miércoles 7 de julio de 2010

La polémica Sadous - Atanasof y el secreto

El uso de cámaras ocultas ha revolucionado las libertades de prensa y expresión. Ya no dependemos de grupos, medios e intermediarios.
En exclusiva, las explicaciones del diputado Alberto Atanasof, del conservadurismo populachero, sobre el secreto que debe imperar en el caso Sadous.


A FAVOR DE LA DISCRIMINACIÓN

Si fuéramos a creer en los títulos de los medios, la sociedad argentina está profundamente dividida entre quienes están a favor o en contra del matrimonio homosexual. Nada más lejos de la realidad.
Para ser sinceros, lo primero que se debe lograr en el país es la igualdad de derechos civiles. Eso, para empezar y sin discusiones.

En otro de mis blogs, subí hace un tiempo algunas consideraciones sobre la discriminación porque me sorprende el rumbo que está tomando el mundo.
Según algunas visiones extremas, todo adjetivo calificativo sería potencialmente discriminatorio. Cayetano Santos Godino (1896-1944), por ejemplo, era llamado El Petiso Orejudo. Doble discriminación. Se dirá que el epíteto provino de la policía, que es donde se esconden los pliegues más retrógrados de la cultura.
El tipo fue, para quienes no tienen idea de la cuestión, un famoso asesino serial, famoso mucho antes de que fuéramos inundados de películas norteamericanas sobre asesinos seriales. Y además era muy, muy feo, como se aprecia en la foto.
-¡Atención! Si sostiene que era feo, está discriminando- me alerta mi mitad postmoderna.
-Pero atiendamé, era realmente feo el pobrecito...
-¿Pobrecito, dice? Eso también es discriminatorio.
Esta es una rueda sin fin desde que Foucault, por ser discriminado, nos rompió la cabeza deconstruyendo la normalidad, la salud y otras características propias de la cultura judeo cristiana capitalista industrial.
Para no meterme en honduras, reproduzco abajo el post original. Como toda escritura es provisoria, le he corregido unos cuantos errores ortográficos pero la idea es más o menos la misma.
Lo que en otros términos significa:
- No aprendiste nada.
Bué. Decíamos ayer:

Si la lucha contra la discriminación se convierte en política pública, es necesario volver a señalar que la mitad de las letras de los tangos discrimina a las mujeres.
No resulta suficiente argumentar que es la música nacional urbana por excelencia, que nos identifica en todo el mundo, que hay tangos antológicos; que es un placer escucharlo, bailarlo y verlo bailar; y que el Zorzal Criollo cada día canta mejor, sin olvidar que los zorzales son aves naturales de Europa.
Los tangos son, además, otro motivo de discusión con nuestros hermanos orientales. Bastante tenemos con las pasteras como para seguir son eso de que Gardel nació en Tacuarembó, cuando todo el mundo sabe que fue en Toulouse, Francia.


Es que, si de discriminación se trata, la fama del tango es puro cuento.
En efecto, la mujer es, para esa mitad de las letras de tango puestas en observación, un ser inferior; generalmente tortuoso, voluble, amoral, carente de ideales, materialista, prosaico y utilitario.
Las que matan la ilusión suelen provocar todo tipo de violencia a su alrededor. Por caso, la que naturalmente producen los celos, tanto entre ellas como contra algún competidor inoportuno.
Tienen las armas necesarias para hundir al sexo opuesto en la más vil bajeza. Pueden provocar suicidios por desesperación, y por ellas, muchos varones han terminado en prisión.
Son capaces de destruir hogares por un solitario e irracional momento de pachanga.


Tienen reacciones disparatadas. Hemos visto conductoras que doblan en una esquina a 60 km por hora sin poner la luz de giro. Y que preguntadas, demuestran desconocimientos básicos tales como no saber dónde está el motor de automóvil.
Ciertas mujeres, lo demuestra la historia, han provocado guerras sangrientas. Si Helena no hubiera tenido las costumbres promiscuas que tuvo, no tendríamos noticias de Ulises, de Homero, y Thomas Moro no habría escrito Utopía.
Las letras de tango puestas en cuestión también ensalzan a la madre, considerada el modelo opuesto de las mujeres discriminadas, lo que implica una doble discriminación.


