miércoles, 27 de febrero de 2013

Boludos peligrosos



A contramano del mundo, la ciudad autónoma de Buenos Aires se va cubriendo paulatinamente de cemento, de plazas secas, de rejas, de avenidas desarboladas, de veredas de cemento (adiós a las baldosas). La avenida 9 de Julio es el ejemplo más reciente.
No es casual que Mauricio Macri tenga al capitán Osvaldo Cacciatore (al que la Revolución Libertadora ascendió a brigadier, premio por haber bombardeado y ametrallado a civiles desarmados el 16 de junio de 1955) como modelo a seguir: Cacciatore inauguró la moda de las plazas secas, a puro cemento, escasas de árboles porque la sombra de las plantas genera inseguridad, peligro inminente, conductas indecentes, sexo, drogas y rock n’ roll. Su esposa y luego viuda, entretanto, se lavaba de los pecados del mundo en la iglesia de la Medalla Milagrosa en Parque Chacabuco. 
Es una historia antigua, pero las nuevas generaciones no pueden olvidarla y  tenemos que saber por qué es el modelo de Macri.
¿Será por el cemento tan generosamente desparramado?
Macri es Macri el cementicio en varios sentidos: por el “ángel” ceméntico que exhibe su cara de nada (él y su grupo: Michetti, Vidal, Rodríguez Larreta, los principales caraduras); porque el cemento es lo que le quedó de las Sociedades Macri (Socma), su actividad económica principal con multimillonaria ganancia; y porque no dudaría en volver a ametrallar civiles desarmados.
Esos caraduras se aglutinan en la Fundación Pensar de la que Macri es presidente honorario. 
Quiénes son, la lista completa, se puede ver aquí. 
Menciono a algunos: Humberto Schiavoni, ex-concejal por la provincia de Misiones, la de Ramón Puerta, presidente del Pro y de la Corporación Buenos Aires Sur; Marcos Peña; el rabino Bergman; Esteban Bullrich; Eugenio Burzaco, hijo del Raúl Burzaco de la dictadura (director del diario que se imprimía en los talleres desapoderados de La Opinión, del torturado Jacobo Timermam. funcionario de Menem, de T&C y del multimedios América propiedad de De Narváez) y ex-jefe de la Metropolitana; Luciano Miguens, ex-presidente de la Sociedad Rural a quien sucedió Hugo Biolcati Magnasco; Federico Pinedo, el sobrino nieto del Federico Pinedo que inauguró un Banco Central de Argentina con capitales y directivos británicos; el sorprendente Rodríguez Larreta; el inefable Jorge Triaca (h); el exaltado Alejandro Rozitchner, hijo gracioso de un Rozitchner más lúcido; en fin, Santilli, Sturzenegger, Michetti... Y hasta hace unos días, la Fundación se completaba con Julio Alberto Cirino, personal civil del Batallón 601 de Inteligencia y con condena firme por haber cometido delitos de lesa humanidad.

Están todos, son el gobierno de la ciudad, los nostálgicos de la dictadura cívicomilitar, en la Fundación Pensar. Eso sí, lo ocultan públicamente.
Estos tipos atrasan.
Aunque pasan por “modernos”, atrasan dos siglos, por lo menos, y siguen repitiendo (sin explicar qué significa eso) que Argentina está aislada del mundo: aislada, en rigor, de la especulación financiera internacional que ellos representan o promueven o ensalzan como mágica receta que lava los pecados del mundo, y mediante la cual sacarían tajada, honorarios y comisiones, hundiendo nuevamente al país (como proyecto de nación posible y no como colonia próspera para algunos) en el círculo perverso de la deuda externa. 
Todo el misterio de la Fundación Pensar se basa en el endeudamiento externo, la receta mágica del Cavallo re-reciclado en la dictadura, el menemismo y el delarruísmo que hundió a la mitad de la población en la pobreza.
Ayer me decía un amigo: “De la Rúa tenía cara de, y pasaba por boludo pero no era; estos son auténticos boludos”.
Sí, boludos peligrosos. Elija usted mismo al que prefiera.

martes, 26 de febrero de 2013

Clarín (titularía Crónica) a favor de los piratas


Según relata la crónica periodística, un notero de TN preguntó al secretario de Estado John Kerry (ex-candidato presidencial derrotado por Bush): “¿No piensa que debe ser respetada la expresión democrática de los isleños en el referendo?” refiriéndose al que se realizará el 10 y 11 de marzo en Malvinas y en el que previsiblemente se votará a favor del dominio colonial.

Contrasta esta defensa de las expresiones democráticas con el fervor de la señora Ernestina Herrera al lado de quienes, habiendo usurpado el poder, le entregaron a Clarín la posesión ilegal de Papel Prensa: Videla, Massera, Martínez de Hoz, mientras sus verdaderos dueños eran torturados en Centros Clandestinos.
El oportunismo de Magnetto es evidente: juega con la desmemoria de esa parte de la población argentina que se informa en alguna de las bocas de expendio de noticias del Grupo.
Ahora, Clarín defiende la expresión democrática luego de que no fueran suficientes cuatro tapas del diario para derrocar al gobierno constitucional rompiendo el orden constitucional. 
Ese oportunismo, en rigor, es su verdadera y única línea editorial desde la lejana época en que era dirigido por Roberto Noble, un caballero de cabotaje afecto a las carreras de pingos, a las mujeres fáciles y no mucho más que eso: ¿u olvidamos que las batallas por el petróleo y el acero se dirimían en tórridos encuentros clandestinos de Ernestina con Oscar Camilión, canciller de la dictadura y ministro de Menem?
¿Qué tendrá el petiso?
¿Por qué no defiende (Clarín) la expresión democrática de los argentinos con el mismo entusiasmo? 
Sabemos por qué. 
Porque su objetivo es desgastar al Gobierno Nacional y lograr, mediante la industria de las cautelares, que Cablevisión cobre lo que quiera y no se aplique la Ley de Medios.
Y no mucho más: la opinión de quienes escriben o hablan en sus medios es desechable. Hoy están Morales Solá y Nelson Castro: mañana puede ser cualquier otro. Tales opiniones, en rigor, son el soporte del verdadero mensaje, la línea empresaria.
Luego, Clarín está a favor de los piratas. Hubiera habido una fiesta con champán si se eternizaba el embargo de la fragata Libertad y los fondos-buitre ganaban la partida.
En este sentido, y vista la opinión de Clarín, habría que tomar con pinzas la postura de EEUU respecto del diferendo con Malvinas.
Obama y Kerry tienen una posición pública equidistante respecto de la soberanía y el referendo pero sus corazoncitos anglosajones están con Gran Bretaña. Incluso aunque descrean de la legitimidad de los kelpers.
No lo olvidemos. Esta es otra pulseada, y van...

viernes, 22 de febrero de 2013

El gordo JAC se jactaba


En 1979, JAC admitía ante William H. Hallman y James Blyston, funcionarios  de la embajada de EEUU también conocida como La Casa, haber frecuentado tres Centros Clandestinos de Detención.
JAC es Julio Alberto Cirino, y a veces Jorge Abel Contreras. JAC. 
JAC era miembro pleno, especialista en seguridad, de la Fundación Pensar que preside Mauricio Macri y se ve a sí misma , la Fundación, como “la usina de ideas del Pro”. ¿Usted sabe que a esa usina se le caiga una sola idea?
JAC fue detenido por el juez Lijo gracias a la investigación iniciada hace unos años por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación a cargo del doctor Eduardo Luis Duhalde, pero en un principio no se pudo probar su participación por una inconsistencia temporal.

Ahora la Sala II de la Cámara Federal formada por los jueces Cattani, Irurzún y Farah lo condenó a seis años de prisión por haber cometido crímenes de lesa humanidad.

