viernes, 8 de febrero de 2013

Rajoy, la regla que confirma la regla


El equipo de Rajoy cobró sobresueldos en negro con fondos estatales, es decir públicos, en un momento en el que todo el gasto estatal español baja estrepitosamente. Baja el gasto en educación, en trabajo y en salud.
Seis millones de desocupados.
No nos puede asombrar.
Sea cual fuere el argumento, eufemismo o subterfugio que se emplee, las razones por las que el equipo de Rajoy cobró sobresueldos (y lo seguirá haciendo, con mayor cuidado, pero lo seguirá haciendo) son estas:

1) los salarios estatales son bajos, incluso en el área del euro, en relación con lo que se recibirían en la actividad privada, sobre todo en la financiera.
2) en la actividad privada, además de salarios, se cobran  beneficios y bonificaciones en negro, informales, no declaradas, porque ninguna gran empresa cometería la torpeza de tener todas sus finanzas en blanco, incluso o sobre todo en los ordenados países centrales.
3) Siendo así, los funcionarios de Rajoy, todos ellos anteriormente ejecutivos privados, ¿no tienen derecho a mantener el nivel de sus remuneraciones privadas sin vergonzosos descuentos públicos?

Aquí pasó lo mismo en distintas oportunidades. 
Antes de la crisis de EEUU primero y los periféricos del euro después, cuando en Europa no se conseguía.
En los ’90, un alto ejecutivo de Bunge & Born (una cerealera multinacional argentina que hoy tiene su sede en un paraíso fiscal, y a la que también reportaba el dirigente ultrarevolucionario y ultracharlatán Julio Bárbaro) llamado Ángel Perversi llegó a la función pública (Anses y Pami) con el mismo objetivo que enarbola hoy la banda de Rajoy: “tenemos derecho a cobrar lo mismo, y lo vamos a lograr de cualquier manera”.
Menem lo echó rápidamente porque Perversi era demasiado explícito para su gusto: entre tanto salariazo y revolución productiva en el país más exitoso de la Tierra, alguien que reconociera una verdad tan sencilla como esa era potencialmente peligroso.
Después de Bunge & Born, después de la corta actividad pública, Perversi saltó al Exxel Group, un grupo empresario de características mafiosas dirigido entonces por un tal Juan Navarro.
Nada nos asombra: son lo mismo de siempre, pero se disfrazan según la ocasión.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Héroes y villanos en el Bicentenario



Aunque las agendas mediáticas parecen obligarnos a discutir el ataque contra Kiciloff en el Buquebus o las actitudes insólitas del director Campanella, nosotros preferimos seguir con el Bicentenario.
Se han celebrado, hasta ahora, los respectivos aniversarios de la Asamblea del Año XIII y del combate de San Lorenzo, dos hitos, según se mire, de la historiografía oficial mitrista o de la Independencia.
En la primera se omite señalar, se oculta o se minimiza que, a esa altura, la de la Asamblea de 1813, la corriente independentista, excluido Artigas con sus representantes, se estaba encerrando en sí misma para, en  poco tiempo, acabar derrotada con Bernardino González Rivadavia, más conocido sin el González.

Respecto del combate, se lo recuerda con un San Martín alto y rubio, excluido de su origen americano y (con un término que hoy suena discriminatorio) bastardo; también se oculta la historial real de Juancito Sosa. 
Y ocultando o minimizando que si fue el único enfrentamiento armado que protagonizó en estas tierras, es porque comprendió tempranamente, San Martín, que había que acabar con el núcleo duro del poder español en el Perú, solucionado lo cual los comerciantes del puerto de la Santísima Trinidad, también conocido como Buenos Ayres, terminarían cayendo en la volteada según el célebre castillo de naipes.
Pero no solo eso: en las alternativas del breve combate, un sargento que no era sargento sino soldado raso y presumiblemente ni siquiera se llamaba Cabral, dice Mitre que gritó, para los libros escolares y la circunspección del diario La Nación “Muero contento, hemos batido al enemigo” en castellano académico, cuando lo más probable es que al caer herido exclamara algo así como “hijos de una gran puta” y en guaraní.
Mitre, el pomposo, inventó un relato literario de la Argentina donde una y otra vez devolvía a la ciudad de Buenos Ayres “las legiones intactas” o “casi intactas” cuando la realidad marcaba lo contrario; y prometía "En 24 horas en los cuarteles, en 15 días en campaña, en tres meses en la Asunción” cuando en realidad fue eyectado por los brasileños del mando de las tropas de la Triple Alianza luego del desastre sin atenuantes de Curupaytí, y la guerra no duró 3 meses sino 5 largos años.

En el combate de San Lorenzo también se destacó el alférez Hipólito Bouchard, de origen francés pero a esa altura, en febrero de 1813, con carta de ciudadanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata. 
Poco después, Bouchard, junto con el irlandés Guillermo Brown, incursionó por el Pacífico Norte apoderándose de la capital de California, todavía española. Pero Mitre minimizaba u ocultaba lo que tuviera aroma francés y napoleónico tanto como ensalzaba la inglesidad, lo que me recuerda a un personaje literario, un bóer que se sentía inglés de pura cepa luego de que se le trasplantara el corazón de un británico fallecido.
La inglesidad de Mitre se percibe claramente cuando eleva a la categoría de héroes nacionales a tres ingleses que en realidad fueron absolutamente fieles a Su Majestad Británica (SMB).
Me refiero a  Lord Thomas Cochcrane, sir Home Popham y sir Charles Hotham.

El filibustero Cochcrane, décimo conde de Dundonald, transportó al ejército libertador desde Chile a Lima en el momento más peligroso de la campaña sanmartiniana y cobró, Cochrane, una importante suma en metálico por sus servicios. La prueba flagrante de su fidelidad a la Corona es que sus restos descansan en un mausoleo de la muy exclusiva Abadía de Westminster, en el propio altar, lugar reservado para los héroes británicos.

El almirante Sir Home Popham, caballero de la Orden del Baño, fue un aventurero protagonista de las Invasiones inglesas como responsable del control militar de Buenos Ayres. La invasión, recordemos, estaba a cargo del luego degradado Guillermo Carr Beresford. Fracasado el intento, Popham volvió a ensayar el modelo de la invasión militar-comercial en todo el ancho mundo colonial de aquel entonces. Eran los años en que, con la Royal Navy, Inglaterra “gobernaba sobre las olas” de todos los océanos.

El tercer héroe mitrista británico es Sir Charles Hotham, quien durante toda su vida luchó por la libre navegación de los ríos, obteniendo la del Paraná como concesión a los comerciantes ingleses luego de caído Rosas, mediante un acuerdo que firmara Hotham junto a Urquiza.
En el Bicentenario hubo héroes y villanos, pero hay miradas que no coinciden ni pueden coincidir nunca. 

martes, 5 de febrero de 2013

Lo escrito del otro lado es falso

Si “la verdad no existe”, como sostuvo recientemente J. Pablo Feinmann, los últimos títulos de este blog: “Rajoy miente”, “La mentira de la locomotora descarrilada” y “La mentira, una tradición argentina” son paupérrimos en términos de sinonimia pero también están algo desenfocados en cuanto a la realidad actual, por cuanto si toda verdad es relativa (uno de los varios significados de la afirmación) o contingente (otra), también la mentira lo es. 
Y no me refiero a la exageración, que se parece bastante a una mentira relativizada, sino a una auténtica, dura y total falacia.
No sabemos si Feinmann se refirió a la verdad o a la Verdad, a la manera francesa. No olvidemos tampoco que Napoleón Buonaparte (tal la grafía original del apellido, sin olvidar que en el dialecto corso, Napoleón es Nabuliune, es decir, León del Desierto) inauguró oficialmente el uso simbólico de mayúsculas para subrayar el reconocimiento oficial, más importante que el social, de ciertas jerarquías oficialmente reconocidas por él, Napoleón. El mundo está loco, loco, loco.
Podríamos hablar entonces de Verdad y verdades.
De todos modos, Clarín y La Nación informaron que la locomotora descarrilada en Plaza Once pertenecía al ex-Sarmiento cuando en verdad era de Ferrobaires. ¿Lo ocultaron, olvidaron mencionarlo o directamente mintieron?
Clarín y La Nación se niegan a reconocer la corrupción del gobierno de Rajoy, escondiéndola detrás de varios eufemismos, es decir, mentiras políticamente correctas.
Clarín y La Nación recurren a opiniones de italianos para titular que la mentira es una inveterada costumbre argentina sin opinar, por ejemplo, sobre los excéntricos ocultamientos, exageraciones y embustes del Cavaliere Berlusconi, para no mencionar a Mussolini.
Quizás se refieran, Clarín y La Nación, a cuando Argentina, allá por 1998 o 2000, era el país más exitoso de la tierra o acaso del universo todo.
Las brujas no existen, pero que las hay, las hay. 
Y las mentiras también.
Es decir, en términos relativos, esas verdades son POR LO MENOS MIS VERDADES, y sospecho de algunos otros, ...igual que la calandria que azota el vendaval, y traigo mil canciones como leñita fresca...