Esta visión idealizada de la madre ha obligado a muchos varones a gastar largas horas en análisis; a elegir mal a sus parejas, provocando la multiplicación de los divorcios y el deambular de hijos abandonados; y a tener que recorrer consultorios médicos por problemas de erección o tamaño, cuando no de una elección insólita del objeto de deseo.
La madre enseña al varoncito a discriminar. Es cuando, entre risitas burlonas, extiende el índice y, señalándolo, suele nombrar en diminutivo al órgano distintivo del varón: pitulín, pitito, etc. Para ella el hijo anciano seguirá siendo el nene, impidiendo que madure afectivamente. Esa sacralización discrimina a las novias tontas, a las esposas rebeldes y al hijo que nunca será un adulto
Sin embargo, el carácter discriminatorio del tango no se observa solamente en las letras. Dado que la música es un arte abstracto, no es posible encontrar segregación en las armonías del Salgan ni en los fraseos de Troilo, salvo que se crea, como se creía antes, que el uso de tonos mayores es masculino, y los tonos menores quedan para el sexo débil.
Pero como baile, es otra cosa.
Bailar tango es una costumbre que se ha impuesto en todo el mundo como mezcla de sexo virtual, turismo y práctica física saludable. Es una especie de pilates con música fuertemente acompasada.


Miles de damas de todo el mundo viajan anualmente a Buenos Aires para aprender a bailarlo.
Lo que introduce el tema de la histeria masculina, aunque eso parezca una contradicción en término. Vemos cuál es la estrategia de la milonga:
El bailarín saca a bailar a la dama A con intención de que la dama B le preste atención, aunque en realidad su interés radica en una dama C que por el momento se come las uñas porque el bailarín no le presta atención. A altas horas de la madrugada, el bailarín abandonará la milonga con D.
Las otras, las que se quedaron de a pie, tendrán todo el derecho de sentirse injustamente discriminadas.
Lo realmente incomprensible es que esas damas extranjeras vuelvan a sus países como quien tocó el cielo con las manos, con las mejillas encendidas, luego de vivir una experiencia inolvidable.

martes 6 de julio de 2010

El 82% y la fin del mundo

Que los jubilados merecen el 82% es una verdad más grande que una casa. Que todos merecemos ganar los mismos salarios de Europa, también.
Pero estamos en Argentina. Sin ponerme en el lugar (o más, poniéndome enfrente de) de los que opinan que todo pasado fue mejor, es una convicción de muchos que la Argentina de hace 40 o 50 años era un país mejor, más vital, más multifacético y sobre todo más equitativo. Y hasta me atrevería a decir que más democrático.
Caímos muy hondo.
Para salir de la caída, hace falta un sujeto que movilice a la sociedad. Tampoco se sale de golpe, mágicamente, porque los sujetos históricos son necesarios para producir el cambio, y no cualquiera, sino un cambio determinado. Por lo tanto, no son invariables y cuando cumplen su fin, mueren o se convierten en otra cosa.
Esto no es un secreto para nadie.

El 82% móvil para los jubilados no es una meta imposible, como no es imposible sino más bien deseable, cualquier otra medida en la línea de una más justa distribución del ingreso.
Es irrisorio ver hoy cómo se exige al Estado: ¿se le hubiera exigido tal cosa a una AFJP? Me cuesta imaginar al directorio de la AFJP Orígenes, presidido por Roberto Alemann, recibiendo a una delegación de jubilados y explicándole que el derrame de petróleo del Caribe lamentablemente había significado una caída del 12% en el nivel de las pensiones.
Pero volvamos. Si es el Estado el que debe pagar, todo pedido de aumento debe contener necesariamente la solución al tema del origen de los fondos. De otro modo, caeríamos en el terreno de las alucinaciones.