JAC es “el gordo Cirino”, personal civil del Ejército que dirigió el Grupo de Tareas 7 de la Central de Reunión de Información (CRI) dependiente del hoy desactivado Batallón de Inteligencia 601 con sede en Callao y Viamonte. 
También trabajó como experto en seguridad en la embajada argentina en EEUU, con el rango de Secretario, durante el menemismo. Bien pagao.
Página 12 lo define como "topo", un topo de cabotaje.

JAC se jactaba de haber participado en la represión ilegal, y de la facilidad con que se funcionaba en el Estado con alias falsos. 
Reunió su “experiencia” en un libro. 
Argentina, país generoso. 
Estos tipos de la Fundación Pensar, como JAC, pretenden gobernarnos.

jueves, 21 de febrero de 2013

Pensión para víctimas económicas


La senadora De la Rosa, del FPV Formosa, propone entregar una pensión vitalicia a víctimas económicas de la dictadura


Desde 1976 (marzo) en adelante, la dictadura abusó del artículo 6° de la ley 20840 (subversión económica) a fin de rediseñar la estructura productiva de Argentina.
En aquellos años, todos los que se oponían a la política neoliberal de Martínez de Hoz estaban incursos en esa figura con el argumento falaz de que eran subversivos cercanos a las organizaciones armadas.
Se apoderaron, quebraron o liquidaron, sin control legal, cientos de entidades bancarias y financieras, establecimientos fabriles, bienes estatales, viviendas,  barrios enteros, incluso humildes viviendas de trabajadores, sin olvidar los patrimonios muebles.
El poder económico tradicional que representaba Martínez de Hoz se reservó la crema del negocio bancario (primero “saneando” el sistema, concentrándolo, y a continuación desnacionalizándolo) persiguiendo con la ley 20840 a todos los “advenedizos” que se atrevían a competir con los bancos de las familias tradicionales (Shaw, etc.). 
Esta persecución consistió siempre en detenciones ilegales que terminaban blanqueándose con jueces (por ejemplo, Rafael Sarmiento) amigos. A veces hubo Consejos de Guerra, otras no, y en este último caso simplemente se mantenía detenidos a los empresarios ("paseándolos" por todos los centros clandestinos de detención) hasta que se aseguraba la quiebra o cierre o liquidación de la entidad o empresa. En muchos casos, nada de “jueces naturales” sino tribunales (sic) especiales.
Esa política se siguió aplicando en democracia por Domingo Cavallo, continuador ideológico de Martínez de Hoz: la convertibilidad es un desarrollo de la tablita cambiaria.

Lo paradojal es que en 2002 se descubrió que quienes terminarían presos por subversión económica ya no eran esos cientos de empresarios nacionales desalojados y despojados sino los verdaderos sediciosos del orden constitucional y económico y legal, a saber, Martínez de Hoz, Cavallo, Klein, Reynal, Alemann, Solanet, Zimermann y el resto de esa cría de terror: la ley fue derogada con fuerte aplauso del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la ong Poder Ciudadano.
Creo íntimamente que esa gentuza, sin importar el “prestigio” social que tengan sus apellidos, personifica el Mal.
Pero políticamente no se trata de ver en el monumental desplazamiento de empresarios nacionales a partir de marzo de 1976, una lucha entre buenos y malos. Es equivocado el abordaje binario. Sólo se trata, en efecto, de intereses encontrados, y cualquier visión sensata debe prescindir de consideraciones morales. No hay empresarios buenos y malos: sólo hay empresarios. Sucede que a algunos les interesa el mercado interno, y a otros no.
En ese sentido, resultó arduo comprender en esos años que la creación, bajo la conducción de Perón, de un polo empresario nacional alrededor de José Ber Gelbard (a quien se persiguió luego con un ensañamiento poco visto) fue en sí mismo un hecho revolucionario porque cambiaba radicalmente la estructura productiva del país.
Que luego, con aquel caído en desgracia y este fallecido, todo el sector empresario relacionado con el mercado interno se convirtiera en enemigo a través de la aplicación del art. 6° de la ley 20840 muestra el verdadero rumbo, el de ese entonces frente al anterior,y el que se consolidaría luego.
No todo se reduce, entonces a evaluar la posición de Perón respecto de las organizaciones armadas, que reivindican para sí una centralidad de la que carecían aunque su acción hiciera más ruido.

Esas organizaciones pretendían ser "la vanguardia" de la clase obrera pero no lo eran. En muchos casos, sus militantes ni siquiera pertenecían a tal clase, un sector social que precisamente en esos años, por el imperativo tecnológico, estaba en plena transformación. La idea de "vanguardia", se sabe, deviene del conocimiento de la verdad marxista, sin advertir que hay muchas verdades marxistas y por lo tanto cada una de ellas puede verse como vanguardia sin serlo ni remotamente.
Argentina, a pesar de distintas prédicas, carecía de industria pesada, no lograba consolidar un desarrollo autónomo, nunca había logrado desplegar una burguesía nacional digna de tal denominación, y si carecía de mercado interno terminaría siendo una maquila o factoría próspera, que es lo que se pretendió.
La política neoliberal destruyó miles de pequeñas empresas nacionales, destruyó mucho trabajo nacional, y dejó millones de desocupados. Intentó retrotraer a la nación a lo que era en los años ’30: importadora, pastoril, sin mercado interno, con sus grandes mayorías empobrecidas, con un Estado activo en su papel subsidiario, lacayo de esos grandes grupos económicos concentrados: caramelos sí, acero no. 
Pero esa decisión no carecía de sutilezas: se fortaleció a Acindar y Techint por otras razones que he detallado anteriormente. Téngase en cuenta que todo ello al costo de destruir Somisa, la acería estatal, en los primeros ’90.
Esta política se mantuvo sin interrupciones entre 1976 y 2003: el breve intervalo alfonsinista (sólo el de la etapa Grinspun) ni siquiera se atrevió a rozar esos intereses, sólo mostró algunas cartas, verbalmente, pues señores, los radicales...
En esa misma lucha se inscribe el enfrentamiento actual con los grupos dueños del papel prensa, con los tradicionales dueños de la palabra, que no reportarán hoy a esos bribones pero representan (los representan) lo mismo, y muy bien.
Si es cierto que las víctimas de la ley 20840 quizás merecen un resarcimiento económico, y habría que ver de dónde saldrán los fondos, mucho más cierto es que lo merecen todos los que quedaron desocupados por aplicación de esa política anti-industrial.
Que devuelvan lo que se robaron “legalmente”. No resulta lógico pensar en una pensión colectiva mientras a la vez no se repone, por dar un solo ejemplo, el impuesto a las herencias.
En 1976 se usó el argumento de que el oponente del Estado eran las organizaciones armadas. El enemigo era todo el pueblo y la propia Nación Argentina. Es decir, la víctima de esa época fue el pueblo argentino, lo haya entendido así o no, lo entienda o no en el futuro. 
En rigor, aunque quienes más sufrieron fueron los trabajadores, porque para la dictadura toda planta fabril era sospechosa de subversión, el blanco predilecto fueron los sectores medios a los que se disciplinó y reprimió para impedir que volvieran a jugar el rol que habían tenido (no todos, claro) en los 60/70. 
Se los desnacionalizó.  

lunes, 18 de febrero de 2013

Una visión sesgada sobre el acuerdo con Irán

En Argentina no existe conflicto entre árabes y judíos, o entre judíos y árabes, minorías enraizadas en el país desde siempre. En las últimas décadas otras comunidades nacionales de origen asiático y sudamericano se fueron incorporando a este mosaico que es nuestro país.
Me niego a catalogar esta mixtura como racial o étnica: ambos términos tienen un trasfondo sospechoso que lleva directamente a monstruosidades como la de la superioridad aria.
Nuestros mentores o modelos del Norte, por el contrario, se esmeran en sostener las diferencias o prerrogativas basadas en el origen étnico-racial: con una hora de exposición a la CNN se comprueba. En EEUU no tiene similares derechos reales un bostoniano y un chicano, y si usted es de complexión caucásica –en caso de que exista algo así, y para los norteamericanos es sinónimo de “ blanco, de raza europea”- no será tratado en la aduana norteamericana con los modales reservados para los inmigrantes mexicanos. Sin olvidar que ellos son LAS AMERICAS y nosotros tenemos que conformarnos con el mote de SUDACAS.

