marchan a la cárcel. Aplica también la ley 13.985/50 que tipifica delitos contra la seguridad de la Nación, espionaje, etc.

El gobierno provisional de Guido y las dictaduras de Onganía-Levingston-Lanusse aplican una catarata de leyes represivas: la 15.293/60, la 16.648/67 que modifica la ley 13.985, la 17.401/67 anticomunista, la 18.234/69 anticomunista, 18.235/69 anticomunista (la definición de "comunista" era tan amplia que incluía a todos los que n comulgaban con la dictadura), la 18.670/70 y la 19.053 que crean el tristemente famoso “camarón” con su instancia única, la 18.953/71 que modifica algunos artículos del Código Penal acentuando las penas a actividades políticas, la 19.081/71 que somete algunos art. del Código Penal a la justicia militar e incorpora a las fuerzas de seguridad a la jurisdicción operacional de FFAA.

La consigna mayoritaria en la Argentina de entonces (“luche y vuelve”) se hace realidad con el retorno de Perón en dos viajes consecutivos en los años 1972 y 1973.

En el breve interregno de Héctor Cámpora se dicta una ley de amnistía general, la 20.508/73 y los decretos 11/73 y 28/73.

El artículo 1º de la ley 20.510/73 establece que Se derogan las llamadas Leyes” 18.670, 18.799, 19.053, 19.110, 19.195, 19.583, 19.805, 19.959, 20.187, 18.232, 19.128, 19.081, 19.594, 20.032, 19.582, 19.863, 20.087 y el Decreto-Ley 3.731/56”.

La breve primavera camporista da lugar a una época todavía más turbulenta. Muere Perón y el gobierno de Isabel –en un momento en que la lucha por el poder se traslada al interior del peronismo- pone en vigencia un nuevo régimen penal de estupefacientes utilizado para reprimir adversarios: la ley 20.771/74. Promulga la ley 20.840/74 de seguridad y dicta dos célebres decretos de aniquilación de la subversión.


La sangrienta dictadura cívicomilitar dicta su propio reglamento mediante la 21.256/76, reinstala una nueva ley de residencia con la 21.259/76 que autoriza ampliamente la expulsión de extranjeros, establece sanciones para los que atentaren contra personas y bienes (21.264/76) y somete a las fuerzas policiales y de seguridad a la autoridad militar. La 21.268/76 pena severamente la tenencia de armas y explosivos.

La 21.400/76 de seguridad Industrial reemplaza a la ley de contrato de trabajo. Se prohíben las medidas concertadas de acción directa, paro o disminución del ritmo de trabajo con penas de 1 a 6 años de prisión.

Con la 21.459/76 se reforma y aumentan las penas de la 20.840 en lo que hace a su artículo 6º, subversión económica. 
La 21.461/76 crea Consejos de Guerra Especiales y la 21.463/76 hace ciertos cambios a esos consejos. 

La 21.886/76 modifica nuevamente la 20.840

La 21.966/76 da de baja a personal estatal de planta, contratado y transitorio con amplias atribuciones y miles de empleados quedan en la calle.










lunes, 13 de octubre de 2014

DROGAS PROHIBIDAS (1)

Por Teodoro Boot

El escritor norteamericano Kurt Vonnegut sostenía que la inclinación de numerosos seres humanos al consumo de alcohol o sustancias parecidas se debe a la necesidad de aplacar, adormecer o hasta anular, al menos en parte, el funcionamiento del enorme y peligroso cerebro que a lo largo de la evolución la especie ha desarrollado. 
El cerebro humano es demasiado voluminoso y lleva a su portador a realizar, en forma simultánea, complejísimas y contradictorias elucubraciones carentes de sentido, que en general no sólo no contribuyen a la supervivencia sino que, a la postre, suelen resultar fatales para el portador, la propia especie y hasta el planeta que habita.
El planeta y todos sus habitantes animales y vegetales son demasiado inocentes como para resistir los efectos de la sofisticada computadora en que la Ley de Selección Natural ha convertido nuestros cerebros. Eso es.