Alucinaciones. En 1910, ante la anunciada llegada del cometa Halley, muchas personas se suicidaron. En 1938, Orson Welles trasmitió por radio La Guerra de los Mundos.
El movimiento shaker apareció en Inglaterra en 1747 dirigido por una quakera, Ann Lee. Lee viajó a EEUU (huyendo de la intolerancia religiosa) y allí se reunió con unos "camisards" de origen francés dirigidos por James Wardley. Ambos adoptaron el sexo libre como modo de adorar a Dios y comenzaron a recorrer el país. También se los ha conocido como "milenaristas".
Google traduce como "coctelera" lo shaker, pero para ser mas precisos, (shake=agitar) eran multitudes que bailaban (en el siglo XVIII) ritmos frenéticos que desmerecerían al más frenético de los bailes actuales, y no lo hacían en una plaza, en un salón, en un dance-club, en una disco, sino recorriendo el país por los caminos de entonces.
En lugar de caminar, o usar los medios de locomoción de la época, los viajeros se transportaban bailando hasta el delirio. La experiencia religiosa era una mezcla de comunismo religioso, sexo compartido y baile hasta la extenuación, aunque es difícil que todo sucediera al mismo tiempo o que hubiera energía suficiente para todo. Curiosamente, hombres y mujeres no compartían dormitorios.
Más de 20.000 personas, un número respetable para esa época, participaron del movimiento. Europa no fue ajena a estas alucinaciones colectivas, antes y después de la Reforma.

Otra alucinación, pero de los argentinos, fue la creencia de que pertenecíamos al Primer Mundo y que el peso valía igual que un dólar. El 82% a los jubilados impone una sola pregunta: quién lo paga. Como ya dijimos, hay menos de 2 trabajadores aportantes por cada jubilado, cuando se necesitan cuatro.
Y los fondos del Anses, su stock, es -salvando la distancia y la propia construcción mental- la burguesía nacional de que carece este país, donde parece que todavía estamos sometidos a los shakers.

lunes 5 de julio de 2010

IR A LOS BIFES




"La Razón" es uno de esos diarios del Grupo Clarín que pretenden informarnos entre Medrano y Carlos Pellegrini. Está concebido según un criterio que desmenuzó el escritor, poeta y periodista Pablo Chacón (y si no lo hizo él, se lo endilgo) sobre el carácter del nuevo  periodismo: ser apenas un soporte del mensaje publicitario. Esta mañana, centralmente, nos ofrece los televisores LCD sobrantes del campeonato en primera plana.

Al llegar a Carlos Pellegrini para la combinación, uno está más informado pero no mejor. Valga el siguiente ejemplo:
En página 3, la periodista Gabriela Silvestre (gsilvestre@larazon.com.ar) nos avisa que cenar en el living del chef es la nueva tendencia fashion.
No es tan fácil cenar hoy en día. Lo fashion nos ha obligado a cambiar algunos hábitos alimenticios:
Así, en el living del chef (informa la Silvestre) no vamos a comer sino a degustar.
Y no pediremos platos, pero dependemos de pasos, a merced del chef.
La pasos propuestos son:
- fileteado de lomo empanado con dúo de ovarios de ave montados, que es como antiguamente se conocía a la milanesa a medio caballo. 
- linguine espumados al basilico del Mediterráneo con lluvia de ajo y nueces en finas láminas, que es como antes se llamaba a los fideos con pesto.
Y así.
Luis Barrionuevo, asesor gastronómico fashion, nos indica que la tendencia no para en el living.
"Lo que se viene para la próxima temporada es comer en el dormitorio del chef", señala, y afirma que en el 2011 el plato de moda entre las clases altas argentinas será la aleta de tiburón de Pinamar.
Las organizaciones ambientalistas vienen persiguiendo desde hace años a los consumidores de aletas de tiburón, sobre todo japoneses, porque los carniceros de raza amarilla atraen a los escualos con malas artes y los despojan de sus extremidades natatorias, dejándolos luego librados a su suerte y a la voluntad de los depredadores del mar.