Dicho esto, me referiré breve y parcialmente al memorándum de acuerdo con la república islámica chiita de Irán que debate el Congreso.
Por un lado, todo lo poco que he leído hasta el momento sobre los atentados a Amia y embajada de Israel me da mala espina y sospecho que las pruebas contra los iraníes, por el primero, son endebles. 
Un ex-juez está procesado junto a dos ex-secretarios de juzgado, y esos procesamientos tienen que ver con la fragilidad de los cargos, como lo demostró un magistrado europeo que juzgó al ex embajador Suleimanpur.
Creo, por lo poco y nada que conozco del lamentable suceso de la Amia, que se toma a los persas por beduinos cuando se sostiene (las frases cortas son efectivas porque generan imágenes instantáneas y de rápida digestión) que “Irán niega el holocausto”.
¿Qué se quiere decir? ¿Que significa “negar”? ¿Por qué “holocausto” sacrificial y no Shoah (catástrofe para el judaísmo) o endlösung (solución final para los nazis)? 
Quiero decir: la civilización persa es milenaria, y repito, los persas o iraníes no son árabes, ni beduinos montando camellos: ¿que es lo que niegan los persas? ¿Se discute el número de víctimas (¿acaso no se lo puede hacer?) o la propia existencia de la Shoah? ¿El Holocausto judío es el único genocidio practicado en el siglo XX? ¿Y los de los armenios y tutsis?
¿Veinticinco mil desaparecidos en Argentina hacen diferencia frente a 30.000? 
Alguien debería explicarlo, comenzando por los propios iraníes.
Por último, no quiero dejar de mencionar que Israel e Irán son dos teocracias de derecha o ultraderecha con un poderoso despliegue militar, y que el gobierno nacional ha desmentido enfáticamente cualquier posibilidad de alianza estratégica con el gobierno de Irán, a diferencia de Venezuela.
El conflicto de Medio Oriente no es una cuestión que nos concierna en tanto y en cuanto su desarrollo no tiene efecto alguno sobre la vida colectiva del país, o sobre el país en sí mismo, aún cuando pueda afectar a decenas o cientos de ciudadanos afligidos individualmente por estima u odio hacia alguno de los contendientes.
Comprendo perfectamente lo que significa Israel para la cultura judía, tan milenaria como la persa, y sabemos que antes de su creación en 1947, los pueblos o clanes o tribus que habitaban Palestina carecían de una identidad nacional digna de tal denominación, aunque hoy puedan identificarse por la negativa, es decir, por el unánime rechazo a la propia existencia de Israel, rechazo que fueron construyendo conflictivamente con el paso de los años, pero esa impugnación parece insuficiente como para constituir una identidad.
Tanto el pueblo palestino como el israelí tienen derecho a habitar libremente el viejo dominio británico, sin desplazados ni refugiados. 
En gran medida, el conflicto puede entenderse como una derivación del mundo colonial, en la que los ingleses colonizadores buscaban afanosamente sacarse de encima a la colonia judía local: el antisemitismo no era monopolio austríaco-alemán, y sobrevive hasta hoy en otros países europeos, como por ejemplo en Holanda: los últimos príncipes de la casa de Orange-Nassau fueron nazis entusiastas que militaron en las juventudes hitlerianas.
Si es cierto que la gran mayoría de los israelíes desciende de emigrados asquenazís europeos, no menos cierto es que para la misma época en que se creó Israel los clanes palestinos (¿el pueblo originario?) no constituían una unidad nacional pero tampoco el pueblo judío la constituía aunque la gran mayoría rememorara la diáspora y la Tierra Prometida como hechos culturales-religiosos históricos.
Estas razones podrán ser tomadas en cuenta como marco de referencia, pero no pueden ser determinantes. 
Israel existe, mal que le pese a los palestinos, y para siempre; y Palestina también existe aunque muchos israelíes consideren que esas tierras les pertenecen en exclusividad desde antes de la diáspora por derecho divino o cultural, o cualquier otro derecho que esgriman: los pueblos palestinos habitan esas tierras desde épocas inmemoriales, contemporáneamente a las tribus de Israel.
Este es en definitiva un hecho político derivado de la etapa de la descolonización donde de a poco se fue armando un escenario insensato de uno y otro lado: los palestinos no pueden sostener que Israel no exista; y los israelíes, que los palestinos no tengan derecho a un Estado propio con fronteras aceptables y reconocidas: la exclusión del Otro mantiene encendida la mecha de la guerra o mejor aún, de la fabricación masiva de armamentos.
Una situación que, por dolorosa que sea, y lo es, no concierne a la Argentina aunque en ella habiten importantes minorías judías y árabes, como en muchos otros países Allá en Medio Oriente, israelíes y palestinos intentan destruirse mutua y graciosamente sin que la situación vislumbre un desenlace razonable.
Con estas prevenciones, la aprobación del memorándum de acuerdo con Irán es un hecho positivo donde el Estado acaba, al menos en parte, con el rol prescindente o de destrucción de pruebas que venía teniendo. No olvidemos que el poder tradicional en Argentina tiene, acaso por empatía con Gran Bretaña, su viejo mandante, rasgos antisemitas.
Lo curioso es que muchos “iluminados” lo ven en el peronismo. Pero esa, esa es otra historia.

domingo, 10 de febrero de 2013

¿Adecua o Adecuaru?


Caídas viejas categorías (pueblo, clase social, etc.) emergen otras como consumidor, usuario.
En Argentina, el consumidor o usuario individual está parcialmente defendido por la ley de defensa de la competencia y la ley de defensa del consumidor mediante las cuales el Estado posee diversas herramientas administrativas para proteger al consumidor de la voracidad de los grupos económicos concentrados.
La noticia que sigue ya es conocida. Como puede leerse en esta crónica de mendozaopina.com sobre las maniobras de Adecua, no se percibe claramente la diferencia entre legalidad y delito:


El director ejecutivo de ADECUA cobró 5 millones de pesos a través del acuerdo que esa ONG suscribió con seis bancos. La suma representa el 33% de los honorarios totales en el acuerdo en el cual intervinieron veintisiete abogados. De esta manera se desprende que el mencionado (Riopedre) impulsó el acuerdo entre esa entidad y seis bancos, y además se benefició con el cobro de 5 millones de pesos en concepto de honorarios, ya que fue uno de los 27 abogados que actuaron en nombre de la ONG.
El acuerdo entre Adecua y los bancos tenía como objetivo interrumpir los juicios colectivos que había iniciado la asociación de defensa del consumidor contra esas empresas.
En los juicios conciliados entre Adecua y los bancos, actuaron los jueces del fuero comercial Alberto Alemán, Jorge Scioli, Fernando D ´Allesandro, Margarita Braga, Federico Guerri, Sebastián Sánchez Canavó y Héctor Chommer y los Fiscales, Raquel Mercante, María del Carmen Micames y Daniel Constante Moneda.
El resultado de los acuerdos fue que el 99 por ciento de los clientes no pudo recuperar un peso de lo que les habían cobrado de más en cargos y seguros, los bancos se libraron de pagar indemnizaciones por 367 millones y los abogados de Adecua cobraron 15,6 millones de pesos de honorarios, pagados por las entidades financieras.

Riopedre y su alter ego, Sandra González, no son consumidores sino militantes del sector unionista o balbinista del radicalismo que también contó entre sus filas al ex-abogado de multinacionales y ex-presidente Fernando de la Rúa. Contrariamente a lo que se suele creer, no fue Macri sino De la Rúa –como intendente de la ciudad de Buenos Aires- el creador de las originalísimas bicisendas, la obra insuperable del PRO; y, como seguramente se recordará, quien condujo al país al abismo de 2001.