En estado de trance

Que el cerebro humano es capaz de realizar complejísimas y contradictorias elucubraciones carentes de sentido es un fenómeno tan palmario que ni vale la pena explicarlo demasiado. La evidencia la tenemos ante nuestras narices, todos los días, apenas abrimos los ojos, encendemos la radio o el televisor, abrimos el diario, intercambiamos nuestras primeras impresiones del día con una hembra o un macho de nuestra especie, o simplemente salimos a la calle, por no mencionar los aterradores estragos que el funcionamiento incesante del cerebro puede llegar a provocar en nosotros mismos durante las horas en que nos encontramos entregados al sueño.

El músculo duerme, la computadora trabaja. Es incansable.
Y de seguir a Vonnegut nos encontraríamos con que ese es el aspecto más diabólico de los cerebros voluminosos. Suelen decir a sus propietarios: "He aquí una locura que quizá podríamos hacer. Nunca la haremos, por supuesto, pero resulta divertido pensarlo". Y entonces, como en estado de trance, las personas realmente lo hacen: así como obligaban a los esclavos a luchar entre ellos a muerte en la arena del Coliseo y quemaban vivas a otras personas por tener opiniones localmente impopulares, también edifican fábricas cuyo único propósito es matar grandes cantidades de gente, experimentan con armas bacteriológicas, vuelan ciudades enteras, etcétera.
Sí, de todas esas cosas y más son capaces los cerebros voluminosos. Pero las tragedias empiezan siempre por el aspecto llamémosle teórico del asunto, por la especulación abstracta, porque ese es uno de los entretenimientos predilectos de los  cerebros voluminosos, ya sea por exceso de actividad, o por no tener nada mejor que hacer o porque ese, el de la especulación abstracta y la cháchara inconducente, es el medio de vida del portador de tal o cual cerebro voluminoso.

En incesante actividad

Como ya se ha visto, la actividad cerebral no suele tener propósitos claros o discernibles, aunque sí consecuencias prácticas, mientras que el exceso de actividad no necesariamente acarrea mayor claridad ni beneficios. Más bien, sucede todo lo contrario.
En nuestra vida cotidiana, en el transporte público o en la cola de la verdulería, pero muy especialmente en los medios de comunicación, vemos a los cerebros voluminosos en plena actividad, ocupados en las más diversas materias, elucubrando, elucubrando, elucubrando.
Fuera del uso de derivados de la industria petroquímica para adaptar las siluetas de hembras humanas a cada vez más inalcanzables cánones estéticos, en los tiempos actuales las complicadas elucubraciones sobre el consumo de sustancias prohibidas ocupan la atención de numerosos cerebros voluminosos, con resultados a menudo sorprendentes.

En estos días, como quien dijera “ahora mismo”, los cerebros voluminosos se encuentran enfrascados en un apasionado debate acerca de la despenalización de la tenencia para consumo de ciertas sustancias prohibidas.
Dejando de lado que la condición de prohibido o permitido no contribuye a aclararnos la naturaleza de ninguna cosa, costumbre, deporte, idea, animal o sujeto humano, la Constitución nacional contempla el derecho al consumo de cualquier sustancia que a un cerebro voluminoso se le ocurra consumir y, a la vez, la legislación penaliza la tenencia de gran parte de esas sustancias.
Como se ve, se trata de una excentricidad parlamentaria difícil de empardar, en cuya cerrada defensa se coaligan las elucubraciones de no pocos cerebros voluminosos y, por consiguiente, de los respectivos aparatos parlantes a los que están conectados, inmunes al simple hecho de que para consumir o hacer uso de cualquier cosa o sustancia, es preciso previamente haberla tenido o, simultáneamente, el tenerla.

Un cigarrillo de marihuana, sustancia cuyo consumo es amparado por la Constitución y cuya tenencia está penada por la ley vigente, puede ser consumido sin simultáneamente tenerlo sólo si un alma piadosa lo sostiene delicadamente en nuestros labios, en cuyo caso esa alma piadosa estaría incursa en un delito de aún mayor gravedad: la tenencia para consumo de terceros. En una palabra, el narcotráfico.
Pero, además de recomendar prudencia a las almas piadosas, cabe decir que fuera de este caso en particular, el consumo de la mayor parte de las sustancias prohibidas resulta imposible sin la previa o simultánea tenencia. 
Es necesario advertir que, en semejante circunstancia, la penalización de la tenencia imposibilita o penaliza el consumo, de donde se viene a producir una aberración jurídica de envergadura, como es que una simple ley conculque o impida el ejercicio de un derecho garantizado por la Constitución.