Aunque la aleta de tiburón tiene propiedades afrodisíacas, pocos expertos comparten la opinión de Barrionuevo.
Por caso, las encuestas conocidas este último fin de semana tras el retorno de la selección de futbol.
Casi todos coinciden en señalar que la próxima moda será degustar el cordero patagónico en un solo paso.









 

domingo 4 de julio de 2010

PEPINO EL 82

El circo y el 82% móvil para jubilados



La historia del teatro nos dice que Pepino el 88 fue uno de los payasos del circo itinerante de los Hermanos Podestá. El espectáculo tenía cualidades típicamente argentinas, diferenciales, digamos, diferentes de lo que serían hoy un Holiday on Ice o un Cirque du Soleil o The Buffalo Bill Show, donde terminó sus días el gran Toro Sentado, Sitting Bull, pasada gloria de los sioux, y que tiene aquí mayor prensa (está más instalado) que digamos, un Yanquetruz o un Painé o un Pincén.
Y eso que Pincén fue un bravo entre los bravos, arrastrado por las callecitas de Buenos Aires encerrado en una jaula, los muy maulas.
Hormiga Negra, o Isidro Velázquez (cuya historia puede leerse aquí o mejor, aquí, de mi autoría) tampoco se han instalado. Para no hablar del mendocino Bairoletto.
Virtudes de la cultura colonizada que le dicen. Y, ahora lo pienso, parte quizás de la pacatería educativa que dio la ley 1420: nada de enseñar vida de bandoleros argentinos a los educandos argentinos, palomitas blancas, para que no se malacostumbren al vicio, las malas compañías, el mal ejemplo. Juan Moreira, otro desacatao.
Con las rutinas propias del circo, los Hermanos Podestá hacían teatro, improvisaban situaciones en tono cómico o de sainete. De las que se anotaron algunas leyendas y que en esta ocasión, brevemente, me le atreveré a la leyenda de la leyenda.
Fue así, y si no fue, ahora mismo lo hago creíble:
Una de las rutinas de Pepino el 88 relata, en una versión libre de los textos de Eduardo Gutiérrez, algún episodio de la vida de Hormiga Negra, como por ejemplo aquel que narra su final a manos de una partida policial. El mismo final de todos los bandidos: Bairoletto, Velázquez, Gauna, Mate Cosido, Moreira...
Y bué. Resulta entonces que la rutina se repite en cada función, pero una de ellas no terminará con el habitual aplauso. Es cuando se incorpora un hombre en la platea y, bufoso (revólver) en mano, grita:
- ¡Mentira! Hormiga Negra no murió. ¡Soy yo y vengo a reparar esa mentira!- seguida de tiros al techo de la carpa, gritos y/o desmayos femeninos y posterior desbande.
El tipo viene a reparar una ofensa, en la línea del cuento de Borges sobre el sargento Cruz.

Pareciera que la embestida opositora (el combo 82% más baja de retenciones) viene también a reparar una ofensa, la de las bajas jubilaciones. Pero eso del  82 POR CIENTO MÓVIL es absolutamente apócrifo, como lo explica Zaiat aquí y Verbitsky aquí, de modo que no abundaré en lo ya dicho.
El único hecho cierto es que se necesitan cuatro trabajadores aportantes en blanco para definir el nivel jubilatorio, y aquí nos llegamos a dos.
Pudimos haberlo hecho en el pasado, cuando la desocupación era del 6 % REAL, pero los que gobernaron entonces optaron por desfinanciar las cajas jubilatorias, tomando todo ese cash como jugosos aportes a la tesorería, y con eso no solo las quebraron: construyeron el argumento para que en los roaring ninety's los Neustadt, Marianito Grondona y Adelina D'Alesio vendieran el buzón de las AFJP.
Entiéndase bien: los jubilados merecen el 82% y más. Pero en ese mismo orden de merecimientos, aquí deberíamos tener los mismos niveles salariales de EEUU o Alemania. Argentina merecería ser campeón mundial de fútbol y yo quisiera tener veinte años. La chancha, los veinte, y la máquina de hacer chorizos.