Ernesto Sanmartino, otro dirigente de ese sector, había dicho en 1955 que el peronismo era el aluvión zoológico.
Más que Adecua entonces, esa ong debería ser la Asociación de Defensa de los Consumidores y Usuarios Radicales Unionistas de Argentina, ADECUARU. 
El país, su gente honesta, se debe una ley que reglamente y democratice el funcionamiento de las ong’s en general y de las de consumidores en particular.
¿Quién designa a sus autoridades? ¿Quién fiscaliza sus ingresos? ¿Cómo controlar a estos avivados?
Aceptar que los consumidores se agrupen por sus afinidades políticas o sus intereses sectorizados es un grave error. Así, solo se beneficia a los grupos económicos, el otro lado de la ecuación que debe completar el Estado.
Hay veintitantas ong’s de consumidores reconocidas oficialmente. ¿Qué justifica semejante fraccionamiento?

viernes, 8 de febrero de 2013

Rajoy, la regla que confirma la regla


El equipo de Rajoy cobró sobresueldos en negro con fondos estatales, es decir públicos, en un momento en el que todo el gasto estatal español baja estrepitosamente. Baja el gasto en educación, en trabajo y en salud.
Seis millones de desocupados.
No nos puede asombrar.
Sea cual fuere el argumento, eufemismo o subterfugio que se emplee, las razones por las que el equipo de Rajoy cobró sobresueldos (y lo seguirá haciendo, con mayor cuidado, pero lo seguirá haciendo) son estas:

1) los salarios estatales son bajos, incluso en el área del euro, en relación con lo que se recibirían en la actividad privada, sobre todo en la financiera.
2) en la actividad privada, además de salarios, se cobran  beneficios y bonificaciones en negro, informales, no declaradas, porque ninguna gran empresa cometería la torpeza de tener todas sus finanzas en blanco, incluso o sobre todo en los ordenados países centrales.
3) Siendo así, los funcionarios de Rajoy, todos ellos anteriormente ejecutivos privados, ¿no tienen derecho a mantener el nivel de sus remuneraciones privadas sin vergonzosos descuentos públicos?

Aquí pasó lo mismo en distintas oportunidades. 
Antes de la crisis de EEUU primero y los periféricos del euro después, cuando en Europa no se conseguía.
En los ’90, un alto ejecutivo de Bunge & Born (una cerealera multinacional argentina que hoy tiene su sede en un paraíso fiscal, y a la que también reportaba el dirigente ultrarevolucionario y ultracharlatán Julio Bárbaro) llamado Ángel Perversi llegó a la función pública (Anses y Pami) con el mismo objetivo que enarbola hoy la banda de Rajoy: “tenemos derecho a cobrar lo mismo, y lo vamos a lograr de cualquier manera”.
Menem lo echó rápidamente porque Perversi era demasiado explícito para su gusto: entre tanto salariazo y revolución productiva en el país más exitoso de la Tierra, alguien que reconociera una verdad tan sencilla como esa era potencialmente peligroso.
Después de Bunge & Born, después de la corta actividad pública, Perversi saltó al Exxel Group, un grupo empresario de características mafiosas dirigido entonces por un tal Juan Navarro.
Nada nos asombra: son lo mismo de siempre, pero se disfrazan según la ocasión.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Héroes y villanos en el Bicentenario



Aunque las agendas mediáticas parecen obligarnos a discutir el ataque contra Kiciloff en el Buquebus o las actitudes insólitas del director Campanella, nosotros preferimos seguir con el Bicentenario.
Se han celebrado, hasta ahora, los respectivos aniversarios de la Asamblea del Año XIII y del combate de San Lorenzo, dos hitos, según se mire, de la historiografía oficial mitrista o de la Independencia.
En la primera se omite señalar, se oculta o se minimiza que, a esa altura, la de la Asamblea de 1813, la corriente independentista, excluido Artigas con sus representantes, se estaba encerrando en sí misma para, en  poco tiempo, acabar derrotada con Bernardino González Rivadavia, más conocido sin el González.

Respecto del combate, se lo recuerda con un San Martín alto y rubio, excluido de su origen americano y (con un término que hoy suena discriminatorio) bastardo; también se oculta la historial real de Juancito Sosa. 
Y ocultando o minimizando que si fue el único enfrentamiento armado que protagonizó en estas tierras, es porque comprendió tempranamente, San Martín, que había que acabar con el núcleo duro del poder español en el Perú, solucionado lo cual los comerciantes del puerto de la Santísima Trinidad, también conocido como Buenos Ayres, terminarían cayendo en la volteada según el célebre castillo de naipes.
Pero no solo eso: en las alternativas del breve combate, un sargento que no era sargento sino soldado raso y presumiblemente ni siquiera se llamaba Cabral, dice Mitre que gritó, para los libros escolares y la circunspección del diario La Nación “Muero contento, hemos batido al enemigo” en castellano académico, cuando lo más probable es que al caer herido exclamara algo así como “hijos de una gran puta” y en guaraní.
Mitre, el pomposo, inventó un relato literario de la Argentina donde una y otra vez devolvía a la ciudad de Buenos Ayres “las legiones intactas” o “casi intactas” cuando la realidad marcaba lo contrario; y prometía "En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en tres meses en la Asunción” cuando en realidad fue eyectado por los brasileños del mando de las tropas de la Triple Alianza luego del desastre sin atenuantes de Curupaytí, y la guerra no duró 3 meses sino 5 largos años.

En el combate de San Lorenzo también se destacó el alférez Hipólito Bouchard, de origen francés pero a esa altura, en febrero de 1813, con carta de ciudadanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 
Poco después, Bouchard, junto con el irlandés Guillermo Brown, incursionó por el Pacífico Norte apoderándose de la capital de California, todavía española. Pero Mitre minimizaba u ocultaba lo que tuviera aroma francés y napoleónico tanto como ensalzaba la inglesidad, lo que me recuerda a un personaje literario, un bóer que se sentía inglés de pura cepa luego de que se le trasplantara el corazón de un británico fallecido.
La inglesidad de Mitre se percibe claramente cuando eleva a la categoría de héroes nacionales a tres ingleses que en realidad fueron absolutamente fieles a Su Majestad Británica (SMB).
Me refiero a  Lord Thomas Cochcrane, sir Home Popham y sir Charles Hotham.

El filibustero Cochcrane, décimo conde de Dundonald, transportó al ejército libertador desde Chile a Lima en el momento más peligroso de la campaña sanmartiniana y cobró, Cochrane, una importante suma en metálico por sus servicios. La prueba flagrante de su fidelidad a la Corona es que sus restos descansan en un mausoleo de la muy exclusiva Abadía de Westminster, en el propio altar, lugar reservado para los héroes británicos.

El almirante Sir Home Popham, caballero de la Orden del Baño, fue un aventurero protagonista de las Invasiones inglesas como responsable del control militar de Buenos Ayres. La invasión, recordemos, estaba a cargo del luego degradado Guillermo Carr Beresford. Fracasado el intento, Popham volvió a ensayar el modelo de la invasión militar-comercial en todo el ancho mundo colonial de aquel entonces. Eran los años en que, con la Royal Navy, Inglaterra “gobernaba sobre las olas” de todos los océanos.