En pos de nuevos problemas

Lejos de poder discernir algo de tanta simplicidad, los más activos y estridentes cerebros voluminosos desarrollan complejas disquisiciones acerca de los beneficios o perjuicios de esas sustancias, lo que no viene a cuento de nada. El caso es que el derecho al consumo y la simultánea penalización de la tenencia para hacer efectivo ese consumo, vuelven a la ley de imposible cumplimiento, ya que las autoridades de aplicación se encuentran ante la horrenda disyuntiva de incumplir la ley o de violar la Constitución.
La incapacidad de tantos cerebros voluminosos para entender un problema tan simple, y su tendencia a complicarlo hasta el infinito mediante series sucesivas de elucubraciones puede llevar a ciertas almas sensibles a caer en un estado de estupor y callada desesperación. Y –volviendo más o menos a Vonnegut–, sucede que la mayoría de los hombres están calladamente desesperados porque las infernales computadoras craneanas son incapaces de moderarse o de estarse quietas; siempre andan buscando nuevos problemas con los que enfrentarse.
No hay mejor modo de procurarse un problema irresoluble que abordar un tema hablando de otro completamente diferente. Y con ser este mecanismo lo suficientemente generalizado como para dejar perplejo a cualquier entomólogo de la galaxia Alfa Centauro especializado en el estudio de los cerebros voluminosos terrestres, cuando se trata del consumo de sustancias prohibidas, la actividad cerebral entra en ebullición.
Para tranquilidad general, la ebullición cerebral produce una serie inacabable de problemas irresolubles.
Como modesta contribución a este proceso que, de interrumpirse, podría volver al mundo y a la vida mucho más simples y predecibles, este voluminoso cerebro se ha propuesto seguir abordando el tema en sucesivas entregas.
Buenas tardes.

domingo, 5 de octubre de 2014

DICTADURA: EL OTRO GENOCIDIO



Apenas instalada, la dictadura cívicomilitar tomó diversas medidas de represión contra los trabajadores y sus sindicatos, pero también dictó distintas leyes para rediseñar el país según el Consenso de Washington (apertura, privatización, desregulación) desmintiendo la visión de que hubiera habido solo cierta complicidad civil con las fuerzas armadas para el genocidio que se produjo. Por el contrario, fue la gran burguesía nativa, aliada con los intereses antinacionales, la que constituyó el soporte social de las juntas militares con un fuerte consenso de los sectores medios.
Es cierto que el tal Consenso fue posterior, pero Argentina, como Chile, hicieron punta en la imposición del neoliberalismo por medio de la más sangrienta represión. 
El papel cambiante de los sectores medios desde 1955 ya se ha tratado anteriormente, pero baste decir que la “tablita cambiaria” constituyó un gran acicate para lo peor de esos sectores que terminarían constituyendo la teoría de los dos demonios y en los 90 acabaron rindiéndose a la convertibilidad. Ese acicate fue el antecedente del alica alicate.
Aunque para algunos resulte controversial calificarlo como “genocidio”, la pérdida de la fuente de trabajo condenó a miles de compatriotas al más absoluto desamparo, que es otra forma de desaparición. Y los miles de conflictos que se produjeron en las fábricas significaron que miles de trabajadores fueran detenidos, sufrieran torturas que casi siempre dejaron secuelas permanentes o desaparecieran.

Entre esas medidas contra el movimiento obrero, con su secuela de detenidos, secuestrados y desaparecidos (cuya mención suprimimos), se destacan:

Telefónicos: la jornada pasó de 6 a 8 horas, se despidió a más de 1.500 activistas sindicales y se encarceló al secretario general Julio Guillán.
Luz y Fuerza: la jornada de trabajo se extendió de 36 a 42 horas semanales. Se confiscó el fondo compensador en favor de la empresa. Se eliminaron más de 20 cláusulas del convenio laboral. El aporte patronal se redujo de 7,50% a 6%.
Ferroviarios: se eliminó la estabilidad, se levantaron 15 mil kilómetros de vía, se cerraron talleres y se despidió a 60.000 trabajadores.
Petroleros: se derogó el trabajo insalubre y la jornada se incrementó en una hora.
Transporte: se aceptó el trabajo a destajo en los transportistas privados, se anuló el descanso entre vuelta y vuelta.
Minería: se derogó el trabajo insalubre, quedando a los empresarios elegir el criterio más conveniente de modalidad laboral.
Construcción: se suprimió el descanso laboral de fin de semana reemplazado por 1 día de franco semanal a criterio del empresario y se redujeron las exigencias en materia de seguridad.
Comercio: la jornada se extendió de 7 a 21 hs incluyendo sábados.
Bancarios: se eliminó estabilidad, jerarquización, régimen de licencias e indemnizaciones; horario de las entidades, día femenino, licencias gremiales.
Marina mercante: se autoriza la radicación de personal extranjero sin radicación en el país.