Que esto pueda estar sucediendo, tiene varias explicaciones. Una de ellas es interior al propio kirchnerismo. En un post reciente, de minutos nomás, el amigo Eze Meler menciona las épicas austeras de esta época. Y Artemio López describe los tres peronismos electorales.
Claro que una cosa es hacer política y otra, comentar la política. El comentarismo ha eclosionado estos días, entendiendo que las jugadas de la selección, o el tratamiento que le dan a Maradona los medios concentrados, constituyen el centro de la batalla cultural. Como si aquí se jugara la contradicción principal y la propia ideología. ¿De qué ideología me hablan?
(Concedo incluso que mentar "la contradicción principal" puede sonar como referencia cavernícola, pero eso no significa que no exista).
No en vano, todo el mundo se exprime el coco en el poroteo, viendo como se puede aportar un puntito aquí, otro puntito allá, y un camino largo que baja y se pierde.
No hay épicas o epopeyas austeras, una contradicción en término. No se puede construir una épica con dos superávits gemelos y unas reservas en el Banco Central. Por más que sean de 50 mil millones de dólares. A nadie le va a hervir la sangre por defender el nivel de reservas. Argumento que escuché del senador Eric Calcagno antes de las elecciones de junio. 
Los economistas, por más nacionales que sean, no son los sujetos ideales para crear épicas nacionales. El peronismo no volverá a enamorar mejorando la atención informática del Anses. Ni se volverá a enamorar con 6.7.8.
Por eso, no nos asombremos de la falacia opositora que se alimenta y se instala en nuestra propia mediocridad, falencias o déficits.
- ¡Mentira! Hormiga Negra no murió. ¡Soy yo y vengo a reparar esa mentira!

jueves 1 de julio de 2010

ENTRE EL BLOG Y LA CONSTRUCCIÓN POLÍTICA

El 29 de junio pasado, Página 12 reprodujo una nota de José Natanson titulada "Kirchner, Ben Stiller y la juventud como actor político"
El amigo Juan Salinas, también conocido como el Pájaro, Beto, Juanjo y vaya uno a saber con cuántos otros alias legales o clandestinos, distribuyó el artículo de Natanson subrayando el final:

"...la estrategia comunicacional del Gobierno ignoró a la juventud durante años y recién desde hace un tiempo ha comenzado a considerarla. Y su política cultural, de raigambre “jauretcheriana” y “pacourondista”, parece limitada sólo a los jóvenes de los ’60/’70, sin considerar a los jóvenes de hoy.
No hay mucho misterio: se trata de atender las necesidades de una juventud partida y registrar la politización de un sector de los jóvenes, fenómeno que el mismo kirchnerismo ha generado y en el que apenas parece haber reparado".


Y cometió el error de agregar: "Pues eso. Ahí está la clave", lo que desató la interesante polémica que reproduzco:

Carlos Benítez dijo:
Como siempre el compañero Boot, aporta en lo sustancial, en lo que hace la nota de Natanson, que en realidad se los mandé a los compañeros solo por el final de la nota, que es que nosotros como militantes lo palpamos todo el tiempo que cada vez hay mas jóvenes militando a como pueden sin linea digamos con tiza y carbón y no se si eso en principio esta mal, lo importante que no se vuelvan a sus casas como muchos hicieron cuando se acabó la primavera alfonsinista o cuando aparecieron los 90 y esa decada mortal, para nosotros jóvenes en aquellos años por que ahí la derrota fue total mas allá de la resistencia que ejercíamos como podíamos ( radios comunitarias, clubes OSJ etc), y llego el 2001/2002 y parecía que nada quedaba y ahí estabamos tirando piedras y no quiero exagerar pero la purretada puso el cuerpo.
En fin hay mucho para hacer y haciendo caso a Boot los dejo por que tengo que ir a la reunión de la agrupación, pero la seguimos eh.
Saludos
Carlos


Teodoro Boot improvisó en minutos la siguiente respuesta malhumorada, de acuerdo a su naturaleza aborígen:

Leí esa nota (de José Natanson), que ayer mandó Benitez. No la critico, pero no me pareció gran cosa. No pretendo, ni ahí, polemizar, sino comentarles un par de reflexiones y dudas que me surgieron mientras leía esa nota, en la que hay muchas obviedades, lo que es natural en un artículo periodístico, pero también mucha generalización y afirmaciones taxativas sin posibilidad alguna de comprobación y que me parecen mucho más caprichosas de las que hasta yo sería capaz de formular.
Además, existe en mucha gente como Natanson, al igual que en la mayoría de los escribas y voceros radiotelevisivos oficiosos del gobierno, una gran insistencia en observar las cosas según categorías en las que descreo. Capaz que porque soy viejo, capaz que porque son surgidas al calor (o al frío) del "fin de las iedologías". Será por eso, por ejemplo, que enloquezco cuando escucho hablar de "relato" para aludir a asuntos sociales, políticos o históricos. Un relato es una narración, un cuento, una versión de un suceso. Y en la historia, la política, la sociedad hay mucho más que versiones: hay intereses, lucha, muchas veces sangre y muerte, destrucción, tragedia, mugre, y al fin ganadores y perderores con lo que significa una u otra cosa para unos y otros. Y, por lo que sea, y seguro que por saber que las cosas van y vienen y que los muertos de los distintos ayeres resucitan cada tanto provocando el general estupor, para dar una nueva vuelta de tuerca a ese combate que se creía superado o extinto, en fin, porque el agua sigue corriendo, es que me resisto a pensar según las categorías en boga. Me quedé en el 45, supongo (Y ahí seguiré, esperando tranquilamente que ese pensamiento vuelva a ser "moderno").
En sintonía con esas categorías de pensamiento que están caducas antes de fructificar y llegar a la madurez, me incomoda (y lo digo así, subjetivamente, porque eso es lo que pasa: que no me hallo en este extraño mundo en el que estuve viviendo en los últimos 20 años), me incomoda que se hable de comunicación cuando correspondería hablar de política. Y la política es mucho más que comunicación, que vender ideas, que imponer productos, que contar "relatos". La política es organizar, y se organiza objetivamente, según objetivos. Se dispone la fuerza existente para lograr un fin, se la articula y se la prepara. Y en ese proceso, que parte de un solo lugar, irreemplazable (del objetivo), es que se forma y se encuadra, se hace comprender y surgen los nuevos cuadros, que si en vez de seguir organizando se ponen a comunicar y a contar relatos, cagamos.
Quiero recordarles que eso ya pasó y de ahí la profunda debilidad de este kirchnerismo o de este peronismo, que no consigue desprenderse de las categorías mentales y de pensamiento que nos llevaron a la más profunda de las derrotas de los últimos cien años. Es como en la economía: va fenómeno, aumenta la actividad, el consumo, la exportación, pero si no cambiamos la estructura productiva del país, las bases en las que se asienta y la mentalidad que la orienta, justifica y explica, todo puede acabar en que estemos disfrutando apenas de un respiro muy transitorio.
Me refiero a que en la base de todo está el sistema de pensamiento, el sistema de prejuicios y las categorías según las que miramos lo que nos rodea. Y yo, la verdad, descreo de las categorías y el sistema de prejuicios que se entreven en el razonamiento de Natanson. Y descreo porque son in operativas, no sirven para la acción y en consecuencia no sirven para la transformación social. Y un pensamiento inútil para la transformación social podrá estar fenómeno y ser atractivo y etc, a condición de que no se meta a describir la sociedad. Por ejemplo, la literatura está muy bien y es a lo que me aboco con mayor placer y entusiasmo, pero la literatura es literatura y nada más.