El tercer héroe mitrista británico es Sir Charles Hotham, quien durante toda su vida luchó por la libre navegación de los ríos, obteniendo la del Paraná como concesión a los comerciantes ingleses luego de caído Rosas, mediante un acuerdo que firmara Hotham junto a Urquiza.
En el Bicentenario hubo héroes y villanos, pero hay miradas que no coinciden ni pueden coincidir nunca. 

martes, 5 de febrero de 2013

Lo escrito del otro lado es falso

Si “la verdad no existe”, como sostuvo recientemente J. Pablo Feinmann, los últimos títulos de este blog: “Rajoy miente”, “La mentira de la locomotora descarrilada” y “La mentira, una tradición argentina” son paupérrimos en términos de sinonimia pero también están algo desenfocados en cuanto a la realidad actual, por cuanto si toda verdad es relativa (uno de los varios significados de la afirmación) o contingente (otra), también la mentira lo es. 
Y no me refiero a la exageración, que se parece bastante a una mentira relativizada, sino a una auténtica, dura y total falacia.
No sabemos si Feinmann se refirió a la verdad o a la Verdad, a la manera francesa. No olvidemos tampoco que Napoleón Buonaparte (tal la grafía original del apellido, sin olvidar que en el dialecto corso, Napoleón es Nabuliune, es decir, León del Desierto) inauguró oficialmente el uso simbólico de mayúsculas para subrayar el reconocimiento oficial, más importante que el social, de ciertas jerarquías oficialmente reconocidas por él, Napoleón. El mundo está loco, loco, loco.
Podríamos hablar entonces de Verdad y verdades.
De todos modos, Clarín y La Nación informaron que la locomotora descarrilada en Plaza Once pertenecía al ex-Sarmiento cuando en verdad era de Ferrobaires. ¿Lo ocultaron, olvidaron mencionarlo o directamente mintieron?
Clarín y La Nación se niegan a reconocer la corrupción del gobierno de Rajoy, escondiéndola detrás de varios eufemismos, es decir, mentiras políticamente correctas.
Clarín y La Nación recurren a opiniones de italianos para titular que la mentira es una inveterada costumbre argentina sin opinar, por ejemplo, sobre los excéntricos ocultamientos, exageraciones y embustes del Cavaliere Berlusconi, para no mencionar a Mussolini.
Quizás se refieran, Clarín y La Nación, a cuando Argentina, allá por 1998 o 2000, era el país más exitoso de la tierra o acaso del universo todo.
Las brujas no existen, pero que las hay, las hay. 
Y las mentiras también.
Es decir, en términos relativos, esas verdades son POR LO MENOS MIS VERDADES, y sospecho de algunos otros, ...igual que la calandria que azota el vendaval, y traigo mil canciones como leñita fresca...

Rajoy miente

Retrocediendo centímetro a centímetro desde la negativa cerrada a la admisión parcial, que previsiblemente acabará en un total reconocimiento, los diarios Clarín y La Nación protegen a Rajoy, al PP y a la actual política de despidos, desocupación masiva, reducción del gasto público y caída de la producción. 
Protegen, ocultan, disfrazan o minimizan semejantes consecuencias, como si fueran el colofón natural, el precio de seguir perteneciendo al Primer Mundo.  
El primer ministro Rajoy declaró textualmente: El asunto se está estudiando. Tengo que reiterar que todo lo que se refiere a mí y a los compañeros del partido no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación”.
O sea, todo aquello que NO ES CIERTO, ES CIERTO.
Es como ese juego en el que tenemos una hoja escrita en ambos lados, anverso y reverso, con esta frase: "Lo escrito del otro lado es falso"
O en otros términos, Rajoy miente y los mencionados diarios Clarín y La Nación suben títulos falaces, defendiendo al PP, defendiendo la pertinencia de cobrar tales sobresueldos ilegales, y defendiendo a Rajoy, que miente descaradamente.

lunes, 4 de febrero de 2013

La mentira, una tradición argentina


Feos, sucios y malos

El título de La Nación de hoy es: EN ITALIA DESTACAN QUE LA MENTIRA ES UNA TRADICIÓN ARGENTINA.
El diario La Nación conoce bien de mentiras y tradiciones, de unas y otras sin excepción, porque ha sido dueña, por décadas, de la tradición como mentira y de la mentira como tradición.
¿Pero justamente desde Italia?


Firmada por Elisabetta Piqué, la misma que dos meses atrás, y trabajando para TN, auguraba la pronta entrega de la fragata Libertad a un fondo-buitre porque "se debían honrar las deudas", la nota de La Nación se refiere a Argentina,pero parece opinar sobre ellos, los italianos, cuando se refiere a un largo historial de exageraciones, omisiones y bolazos (que) parecen siempre un asunto de Estado.

¿Los italianos, reyes sin rival de las exageraciones, las omisiones y los bolazos tomados como razón de Estado, pretenden señalarnos a nosotros, los argentinos, como dueños de un largo historial de exageraciones, omisiones y bolazos (que) parecen siempre un asunto de Estado?






sábado, 2 de febrero de 2013

Reina no: Su Alteza




En el texto es usada varias veces la figura matrimonio morganático, que sería la unión entre dos personas de distinto rango social, en el supuesto de que existan tales rangos. 

En Europa no hubo Asamblea del Año XIII.
Por aquí no hay privilegios de sangre ni matrimonios morganáticos.
Por eso me gusta vivir en América, pero no en la de West Side Story (I like to live in America, etc.) sino en ésta, en Sudamérica, con acento ortográfico.
Celebro además que el propio diario La Nación reconozca hoy lo que anuncié una semana atrás: que la fortuna de los Orange-Nassau supera los 4.500 millones de euros.
El texto que sigue no es para quemarse las pestañas, PERO HAY QUE LEER, una costumbre que algunos tontos y malandras consideran anacrónica.

Historia de los tratamientos en las Casas Reales Europeas


El tratamiento de Alteza comienza a ser utilizado en su forma latina de Celsissimo por los pequeños soberanos italianos.

Autor: 
Carlos Robles Do Campo


Al iniciarse la Edad Moderna, los tratamientos que recibían los soberanos, nobles y grandes señores, eran fruto de tradiciones locales y difícilmente traducibles a otros idiomas. Así, en la península Ibérica la utilización del Don, en las islas Británicas el Sir o Lord, en Francia el Monsieur, eran la mayor parte de los casos suficiente como muestra de deferencia y respeto. Los reyes europeos occidentales recibían comúnmente el tratamiento de Alteza -España, Francia, Inglaterra,...-, y los orientales el de Excelencia -Hungría, Polonia,..-, estando reservado el de Majestad al Emperador del Sacro Imperio. Luis XI, Rey de Francia, se hizo dar por sus súbditos tratamiento de Majestad, pero en las cancillerías europeas no había otra Majestad que la del Emperador.

En los documentos de su época, nuestros Reyes Católicos reciben indistintamente el tratamiento de Alteza, Alteza Serenísima, Serenísimo Señor, Serenísimo Príncipe, etc.

En el Sacro Imperio, los Príncipes Electores recibían desde 1375, por concesión del Emperador Carlos IV el tratamiento de Durchlaucht, traducible por Su Transparencia o Su Serenidad.

Tras la elección del Rey Don Carlos I de España como Emperador del Sacro Imperio en 1519, éste asumió el tratamiento de Majestad. El año siguiente, en el texto del Tratado de Cambray se da al Emperador el tratamiento de Majestad y al Rey de Francia el de Alteza, y en 1544, en el Tratado de Crépy el Emperador es tratado de Majestad Imperial y el Rey de Francia de Majestad Real.

En Inglaterra el rey utiliza aleatoriamente los tratamientos de Majestad, Alteza y Gracia hasta finales del reinado de Jacobo I (1603-1625). El tratamiento de Majestad va generalizándose entre los reyes europeos poco a poco, aunque en los siglos XVI y XVII se utiliza frecuentemente el predicado de Altísimo, Excelentísimo y Potentísimo Príncipe para los Reyes.

El tratamiento de Alteza comienza a ser utilizado en su forma latina de Celsissimo por los pequeños soberanos italianos, las numerosas ramas de los Gonzaga, por ejemplo, reciben el 1 de marzo de 1593 la confirmación imperial del título de príncipes del Sacro Imperio con tratamiento de Celsissimo.