Rajoy miente

Retrocediendo centímetro a centímetro desde la negativa cerrada a la admisión parcial, que previsiblemente acabará en un total reconocimiento, los diarios Clarín y La Nación protegen a Rajoy, al PP y a la actual política de despidos, desocupación masiva, reducción del gasto público y caída de la producción. 
Protegen, ocultan, disfrazan o minimizan semejantes consecuencias, como si fueran el colofón natural, el precio de seguir perteneciendo al Primer Mundo.  
El primer ministro Rajoy declaró textualmente: “El asunto se está estudiando. Tengo que reiterar que todo lo que se refiere a mí y a los compañeros del partido no es cierto, salvo alguna cosa que es la que han publicado los medios de comunicación”.
O sea, todo aquello que NO ES CIERTO, ES CIERTO.
Es como ese juego en el que tenemos una hoja escrita en ambos lados, anverso y reverso, con esta frase: "Lo escrito del otro lado es falso". 
O en otros términos, Rajoy miente y los mencionados diarios Clarín y La Nación suben títulos falaces, defendiendo al PP, defendiendo la pertinencia de cobrar tales sobresueldos ilegales, y defendiendo a Rajoy, que miente descaradamente.

lunes, 4 de febrero de 2013

La mentira, una tradición argentina


Feos, sucios y malos

El título de La Nación de hoy es: EN ITALIA DESTACAN QUE LA MENTIRA ES UNA TRADICIÓN ARGENTINA.
El diario La Nación conoce bien de mentiras y tradiciones, de unas y otras sin excepción, porque ha sido dueña, por décadas, de la tradición como mentira y de la mentira como tradición.
¿Pero justamente desde Italia?


Firmada por Elisabetta Piqué, la misma que dos meses atrás, y trabajando para TN, auguraba la pronta entrega de la fragata Libertad a un fondo-buitre porque "se debían honrar las deudas", la nota de La Nación se refiere a Argentina,pero parece opinar sobre ellos, los italianos, cuando se refiere a un largo historial de exageraciones, omisiones y bolazos (que) parecen siempre un asunto de Estado.

¿Los italianos, reyes sin rival de las exageraciones, las omisiones y los bolazos tomados como razón de Estado, pretenden señalarnos a nosotros, los argentinos, como dueños de un largo historial de exageraciones, omisiones y bolazos (que) parecen siempre un asunto de Estado?






sábado, 2 de febrero de 2013

Reina no: Su Alteza




En el texto es usada varias veces la figura matrimonio morganático, que sería la unión entre dos personas de distinto rango social, en el supuesto de que existan tales rangos. 

En Europa no hubo Asamblea del Año XIII.
Por aquí no hay privilegios de sangre ni matrimonios morganáticos.
Por eso me gusta vivir en América, pero no en la de West Side Story (I like to live in America, etc.) sino en ésta, en Sudamérica, con acento ortográfico.
Celebro además que el propio diario La Nación reconozca hoy lo que anuncié una semana atrás: que la fortuna de los Orange-Nassau supera los 4.500 millones de euros.
El texto que sigue no es para quemarse las pestañas, PERO HAY QUE LEER, una costumbre que algunos tontos y malandras consideran anacrónica.

Historia de los tratamientos en las Casas Reales Europeas


El tratamiento de Alteza comienza a ser utilizado en su forma latina de Celsissimo por los pequeños soberanos italianos.

Autor: 
Carlos Robles Do Campo


Al iniciarse la Edad Moderna, los tratamientos que recibían los soberanos, nobles y grandes señores, eran fruto de tradiciones locales y difícilmente traducibles a otros idiomas. Así, en la península Ibérica la utilización del Don, en las islas Británicas el Sir o Lord, en Francia el Monsieur, eran la mayor parte de los casos suficiente como muestra de deferencia y respeto. Los reyes europeos occidentales recibían comúnmente el tratamiento de Alteza -España, Francia, Inglaterra,...-, y los orientales el de Excelencia -Hungría, Polonia,..-, estando reservado el de Majestad al Emperador del Sacro Imperio. Luis XI, Rey de Francia, se hizo dar por sus súbditos tratamiento de Majestad, pero en las cancillerías europeas no había otra Majestad que la del Emperador.

En los documentos de su época, nuestros Reyes Católicos reciben indistintamente el tratamiento de Alteza, Alteza Serenísima, Serenísimo Señor, Serenísimo Príncipe, etc.

En el Sacro Imperio, los Príncipes Electores recibían desde 1375, por concesión del Emperador Carlos IV el tratamiento de Durchlaucht, traducible por Su Transparencia o Su Serenidad.

Tras la elección del Rey Don Carlos I de España como Emperador del Sacro Imperio en 1519, éste asumió el tratamiento de Majestad. El año siguiente, en el texto del Tratado de Cambray se da al Emperador el tratamiento de Majestad y al Rey de Francia el de Alteza, y en 1544, en el Tratado de Crépy el Emperador es tratado de Majestad Imperial y el Rey de Francia de Majestad Real.

En Inglaterra el rey utiliza aleatoriamente los tratamientos de Majestad, Alteza y Gracia hasta finales del reinado de Jacobo I (1603-1625). El tratamiento de Majestad va generalizándose entre los reyes europeos poco a poco, aunque en los siglos XVI y XVII se utiliza frecuentemente el predicado de Altísimo, Excelentísimo y Potentísimo Príncipe para los Reyes.

El tratamiento de Alteza comienza a ser utilizado en su forma latina de Celsissimo por los pequeños soberanos italianos, las numerosas ramas de los Gonzaga, por ejemplo, reciben el 1 de marzo de 1593 la confirmación imperial del título de príncipes del Sacro Imperio con tratamiento de Celsissimo.

Cuando el Cardenal-Infante Don Fernando, hijo de Don Felipe III, visita Italia en 1633, camino de los Países Bajos, se encuentra rodeado de altezas : los duques de Saboya, Parma, Mantua, Módena, etc. Con la intención de establecer diferencias entre estos pequeños soberanos y él mismo, hijo de un rey, exige y obtiene de los potentados italianos el tratamiento de Alteza Real.

Poco después en Bruselas recibe al Duque de Orleáns, hermano del Rey de Francia, y éste le copia el tratamiento, que se va extendiendo a partir de entonces a los hijos de los reyes europeos. Sin embargo, el tratamiento no se generaliza entre los príncipes reales hasta bien entrado el siglo XVIII, así vemos que en España a los Infantes se les trataba de Serenísimo Señor al igual que a los Archiduques de Austria, en Francia los príncipes eran tratados de Monsieur y Madame o Mademoiselle, etc.

Por contra se genera una auténtica carrera entre los soberanos sin título real para aplicarse el tratamiento de Alteza Real comenzando por el Príncipe de Orange en 1637. El Duque de Saboya, celoso del título de Gran Duque que ostentaba el Soberano de Toscana, se lo atribuye en 1690, poco después le imitan el propio Gran Duque de Toscana en 1692 y el Duque de Lorena en 1700. La cancillería francesa en el siglo XVII atribuía el tratamiento de Alteza a los duques soberanos italianos (Parma, Módena, Mantua, Mirándola, Massa, etc.) y a todos los príncipes y duques alemanes -en contra de los deseos de éstos, que apreciaban más el tratamiento de Durchlaucht-.