En un plano es muy bueno el análisis o la descripción de Natanson. Muy interesante al menos, en su descripción de las consecuencias de las diferentes situaciones económicas, aunque comete algún perdonable error cuando se remonta a épocas que no conoció sino por versiones deficientes (y ahí sí está el "relato", pero justamente como manifestación de una carencia. Pero esto lo dejo, porque me llevaría a la loma del orto). Por ejemplo, Natanson se equivoca mucho cuando adjudica a los jóvenes de los 60 o 70 irrespeto o desinterés por lo que pudieran decir los ancianos. ¡Exactamente al revés! Los peronistas, al menos, seguíamos a un anciano, a un tipo de la edad de nuestros abuelos. Y leíamos a Jauretche, a Scalabrini, a Marechal. Todos viejos.
No era con los ancianos la cosa, sino con los maduros, los cuarentones o cincuentones, los que Perón, con su tendencia a la turrada y la socarronería bautizó como la generación intermedia,
lo que según se mirara podía leerse como la generación ni una cosa ni la otra, sin olor ni color, la generación mierda de paloma. Y de ahí la contradicción explícita y el anacronismo de analogar un supuesto jauretchianismo con un supuesto pacourondismo.
Dice un bolichero amigo mío refiriéndose a su negocio: Lo que hay es lo que hay, pero de lo que hay, no falta nada.
Eso mismo ocurre en la política: se transmite lo que se es, lo que está, lo que hay. Y aunque se pueda "comunicar" cualquier cosa, lo que queda es lo que se transmite. No es prudente, pienso, ver las cosas en términos de comunicación sino de trasmisión, que aunque alguna miopía nos haga confundirlas, no son la misma cosa: una polea no "comunica" el movimiento, la roldana no se lo "cuenta" a la rueda, se lo transmite.
El kirchnerismo, si se quiere, tiene un problema de transmisión, que es consecuencia de un problema (o más bien de la ausencia absoluta) de organización y a resolverlo debería abocarse. No a comunicar, sino a organizar, pero por más que el General a veces sugiriera otra cosa, no se organiza de arriba hacia abajo, de la activa lucidez del dirigente a la pasiva estupidez del dirigido. La organización surge, en primer lugar, de un objetivo claro, de un propósito, y luego de la tensión existente entre pretendidos dirigentes y pretendidos dirigidos. Y algo de eso está habiendo, aunque todavía parece persistir en el kirchnerismo la rémora de los últimos años de decadencia peronista: la pasividad con que los "dirigidos" se acostumbraron a esperar las genialidades, los recursos, la chequera del "dirigente".
Hay además una tendencia muy generalizada (que Natanson comparte, capaz sin advertirlo) a creer que la organización y la transmisión son aspectos, facetas, responsabilidades de un gobierno, cuando en realidad siempre son a pesar, a expensas del gobierno, porque no pueden ser de otro modo: en el gobierno nadie hace lo que quiere, sino apenas un poco de lo que puede. A veces eso es malo. Y a veces es bueno.
Pero hay jóvenes, que no son los treinteañeros, Salinas, que de por sí se encuentran con dificultades, tanto conceptuales como existenciales, para comprender la naturaleza del proceso que se entreve. Son los más chicos, que irrumpen con sus categorías y sus modos, sus ignorancias y sus extraños conocimientos, claro, pero irrumpen en la lucha social, en la lucha cultural y, en consecuencia, en la lucha política. Y si son jauretchianos o pacourondistas, problema de ellos. Porque el fenómeno es que ellos, esos pibes, son los jaurtetcheanos, no la supuesta política comunicacional o cultural del gobierno ni de sus "intelectuales" "orgánicos" (encomillo las dos palabras por separado porque no sé cuantos puedan ser los intelectuales en este país y no me imagino a quien alude Natanson cuando habla de orgánico de este gobierno).
Ocurre que de alguna manera esos jóvenes se tienen que explicar lo que perciben, el horrendo monstruo que se esconde atrás de la amable apariencia y buenos modales de una argentina clasemediera, hasta progresista, tolerante, cosmopolita, antiracista. Y que surgió de golpe, apenas el gobierno le rozó el traste a sus valores más profundos. ¿Y hay una manera diferente de explicarse la existencia de este monstruo que no sea mediante el mecanismo de la colonización cultural y pedagógica? Si para eso hay que recurrir a Scalabrini, Jauretche, Fanon o Ho Chi Minh, mala suerte, porque así como no fue con Sebrelli ni con Marcuse, tampoco será con Tomás Abraham o con Hobsbawn que consigamos endenderlo y explicárnoslo.