Cuando el Cardenal-Infante Don Fernando, hijo de Don Felipe III, visita Italia en 1633, camino de los Países Bajos, se encuentra rodeado de altezas : los duques de Saboya, Parma, Mantua, Módena, etc. Con la intención de establecer diferencias entre estos pequeños soberanos y él mismo, hijo de un rey, exige y obtiene de los potentados italianos el tratamiento de Alteza Real.

Poco después en Bruselas recibe al Duque de Orleáns, hermano del Rey de Francia, y éste le copia el tratamiento, que se va extendiendo a partir de entonces a los hijos de los reyes europeos. Sin embargo, el tratamiento no se generaliza entre los príncipes reales hasta bien entrado el siglo XVIII, así vemos que en España a los Infantes se les trataba de Serenísimo Señor al igual que a los Archiduques de Austria, en Francia los príncipes eran tratados de Monsieur y Madame o Mademoiselle, etc.

Por contra se genera una auténtica carrera entre los soberanos sin título real para aplicarse el tratamiento de Alteza Real comenzando por el Príncipe de Orange en 1637. El Duque de Saboya, celoso del título de Gran Duque que ostentaba el Soberano de Toscana, se lo atribuye en 1690, poco después le imitan el propio Gran Duque de Toscana en 1692 y el Duque de Lorena en 1700. La cancillería francesa en el siglo XVII atribuía el tratamiento de Alteza a los duques soberanos italianos (Parma, Módena, Mantua, Mirándola, Massa, etc.) y a todos los príncipes y duques alemanes -en contra de los deseos de éstos, que apreciaban más el tratamiento de Durchlaucht-.

En el siglo XVII, los príncipes romanos y napolitanos utilizaban el tratamiento de Celsissimo. En la Francia de Luis XIV, fueron reconocidos como Altezas Serenísimas, en tanto que soberanos extranjeros, el Príncipe Luis I de Mónaco (1642-1701) y el Duque de Bouillon (reconocido Príncipe Extranjero el 2-4-1649), y como miembros de familias soberanas los Lorena, Duques de Guisa (La Fontaine dedica sus fábulas a Su Alteza el Duque de Guisa en 1671), los Saboya, Príncipes de Carignan y Condes de Soissons, y los Rohan como presuntos descendientes de los antiguos Reyes de Bretaña.

En el Imperio Alteza (Hoheit) era considerado superior en rango a Alteza Serenísima (Durchlauchtigst Hochgeboren), mientras en Francia era al contrario, los Hijos y Nietos de Francia recibían el tratamiento de Alteza Real desde 1633, los Príncipes de la Sangre, de Alteza Serenísima desde 1650 y los Legitimados de Francia (descendencia bastarda de Luis XIV) el de Alteza.

Los tratamientos germánicos en el XVII se traducían de forma bastante libre, así Durchlaucht (sereno, transparente) y Durchlauchtig (superlativo de Durchlaucht ) era comúnmente traducido por Alteza; Hochgeboren (alto-nacido) por Ilustrísimo; Hoch- und Wohlgeboren (alto y bien-nacido) por Magnífico; Wohlgeboren (bien-nacido) por Ilustre, etc. El tratamiento de Durchlaucht, en principio privativo de los Electores, le es reconocido en 1648 al Duque Ernesto el Pío de Sajonia, en 1652 al Príncipe Guillermo Federico de Nassau-Dietz, en 1660 al Palgrave de Sulzbach, en 1664 al Duque de Württemberg y a los Margraves de Baden, etc.

Durante el siglo XVIII se generaliza el tratamiento de Alteza Real entre los infantes de España, los archiduques de Austria, los príncipes británicos, nórdicos y polacos, etc. En 1774, Cristián VII de Dinamarca, decide que sólo los hijos del Rey y del Príncipe Heredero recibirán el tratamiento de Alteza Real, los restantes príncipes de Dinamarca recibirán el de Alteza.

La Zarina Isabel de Rusia, que en 1742 nombra a su sobrino el Duque de Holstein-Gottorp Gran Duque Heredero de Rusia, le asigna el tratamiento de Alteza Imperial, inaugurando un nuevo estilo.

En el Sacro Imperio los príncipes y duques reciben comúnmente el tratamiento de Hochgeboren, por ejemplo en 1711 el Príncipe de Löwenstein-Wertheim- Rochefort, los condes inmediatos el de Hoch- und Wohlgeboren, confirmado por el Emperador Carlos VI en 1715, y los barones inmediatos el de Wohlgeboren. En los textos latinos los príncipes germánicos reciben el tratamiento de Celsissimi y los condes el de Ilustrissimi et excelentissimi.

Algunos de ellos utilizan el Alteza Serenísima, como el Príncipe Guillermo IV de Orange, que lo asume en 1733 o el Duque de Curlandia en 1737. En 1742, el Emperador Carlos VII otorga el tratamiento de Durchlauchtigste, superlativo de Durchlaucht, a los Electores del Imperio, el de Durchlaucht a los duques y príncipes, (incluyendo a los landgraves principescos, margraves principescos y condes principescos), y el de Erlaucht, a los condes inmediatos.

Los nuevos príncipes del Imperio, sin embargo, reciben en unos casos el tratamiento de Durchlaucht, como el Príncipe zu Solms-Braunfels en 1742 y el Príncipe von und zu Liechtenstein en 1760, y en otros el de Hochgeboren, como el Príncipe von Isenburg und Büdingen y el Príncipe zu Hohenlohe-Bartenstein en 1744 o los príncipes Esterhazy en 1784, aún más, ese mismo año, el Príncipe de Nassau-Weilburg recibe del Emperador el tratamiento de Durchlauchtigst Hochgeboren.

Los pequeños soberanos italianos mantienen el de Alteza Serenísima, así Gaetano Boncompagni-Ludovisi, III Príncipe de Piombino recibe este tratamiento incluso en 1797 cuando pierde la soberanía.

A comienzos del siglo XIX, Europa se ve inmersa en las consecuencias de la Revolución Francesa y el imperio de Napoleón I. La destrucción del Sacro Imperio, la aceptación de la soberanía de ciertos príncipes alemanes y la mediatización de otros, provoca una avalancha de nuevas altezas que suponen un agravio comparativo para la antigua nobleza de Europa Occidental. Por influencia de la Paz de Viena se produce una jerarquización de los tratamientos que, junto a su traducción alemana, sería la siguiente :


Majestad (Majestät).
Utilizado por todos los Emperadores y Reyes.

Alteza Imperial y Real (Kaiserliche und Königliche Hoheit).
Utilizado por los archiduques de Austria desde 1867 y por el Príncipe Heredero del Imperio alemán desde 1871.

Alteza Imperial (Kaiserliche Hoheit).
Utilizado por los grandes duques de Rusia, la familia imperial francesa desde 1804, los archiduques de Austria desde 1806-1815 y el Heredero de Brasil y su primogénito desde 1824.

Alteza Real (Königliche Hoheit).
Utilizado por los príncipes reales, los príncipes de la Sangre de Francia desde 1824, los Grandes Duques Soberanos desde 1806, por el Elector de Hesse desde 1815 y por los Príncipes Soberanos de Rumania, Bulgaria y Montenegro.

Alteza Gran Ducal (Grossherzogliche Durchlaucht y desde mitad de siglo Grossherzogliche Hoheit).
Utilizado por los príncipes de las casas gran-ducales.

Alteza Ducal (Herzogliche Hoheit).
Utilizado por los Duques Soberanos germanos desde mitad de siglo.

Alteza (Hoheit).
Utilizado por los príncipes más alejados del trono en algunas familias reales, por los Duques Soberanos y luego por los príncipes de sus casas y por familias de la alta nobleza como los Bonaparte de Canino, los Murat, los Ligne...