En el siglo XVII, los príncipes romanos y napolitanos utilizaban el tratamiento de Celsissimo. En la Francia de Luis XIV, fueron reconocidos como Altezas Serenísimas, en tanto que soberanos extranjeros, el Príncipe Luis I de Mónaco (1642-1701) y el Duque de Bouillon (reconocido Príncipe Extranjero el 2-4-1649), y como miembros de familias soberanas los Lorena, Duques de Guisa (La Fontaine dedica sus fábulas a Su Alteza el Duque de Guisa en 1671), los Saboya, Príncipes de Carignan y Condes de Soissons, y los Rohan como presuntos descendientes de los antiguos Reyes de Bretaña.

En el Imperio Alteza (Hoheit) era considerado superior en rango a Alteza Serenísima (Durchlauchtigst Hochgeboren), mientras en Francia era al contrario, los Hijos y Nietos de Francia recibían el tratamiento de Alteza Real desde 1633, los Príncipes de la Sangre, de Alteza Serenísima desde 1650 y los Legitimados de Francia (descendencia bastarda de Luis XIV) el de Alteza.

Los tratamientos germánicos en el XVII se traducían de forma bastante libre, así Durchlaucht (sereno, transparente) y Durchlauchtig (superlativo de Durchlaucht ) era comúnmente traducido por Alteza; Hochgeboren (alto-nacido) por Ilustrísimo; Hoch- und Wohlgeboren (alto y bien-nacido) por Magnífico; Wohlgeboren (bien-nacido) por Ilustre, etc. El tratamiento de Durchlaucht, en principio privativo de los Electores, le es reconocido en 1648 al Duque Ernesto el Pío de Sajonia, en 1652 al Príncipe Guillermo Federico de Nassau-Dietz, en 1660 al Palgrave de Sulzbach, en 1664 al Duque de Württemberg y a los Margraves de Baden, etc.

Durante el siglo XVIII se generaliza el tratamiento de Alteza Real entre los infantes de España, los archiduques de Austria, los príncipes británicos, nórdicos y polacos, etc. En 1774, Cristián VII de Dinamarca, decide que sólo los hijos del Rey y del Príncipe Heredero recibirán el tratamiento de Alteza Real, los restantes príncipes de Dinamarca recibirán el de Alteza.

La Zarina Isabel de Rusia, que en 1742 nombra a su sobrino el Duque de Holstein-Gottorp Gran Duque Heredero de Rusia, le asigna el tratamiento de Alteza Imperial, inaugurando un nuevo estilo.

En el Sacro Imperio los príncipes y duques reciben comúnmente el tratamiento de Hochgeboren, por ejemplo en 1711 el Príncipe de Löwenstein-Wertheim- Rochefort, los condes inmediatos el de Hoch- und Wohlgeboren, confirmado por el Emperador Carlos VI en 1715, y los barones inmediatos el de Wohlgeboren. En los textos latinos los príncipes germánicos reciben el tratamiento de Celsissimi y los condes el de Ilustrissimi et excelentissimi.

Algunos de ellos utilizan el Alteza Serenísima, como el Príncipe Guillermo IV de Orange, que lo asume en 1733 o el Duque de Curlandia en 1737. En 1742, el Emperador Carlos VII otorga el tratamiento de Durchlauchtigste, superlativo de Durchlaucht, a los Electores del Imperio, el de Durchlaucht a los duques y príncipes, (incluyendo a los landgraves principescos, margraves principescos y condes principescos), y el de Erlaucht, a los condes inmediatos.

Los nuevos príncipes del Imperio, sin embargo, reciben en unos casos el tratamiento de Durchlaucht, como el Príncipe zu Solms-Braunfels en 1742 y el Príncipe von und zu Liechtenstein en 1760, y en otros el de Hochgeboren, como el Príncipe von Isenburg und Büdingen y el Príncipe zu Hohenlohe-Bartenstein en 1744 o los príncipes Esterhazy en 1784, aún más, ese mismo año, el Príncipe de Nassau-Weilburg recibe del Emperador el tratamiento de Durchlauchtigst Hochgeboren.

Los pequeños soberanos italianos mantienen el de Alteza Serenísima, así Gaetano Boncompagni-Ludovisi, III Príncipe de Piombino recibe este tratamiento incluso en 1797 cuando pierde la soberanía.

A comienzos del siglo XIX, Europa se ve inmersa en las consecuencias de la Revolución Francesa y el imperio de Napoleón I. La destrucción del Sacro Imperio, la aceptación de la soberanía de ciertos príncipes alemanes y la mediatización de otros, provoca una avalancha de nuevas altezas que suponen un agravio comparativo para la antigua nobleza de Europa Occidental. Por influencia de la Paz de Viena se produce una jerarquización de los tratamientos que, junto a su traducción alemana, sería la siguiente :


Majestad (Majestät).
Utilizado por todos los Emperadores y Reyes.

Alteza Imperial y Real (Kaiserliche und Königliche Hoheit).
Utilizado por los archiduques de Austria desde 1867 y por el Príncipe Heredero del Imperio alemán desde 1871.

Alteza Imperial (Kaiserliche Hoheit).
Utilizado por los grandes duques de Rusia, la familia imperial francesa desde 1804, los archiduques de Austria desde 1806-1815 y el Heredero de Brasil y su primogénito desde 1824.

Alteza Real (Königliche Hoheit).
Utilizado por los príncipes reales, los príncipes de la Sangre de Francia desde 1824, los Grandes Duques Soberanos desde 1806, por el Elector de Hesse desde 1815 y por los Príncipes Soberanos de Rumania, Bulgaria y Montenegro.

Alteza Gran Ducal (Grossherzogliche Durchlaucht y desde mitad de siglo Grossherzogliche Hoheit).
Utilizado por los príncipes de las casas gran-ducales.

Alteza Ducal (Herzogliche Hoheit).
Utilizado por los Duques Soberanos germanos desde mitad de siglo.

Alteza (Hoheit).
Utilizado por los príncipes más alejados del trono en algunas familias reales, por los Duques Soberanos y luego por los príncipes de sus casas y por familias de la alta nobleza como los Bonaparte de Canino, los Murat, los Ligne...

Alteza Serenísima (Durchlauchtigst Hochgeboren, Durchlaucht, Hochgeboren).
Utilizado por los Duques Soberanos y sus familias hasta mitad de siglo, por los Príncipes Soberanos y sus familias desde 1815, por los Príncipes Mediatizados y sus familias desde 1825, por descendientes de matrimonios morganáticos como los Hanau, los Battenberg, los Teck o los Urach, y por algunas familias de la alta nobleza germánica como los Wrede o los Schönaich-Carolath, polaca como los Czartoryski o los Radziwill y rusa como los Bagration.

Alteza Ilustrísima (Erlaucht).
Utilizado por las ramas condales de familias soberanas alemanas (Lippe, Waldeck), por los Condes mediatizados desde 1829 y por descendientes de matrimonios morganáticos.

Su Gracia Principesca (Fürstliche Gnaden).
Utilizado por algunas grandes familias de la nobleza germánica y por los herederos de algunos príncipes con tratamiento de Durchlaucht.

El siglo XX se ve marcado por la desaparición de la mayor parte de las monarquías con lo que los tratamientos, no sujetos ya a verdaderos actos de soberanía, se toman o se deniegan mediante pactos de familia o decisiones de los jefes de las casas antaño soberanas. Por otra parte, el acceso de personas sin sangre real a las familias aún soberanas obliga a las monarquías a replantearse las titulaciones y tratamientos de sus miembros.

Mientras unas monarquías restringen notablemente el tratamiento de Alteza como Gran Bretaña, Noruega o España, otras actúan al contrario extendiéndolo a toda la descendencia del soberano, Bélgica, Liechtenstein, etc. Resulta de esto que mientras un nieto del Rey de España recibe el tratamiento de Excelentísimo Señor, el séptimo nieto de un Príncipe reinante de Hohenlohe-Langenburg, recibe el de Alteza Serenísima.