Una nueva ley de prescindibilidad autoriza a despedir a cualquier trabajador sin necesidad  de fundamentar causas.
Se reforma la ley de contrato de trabajo, eliminando la cláusula de que, ante la duda del juez, se aplica la norma más favorable para el trabajador.

El 18,8% de cuentapropismo en 1974 asciende a 23,8% en 1980. Se acelera la emigración: en 1979 había más de 250.000 argentinos radicados en EEUU. La Policía Federal contrató a 7.000 nuevos agentes.

Hasta 1980, Sevel (Fiat) había reducido su personal en un 40%; Mercedes Benz un 20%; Renault un 40%; Volkswagen un 30%; Massey Ferguson redujo su planta de 1.500 obreros a 200; Deutz, de 2.000 a 240.
La Asociación Obrera Textil informó que 180 empresas en Quilmes ocupaban en 1978 a 9.000 trabajadores, y en 1981 a 3.200.
La desocupación estructural era del 23% en 1980. Una investigación europea determinó que en 1979 los asalariados en Buenos Aires debían trabajar más horas que los de casi todas las ciudades del mundo excepto Bogotá para adquirir los mismos bienes y servicios, aumentando la doble ocupación y el trabajo femenino.

Desmintiendo rotundamente ese reportaje fílmico delirante denominado “Resistir” y protagonizado por Mario Firmenich, los obreros de IKA-Renault comenzaron el trabajo a reglamento el mismo 24 de marzo de 1976 bajando la producción de 40 a 14 unidades diarias. 
El Ejército se hizo presente, y si bien en un primer momento debió emprender la retirada, en las semanas siguientes se multiplicaron el secuestro y asesinato de delegados y obreros.
En abril de 1976 tres delegados de General Motors en Barracas desaparecieron luego de un conflicto en la sección pintura.
A mediados de mayo de 1976 comenzaron paros rotativos en Mercedes Benz, seguidos por Chrysler en sus plantas de Monte Chingolo y Avellaneda. Para septiembre de 1976 se habían generalizado los conflictos en el sector automotriz porque la política económica apuntaba al cierre para importar vehículos.

Entre octubre de 1976 y marzo de 1977 tuvo gran alcance el conflicto en Segba (ex-Cade). Doscientos sesenta empleados fueron cesanteados, entre ellos Oscar Smith, y fue intervenido el sindicato en abril de 1976.
El 5 de octubre se declara la huelga por el despido de otros 260 trabajadores. Interviene el Comando Militar Zona I. Entre el 7 y el 9 son detenidos 175 compañeros de Segba y 40 de Agua y Energía. Tres obreros son secuestrados. Se inicia una oleada de sabotajes: son destruidas 14 cámaras transformadoras. El 12 de octubre, el propio jefe de la PFA, general Ojeda, dirige la represión a manifestaciones en el Gran Buenos Aires. Son detenidos 100 trabajadores en la CABA y 42 en San Martín. Hay numerosas detenciones: muchos jamás vuelven. El 14, todas las centrales de Segba son ocupadas por el Ejército. 36.000 trabajadores de Capital, Córdoba, Salta y Catamarca están en huelga. Entre el 2 y el 17 de noviembre la dictadura responde apresando y desapareciendo luzifuercistas. Entre enero y febrero continúan los sabotajes. El 11 de febrero desaparece Oscar Smith.

El sabotaje a la producción fue una de las armas más efectivas. La producción de Renault bajó un 85%. El 30% de las chapas de Dálmine salían fisuradas. El 25% de la producción de GM no estaba en condiciones de venta. En Peugeot los bloques de motor eran inservibles. En Ford fueron destruidos 35 patrulleros nuevos. Los congeladores del Frigorífico Reconquista (carne de exportación de la cuota Hilton) fueron inutilizados, y lo mismo sucedió en Swift. La producción de Ika-Renault bajó el 10% por la introducción de bulones y tuercas en los motores. Etcétera.