Alteza Serenísima (Durchlauchtigst Hochgeboren, Durchlaucht, Hochgeboren).
Utilizado por los Duques Soberanos y sus familias hasta mitad de siglo, por los Príncipes Soberanos y sus familias desde 1815, por los Príncipes Mediatizados y sus familias desde 1825, por descendientes de matrimonios morganáticos como los Hanau, los Battenberg, los Teck o los Urach, y por algunas familias de la alta nobleza germánica como los Wrede o los Schönaich-Carolath, polaca como los Czartoryski o los Radziwill y rusa como los Bagration.

Alteza Ilustrísima (Erlaucht).
Utilizado por las ramas condales de familias soberanas alemanas (Lippe, Waldeck), por los Condes mediatizados desde 1829 y por descendientes de matrimonios morganáticos.

Su Gracia Principesca (Fürstliche Gnaden).
Utilizado por algunas grandes familias de la nobleza germánica y por los herederos de algunos príncipes con tratamiento de Durchlaucht.

El siglo XX se ve marcado por la desaparición de la mayor parte de las monarquías con lo que los tratamientos, no sujetos ya a verdaderos actos de soberanía, se toman o se deniegan mediante pactos de familia o decisiones de los jefes de las casas antaño soberanas. Por otra parte, el acceso de personas sin sangre real a las familias aún soberanas obliga a las monarquías a replantearse las titulaciones y tratamientos de sus miembros.

Mientras unas monarquías restringen notablemente el tratamiento de Alteza como Gran Bretaña, Noruega o España, otras actúan al contrario extendiéndolo a toda la descendencia del soberano, Bélgica, Liechtenstein, etc. Resulta de esto que mientras un nieto del Rey de España recibe el tratamiento de Excelentísimo Señor, el séptimo nieto de un Príncipe reinante de Hohenlohe-Langenburg, recibe el de Alteza Serenísima.

Actualmente, ya sea legalmente o por cortesía, podemos resumir el uso de los distintos tratamientos como sigue :


Alteza Imperial y Real:
Los archiduques de Austria y el Heredero del Imperio Alemán.

Alteza Imperial:
Los grandes duques de Rusia, los miembros de la Casa Imperial de Francia y el Heredero del Trono de Brasil.

Alteza Real:
Los infantes de España y Portugal.
Los príncipes de Gran Bretaña, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Noruega, Suecia y Dinamarca.
Los príncipes de Grecia, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia e Italia.
Los príncipes de Francia, Dos Sicilias, Parma, Prusia, Baviera, Sajonia y Hannover.
Los duques de Württemberg y los duques en Baviera.
Los hijos de los jefes de las Casas Reales de Montenegro y Albania.
Los jefes de las Casas Gran Ducales de Baden, Hesse, Mecklenburg y Oldenburg y de la Casa Electoral de Hesse.
Los príncipes de Georgia.

Alteza Gran Ducal:
Los príncipes de Baden y Hesse y los duques de Mecklenburg y Oldenburg.

Alteza:
Los príncipes de Montenegro y Albania no hijos del Jefe de la Casa.
Los príncipes de Rusia hijos de un gran duque y los primogénitos de su rama.
Los príncipes de las casas ducales de Sajonia-Weimar-Eisenach, Sajonia-Meiningen, Sajonia-Coburgo-Gotha, Anhalt y Schleswig-Holstein.
Los príncipes de Hesse-Philippsthal.
Los príncipes de Orange-Nassau, hijos de la princesa Margarita de los Países Bajos.
Los duques de Mecklenburg-condes von Carlow.
Los príncipes de Ligne, Murat y Altenburg.
El Duque de Hohenberg.

Alteza Serenísima:
Los príncipes de Mónaco y de Liechtenstein.
Los príncipes de Rusia no hijos de un gran duque ni primogénitos de su rama.
Los príncipes de Hohenzollern, Waldeck-Pyrmont, Lippe, Lippe-Biesterfeld, Lippe-Weissenfels, Schaumburg-Lippe y Reuss.
Los miembros de familias mediatizadas alemanas con título de duque o príncipe.
Algunas familias principescas polacas como los Radziwill, los Czartoryski, los Lubomirski...
Algunos príncipes prusianos como los Carolath-Beuthen, Lieven, Pless, Blucher von Wahlstatt, Donnersmarck, Dohna-Schlobitten...
Algunos príncipes austriacos como los Clary und Aldringen, Dietrichstein zu Nikolsburg, Montenuovo...
Descendientes de matrimonios morganáticos como los Hanau (Hesse), Urach (Württemberg), Yuryewski (Rusia), Leuchtenberg (Leuchtenberg-Romanowski), Hohenberg (Austria), ...
Los Rohan, los Biron de Curlandia, los Wrede, el Duque de Beaufort-Spontin...

Alteza Ilustrísima:
Los miembros de familias mediatizadas alemanas con título de conde.
Los condes de Waldeck-Limpurg.
Los condes von Schaumburg, descendientes del matrimonio morganático de un príncipe de Hanau, descendiente a su vez del matrimonio morganático del Elector de Hesse.

jueves, 31 de enero de 2013

Napoleón, frente a la Asamblea del Año XIII


Como dijimos, Napoleón I (o sea, Napoleón Bonaparte) creó decenas de cargos, títulos y tratamientos honoríficos para todos sus mariscales e incluso para algún político civil, como el ex-obispo Charles-Maurice Telleyrand-Pérygord.
Telleyrand, provisto de un envidiable transformismo, detentó cargos oficiales tanto en la vieja monarquía absolutista como en la Revolución Francesa, el Imperio Napoleónico y la Restauración Monárquica.
A esa larga lista de duques y archiduques nombrados al frente de varias ciudades y zonas de Europa (Istria, Belluno, Neuchâtel, Wagram, Treviso, y muchos más) que, -se consideraba-, representaban instantes gloriosos del las armas napoleónicas, se agregan los reinos a cargo de los hermanos del Emperador, integrantes del denominado Sistema Continental (proteccionismo francés) al que se enfrentaban Inglaterra y las monarquías de la Santa Alianza (Austria, Rusia, Prusia) partidarias del librecambio y que, por supuesto, trataban de imponerlo (por la fuerza) a los que, por sus propios intereses nacionales debían recurrir también a la protección de sus productos.
Sus hermanas, esposas (sucesivamente Josefina Beauharnais y María Luisa de Habsburgo), cuñados, su madre y su único hijo reconocido también ostentaron tratamientos honoríficos del tipo Su Alteza, Emperatriz, Señora Madre, Príncipe de la Sangre, etc., siempre con mayúsculas.
Para reducir el dominio territorial de sus adversarios, el Emperador creó países (Confederación del Rhin, Gran Ducado de Varsovia, Saboya, etc.) que limitaban el poderío, individual o conjunto, de Prusia, Polonia e Italia. No pudo con Gran Bretaña, aunque muchos whigs lo apoyaban.
Introdujo numerosas reformas en Francia: codificó (ordenó) las leyes civiles (1804) con los principios de la Ilustración y el Derecho Romano hasta ese entonces subestimado, urbanizó las ciudades de acuerdo a su diseño actual, impuso modas en el vestir y en el lenguaje, bautizó nuevas recetas culinarias...
¿Y todo eso, a nosotros de qué nos va?
El sistema napoleónico influyó decisivamente en nuestra Organización Nacional y aún lo sigue haciendo, sea cual fuere la posición que se tenga al respecto, por ejemplo: ¿acabó con el Antiguo Régimen monárquico o contribuyó a reforzarlo? 
Nadie puede ver seriamente a las actuales realezas europeas como un calco de viejo monarquismo absolutista desalojado con las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa.
Por otra parte, el tema de Napoleón formó parte de las discusiones de nuestros patriotas: no es casual que el general Manuel Belgrano auspiciara una monarquía incaica, y el Imperio de Brasil por muchos años intentó reimponer un absolutismo sui generis en este continente. 
Pero también Napoleón era eurocentrista: ¡nada de libertad, igualdad y fraternidad para los negros haitianos, los monitos asiáticos o los Asambleístas del año XXX! Cuando se reivindicaban la igualdad, la fraternidad y la libertad, se refería exclusivamente a las de los europeos.
Sin embargo, estas casas reales, por lo general conservadoras de principios anacrónicos, a veces dan pena aunque la de Holanda pase por descontracturada
Se trata de privilegios concedidos a ciertas familias, aceptados por la mayoría en pos de cierta unidad, y admitidos por las respectivas burguesías nacionales como “un mal necesario” o un “antigualla tolerada”.
Y por ese eurocentrismo que sobrevive por estas tierras a pesar de los dramas terminales de Rajoy y la socialdemocracia en general, podemos admitir que el paradigma de las burguesías nacionales (industriales y emprendedoras) no funcionó aquí ni en ningún país sudamericano, incluyendo la paulista.
Por algo será.
Algunos opinan que porque somos tontos, vivos, ridículos o poco patriotas. Y aunque para Feinmann la verdad ya no exista, uno espera explicaciones sustanciales, no tonterías o dogmas repetidos por boca de loro.