Actualmente, ya sea legalmente o por cortesía, podemos resumir el uso de los distintos tratamientos como sigue :


Alteza Imperial y Real:
Los archiduques de Austria y el Heredero del Imperio Alemán.

Alteza Imperial:
Los grandes duques de Rusia, los miembros de la Casa Imperial de Francia y el Heredero del Trono de Brasil.

Alteza Real:
Los infantes de España y Portugal.
Los príncipes de Gran Bretaña, Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo, Noruega, Suecia y Dinamarca.
Los príncipes de Grecia, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia e Italia.
Los príncipes de Francia, Dos Sicilias, Parma, Prusia, Baviera, Sajonia y Hannover.
Los duques de Württemberg y los duques en Baviera.
Los hijos de los jefes de las Casas Reales de Montenegro y Albania.
Los jefes de las Casas Gran Ducales de Baden, Hesse, Mecklenburg y Oldenburg y de la Casa Electoral de Hesse.
Los príncipes de Georgia.

Alteza Gran Ducal:
Los príncipes de Baden y Hesse y los duques de Mecklenburg y Oldenburg.

Alteza:
Los príncipes de Montenegro y Albania no hijos del Jefe de la Casa.
Los príncipes de Rusia hijos de un gran duque y los primogénitos de su rama.
Los príncipes de las casas ducales de Sajonia-Weimar-Eisenach, Sajonia-Meiningen, Sajonia-Coburgo-Gotha, Anhalt y Schleswig-Holstein.
Los príncipes de Hesse-Philippsthal.
Los príncipes de Orange-Nassau, hijos de la princesa Margarita de los Países Bajos.
Los duques de Mecklenburg-condes von Carlow.
Los príncipes de Ligne, Murat y Altenburg.
El Duque de Hohenberg.

Alteza Serenísima:
Los príncipes de Mónaco y de Liechtenstein.
Los príncipes de Rusia no hijos de un gran duque ni primogénitos de su rama.
Los príncipes de Hohenzollern, Waldeck-Pyrmont, Lippe, Lippe-Biesterfeld, Lippe-Weissenfels, Schaumburg-Lippe y Reuss.
Los miembros de familias mediatizadas alemanas con título de duque o príncipe.
Algunas familias principescas polacas como los Radziwill, los Czartoryski, los Lubomirski...
Algunos príncipes prusianos como los Carolath-Beuthen, Lieven, Pless, Blucher von Wahlstatt, Donnersmarck, Dohna-Schlobitten...
Algunos príncipes austriacos como los Clary und Aldringen, Dietrichstein zu Nikolsburg, Montenuovo...
Descendientes de matrimonios morganáticos como los Hanau (Hesse), Urach (Württemberg), Yuryewski (Rusia), Leuchtenberg (Leuchtenberg-Romanowski), Hohenberg (Austria), ...
Los Rohan, los Biron de Curlandia, los Wrede, el Duque de Beaufort-Spontin...

Alteza Ilustrísima:
Los miembros de familias mediatizadas alemanas con título de conde.
Los condes de Waldeck-Limpurg.
Los condes von Schaumburg, descendientes del matrimonio morganático de un príncipe de Hanau, descendiente a su vez del matrimonio morganático del Elector de Hesse.

jueves, 31 de enero de 2013

Napoleón, frente a la Asamblea del Año XIII


Como dijimos, Napoleón I (o sea, Napoleón Bonaparte) creó decenas de cargos, títulos y tratamientos honoríficos para todos sus mariscales e incluso para algún político civil, como el ex-obispo Charles-Maurice Telleyrand-Pérygord.
Telleyrand, provisto de un envidiable transformismo, detentó cargos oficiales tanto en la vieja monarquía absolutista como en la Revolución Francesa, el Imperio Napoleónico y la Restauración Monárquica.
A esa larga lista de duques y archiduques nombrados al frente de varias ciudades y zonas de Europa (Istria, Belluno, Neuchâtel, Wagram, Treviso, y muchos más) que, -se consideraba-, representaban instantes gloriosos del las armas napoleónicas, se agregan los reinos a cargo de los hermanos del Emperador, integrantes del denominado Sistema Continental (proteccionismo francés) al que se enfrentaban Inglaterra y las monarquías de la Santa Alianza (Austria, Rusia, Prusia) partidarias del librecambio y que, por supuesto, trataban de imponerlo (por la fuerza) a los que, por sus propios intereses nacionales debían recurrir también a la protección de sus productos.
Sus hermanas, esposas (sucesivamente Josefina Beauharnais y María Luisa de Habsburgo), cuñados, su madre y su único hijo reconocido también ostentaron tratamientos honoríficos del tipo Su Alteza, Emperatriz, Señora Madre, Príncipe de la Sangre, etc., siempre con mayúsculas.
Para reducir el dominio territorial de sus adversarios, el Emperador creó países (Confederación del Rhin, Gran Ducado de Varsovia, Saboya, etc.) que limitaban el poderío, individual o conjunto, de Prusia, Polonia e Italia. No pudo con Gran Bretaña, aunque muchos whigs lo apoyaban.
Introdujo numerosas reformas en Francia: codificó (ordenó) las leyes civiles (1804) con los principios de la Ilustración y el Derecho Romano hasta ese entonces subestimado, urbanizó las ciudades de acuerdo a su diseño actual, impuso modas en el vestir y en el lenguaje, bautizó nuevas recetas culinarias...
¿Y todo eso, a nosotros de qué nos va?
El sistema napoleónico influyó decisivamente en nuestra Organización Nacional y aún lo sigue haciendo, sea cual fuere la posición que se tenga al respecto, por ejemplo: ¿acabó con el Antiguo Régimen monárquico o contribuyó a reforzarlo? 
Nadie puede ver seriamente a las actuales realezas europeas como un calco de viejo monarquismo absolutista desalojado con las revoluciones inglesa, norteamericana y francesa.
Por otra parte, el tema de Napoleón formó parte de las discusiones de nuestros patriotas: no es casual que el general Manuel Belgrano auspiciara una monarquía incaica, y el Imperio de Brasil por muchos años intentó reimponer un absolutismo sui generis en este continente. 
Pero también Napoleón era eurocentrista: ¡nada de libertad, igualdad y fraternidad para los negros haitianos, los monitos asiáticos o los Asambleístas del año XXX! Cuando se reivindicaban la igualdad, la fraternidad y la libertad, se refería exclusivamente a las de los europeos.
Sin embargo, estas casas reales, por lo general conservadoras de principios anacrónicos, a veces dan pena aunque la de Holanda pase por descontracturada. 
Se trata de privilegios concedidos a ciertas familias, aceptados por la mayoría en pos de cierta unidad, y admitidos por las respectivas burguesías nacionales como “un mal necesario” o un “antigualla tolerada”.
Y por ese eurocentrismo que sobrevive por estas tierras a pesar de los dramas terminales de Rajoy y la socialdemocracia en general, podemos admitir que el paradigma de las burguesías nacionales (industriales y emprendedoras) no funcionó aquí ni en ningún país sudamericano, incluyendo la paulista.
Por algo será.
Algunos opinan que porque somos tontos, vivos, ridículos o poco patriotas. Y aunque para Feinmann la verdad ya no exista, uno espera explicaciones sustanciales, no tonterías o dogmas repetidos por boca de loro.