Lo notable, lo que implica un "cambio de época", es que esas preguntas empiecen (o vuelvan a empezar) a hacerse. Y eso no es consecuencia de ninguna comunicación sino de un satori, de la súbita toma de conciencia del país en que se vive provocada por la irracional reacción de un altísimo porcentaje de la sociedad ante el conflicto con "el campo". Pasada la sorpresa, quedó una expectativa y un estado de ánimo, junto a la sospecha de que pueden volver, y peor que nunca. Esa expectativa y ese estado de ánimo eran un caldo propicio para asimilar la gran trascendencia, las implicancias profundas, no económicas o políticas sino sociales y culturales del regreso al sistema solidario de jubilación, la AUH y la ley de servicios audiovisuales, fueren cuales fuesen las razones que pudiera haber tenido el gobierno para impulsarlas, y en el momento en que lo hizo y no en otros.
El fenómeno es que esos pibes, obviamente, una activa minoría (que viene a ser, casualmente, la definición que Unamuno da de lo que es una generación: "una minoría activa que otorga el tono a una época") recupera algo que uno creía ya desaparecido junto al abandono de las novelas de aventuras: no hay joven que pueda recibir o merecer ese nombre, que no quiera ser como Robin Hood. Y si hay alguno, mejor estrangulémoslo antes de que llegue a ministro.
Todo esto fue suficiente para que volviera a aparecer la política como espacio e instrumento de transformación. Ahora se trata de organizar y seguir organizando. No de "comunicar". Al menos, no a los jóvenes, que de ellos habla Natanson. Porque ¿qué vamos a hacer? ¿Qué vamos a "comunicar"? ¿Y a quiénes? ¿Y cómo? ¿Hay una juventud partida y entonces vamos a hacer dos "comunicaciones"? Además ¿por qué partida en dos y no en más partes? ¿Es suficiente diferenciar entre los que pueden prolongar la adolescencia y los que deben apurarla? ¿Y unos y otros la prolongan o la apuran del mismo modo o de modos y en condiciones semejantes? ¿Es esa toda la diferencia, o la más importante, o la que explica los diferentes comportamientos sociales, los distintos códigos? ¿Y hay dos nomás?
¿Las medidas para la parte de la juventud "pobre" que sugiere Natanson son necesarias para la franja juvenil o para la sociedad en que viven? La no reglamentación del aborto, la falta de viviendas, la ausencia de créditos, el precio de los alquileres, la persistencia del embarazo adolescente ¿son problemas de la juventud o de la sociedad? ¿Afectan únicamente a los jóvenes? ¿Y es la juventud o la sociedad la "partida"?
Por ejemplo, yo no veo a la sociedad "partida", sino que la veo disuelta. Y en lo que hay que pensar es menos en comunicación (dejemoslo para los momentos electorales) y más en cuáles son aquellos elementos que puedan ayudar a que una sociedad disuelta vuelva a ser una sola sociedad. Porque no alcanza con las variantes económicas ni con mayor distribución del ingreso. Ayuda, es indispensable, pero no alcanza. Tan poco alcanza, que a veces uno empieza a dudar: ¿es posible una única sociedad es un mismo territorio geogràfico y político?
Si es posible, lo será a través de las nuevas generaciones, de la forja de unidad social y cultural en las nuevas generaciones, y esto tiene menos que ver con las políticas gubernamentales que con las políticas que puedan imaginar los cuadros y activistas políticos. Con dos condiciones o requisitos: uno, que el gobierno persista y profundice la integración social por medio de la creación de empleo. El otro, que los cuadros y activistas vean a la política como el medio de hacer una sociedad mejor, con hombres mejores, con tipos que aspiren a ser santos y no que aspiren a ser canallas. Que el héroe sea el gaucho Cruz y no el viejo Vizcacha.
Y de que entiendan, de una puta vez, que el "público" que merece toda la atención está "abajo", no "arriba".
En fin, que siendo buena, la nota de Natanson no me parece cosa del otro mundo. Y si me apuran, voy a decir que es bastante superficial.

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