En agosto de 1977 los transportistas petroleros paran contra Exxon y Shell en oposición a la ley que durante el gobierno democrático había decidido nacionalizar las bocas de expendio. En noviembre de 1977, veintiún gremios habían suspendido sus actividades.

Los conflictos laborales en 1978 fueron 1.300 en los primeros 6 meses. Según León Bieber, se contabilizaron 4.000 en todo el año. En marzo de 1979 se produce la primera toma de fábrica en Aceros Ohler, hoy del Grupo Acindar. En abril de 1978, 3.800 trabajadores de Alpargatas toman la fábrica, seguida por IME, Cura y La Cantábrica.
La dictadura había impuesto el criterio de convenios por fábrica y no por rama de actividad, con lo cual recibían mejores salarios los establecimientos con mejor organización sindical.

En 1980, 34.800 obreros industriales y 53.000 de empresas de servicio fueron protagonistas de conflictos laborales: 46 paros, 8 retiros de colaboración o “trabajo a tristeza”, 13 estados de alerta, etc. En 1977, los trabajadores de Deutz habían exigido la renuncia de Martínez de Hoz.

Para 1981 había aumentado en un 129% los quebrantos comerciales respecto del año anterior. La metalurgia tenía una capacidad ociosa del 64%; papel, 59,9%; cemento, 45%; automotrices, 37,l8%. Etcétera.

Las tropas ocuparon distintos establecimientos, como la Ford de Pacheco o el cordón industrial de Villa Constitución centrado en Acindar. En distintas oportunidades el Ejército acordaba con los huelguistas y al día siguiente la Armada tomaba la planta. O viceversa.

Se reformaron o derogaron distintas leyes; 
a) la nueva ley 22.105 de asociaciones profesionales de noviembre de 1979 eliminaba las estructuras de tercer grado y prohibía la actividad política en los sindicatos, con lo cual todo conflicto podía ser calificado como político o subversivo. Se disolvía la CGT. Se facultaba a la dictadura para que aceptara o rechazara a discreción los sindicatos por empresa. Los delegados no podían tener antecedentes policiales. Se eliminaba la estabilidad de los delegados. Se le quitaba a los sindicatos la administración de las obras sociales.
Sin embargo, la presión sindical obligó a reconocer las estructuras nacionales de la Unión Ferroviaria, ATE y UOCRA.

b) se reformó la ley 20.840 (del gobierno de Isabel) ampliando las penas para la "subversión económica"(art. 6°) y creándose el concepto de guerrilla industrial. Cientos de empresarios a los que se quería forzar a vender sus empresas (Makentor, Grassi, Banco de Hurlingham, Papel Prensa, etc.) fueron a parar a la cárcel.

c) la ley 21.261 suspende el derecho de huelga.

d) se dicta la ley 21.263 que elimina el fuero sindical.

e) la 21.297 que elimina los derechos laborales.

f) la 21.400 prohibe las medidas concertadas de acción directa, paro o disminución del ritmo de trabajo con penas de 1 a 6 años.

g) se dicta la ley 21.476 que elimina todos los regímenes especiales.

h) se dicta la ley 22.269 que acaba con la afiliación obligatoria. Se elimina el 15% de aporte patronal para jubilaciones y el 5% para el fondo nacional de la vivienda. Las obras sociales quedan desligadas de los sindicatos.

Paros generales

En abril de 1979 y julio de 1981 se producen huelgas generales con amplio acatamiento en Buenos Aires y distintas provincias, y dos paros nacionales de SMATA. Las marcha de noviembre de 1981 (conocida como marcha de la bronca) al santuario de san Cayetano, convocada por la CGT, supera ampliamente las expectativas de los organizadores.
El 27 de abril de 1979 se produce la Jornada Nacional de Protesta organizada por la Comisión de los 25 a cuyo frente estaba Saúl Ubaldini. En marzo de 1982 hubo numerosos disturbios que incluyeron intentar avanzar sobre una Plaza de Mayo cerrada a cal y canto por fuerzas policiales. Córdoba fue ocupada por el III Cuerpo de Ejército. En Mendoza asesinaron a José Ortiz.


A pocos días de los disturbios de marzo de 1982, la dictadura invade Malvinas huyendo para adelante.-     

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