miércoles, 30 de enero de 2013

Máxima, reina: todos somos cholulos


Queremos creer que a determinados sectores medios locales les encanta, muchísimo, imaginarse por un rato parte (simbólica, claro, porque nadie verá un mango ni participará de la pompa real) de la Corona Holandesa de los Orange-Nassau. Eso al menos se desprende de la agenda mediática (el cholulismo de campaña) impuesta desde hace años por Clarín.
Ellos insisten en denominar “reina” a Máxima Zorreguieta Cerruti y yo insisto: será Su Alteza, así, con mayúscula, pero no reina.
Sólo hace falta pensar, un poco, no mucho porque estamos en verano y la calor adormece las neuronas.
Posemos la mirada en Gran Bretaña, por ejemplo.
Ellos tienen una reina, Isabel. ¿Pero quién es el rey? No lo hay.
La reina Isabel es hija del rey Jorge VI (a quien sucedió en 1952) y está casada con el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo.
Carlos, hijo de Isabel y de Felipe, es Príncipe de Gales, siempre con mayúscula, una denominación que por tradición señala al heredero de la Corona.
Felipe no es rey (ni lo llamamos rey sino príncipe, llegado el caso), para mayor redundar, y camina siempre un paso detrás de la reina.
Y tampoco lo será Máxima.
Aunque esta ex-argentina declare a la prensa que “Es un gran honor suceder a la actual reina”, Máxima no sucederá a nadie (sí lo hará su legítimo esposo Guillermo Alejandro de Orange-Nassau), y su tratamiento honorífico (Su Alteza, el de Máxima) regirá mientras dure su matrimonio con el futuro rey, salvo que una negociación eminentemente pecuniaria determine lo contrario.
Recordemos lo sucedido con la malograda Diana, muerta en un accidente automovilístico.
Recordemos cómo fue vapuleada en su intimidad tras su separación (no antes) del heredero Carlos, príncipe de Gales desde 1958.
Como las mentiras mediáticas se sostienen apenas por un ratito, Clarín aflojó desde ayer parte de la centralidad del tema regio, que ahora se refugia a duras penas en los otros canales de televisión que le siguen la huella. Si pueden.
Hoy es más importante la sensación térmica, y en Clarín a Máxima ya le adosan el título de “princesa”, bajándola un escalón. 
Su virtual degradación de reina a princesa duró menos de tres tapas.
Otro día les voy a contar por qué la diferencia de tratamiento entre Gales, con su príncipe, y Escocia con su ducado, un título de menor jerarquía. ¿Y qué queda para Irlanda?

Nos quedamos un poco más tranquilos: todos son rubios, incluso Su Alteza Máxima Zorreguieta, y lucen bien alimentados. Cualquiera diría que estamos frente a una típica familia argentina.

lunes, 28 de enero de 2013

¿Máxima, reina?


Por un ratito, hoy todos queremos ser reyes de Holanda. ¿O no?











El título de Clarín y TN: “¿Máxima, reina?” es equívoco. 
En realidad no será reina sino Su Alteza, tratamiento honorífico (con un buen sueldo) en una moda inaugurada por el Emperador Napoleón I, quién era capaz de sacar de la galera (o el tricornio), y democráticamente hablando, títulos nobiliarios para todos los amigos y oficiales destacados. 
Napoleón, en efecto, puso en circulación un montón de títulos honoríficos que se superponían con los otros también honoríficos, los de la auténtica realeza destronada (y descabezada) durante la Revolución Francesa.
Cuando en un reino hay dos reyes simultáneos, se avecina conflicto. 
No es este el caso. 
El verdadero y único rey de Holanda, el dueño de la tarasca, será el legítimo esposo de Su Alteza, esto es, Guillermo Alejandro de Orange-Nassau, actual príncipe. La reina Beatriz (nombre completo: Beatrix Wilhelmina Armgard van Oranje-Nassau en Lippe-Biesterfel), abdicará en su favor. 
Los holandeses pasarán por brutos pero no son tontos: su fortuna (la de Beatriz) “no declarada” asciende a unos 4.700 millones de euros pero la “declarada” y gravada por impuestos sólo a unos 250 millones.
El resto va a fundaciones y obras benéficas, ja, libres de impuestos.
Yo nunca he recibido ayuda de la Corona Holandesa, ¿y usted?

Su Alteza Máxima no será reina porque no tiene lazos de sangre con el príncipe Bernardo, abuelo del actual príncipe Guillermo Alejandro y de aspecto encantador, Bernardo, quien tuvo que desaparecer de escena luego de un escándalo de contrabando de armas sumado a su notoria pertenencia pasada a las SS. Según se comprobó luego, había aceptado un millón de dólares en sobornos de esa época, cuando el barril de petróleo valía 3 dólares: hoy está encima de 100. Y de la empresa Lockheed, el soborno, la misma que en los '90 se alzó con la Fábrica Militar de Aviones en Córdoba.
Máxima tampoco tiene lazos sanguíneos con el príncipe Klaus, alemán, padre del actual príncipe Guillermo Alejandro, que perteneció, Klaus, a las Juventudes Hitlerianas y al ejército del Tercer Reich.
Como se ve, toda una orientación en los miembros masculinos de la familia real. Ambos, además, protegían a los animales en peligro de extinción y a los “pueblos originarios”, en lo posible sin tocarlos.
Pero Su Alteza, a quien ya llamamos familiarmente por su nombre, Máxima, sí tiene lazos de sangre con su padre, Jorge Zorreguieta, quien fuera secretario de Agricultura de Martínez de Hoz (de quien es gran amigo) y Videla. 
El historiador oficial de la familia real, Michael Baud, escribió, quizás muy a su pesar, que “Jorge Zorreguieta no podía desconocer lo que sucedía durante la dictadura”. 
Don Jorge pertenece a la Sociedad Rural, es productor agropecuario y formó parte del Consejo Empresario Argentino que a fines de 1975 decidió imponer el plan neoliberal de Martínez de Hoz. A cada chancho le llega o le llegará su san martín.
Máxima, pura carne argentina aunque ahora de nacionalidad holandesa gracias a Dios, concurrió al exclusivo Northlands School de Olivos y luego se dedicó al negocio rural hasta que atrapó o fue atrapada por el futuro príncipe heredero Guillermo Alejandro de Orange-Nassau, cuyo aspecto lampiño nos recuerda a un fiambrero, o a un dolobu, pero un dolobu real, eh.
Holanda es un formidable intermediario de bienes comerciales y su puerto, Rotterdam, el segundo o tercero más grande del mundo. 
En Roterdam, todo se vende y todo se compra. Los holandeses son los reyes de la triangulación y se destacan en sobrefacturar o subfacturar, según corresponda, Su Alteza.

jueves, 24 de enero de 2013

Peronismo afuera, peronismo adentro


Moyano, Venegas, etc., se reivindican “peronistas”, ¿pero cantar la marchita te convierte en peronista?
Micheli no podría hacerlo sin caer en el ridículo con sus eventuales “bases”. Recordemos esa acordada de los Supremos en favor de la “diversidad” gremial que el sector de Micheli aplaudió a rabiar. La acordada reconocía la existencia, dentro del movimiento obrero organizado de un sector no-peronista o acaso antiperonista. 
Pero el significante “movimiento obrero organizado” no es el mismo en 1952, en 1955, en 1969 y en 2013. Y el sector de Micheli tiene una dudosa legitimidad, ya que perdió las elecciones en su distrito. Venegas pertenece a un gremio privilegiado (curioso, los peones rurales que trabajaban "de sol a sol", minga de ocho horas y descanso dominical) que a la par conserva los más altos índices de trabajo en negro (“informalidad” es un eufemismo) y Moyano simplemente perdió el rumbo.
Así como se van sucediendo las etapas históricas, el rol de sus actores se modifica, estos desaparecen o se convierten en otra cosa, y así.
Hablamos entonces de la construcción de un sujeto histórico, histórico en tanto y en cuanto se modifica en el tiempo de acuerdo al papel real que vaya teniendo en las distintas etapas.