miércoles, 30 de enero de 2013

Máxima, reina: todos somos cholulos


Queremos creer que a determinados sectores medios locales les encanta, muchísimo, imaginarse por un rato parte (simbólica, claro, porque nadie verá un mango ni participará de la pompa real) de la Corona Holandesa de los Orange-Nassau. Eso al menos se desprende de la agenda mediática (el cholulismo de campaña) impuesta desde hace años por Clarín.
Ellos insisten en denominar “reina” a Máxima Zorreguieta Cerruti y yo insisto: será Su Alteza, así, con mayúscula, pero no reina.
Sólo hace falta pensar, un poco, no mucho porque estamos en verano y la calor adormece las neuronas.
Posemos la mirada en Gran Bretaña, por ejemplo.
Ellos tienen una reina, Isabel. ¿Pero quién es el rey? No lo hay.
La reina Isabel es hija del rey Jorge VI (a quien sucedió en 1952) y está casada con el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo.
Carlos, hijo de Isabel y de Felipe, es Príncipe de Gales, siempre con mayúscula, una denominación que por tradición señala al heredero de la Corona.
Felipe no es rey (ni lo llamamos rey sino príncipe, llegado el caso), para mayor redundar, y camina siempre un paso detrás de la reina.
Y tampoco lo será Máxima.
Aunque esta ex-argentina declare a la prensa que “Es un gran honor suceder a la actual reina”, Máxima no sucederá a nadie (sí lo hará su legítimo esposo Guillermo Alejandro de Orange-Nassau), y su tratamiento honorífico (Su Alteza, el de Máxima) regirá mientras dure su matrimonio con el futuro rey, salvo que una negociación eminentemente pecuniaria determine lo contrario.
Recordemos lo sucedido con la malograda Diana, muerta en un accidente automovilístico.
Recordemos cómo fue vapuleada en su intimidad tras su separación (no antes) del heredero Carlos, príncipe de Gales desde 1958.
Como las mentiras mediáticas se sostienen apenas por un ratito, Clarín aflojó desde ayer parte de la centralidad del tema regio, que ahora se refugia a duras penas en los otros canales de televisión que le siguen la huella. Si pueden.
Hoy es más importante la sensación térmica, y en Clarín a Máxima ya le adosan el título de “princesa”, bajándola un escalón. 
Su virtual degradación de reina a princesa duró menos de tres tapas.
Otro día les voy a contar por qué la diferencia de tratamiento entre Gales, con su príncipe, y Escocia con su ducado, un título de menor jerarquía. ¿Y qué queda para Irlanda?

Nos quedamos un poco más tranquilos: todos son rubios, incluso Su Alteza Máxima Zorreguieta, y lucen bien alimentados. Cualquiera diría que estamos frente a una típica familia argentina.

lunes, 28 de enero de 2013

¿Máxima, reina?


Por un ratito, hoy todos queremos ser reyes de Holanda. ¿O no?











El título de Clarín y TN: “¿Máxima, reina?” es equívoco. 
En realidad no será reina sino Su Alteza, tratamiento honorífico (con un buen sueldo) en una moda inaugurada por el Emperador Napoleón I, quién era capaz de sacar de la galera (o el tricornio), y democráticamente hablando, títulos nobiliarios para todos los amigos y oficiales destacados. 
Napoleón, en efecto, puso en circulación un montón de títulos honoríficos que se superponían con los otros también honoríficos, los de la auténtica realeza destronada (y descabezada) durante la Revolución Francesa.
Cuando en un reino hay dos reyes simultáneos, se avecina conflicto. 
No es este el caso. 
El verdadero y único rey de Holanda, el dueño de la tarasca, será el legítimo esposo de Su Alteza, esto es, Guillermo Alejandro de Orange-Nassau, actual príncipe. La reina Beatriz (nombre completo: Beatrix Wilhelmina Armgard van Oranje-Nassau en Lippe-Biesterfel), abdicará en su favor. 
Los holandeses pasarán por brutos pero no son tontos: su fortuna (la de Beatriz) “no declarada” asciende a unos 4.700 millones de euros pero la “declarada” y gravada por impuestos sólo a unos 250 millones.
El resto va a fundaciones y obras benéficas, ja, libres de impuestos.
Yo nunca he recibido ayuda de la Corona Holandesa, ¿y usted?

Su Alteza Máxima no será reina porque no tiene lazos de sangre con el príncipe Bernardo, abuelo del actual príncipe Guillermo Alejandro y de aspecto encantador, Bernardo, quien tuvo que desaparecer de escena luego de un escándalo de contrabando de armas sumado a su notoria pertenencia pasada a las SS. Según se comprobó luego, había aceptado un millón de dólares en sobornos de esa época, cuando el barril de petróleo valía 3 dólares: hoy está encima de 100. Y de la empresa Lockheed, el soborno, la misma que en los '90 se alzó con la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba.
Máxima tampoco tiene lazos sanguíneos con el príncipe Klaus, alemán, padre del actual príncipe Guillermo Alejandro, que perteneció, Klaus, a las Juventudes Hitlerianas y al ejército del Tercer Reich.
Como se ve, toda una orientación en los miembros masculinos de la familia real. Ambos, además, protegían a los animales en peligro de extinción y a los “pueblos originarios”, en lo posible sin tocarlos.
Pero Su Alteza, a quien ya llamamos familiarmente por su nombre, Máxima, sí tiene lazos de sangre con su padre, Jorge Zorreguieta, quien fuera secretario de Agricultura de Martínez de Hoz (de quien es gran amigo) y Videla. 
El historiador oficial de la familia real, Michael Baud, escribió, quizás muy a su pesar, que “Jorge Zorreguieta no podía desconocer lo que sucedía durante la dictadura”. 
Don Jorge pertenece a la Sociedad Rural, es productor agropecuario y formó parte del Consejo Empresario Argentino que a fines de 1975 decidió imponer el plan neoliberal de Martínez de Hoz. A cada chancho le llega o le llegará su san martín.
Máxima, pura carne argentina aunque ahora de nacionalidad holandesa gracias a Dios, concurrió al exclusivo Northlands School de Olivos y luego se dedicó al negocio rural hasta que atrapó o fue atrapada por el futuro príncipe heredero Guillermo Alejandro de Orange-Nassau, cuyo aspecto lampiño nos recuerda a un fiambrero, o a un dolobu, pero un dolobu real, eh.
Holanda es un formidable intermediario de bienes comerciales y su puerto, Rotterdam, el segundo o tercero más grande del mundo. 
En Roterdam, todo se vende y todo se compra. Los holandeses son los reyes de la triangulación y se destacan en sobrefacturar o subfacturar, según corresponda, Su Alteza.

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