La “diversidad”, como cualquier otra cosa, no es un valor en sí mismo, no es un absoluto, aunque hoy se lo reivindique como tal. ¿Cuál es el límite de lo diverso sino la pura individualidad, toda vez que todos somos distintos? ¿Pero acaso no somos también iguales ante la ley?
¿Cómo se mide la tensión existente entre la pertenencia a una nación como proyecto común con las múltiples y acaso antagónicas ideas de nación que contiene? Así, por ejemplo, ¿es posible que los privilegios (sociales, económicos, etc.) sean tomados como legítimos derechos adquiridos o derechos naturales?  
Si somos iguales (ante la ley) pero socialmente diversos, distintos, diferentes, ¿en qué lugar encontramos el término de unidad?
En la necesidad. Allí donde hay una necesidad, surge un derecho.
Así, cuesta creer que la “colimba” haya tenido aspectos positivos alguna vez. Sin embargo los tuvo, porque antes de ser esa escuela de degradación humana que terminó siendo, sirvió para integrar a la “civilización” a miles de pibes que jamás habían visto un médico, conocido un ambiente aséptico, comido un bife o asistido a una clase de alfabetización.
Es decir, la “inclusión” es un tema pendiente de la Argentina desde su propio nacimiento como nación no-inclusiva, no se descubrió ahora.
La “patria” de Mitre era sólo y exclusivamente la del sector de los comerciantes ligados al puerto de Buenos Aires en la importación-exportación. Roca “nacionalizó” a ese sector, unificó a los comerciantes de todo el país ligados al puerto. El “resto” quedaba afuera. Por eso se fueron hundiendo periódicamente las llamadas economías regionales.
Y la inclusión es el EJE de lo peronista en su rol histórico: un peronismo que no incluye socialmente será cualquier cosa, pero seguramente no es peronismo. Podría decirse que está es su propia naturaleza, su sustancia, ya que de allí proviene su permanencia y continuidad: de otro modo, habría desaparecido sin pena ni gloria.
Hay un costado de “diversidad” en esta cuestión, pero por favor, es imposible reivindicar “lo diverso” y “lo originario” sin los beneficios de “la civilización”.
Algo así sucede, sobre todo durante las vacaciones, cuando todo rancho lleno de pulgas, vinchucas, roedores, moscas y mosquitos transmisores de enfermedades incurables y endémicas, es tomado por los turistas como ejemplo de “diversidad”, sin advertir, tales turistas, que a esos lugares no llegaron tales beneficios.
¡Que hermosa, que gratificante a nuestros ojos viajeros esa miseria ajena para fotografiarla como espectador y volver rapidito a la civilización, que será insegura pero al menos ofrece cierto confort siempre preferible al piso de tierra, al techo con goteras y a las paredes de adobe plagadas de vectores trasmisores del Mal de Chagas-Mazza!
Sin embargo, también allá hay inseguridad.
Una se refiere a la legítima posesión de bienes propios; la otra, a la imposibilidad de acceder a ellos, pero en términos absolutos, porque en un caso hablamos de nuevas necesidades (no hay día en el que no se cree una nueva), y en el otro de necesidades básicas: el acceso a la salud, la vivienda, la educación, etc., y a todo ello le agregamos lo sustantivo: que sean públicas y gratuitas, aspectos que algunos consideran un privilegio inadmisible desde su individualidad privilegiada.

Y así, lo “originario” no es la recuperación de una lengua muerta, de una costumbre pintoresca o un culto religioso que apenas (o nada) entendemos: significar lo originario desvinculado de las relaciones de propiedad de la tierra comunitaria que se laborea es bastante parecido a un acto masturbatorio típico de vecinos sensibles de las grandes ciudades que no entienden un pomo.
Unos cuantos, pocos o muchísimos, no compartirán estos conceptos, porque a esta somera explicación le faltan todavía unos cuantos acordes: si es así, ¿por que Perón optó por la derecha y no por la izquierda en su retorno? Si uno a “derecha” le agrega “reaccionaria” y calificara a la “izquierda” como “liberadora”, ¿dormiremos más tranquilos con la certeza de haber estado en los 60/70 del lado correcto, el de (por supuesto) la “liberación”?
¿Qué significaba en 1955 ser “columna vertebral” y qué significa hoy, si es que significa algo teniendo en cuenta, por ejemplo, que los sindicatos no representan, ni quieren hacerlo, al 40 ó 50% de trabajadores en negro? Por demás, una cosa es ser “columna vertebral” de un Todo, y otra muy distinta arrogarse la representación total de ese todo.
¿Por qué, en definitiva, Perón optó por lo “reaccionario” descartando (y enfrentando a lo “liberador? ¿Eso sigue importando hoy fuera de lo histórico?
Esos interrogantes, creo, todavía no están suficientemente elucidados. Y pueden y deben abordarse con calma y (si se quiere) cierta paz.
Hay una multitud de temas nacionales en este estado de indefinición, porque entre todas las batallas, la de la significación es de las más importantes.
Por ejemplo, cuando se reivindica “lo originario” divorciado de las relaciones de propiedad de la tierra que ocupan los pueblos para vivir de acuerdo a sus costumbres ancestrales. Sólo se requiere ver un poco de CNN: este tema ni siquiera se esboza en sus noticias.
El pintoresquismo vs lo real real. Estamos en el horno si comparamos a Ho Chi Minh con San Martín.
El daño (a la credibilidad, cuando no a la veracidad) es instantáneo e inmediato, y no alcanza que esperemos a las 21 hs para, eventualmente, esbozar otra significación.
Es como cuando en el sentido común dominante repetimos como loros achispados  que si se usara “la plata del Anses” para pagar jubilaciones, viviríamos el mejor de los mundos. En rigor, el giro del Anses (lo que se recauda mensualmente) sólo alcanza para pagar jubilaciones miserables, y si distribuimos además su cartera o fondo de capitalización para subirlas artificialmente, en poco tiempo se acabarían los recursos y cobraríamos $ 0. Discutir cómo se conforman las jubilaciones (“la plata del Anses” mas recursos de otro origen) es otra discusión. Por demás, se necesitan entre 4 y 5 trabajadores activos para pagar una jubilación razonable. y aquí aportan menos de dos. Un ministro japonés propuso, por eso mismo, matar a los jubilados para reducir el consumo: subió la expectativa de vida.
Seamos libres que lo demás no importa nada, o andemos en pelotas como nuestros amigos los indios...
Dicen que todo tiene que ver con todo.

sábado, 19 de enero de 2013

La mentira de la locomotora descarrilada


Volvimos. Provisoriamente. Por cuestiones relacionadas con lo volitivo, la práctica, la readaptación, la rehabilitación.
Hay por ahí un ángel que se nos está escapando, si es que alguna vez sobrevoló por estos lares. 
Nos dicen, con razón, que la voluntad debe ir acompañada de paciencia, o mejor, que la paciencia debe ocupar un lugar preferencial. Que todo es paciencia hoy en día.

Intentamos practicar esa paciencia leyendo y viendo hasta la exasperación que una vieja locomotora de color azulceleste, de fabricación china, descarriló cerca de Plaza Once. Leemos y vemos hasta la exasperación que pertenece al ex Ferrocarril Sarmiento.
Mentira, pura mentira.
Así como se ocultó que el servicio ferroviario Buenos Aires - Mar del Plata - Miramar es operado por Ferrrobaires, una empresa provincial que siempre funcionó mal (provincial, dependiente del gobierno de Daniel Scioli, no del Nacional), la locomotora descarrilada es una vieja, viejísima máquina comprada 10 años atrás que ya arrastraba 40 de vida útil (es decir, hoy ha superado ampliamente esa vida útil) que también pertenece a Ferrobaires y no al ex - Sarmiento.
Presta servicio en el trayecto Mercedes - Plaza Once.
El ex Sarmiento realiza el servicio metropolitano entre Plaza Once y Moreno y es administrado por el Gobierno Nacional y no incluye los trayectos de media y larga distancia. Esto no solo es atribuible a la explosión menemista: fue el gobierno de Alfonsín el que separó los servicios metropolitanos (los únicos rentables) del resto de la empresa ferroviaria que sobrevivía.
Que pertenezca a una u otra jurisdicción no justifica el mal servicio. Pero las cosas deben decirse como son. 

viernes, 21 de diciembre de 2012

EL FIN DEL MUNDO QUE NO FUE


(Desde el Valle de Punilla) Como testigo de los suburbios de mi tiempo, viajé desde Buenos Aires ayer por la noche para estar puntualmente hoy al pie de cerro Uritorco, como quien diría, al pie del cañón del fin del mundo pero lejos, muy lejos, de los saqueos en los supermercados y de las conferencias bobas de Micheli y Moyano.
El Uritorco es propiedad de una señora Anchorena, aunque bien podría ser un bien público y la Unesco lo podría nominar como Maravilla del Mundo o Tesoro Cultural de la Humanidad.
No es que sobresalga como Maravilla, como las espectaculares cataratas de Iguazú donde la felicidad está asegurada para todos los visitantes. El Uritorco es un producto típico de las serranías cordobesas: pastos duros, algunos árboles como molle, algarrobo blanco y espinillo, y arbustos como el tabaquillo y el piquillín.
Visto desde unos kilómetros, no es más que otro de los cerros pelados que se levantan en la zona.
Acorde con los tiempos que corren, no hay notable o grupo de notables que sepa qué significa Maravilla del Mundo. Simplemente, todo el mundo puede votar por internet.
Claro que no todos saben cuales son las maravillas que ofrece esta civilización: por ejemplo, la Unesco no incluye en la oferta de maravillas a la ciudad de Ur, o la Biblioteca de Bagdad, en Irak, porque ambas se evaporaron tras la invasión de tropas de EEUU. Los militares del Pentágono se defienden opinando que los bombardeos indiscriminados sacaron a la luz nuevos yacimientos arqueológicos a mayor profundidad.
Otra paradoja de la democracia es que el grueso de los alemanes habría opinado en 1936 que el Estadio donde Hitler inauguró los Juegos Olímpicos seguramente debía ser una maravilla, y así lo certificarían las películas de Leni Riefenstahl. En EEUU, por otra parte, más de uno opinará que el féretro recontracongelado de Walt Disney no lo es menos, y que las armas automáticas son la mayor maravilla del mundo. 
En algunos casos, la frase irónica de Jorge Luis Borges (la democracia es un exceso de las estadísticas) tiene bastante actualidad.
Si vamos a atenernos a la gente que estuvo pendiente del fin del mundo, es posible, mañana mismo, que se inicie una campaña global para que el Uritorco obtenga el galardón de Maravilla del Mundo. Al fin y al cabo, y excepto una minoría que pretendía un suicidio en armonía con el universo, si eso algo significara, los que llegaron aquí lo hicieron básicamente por la valiente consigna de sálvese quien pueda.
En efecto, el lugar fue señalado como uno de los 12 alrededor del mundo que se librarían del apocalipsis maya. 
No se sabe cómo seguirían sus vidas luego del anunciado trance: no encontrarían las ciudades donde trabajaban y dormían, ni los supermercados donde compraban, pero eso al parecer no tiene importancia para los miles de jóvenes que pueden verse aquí con amuletos y fetiches de todo tipo imaginable. 
Los artesanos de la zona, que habían previsto el evento, hicieron un esfuerzo laboral notable y ahora, entre humos y emos, vemos infinidad de talismanes de India, Birmania, Bangladesh, Guatemala, México y Nepal de fabricación típicamente local desparramándose sobre mesas improvisadas y mantas.
Todos tiene una envidiable cara de felicidad. No tanto porque no se acabó el mundo sino porque se encontraron, y toda verdadera democracia requiere de respeto a la diversidad, incluso en su aspecto más ríspido: saber distinguir.
Desde aquí, desde el Valle de Punilla, en tierras de la señora Anchorena, se comprueba una vez más que la felicidad es un hecho puramente subjetivo. Es más, nada existe más allá de la subjetividad.









Foto tomada por el autor en el Uritorco.

23 AÑOS A HÉCTOR VERGES

(Télam) El ex agente de inteligencia militar Héctor Vergez, fue condenado a 23 años de prisión por el secuestro y desaparición del abogado Julio Gallego Soto y del entonces funcionario del Ministerio de Economía, Julio Casariego de Bell, asi como del responsable del inteligencia del Ejército Revolucionario del Pueblo, Javier Coccoz.
Así lo dispuso el Tribunal Oral Federal 5 (TOF5), que consideró probado que se trató de “crímenes de lesa humanidad” por los cuáles Vergez, un ex capitán del ejército, también está siendo juzgado en la actualidad por delitos cometidos en el centro de detención ilegal de La Perla, en la provincia de Córdoba.
La vida de Gallego Soto alguna vez merecerá ser base de una buena novela o un largometraje.
La querella, representada por el abogado Marcelo Parrilli, había pedido 21 años de prisión. 

En posts anteriores me he referido al caso Casariego de Bel, y su vinculación con las desapariciones de Julio Gallego Soto, Javier Coccoz y Rafael Perrota. 
Producida la sentencia, es probable que Martínez de Hoz comunicara la actitud negativa de Casariego de Bel (sobre el caso Ítalo) al delegado militar en el ministerio de Economía.
No se sabe por ahora si Casariego era militante del ERP o sólo un informante ciego del equipo de inteligencia (ya para ese momento totalmente desarticulado) del ERP.
En su libro (producto de la impunidad) titulado "Yo fui Vargas", y en clave de aventura, el ahora condenado Vergez 
...develó que tuvo como instructor a “un oficial francés, que nos narraba sus experiencias en Argelia...”. De sus inicios, cuenta que como jefe de un grupo del Batallón de Inteligencia 601 tenía el Centro de Operaciones montado con la cobertura de un local, en un sótano próximo a Riobamba y Corrientes. Allí instaló una disquería adecuada a los gustos de la “juventud contestataria”. Habla también del pase al Destacamento de Inteligencia en Córdoba, en diciembre de 1974 y los múltiples casos en que intervino, como el de Horacio Mendizábal y Marcos Osatinsky. Menciona su relación con el general Telleldín de la Inteligencia Policial de Córdoba y sus operaciones “importantes” en La Rivera, parte de los hechos por los que está siendo juzgado en este momento en la ciudad de Córdoba.

jueves, 20 de diciembre de 2012

EDITORIAL DE LA NACION EN APOYO DE UN CONDENADO A PERPETUA

Lunes 10 de diciembre de 2012

Publicado en edición impresa.


Editorial I
¿Justicia o venganza para Jaime Smart?

Es de esperar que prime la justicia y no el afán revanchista al resolver la situación judicial del ex ministro de Gobierno bonaerense

Jaime Smart, ex ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires en el período 1976-1979, lleva cuatro años y medio de detención acusado de crímenes de lesa humanidad durante la lucha antisubversiva en esa provincia, sin que hasta ahora haya podido demostrarse su responsabilidad en los hechos que se le imputan. Hace algo más de un año, el Tribunal Oral Criminal I de La Plata inició su juzgamiento oral, junto con el de otros acusados en un teatro alquilado para ese cometido. Smart, para quien el fiscal solicita prisión perpetua, formulará mañana su defensa en el marco de ese escenario apropiado para convocar ruidosas condenas populares que reproducen el lema con que se han inspirado estos procesos: "juicio y castigo", olvidando que el proceso penal no se hace para penalizar, sino para saber si hay que hacerlo.
Debe recordarse que desde octubre de 1975, cuando el gobierno de la señora de Perón decretó el aniquilamiento del accionar subversivo, se puso bajo responsabilidad de las Fuerzas Armadas la ejecución de esa política. Desde ese momento, las fuerzas de seguridad y penitenciarias quedaron subordinadas al mando militar en todo lo que correspondiera a la acción contra las organizaciones armadas. Para la actuación frente al delito y las actividades ordinarias se mantuvieron las competencias habituales. Esta separación de funciones continuó después del 24 de marzo de 1976 y fue bajo este marco que Smart y los demás funcionarios civiles, o aun los militares que desempeñaban funciones civiles, desarrollaron sus tareas.
Dentro de las consideraciones con que la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital fundamentó el fallo histórico que condenó a las Juntas, se citó el carácter secreto de las operaciones militares para combatir la subversión, y que los civiles, funcionarios, miembros del Poder Judicial y la población desconocían las órdenes y, por ende, los hechos aberrantes o ilegales producidos en esas operaciones.
Por su lado, la Corte Suprema de Justicia, al entender en los recursos extraordinarios deducidos por los condenados en la causa, en la que se juzgó a la policía bonaerense, concluyó que "la Jefatura de la Policía de la provincia de Buenos Aires, a partir de marzo de 1976, estuvo bajo las órdenes directas del comandante del Primer Cuerpo de Ejército, ya que tenía un ámbito de acción propio en la lucha antisubversiva". A pesar de estos claros elementos de prueba, Smart es acusado de ser responsable, en su condición de ministro, de las acciones de la policía provincial contra la guerrilla terrorista.
A comienzos de los años setenta, Smart se incorporó a la Cámara Federal en lo Penal de la Nación que juzgó a los terroristas que asolaban al país. Las garantías de la defensa en juicio fueron entonces aseguradas y varios condenados por aquella Cámara recuerdan la extrema preocupación personal de Smart porque así fuera.
El primer acto del presidente Héctor Cámpora en mayo de 1973 fue la amnistía, la liberación de los condenados y la supresión de la Cámara Federal en lo Penal. Los jueces que actuaron en ella fueron perseguidos y sufrieron atentados. El juez Jorge Quiroga fue asesinado vilmente por los grupos armados que habían recobrado su capacidad de acción y que también la aplicaron contra el propio gobierno constitucional. Otros jueces de aquella Cámara, entre ellos Smart, debieron ausentarse del país para salvar sus vidas.
La actual concentración del ataque contra él, jamás llamado a prestar declaración en causa alguna durante más de 30 años, además de violar expresas garantías constitucionales, demuestra la persistencia de un espíritu de venganza por su actuación en aquella Cámara Federal, haciendo uso hoy de una justicia presionada y dependiente. Este espíritu vengativo campea en estamentos oficiales hoy ocupados por ex terroristas, cuyos indultos y amnistías no fueron impugnados ni anulados, y cuyos crímenes son curiosamente excluidos de criterios mediante los cuales se permite juzgar a los militares -y ahora también a los civiles- en nuestro país.
Sólo cabe esperar que sean corregidas estas graves irregularidades en la administración de justicia y que prime la legalidad y la independencia en la actuación de los magistrados, atributos a los que estas discriminaciones y selección de personas para su juzgamiento ponen en serias dudas. De lo contrario, se continuará transitando por el camino del odio y la confrontación, alejándonos de la ansiada reconciliación y pacificación nacional.


LOS CIVILES

Ayer, el ex juez Jaime Lamont Smart se convirtió en el primer civil condenado por violaciones reiteradas a los derechos humanos en la dictadura.
Es el primero, pero no será el último. 
El apellido Smart evoca a la coqueta sastrería James Smart, con publicidad fija en el programa de Marianito Grondona, un negocio que por décadas pagó un peso ley 18188 de alquiler mensual en la parcela propiedad del ex Consejo Nacional de Educación por muerte sin descendientes de sus anteriores dueños.
Jaime James Smart desciende del Smart original, sastre escocés que se había instalado en Buenos Aires (sede central en Londres, Saville Road) a fines del siglo XIX, vistiendo desde entonces a los abogados de la oligarquía y a la oligarquía misma con la moda inglesa que identificaba (pacto Roca-Runciman mediante) a la Argentina como la joya más preciada de Su Majestad Británica. 
Casimires de Manchester, de un solo corte y caída impecable. Aunque el cashmere proviene originalmente de una cabra que abunda en el Lejano Oriente (otra significación colonizada: ¿Lejano respecto de qué, si no de las Islas Británicas?), las telas se tejían con lana argentina en las hilanderías inglesas protagonistas de la Revolución Industrial.
Esa conjunción de abogados, jueces y terratenientes que se vestían en James Smart constituyó el núcleo duro del poder tradicional argentino que ayer se inclinaba servil frente a Su Majestad y hoy lo hace ante el Ciadi y los hedge funds. 
Tradicionalmente, esos abogado, jueces y terratenientes cultivaron un perfil antisemita que les había llegado desde Londres y que aquí se consolidó con la prédica de la Santa Madre Iglesia. La nobleza británica y la Corona, es preciso recordarlo, apoyaron a Hitler hasta último momento.
El tribunal que condenó a Smart, pidió la detención del ex-ministro Alberto Rodríguez Varela, denunciado por haber asistido a las sesiones de torturas de que fueran víctimas los Graiver. 
Rodriguez Varela intervino en la estatización fraudulenta de la Ítalo.
Y además, instruyó a la justicia a fin de que investigue si este editorial de La Nación a favor de Smart acaso constituye una inadmisible presión sobre los jueces.
Smart, Rodríguez Varela, Perriaux, Durrieu, Etchebarne, Alemann, Munilla Lacasa, Garris, Sarmiento, Torino, Zorreguieta (de profesión actual, padre de princesa y terrateniente), Cadenas Madariaga, Podestá, Zimermann, Martínez de Hoz, Solanet, Reynal, Grondona, Klein, Beccar Varela, O'Farrel, Mairal, son algunos de los apellidos que tradicionalmente dominaron a la profesión abogadil y, hay que decirlo, al poder judicial.
Faltan algunos, siempre faltan. Pero esos apellidos han tenido descendientes entre los nuevos abogados con aspiraciones y los meritorios de la Justicia, la cría del Proceso.
Todos ellos, funcionarios de la dictadura o integrantes de los estudios jurídicos que construyeron su sustento legal. Emergentes del poder económico tradicional. 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

DOBLE LECTURA





Leemos en el site de TN la curiosa noticia que sigue:


Ley de Medios: para los constitucionalistas de Clarín el per saltum es improcedente

Procesalmente el Gobierno no estaría en condiciones de pedirlo porque tiene sentencia favorable.

Leé esta nota en tu celular

El Poder Ejecutivo presentó la acción de per saltum a la Corte Suprema de Justicia para que se expida sobre la constitucionalidad de la ley de Medios, pero para los juristas el recurso debería ser rechazado.
El constitucionalista contratado por el Grupo Clarín Andres Gil Dominguez sostiene que la presentación "es totalmente improcedente y choca contra propia lógica que regula el per saltum". 
"En este caso el Gobierno obtuvo una sentencia favorable y está imposibilitado de apelar (a fin de que vuelva a regir la cautelar eterna) porque si no se da esta circunstancia que es totalmente ilógica, que hay una apelación ante la Cámara Civil y Comercial Federal  y hay otra apelación ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación  de forma simultánea, en la misma causa y por la misma sentencia", argumenta Dominguez.
En el mismo sentido, Gregorio Badeni afirmó: "Procesalmente solo puede apelar aquélla persona que tiene un agravio, aquella persona a la cual se le haya dictado una sentencia en contra. Solamente el per saltum lo pude ejercer, en este caso, el Grupo Clarín".  Tal como puede leerse en la Causa Primer Cuerpo que tramita ante el juzgado del doctor Daniel Rafecas, Badeni no se agravió, integrando la intervención militar en el Banco de Hurlingham, cuando el juez Rafael Sarmiento, el presidente de la CNV Echebarne y los abogados de CNV Garris y Spinosa, torturaban salvajemente a los directivos de ese banco detenidos en la prisión de Campo de Mayo.
"El per saltum lo que prevé es la existencia de una gravedad institucional. La Corte debería analizar si hay gravedad institucional o no, y si no la hay debería rechazarlo in limine", agregó.
"Para mí, no es un caso de gravedad institucional", opinó Daniel Sabsay, también contratado por el Grupo. "En este caso, afecta exclusivamente a las partes. En primer lugar porque no es toda la Ley la que está suspendida, son solo cuatro artículos, especialmente dos, y solo para el Grupo Clarín, no para el resto", explicó. Para el Grupo Clarín el Estado es una parte y no el poder público, y si corriera la suspensión para este grupo, eso significaría un privilegio inadmisible por cuanto colocaría a esa empresa en ventaja respecto del resto de los grupos mediáticos que sí tienen que desinvertir. El Grupo está mal acostumbrado desde que obtuvo la ley de bienes culturales y los funcionarios corrían a pedir la escupidera ante tres tapas seguidas con críticas.  
Sabsay describió además por qué la excepcionalidad del recurso: "Porque está modificando dos aspectos fundamentales del debido proceso. Primero, la doble instancia. El derecho de toda persona a que un caso sea tratado por dos instancias. Y en segundo lugar se está violando la garantía del juez natural, es decir, aquel que normalmente deberia haber fallado.
Ya en un análisis político, el jurista sostuvo: "Yo creo que el Gobierno mismo se ha encerrado en una análisis en el cual le ha dado una importancia tan grande, como una cuestión de vida o muerta, como una especie de batalla en donde se pierde o se gana y no hay posibilidad de medias tintas a un conflicto judicial entre partes que debe ser resuelto serenamente por la Justicia", lo cual sugiere que el Grupo está a punto de tirar la toalla.

Archivo del blog